lunes, 9 de enero de 2017

08 enero 2017 El País (opinión)

08 enero 2017



Qué espacio dar al terrorismo
¿Está sobredimensionada la información sobre los atentados yihadistas? Palabras de un exetarra que indignan

El año 2016 se cerró con un repunte del terrorismo yihadista. Los atentados de Berlín y Estambul ensangrentaron las Navidades proporcionando un triste material informativo a los medios de comunicación. Concretamente, al atentado del 19 de diciembre, en Berlín, este periódico le dedicó en la edición Nacional tres portadas, un editorial y 11 páginas, como detalla en una larga carta Francisco J. González Vázquez, lector de Sevilla, que ve en ese despliegue una prueba de que, como el resto de la prensa, “sobredimensionamos” la amenaza yihadista.
El señor González, profesor de universidad jubilado, se vale de diversas fuentes (desde la agencia Efe al Global Terrorism Database) para elaborar su tesis de que la cifra relativamente modesta de muertes achacables al terrorismo yihadista no justifica la alarma que provoca.

“En el intervalo entre el 7 de enero de 2015 (atentado Charlie Hebdo) y 19 de diciembre de 2016 (atentado camión en Berlín) transcurrieron 713 días (es decir, dos años) y en este período hubo en la UE un total de 280 víctimas mortales de atentados yihadistas. Es decir, 140 víctimas por año”, expone. Lo que supone, “0,28 muertes por millón de habitantes y año”, dado que la UE tiene 508.401.408 habitantes. El lector compara también las víctimas de atentados en la Unión Europea con la cifra anual de homicidios intencionados en la misma zona —que en los últimos cuatro años, nos cuenta, fue de 5.648 muertos anuales—, y concluye: “Las 140 muertes anuales del yihadismo significan el 2,48% de los homicidios intencionados (…) Estamos asistiendo a un clima alarmista que no se sabe a quién beneficia. A la calidad de nuestra democracia, seguro que no”.
José Manuel Calvo, director adjunto y responsable de coordinación editorial, explica: “La información sobre el terrorismo ha dado lugar a debates profesionales desde hace mucho tiempo. ¿Cuánto es mucho, cuánto es poco, cuánto es demasiado? Creo que cada medio debe decidir el justo término. Entre ignorar o minimizar una noticia de repercusión e impacto y exagerarla hay mucho espacio. Más en concreto, si la cifra que da el lector es correcta —el 2,48% de los homicidios intencionados en la UE se deben al yihadismo— no me parece que se sobredimensione la información relacionada con este terrorismo. Creo que es un porcentaje estimable”.
“En todo caso”, concluye, “en el periódico no hay una obsesión con este tema. Lo que ocurre es que cuando hay atentados que conmocionan a ciudades enteras —Madrid, Londres, París, Niza, Berlín—, cuando la forma de vida de sus habitantes se ve condicionada por ello, cuando hay tantos elementos de interés humano, geopolítico, de seguridad… no veo fácil cómo se puede minimizar la información y el análisis. No es que haya un clima alarmista, es que hay alarmas, y tenemos que asumirlas en todas sus dimensiones”.
Efectivamente, la relevancia informativa de los atentados terroristas no se puede medir únicamente por el número de víctimas que causan, aunque es innegable que los medios contribuimos en buena medida a ampliar su repercusión por imperativo informativo.
También ha provocado alguna queja la noticia publicada el 29 de diciembre, que recogía un extracto de la carta que el recluso Iñaki Bilbao, expulsado de ETA, dirigió a militantes de esa organización terrorista. A Víctor Luaña Cabal, profesor de la Universidad de Oviedo, le parece que el texto linda con la “apología del terrorismo”.
José María Irujo, uno de los dos firmantes de la exclusiva, y jefe del equipo de Investigación, explica: “He dedicado 11 años a escribir sobre ETA durante los llamados años de plomo, por lo que entiendo que algunos lectores critiquen la difusión de sus mensajes. Conscientes de ese riesgo decidimos reproducir algunas frases de la carta de Iñaki Bilbao porque consideramos que el lector debe conocer no solo que pide la vuelta a las armas, sino también cuáles son sus argumentos para reclamarla. En este caso, se trataba de frases de personajes históricos como Che Guevara, Lenin o Karl Marx, que el recluso hace suyas en su proclama. La misiva tiene seis folios y reprodujimos una breve cita de algunos, precisamente para evitar dar demasiada voz al terrorista”.

Opinión:

Dejando aparte el contenido de la noticia, con la que coincido casi al 100 %... me asalta una pregunta: ¿desde cuándo Iñaki Bilbao es un exetarra, tal como recoge el titular? Si no estoy equivocado, hace unos días amenazó a un juez de la Audiencia Nacional con la frase "Usted es el diablo del País Vasco y si le pillo le voy a matar"…

Si estamos hablando de ser ecuánimes y respetuosos con al información, podrían empezar por los titulares.

domingo, 8 de enero de 2017

07 enero 2017 eldiario.es (opinión)

07 enero 2017



“Las víctimas han tenido un comportamiento impecable”
“Deberíamos hacer un esfuerzo para instalar la verdad histórica. En lo más elemental tendríamos que estar todos de acuerdo sobre lo ocurrido en Euskadi”, recalca el escritor Ramón Saizarbitoria

