09
setiembre 2026
Parot, a la Guardia Civil, tras el atentado
contra la casa cuartel: "Sabíamos que también podían morir
familiares"
El sanguinario
etarra afirmó a los agentes que colocaron el coche-bomba en un lateral de la
instalación porque pensaban que allí "solamente vivían guardias
solteros"
Henri Parot, que ya con el tercer grado
penitenciario se beneficiará de un régimen de semilibertad, tiene tras de sí un
largo historial terrorista en el que destaca la condena por el atentado contra
la casa cuartel de Zaragoza en 1987, en el que fueron asesinadas once personas,
cinco de ellos niñas, hijas de agentes de la Benemérita. Precisamente respecto
a esta acción criminal, no quiso "derrotar" (confesar) la matanza,
pues temía la reacción de los guardias civiles que le estaban tomando
declaración.
Parot
guardaba silencio hasta que a alguien se le ocurrió enseñarle las dos anillas
que activaban las mechas que hicieron estallar las bombas. Hizo un gesto de
reconocerlas y, después, le mostraron las fotografías de dos de las niñas
asesinadas. No pudo más: lo contó todo.
Y es que los cabecillas etarras explicaban a
los miembros de las células terroristas que mandaban a España para cometer
atentados la relación de "torturas" que obligatoriamente tenían que
denunciar y les trasladaban que serían sometidos seguro a todo tipo de
atrocidades. De hecho, cuando Parot fue detenido en la localidad sevillana de
Santiponce le llevaron, en un principio, a la sede de la Zona de la Benemérita,
ubicada entonces en un antiguo edificio de la Expo Iberoamericana de 1929.
Así, cuando vio los largos
pasillos y los techos altos le dio por pensar en que algo malo, irreversible,
le iba a pasar y así lo manifestó, ante la sorpresa de los agentes. Hasta ese
punto habían sido fanatizados los terroristas.
La decisión, de la
"dirección"
En su relato ante la Guardia Civil, que consta en el sumario correspondiente, aseguró que la orden para cometer el atentado contra el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza fue dada por el entonces jefe del "aparato militar" Francisco Múgica Garmendia, "Pakito”, aunque respondía a una decisión adoptada por la "dirección" (comité ejecutivo) etarra.
Parot trató de justificarse cuando prestó declaración ante la Benemérita, al afirmar que habían colocado el coche-bomba en uno de los laterales de la instalación militar porque pensaban que "en aquella parte solamente vivían guardias solteros y no las familias, al observar que la ropa tendida estaba en la otra parte del edificio, aunque sabíamos que también podían morir familiares". Sin embargo, Múgica les dijo que no tenía importancia que murieran mujeres y niños ya que "ETA había avisado a las familias de que debían estar fuera de los cuarteles".
Mechas lentas
"por si fallaba alguna"
"Pasado el tiempo –añadió Parot–
"Pako" nos ordenó llevar a cabo la acción contra el acuartelamiento,
la cual estaba motivada por la situación del momento, pero que era una postura
de fuerza ante las negociaciones con el Gobierno o por la caída de "Santi
Potros"(detención de Santiago Arróspide Sarasola) en Francia”.
“El sistema de iniciación
que utilizamos fue mediante detonadores pirotécnicos, utilizando en este caso
tres con sus respectivos trozos de mecha lenta que van a parar al encendedor
similar al que se utiliza en las granadas de mano, es decir, que llevan una
anilla que al tirar de ella hace caer una cucharilla accionando un percutor que
pica en el fulminante, que es el iniciador de las mechas lentas". "El
utilizar tres mechas lentas -refirió a los agentes- era por si fallaba
alguna". "La orientación de los tubos con la boca abierta hacia el
objetivo –precisó Parot–, con el cordón detonante y los reforzadores que están
en sus bases, provoca que la explosión sea dirigida como si se tratara de
auténticos cañones".
Opinión:
¿Qué se puede esperar que diga un terrorista del que siempre ha sido conocida su
nula humanidad, si es que pudiera tener alguna?
Los que ya estábamos en la tarea de
asistencia a víctimas del terrorismo hace mas de 35 años aún recordamos su
chulería y su falta de educación en cualquier aspecto de su asquerosa y
repugnante existencia.
Lo “sorprendente” es que ahora
aparezcan algunos que, tras el asesinato de alguno de sus familiares continuaron
con sus proyectos personales, sus empleos y sus empresas y luego, cuando el
peligro y los “años de plomo” ya quedaban atrás, aparecieron como champiñones.
Y lo peor de todo es que ellos saben
que algunos de nosotros lo sabemos y que, pese a las ofertas recibidas, jamás
nos hemos dedicado a vivir de la política a causa del dolor ajeno.
Y con el tiempo van quedando expuestos…

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