Ramón Saizarbitoria (San Sebastián, 1944), uno de los grandes renovadores de la narrativa en euskera, comparte desde este año la Medalla de Oro de Gipuzkoa con otros personajes como Pedro Miguel Etxenike, Iñaki Gabilondo o Benito Lertxundi. En su caso, por su aportación al euskera y la cultura vasca. “Me lo dan a mí, pero como representante de una generación”, aclara, socializando de golpe ese reconocimiento con los escritores en euskera de los años 60.
El autor de ‘Ehun metro’ (1974) y ‘Martutene’ (2013) acaba de traducir al castellano su novela ‘La Educación de Lili’, todas ellas editadas por Erein. Tímido e irónico a partes casi iguales, con una mochila cargada de un pesado sentimiento de culpa –que en parte él atribuye a la educación recibida en los frailes Corazonistas-, Saizarbitoria valora mucho la posición vital de las víctimas del terrorismo en todos estos años, pese a que el reconocimiento les ha llegado muy tarde.
Habla pausado, pensando mucho las respuestas, pero sin soslayar ninguna cuestión por incómoda que le pueda resultar. Lleva en su rostro la huella del paso indomable del tiempo, usa las manos para reforzar de vez en cuando su verbo tranquilo. 72 años presiden la conversación en un San Sebastián frío que huele a talo y txistorra.

Entre la obra de los escritores consagrados como Bernardo Atxaga, Joseba Sarrionaindia o usted mismo, los que van camino de ello como Kirmen Uribe, Harkaitz Cano, Eider Rodríguez o Karmele Jaio y los nuevos valores, ¿cómo ve la narrativa en euskera actual?
A nosotros nos tocó vivir una época muy divertida. Era muy fácil renovar e inventar. Estaba todo por hacer, también en relación con el idioma y su unificación o en nuestras profesiones. Estábamos en el subdesarrollo más absoluto. Por eso, en un momento llegué a pensar que ya no tenía mucho sentido seguir escribiendo porque entró gente con auténtica vocación literaria como los Atxaga, etc. Siempre he pensado que lo de ser escritor es algo que quiza tengo sobrevalorado. Me da un poco de vergüenza definirme como escritor. Y sin embargo estos jóvenes tenían esa vocación. Claramente hay una renovación en marcha y una eclosión de autores. Y la evolución que ha tenido la lengua, el euskera en estos años es similar a la que haya podido tener el castellano en 100 años. Hemos salido de ese subdesarrollo rápidamente y aprovechándonos de la militancia, las ganas, el lector comprometido o que compra para ayudar aunque no lea, algo que en el castellano ha estado ausente. Pero ahora nuestra obra compite con nuestra propia obra en castellano: cada vez con más rapidez, el escritor euskaldun propone su obra en euskera y castellano y eso no sabemos adónde nos va a llevar. Y la militancia con el euskera ya no es como al principio, está cambiando, esto se normaliza.

¿Lo ve como un riesgo o como una realidad que se va imponiendo en una comunidad con dos idiomas cooficiales?
La globalización nos trae eso, y nosotros vamos a estar en ese mundo global. Si tuviera 30 años no habría escrito mis últimas novelas, al menos habrían sido mucho más cortas, me hubiese contenido más.

Su novela ‘Martutene’ es ciertamente monumental, según la crítica.
Sí, pero el temor a que te abandonen o a aburrir está en todas partes. Verdaderamente hay una infantilización del público y luego ahora hay una necesidad de vender, las editoriales se tienen que mantener. Tienes que pensar en factores de éxito y en no perder al lector. Esto en mi época, en la etapa de la Editorial Lur, era impensable.

Bueno, imagino que con 72 a sus espaldas se enfrentará a esta realidad de otra manera.
Así me enfrenté en ‘Martutene’. Yo veía que tenía una novela y quería que se leyera, sentirme con capacidad novelesca, decir cosas a través de los personajes. Cada lengua crea su propio hábitat, su propio pozo: su cátedra, su crítica, sus pequeños medios. Algo que incluso puede tener cierta parte ficticia, artificialmente creado o apoyado, no lo niego. Y los escritores vascos en castellano están fuera de ese asunto. Pero en ese pozo propio, donde estoy bien considerado, he decidido que voy a hacer lo que me apetece. Y si como Philip Roth en ‘Pastoral americana’ quiero dedicar cuatro páginas a la fábrica de guantes, pues adelante. Sin duda, eres más libre. Aunque todo esto va a una velocidad impresionante.

Pese a la existencia de ese microcosmos para el euskera, incluso sobreprotegido, da a entender que no cree que esa nueva generación de narradores lo tenga más fácil.
No lo va a tener más fácil. Van a tener acceso a dos sistemas literarios: el euskaldun y el de castellano. Pero esa ventaja la tendrán, en la medida en que el euskera aguante y se desarrolle, porque van a estar junto a los demás en un mundo globalizado.

Ahora que habla de cátedras y microcosmos, imagino que leyó la entrevista al escritor y exmiembro de ETA Joseba Sarrionaindia, que ha salido al ágora al calor de la Cátedra de Lengua y Cultura vasca en la Universidad de la Habana.
¿Con el Instituto Etxepare, no? (silencio) Yo creo que nuestros problemas y soluciones están aquí, entonces lo de las cátedras no me entusiasma mucho. No digo que sean elementos de propaganda, no quiero ser duro en la crítica, pero no cabe duda de que la literatura en euskera se conoce en el mundo en castellano. Todo puede ayudar a la proyección del euskera y de Euskadi, pero hay que centrar los esfuerzos más aquí.

¿Leyó con atención la entrevista? ¿Ni como metáfora vital del paso de esa foto en blanco y negro que teníamos de Sarrionaindia cuando se escapó de la prisión de Martutene, a la instantánea a color de un escritor entrado en años junto a la universidad de la isla caribeña?
Me pasa mucho con los periódicos, que dejo las cosas para leer a la noche y luego se me van. De Sarrionaindia, jo, se me hace difícil hablar. Creo que trata de hacer autocrítica y de revisarse él mismo y desde luego es un excelente escritor, eso sí que está fuera de toda duda. Pero…

He recuperado esta frase de la entrevista en referencia a ETA: “Debía haberse negociado 20 años antes, se hubieran ahorrado muchas desgracias”.
¡20 años dice! Soy respetuoso con los que dan pasos porque a mí también me ha costado darlos y no me he enterado de las cosas en el tiempo en que me tenía que haber enterado. Con la víctimas por ejemplo. Yo he hecho cosas terribles: de Cuba … pues he sostenido a Fidel más de lo debido, a Aleksandr Solzhenitsyn, no estoy seguro, pero cuando inauguró el Gulag seguro que me pareció un desalmado. Quiero decir, que entiendo que alguien no se ha ya enterado de no sé qué o que se haya enterado más tarde que yo, aunque también eso tiene un límite. Pero no son 20 años, son muchos más años. Hay gente que participó activamente armas en mano y lo dice. ¿Para qué se dice esto? ¿Para dignificar la lucha armada? ¿Porque si hubiera tenido un buen final entonces se hubiera justificado mejor lo ocurrido o porque se hubiera ahorrado mucho sufrimiento? Pues no lo sé. Tendría que decírselo primero a la cara a Sarrionaindia y no a través del periódico. Y seguro que lo dice con muy buena voluntad, se ha enterado y lo está diciendo, porque la realidad es que hay otros que lo siguen negando.

Claro, en ese mundo falta todavía un reconocimiento del daño causado.
Y es verdad que algunos pretender contar la historia de manera que no se distinga entre una barrera tan importante como es una dictadura y una democracia, que podemos decir lo que queramos de ella, pero asimilable a las de nuestro entorno. Que pretenden diferenciar una ETA que actuaba contra uniformes en defensa de una dictadura de la ETA posterior. En la etapa de mi novela ‘Ehun metro’, y la escribí en 1974, ya tenía claro que aunque se justificaba aquello, yo creía que no conducía a nada. Mi convicción es que mejor no hubiera existido, pero admito que era una ETA distinta y que en aquel contexto el mundo mundial aceptaba la lucha armada, incluidos los Estados burgueses: hay que recordar que Francia no se enfrentó a ETA hasta los años 80.Y luego el término que utiliza Sarrionaindia de “negociado”, creo que una palabra más afortunada sería “abandonado”.

Usted dijo que, tras el final de ETA, iba a ser más fácil que emergieran los matices en el relato de lo que nos ha pasado con la violencia y el terrorismo. ¿Cree que, tras más de cinco años del cese definitivo de la violencia, está ocurriendo eso?
Deberíamos hacer un esfuerzo para instalar la verdad histórica, en lo más elemental, en el núcleo tendríamos que estar todos de acuerdo sobre lo ocurrido. Y aquí les cuesta. Algo que, por ejemplo, los alemanes ya han hecho de alguna manera. Aquí con el franquismo hay que decir que seguro que los comunistas hicieron tal y los anarquistas lo otro, pero lo principal es que hubo un alzamiento militar contra un poder legalmente constituido. Que luego hubo ‘rojos’ muy malos y franquistas muy nobles, seguro. En la verdad histórica básica deberíamos ponernos de acuerdo. Y en nuestros últimos años de historia en Euskadi, un poco lo mismo. Historiadores y académicos de sensibilidades distintas deberían reunirse en torno a una mesa para acordar, como dice muy bien Woody Allen, “que Bélgica no invadió Polonia”. Hay cosas que tenemos que tener claras, a mí no me da para detenerme mucho en los matices. Y veo que cada uno está queriendo hacer su historia.

La batalla de relato, vaya.
Sí. Es verdad que los matices, en determinada fase histórica, pueden ser inoportunos. Y no veo que estemos tan maduros para plantear los matices. Además, tenemos mucha tendencia a expresar nuestro pequeño dolor ante situaciones que no son comparables. Ese discurso de “todos hemos sufrido” pues comparado con el de otros creo que es de mal gusto, pese a que también hayan sufrido y sea un hecho.
Por poner un ejemplo, la novela ‘Patria’, de Fernando Aramburu, ¿cree que entra en esos matices?
Buena pregunta. Creo que lo que cuenta es el retrato de un momento determinado en esta sociedad, y él hace un esfuerzo en poner todos los arquetipos, algunos tal vez más caricaturizados que otros y en alguno se le puede haber ido la mano, pero hay un intento de meter todos los elementos, la tortura, el arrepentido… ¿Eso nos ayuda a entender la historia? A mí no. ¿Un joven que lo lea lo entenderá mejor? (silencio) Pero no creo que le haya hecho daño, no, ni que esa visión perjudique. Ha sido bastante equilibrado, está un poco todo. Pero hay poca introspección: no se ve muy bien de dónde venimos, es más bien la descripción de un momento determinado próximo en el tiempo. No se va a los 20 años aquellos que hablábamos antes, donde las cosas eran bastante diferentes. El militante de hace unos años de ETA no tenía nada que ver con el de hace 40 años.

¿Diría que está pendiente una gran obra sobre la violencia en Euskadi al estilo de ‘Guerra y Paz’ de Tolstoi o en el cine ‘El nacimiento de una nación’ de Griffith?
Sí. Creo que está por hacer.

Y ese sentimiento de culpa colectivo, que a veces asoma en Euskadi, ¿no puede llegar a ser un bálsamo para diluir responsabilidades?
Ese riesgo existe, el ¡cuánto hemos sufrido todos! Hay mucha tendencia a eso en este país. Pues no, hay quien ha tenido más culpa y en cualquier caso tener que recordar estas cosas de que aquí ha habido periodistas que tenían que llevar escolta, etc. Y hay gente que está aún muy jodida. Somos poco compasivos. La cantidad de viudas que han dicho eso de “espero que mi marido sea el último”. Yo no sé si habría sido más rencoroso si me hubiera tocado a mí. Las víctimas han tenido un comportamiento en general impecable, salvo algunas manipulaciones. Y más en la etapa final que cuando el conflicto era más gordo. Y es ahora cuando se les empieza a reconocer con los actos públicos.

La culpabilidad está muy presente en su obra. Algunos personajes, como Faustino Iturbe en ‘La educación de Lili’, se sienten culpables incluso por lo que hicieron otros.
Debo confesar que tengo tendencia a sentirme culpable. Será por mi educación en los ‘Corazonistas’.

Le preguntaba lo de la culpabilidad del personaje Faustino Iturbe porque no sé si nuestros hijos e hijas no se sentirán al final culpables por lo que estamos haciendo por ejemplo con los refugiados, en la mayor crisis que ha vivido Europa tras las guerra mundiales.
A algunos sí. Igual que a los que tenemos cierta información nos parece que la no intervención europea fue una vergüenza o, en su caso, la de Francia y la debilidad de los gobiernos socialistas franceses. O que en EE UU se lo pensasen e interviniesen en función de las elecciones. Y si no es culpa, nuestros hijos tendrán vergüenza ajena, les parecerá increíble.

Usted es sociólogo de profesión, pero escritor de devoción. ¿La escritura es para usted una suerte de exorcismo vital?
Algo trato de resolver. Yo necesito la experiencia personal. Para entender tiene que pasar algo por mí. Sí que creo que resuelvo algo cuando escribo. Que lo que tengo en la cabeza lo acabo entendiendo mejor cuando lo expreso a través de mi obra. No sé por qué con la novela. También hay una necesidad de reconstruir la memoria, porque la tengo muy mala. Los que no tenemos memoria necesitamos rescatar fragmentos. Por eso mi literatura es fragmentaria. El ideal sería una sociedad en el que todo el mundo escriba, lea y haga todo.

¿Por qué no le gustan las historias sencillas y prefiere superponer capas de cebolla en sus novelas?
La necesidad de dar con algo central y volver a esa idea central, expresarla mejor y mejor. No lo sé muy bien, algún psiquiatra debería decírmelo tal vez. No me gusta la linealidad, la vida no funciona así, desde luego la memoria no funciona así.

He leído que ha corregido sus dos primeras obras: ‘Ehun metro’ y ‘Egunero hasten delako’. ¿Cree que han envejecido bien?
No suelo volver a leer mi obra. Pero en todos estos años se han ido haciendo traducciones y adaptaciones y ahora quería hacerlas yo. ‘Ehun metro’, para algunos que hilen muy fino, podría parecer ahora apologética del terrorismo, lo que en aquel tiempo no era. Pero no lo era ni para el censor. Tengo la ficha del censor cuando la secuestraron y habla de que trato mal a la ‘poli’ y de algo sobre España y el País Vasco, pero no dice para nada de que ensalzo el terrorismo o la figura del terrorista. Ni se les ocurre. He leído que Yoyes vio la peli que se hizo de ‘Ehun metro’ la víspera de que le mataran. Lo que es obvio en mi novela es que ese personaje de ETA ni por el forro se puede cargar a un compañero porque abandone las armas. Ni te podías imaginar en 1974 que alguien de ETA podía matar a un compañero de armas por eso. Aunque ETA era básicamente pelotas y, en gran medida, el que no era de ETA era porque no tenía pelotas. Y a mí eso me parece obligado reconocerlo. Y, en cambio, hubo otros que siempre fueron en contra del uso de la violencia, y no solo en las filas constitucionalistas. Y ahí está el discurso del lehendakari José Antonio Aguirre de “nunca el pueblo vasco utilizará la violencia para defender sus ideas”. Y hay que reconocérselo. Y yo humildemente se lo reconozco, pero no era mi caso. Y por eso también entiendo a otros que les ha costado más darse cuenta.

Hemos empezado charlando sobre su premio y quiero acabar con otro: el Nobel de Literatura de este año: Bob Dylan. ¿Qué le pareció?
Me dejó muy frío. No controlo mucha poesía, aunque me parece genial este hombre. De todas formas, me llama la atención cómo se interpretan los premios. Son injustos por definición, porque a la vez se ha dejado de premiar a otros. La verdad es que yo soy antipremios, te meten en una competitividad que no sé yo. Y luego hay una mala tendencia en los últimos decenios del Premio Nobel de Literatura a buscar y fijarse en aquello en lo que la sociedad no repara, que tiene su lado bueno, pero también malo. La poética de Dylan puede ser interesante y ayudar a la gente a tomar conciencia de que hay buena poesía y que no se reduce al formato clásico. Pero otro año ocurre con una mujer, otro con un africano y, al final, pues Roth se queda sin premio porque ni es mujer, ni africano. ¡Qué te voy a decir! Y me lo aplico también a mí; ¿yo el mejor guipuzcoano? No he hecho ni hostias, he tratado de pasármelo lo mejor posible. Y a mí lo que me hacía indigno era la dictadura. Vivir en dictadura es lo peor que te puede pasar, tener miedo a hablar, a andar por la calle. Vivir con miedo es una indignidad.

Opinión:

Cuando leo entrevistas con gente a los que les preocupaba la política viviendo en el País Vasco y AHORA reconocen que no estuvieron a la altura, que no se enteraron de lo que la banda terrorista ETA realizaba, que no sabían que era tan complicado vivir con la experiencia de ser víctima del terrorismo, que estaban pendientes de otras cosas… ya no sé qué pensar: si estaban colocados, si eran idiotas o si, simplemente, eran unos cobades de mierda.
Creo que la útlima definición se le puede aplicar al tal Ramón Saizarbitoria. No le recuerdo como uno de los cuarenta vascos valientes que salieron a protestar tras un atentado como el de Hipercor. ¿Qué esperaba para hacerlo entonces? AHORA es muy fácil posicionarse porque la banda terrorista ETA ya ha cesado su actividad terrorista…
Aunque se le presenta como alguien apesadumbrado por lo ocurrido le recuerdo a este señor que ni siquiera el titular es correcto:

Eso de que “las víctimas han tenido un comportamiento impecable” no es cierto. El 99’99 por ciento de “las” víctimas sí lo hemos tenido… pero hay que recordar que entre esas “las” también existen personajes que aprovechándose del trabajo de otros han conseguido indemnizaciones, subvenciones y pensiones que a poco que se investigue se podrá descubrir que se han obtenido de manera fraudulenta, incluyendo a gentuza “herida” que ni tan siquiera estaban presentes en el atentado del que tanto hablan.
Y tampoco se puede olvidar de aquellos que, sin tener el vínculo familiar imprescindible por ley para ser considerados víctimas, se han dedicado a hablar en nombre de todas las que, ESTAS SI, hemos tenido un comportamiento impecable.


El señor Ramón Saizarbitoria es sociólogo y por lo tanto le invito a que realice un estudio al respecto. Pero para eso hay que ser valiente y no se yo si llegaría a serlo lo suficiente.

sábado, 7 de enero de 2017

06 enero 2017 (2) La Vanguardia (opinión)

6 enero 2017



El Rey pide “no escatimar esfuerzos” para combatir la “lacra” del terrorismo
Felipe VI pide dotar a las Fuerzas Armadas de los mejores medios para frenar la “mayor amenaza global en la actualidad”

El Rey ha pedido hoy “no escatimar esfuerzos” para aumentar la capacidad de prevención y respuesta ante el terrorismo al alertar de que esta “lacra” es un “enemigo de la humanidad”, pone en riesgo a los ciudadanos y “desprecia los valores democráticos”.
En su discurso en la ceremonia de la Pascua Militar en el Palacio Real, Felipe VI ha defendido que las Fuerzas Armadas y los cuerpos policiales se doten de mejores medios para frenar la que ha considerado “la mayor amenaza a la seguridad global en la actualidad”.
Acompañado de la reina Letizia, don Felipe se ha dirigido al estamento militar en un acto en el que María Dolores de Cospedal se ha estrenado como ministra de Defensa y al que también han asistido el jefe del Gobierno, Mariano Rajoy, y el titular de Interior, Juan Ignacio Zoido, además de las principales autoridades castrenses.
”No debemos escatimar esfuerzos por aumentar nuestra capacidad de prevención y de respuesta ante esta lacra que pone en peligro nuestra sociedad, desprecia nuestros valores democráticos y es un enemigo de la Humanidad”, ha proclamado el Rey, quien en su mensaje de Nochebuena no hizo mención a la amenaza terrorista.
Felipe VI ha subrayado que la labor del Ejército, de los cuerpos de seguridad y de los servicios de inteligencia “está dando buenos frutos” y les ha animado a perseverar en “lo que se está haciendo bien”.
También ha pedido “aprovechar el conocimiento y la experiencia” que atesoran y que “tan buenos resultados ha dado en la lucha contra el terrorismo” para “estar lo mejor preparados posibles para combatirlo con la máxima eficacia y total determinación”.
En una semana marcada por el dictamen del Consejo de Estado en el que atribuye a Defensa responsabilidad por el accidente del Yak-42 en 2003 en el que murieron 62 soldados cuando Federico Trillo era el ministro, Don Felipe ha recordado a quienes murieron “tanto en operaciones fuera de nuestras fronteras”, como en el cumplimiento de su quehacer diario.

Opinión:

Perfecto que se diga públicamente que no deben escatimarse esfuerzos en combatir el terrorismo… solo faltaría. No olvidemos que ese “escatimar” (¿en traductores del árabe por ejemplo?) fue una de las causas de los 191 asesinados y los mas de 1700 heridos en los atentados del 11 de marzo de 2004.
Pero ya puestos, tampoco deberían escatimarse esfuerzos en otorgar a ciertas víctimas del terrorismo los derechos que les corresponden…
Digo esto porque tengo algunas cartas enviadas por víctimas a la Casa Real y las respuestas de la misma y, sinceramente, muestran una penosa escatimación en los esfuerzos para atenderlas.

Y perdón por usar el palabrejo “escatimación”… es una licencia que me he permitido.

06 enero 2017 Cadena SER (opinión)

06 enero 2017



Ripollés pide que el Gobierno admita que Trillo se va por "irresponsable e indigno"
Curra Ripollés, portavoz de las víctimas del Yak-42, asegura en 'Hoy por Hoy' que pedirán a la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, que asuma el informe del Consejo de Estado

Curra Ripollés, hermana de uno de los fallecidos en el accidente del Yak-42, ha pedido esta mañana en Hoy por Hoy al Gobierno "que deje de mentir" y sobre el relevo de Federico Trillo como embajador en Reino Unido, diga que "se tiene que ir y así lo tiene que decir públicamente el Gobierno, porque fue irresponsable, indigno, y mintió a los españoles en sede parlamentaria"

Federico Trillo pidió a Margallo volver a España, al Consejo de Estado


Ripollés considera que es "necesario para dar una lección de la nueva política que necesitamos. Representamos a muchos ciudadanos españoles con las que no se han hecho bien las cosas. A las víctimas se nos tiene que tratar de otra manera".
 La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, recibirá la próxima semana en la sede de su departamento a la Asociación de Familiares de Víctimas del Yak 42, después de que el Consejo de Estado haya emitido un dictamen que en el que se responsabiliza al Ministerio, durante la etapa de Federico Trillo, del accidente. Ripollés avanza que le van a pedir a Cospedal "que asuma el informe del Consejo de Estado, un informe impecable que ha sido firmado unánimemente, y en el que no se duda que el vuelo es ilegal".
Así mismo, la portavoz de las víctimas en el siniestro considera que "no se explica que en un estado democrático como el español se hayan extraviado 42 contratos de vuelos internacionales, entre los que se encuentra el del Yak-42" y confirma en Hoy por Hoy que no han sido invitados a la comparecencia parlamentaria de la ministra de defensa, "si no nos invita la ministra o el PP deberían hacerlo el resto de partidos".

Opinión:

Evidentemente la muerte de los militares en el llamado “accidente” del Yak-42 no es un acto de terrorismo pero deseo hacer un reconocimiento público a la valentía de los miembros de la Asociación de Familiares de Víctimas del Yak 42 por exigir respuestas a las preguntas que trece años después parecen ir encontrando solución.
Y, evidentemente, así se lo he hecho saber a Curra Ripollés. La respuesta que me ha enviado ha sido una nueva muestra de coherencia y de dignidad.
Un fuerte abrazo a todos los familiares de los 62 militares.

Ah, se me olvidaba: lo del impresentable de Trillo diciendo que "es natural que las víctimas pidan indemnizaciones y que quieran buscar siempre responsabilidades personales de la pérdida de su familiar" o "entiendo que se sientan afectados, pero el perdón es bueno” es patético.
Lo dicho, un impresentable por no decir algo más contundente. La Ley Mordaza me lo impide.

05 enero 2017 (2) Diario de León (opinión)

05 enero 2017




Recursos contra el terrorismo
Javier Fernández Arribas

El terrorismo suicida solo tiene una opción: prevención con recursos. Durante los últimos meses nos hemos enfrentado a unos terroristas mercenarios fanatizados que habían sido cooptados con un lavado de cerebro que incluía su suicidio. Es cierto que en los últimos atentados, Berlín o Estambul o en el aeropuerto de Bruselas, sus autores han preferido dejar el ‘paraíso’ para mejor ocasión.
Todos nos preguntamos cómo se puede evitar que, un terrorista con un fusil de asalto AK-47 Kalashnikov irrumpa en una sala de fiestas, elimine al guardia de la puerta y vacíe varios cargadores sembrando toda la muerte y destrucción posibles. La única respuesta posible es trabajar para prevenirlo, para detectarlo antes y para evitar que cometa la masacre.
La experiencia nos enseña que el único camino realmente eficaz para poder llegar a esta prevención es dotando de todos los recursos necesarios a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de cada país y el intercambio fluido y rápido de la información entre todos.
En el caso del Daesh hay que diferenciar entre la lucha sobre el terreno que controlan en Siria e Irak, que exige una planificación militar adecuada, y entre la lucha antiterrorista que requiere los recursos humanos, tecnológicos, legales, judiciales y económicos suficientes para las policías encargadas.No se pueden escatimar recursos porque después vienen las lamentaciones.
España tiene experiencia en la lucha contra el terrorismo después de una trágica etapa de sufrir los ataques de la banda terrorista ETA y por el zarpazo islamista del 11-M contra los trenes en Madrid con casi 200 muertos. Una barbarie de este calibre enseña a la fuerza que es imprescindible la información para poder aplicar medidas preventivas.
Para ello ha sido vital el cambio en la Ley de Enjuiciamiento Criminal que permite la detención de sospechosos de estar ‘ideando’ un atentado por su evidente radicalización. La detención en Madrid de dos terroristas con cargadores de Kalashnikov fue providencial para abortar cualquier ataque como el que todos lamentamos en Estambul.
Las responsables antiterroristas necesitan el personal correspondiente para estar al tanto de los movimientos radicales en grupos de riesgo, traductores para las grabaciones de teléfonos interceptados o informáticos para explorar la llamada intenet profunda que utilizan los terroristas. Toda esa información debe ser debidamente procesada y compartida para controlar y neutralizar a los posibles terroristas. Son muchas horas extras de duro y sacrificado trabajo que hay que retribuir con generosidad, como corresponde.

Opinión:

Avanzo que estoy absolutamente de acuerdo con el contenido del artículo de Javier Fernández Arribas aunque me gustaría añadir un solo dato más… “después de una trágica etapa de sufrir los ataques de la banda terrorista ETA y por el zarpazo islamista del 11-M” pero sin olvidar los del resto de bandas terroristas que han perpetrado sus atentados en España y los españoles que han sido víctimas por atentados ocurridos en el extranjero.

Solo eso. Creo que las víctimas de esos atentados también merecen ser recordados.

05 enero 2017 La Vanguardia (opinión)

05 enero 2017



 

“La sociedad vasca no quiere enfrentarse a su pasado traumático”


El historiador José Antonio Pérez, coordinador de un ambicioso estudio sobre el terrorismo en Euskadi, analiza la violencia, su respaldo social y la memoria de las víctimas

La memoria se encuentra en el centro del debate político en Euskadi. El relato de décadas de violencia es a día de hoy un foco de enfrentamientos en el que parece difícil encontrar unanimidad. El historiador José Antonio Pérez Pérez (Santoña, Cantabria, 1965) coordina un ambicioso estudio que se sumerge en el pasado reciente del País Vasco, analizando el fenómeno del terrorismo, su respaldo social y la historia y memoria de las víctimas. Un proyecto para cuatro años que surge de un convenio de colaboración entre el Centro Memorial de Víctimas y la universidad del País Vasco respaldado por el trabajo de prestigiosos historiadores y catedráticos.

¿En qué consiste la idea de este estudio?
Con el final de la violencia en el País Vasco se ha abierto un periodo en el que existe un gran hueco por llenar, el de contar lo ocurrido teniendo en cuenta a las víctimas, poner el foco sobre ellas. Sobre ETA y los grupos policiales que ejercieron la violencia se conoce mucho, pero sobre ellas todavía no.

Las víctimas son una parte importante del proyecto, pero también la sociedad.
El terrorismo es un fenómeno muy específico de violencia política y para llevarlo a cabo necesitó de la complicidad de miles de personas, de un sector significativo de la sociedad vasca que apoyó, jaleó, justificó y, en algunos casos, simplemente miró hacia el otro lado. Al mismo tiempo, hubo un sector mucho más minoritario que fue toda la trama política y social que rodeó al terrorismo y a la fuerza política que lo sostuvo, Herri Batasuna. Un sector de complicidades y chivatos en cada pueblo que fueron los que proporcionaron una información fundamental para la realización de atentados.
¿Hay una lucha por la historia en Euskadi?
En estos momentos se está produciendo lo que la izquierda abertzale ha llamado batalla por el relato. Cuando hace unos años la violencia tocaba a su fin el sector político que ha sostenido al terrorismo puso en marcha una operación de carácter memorialista con el fin de establecer ese relato del ‘conflicto político’, según el cual existieron dos bandos que mataron con la misma intensidad y los mismos apoyos. Como historiadores entendemos que hoy en día es un relato insostenible pero que ha tenido un importante eco en un sector de la sociedad vasca.
Precisamente esa es la primera de las tres líneas de investigación del proyecto, denominada ‘Nunca hubo dos bandos’. ¿En qué consiste?
Investigamos los apoyos sociales y políticos que tuvieron las diferentes organizaciones terroristas. Hay que tener en cuenta que el 92% de los asesinatos en el País Vasco los comete ETA y el resto son perpetrados por otras organizaciones como el Batallón Vasco-español, el GAL... La balanza está muy descompensada y, en el caso de la violencia policial y de grupos de extrema derecha, no hubo apoyos sociales de envergadura tras ellos, lo que desdice la existencia de dos bandos. Por lo tanto es un relato necesario.
La segunda línea consiste en un estudio biográfico tanto de víctimas como de victimarios.
Es un tema muy importante. Nos parece interesante saber en qué ambientes se educaron y socializaron los victimarios, qué tipo de personas ejercieron un liderazgo ideológico en sus primeras relaciones y cómo se produjo el salto de chavales con una ideología a terroristas. Del mismo modo nos parece representativo conocer los casos de las víctimas: no es lo mismo lo que vivieron los guardias civiles asesinados en el País Vasco que los políticos que sufrieron atentados o los empresarios que se vieron obligados a pagar el mal llamado ‘impuesto revolucionario’. Tampoco aquellas personas a las que se les colgó el sambenito de ser chivatos de la policía. Hay un denominador común, el del terror, pero éste tuvo diferentes mecanismos.
La tercera línea del estudio aborda ese aspecto, ¿qué se investiga?
Queremos conocer cómo se extendió el terror, cuáles fueron los mecanismos para que éste profundizase como lo hizo en la sociedad vasca. Analizar cómo funcionaron los mecanismos de control, de estigmatización en los pueblos, cómo se produjeron las campañas de hostigamiento contra personas que vieron su nombre pintado en una diana, o una serie de epítetos que anunciaban prácticamente su asesinato. También cómo se produjo esa campaña a través de medios informativos vinculados a la izquierda abertzale, carteles, fanzines y hojas clandestinas.
¿Puede calar a día de hoy esa tesis del conflicto que defiende la izquierda abertzale?
De hecho ha calado profundamente, no solamente en el sector que sostuvo al terrorismo sino en uno algo más amplio. Otra cosa es que esa versión que presenta a los miembros de ETA como gudaris, como herederos de los soldados vascos nacionalistas de la Guerra Civil, tenga éxito en un sector muy grande de la sociedad vasca. Pero no tenemos más que recorrer los pueblos de País Vasco para ver que existe una iconografía de carácter militarista y que ahonda en este relato.

Pero parece por tanto improbable a nivel general.
Esa visión sí, porque tiene un carácter limitado. Pero más preocupante que ésta es una versión que se está extendiendo y que presenta lo ocurrido en los últimos cuarenta años como la suma de diversas violencias. Bajo el paraguas del respeto a los derechos humanos se está difuminando la importancia fundamental del terrorismo.
¿A qué se refiere?
Evidentemente existieron otras formas de violencia y terribles abusos policiales pero lo que no se puede establecer es un relato de carácter equidistante. Como decía Hanna Arendt: “Donde todo el mundo es culpable, nadie lo es”. Hay que tener por tanto en cuenta quién fue el máximo responsable de esta violencia. Además, la violencia policial nunca tuvo un apoyo social y político importante. Sólo si llegamos a un relato riguroso de nuestra terrible historia pasada podremos comenzar a caminar hacia adelante.
¿Quiere la sociedad vasca enfrentarse a ese relato actualmente?
No. A la sociedad le interesa un tipo de relato más autocomplaciente, uno en el que todos fuimos culpables, porque para que el terrorismo tuviera la profundidad que tuvo contó con el apoyo de miles de personas de forma directa y con otro tipo de apoyo, el de los que no hicieron nada, el de la gente que miró hacia otro lado. Para un sector importante de la sociedad, que a día de hoy está en contra del terrorismo pero que entonces no se movilizó contra él ni tuvo una palabra amable con las víctimas, puede resultar muy incómodo enfrentarse a lo ocurrido.
Eso sin embargo es algo habitual en territorios que han sufrido la violencia.
Sí, no es muy diferente de otros fenómenos vividos en distintos países. La Francia de después de la II Guerra Mundial inventó un relato que magnificaba la labor de la resistencia francesa, algo que ahora sabemos que es mentira: hubo más personas que apoyaron al gobierno de Vichy que aquellas que se enfrentaron al nazismo. En países del este tras la caída del muro de Berlín o en Polonia y Hungría ahora mismo, se está reelaborando un nuevo relato histórico que trata de echar tierra sobre lo ocurrido, de dulcificar aquellos periodos donde una parte de la población colaboró con las persecuciones políticas. El caso vasco y esa manipulación por tanto no es algo excepcional. La sociedad vasca no quiere enfrentarse a su pasado traumático, no es cómodo y no lo será durante mucho tiempo.
¿Hay riesgo de desmemoria en ese sector de la juventud cada vez más numeroso y que apenas tuvo contacto con el terrorismo?
Absoluto. Hace poco se hizo un estudio en las tres universidades vascas y la mayor parte de los estudiantes, que tenían en torno a los 19 años, no tenían ni idea de lo que había ocurrido en el País Vasco los últimos cuarenta años. Confundían a Miguel Ángel Blanco con Carrero Blanco, desconocían los apoyos que había tenido la organización terrorista... Es un peligro que corremos. A los chavales jóvenes esto les suena como a gente de mi generación las guerras carlistas, es decir, algo que sucedió hace mucho tiempo.
Lo cierto es que los universitarios de hoy en día apenas han tenido contacto con la violencia.
Claro. Muchos de ellos nacieron a finales de los noventa y como mucho la imagen que pueden tener es la de algún atentado tardío como el de la T4, pero no conocen todo lo que hubo detrás del terrorismo, todo el apoyo social.
¿Habría que introducir esta historia reciente en las aulas?
Sin duda. Dentro de los programas de estudio no se contempla la posibilidad de estudiar lo que ha sido el terrorismo. Si no se incluye en el currículum y se dan materiales específicos a los profesores, en poco tiempo el terrorismo interesará sólo a las víctimas o a quienes investigamos el pasado. Sí que existen iniciativas en las que víctimas tanto de ETA como de grupos policiales cuentan sus experiencias en las aulas. Sí, y eso a nosotros como historiadores nos parece muy bien, aunque consideramos que carece de un contexto histórico que pueda explicar la dimensión de lo que verdaderamente fue. Porque si eso no se incorpora a un programa de historia, la experiencia puede quedar como cuando víctimas de accidentes de tráfico van a contar su terrible testimonio. Los chavales se sienten conmovidos, pero si no les hablamos de cómo y cuando surge el terrorismo, de qué fue la dictadura, la democracia... Si nos les hablamos de todo ello, al final no tienen una idea real de lo que fue ese fenómeno.
Opinión:

Nuevo año, errores viejos.
Nuevas entrevistas con especialistas que se dedican a hablar de memoria, dignidad, historia, verdad…. relacionándolo con “las” víctimas del terrorismo”.

Que “la sociedad vasca no quiere enfrentarse a su pasado traumático” no lo veo correcto, no entiendo que sea cierto. Es una parte de la sociedad vasca (mayor  o menor según opiniones) la que no quiere enfrentarse a ese pasado pero no creo que sea “la” sociedad en su conjunto. Me consta que hay personas, entre las que debe incluirse a muchas víctimas, que se enfrentan cada día a ese pasado. Algunas por que lo vivieron en su entorno y otras porque lo vivieron directamente.

Por otro lado, ya empieza a ser cansino escuchar o leer acerca del tema de la educación o el conocimiento que sobre el terrorismo existe en las escuelas o institutos. Quizás el error lo cometen aquellos que aprovechan el terrorismo para influenciar ideológicamente en los alumnos o para presentar relatos que no son verídicos.

Estoy muy cansado de hablar constantemente con gente que habla sobre el terrorismo como algo muy particular, que ha podido afectar a unas zonas muy concretas del País Vasco, como si los atentados de la banda terrorista ETA no hubieran ocurrido también en otros puntos del país.

¿Qué le parecería al señor José Antonio Pérez hablar, investigar, conocer a víctimas de otros lugares? Quizás se le ampliarían las miras y, sobre todo, sabría que existen personas que dentro o fuera del País Vasco no tenemos ningún temor a enfrentarnos al pasado por muy duro y dantesco que éste fuera.

Por cierto, eso de que “nunca hubo dos bandos”… hay víctimas que llevamos media vida repitiendo esa frase. ¿Le interesa conocernos o es mejor circunscribir la “investigación” al territorio propio? Haciendo eso la “investigación” siempre quedará incompleta, porque desconocerá la opinión de cientos de víctimas del terrorismo que tenemos el mismo derecho a opinar sobre ese desastre.

Con todo el cariño… hacer “un ambicioso estudio que se sumerge en el pasado reciente del País Vasco, analizando el fenómeno del terrorismo, su respaldo social y la historia y memoria de las víctimas” sin contar con las de otros lugares es una nueva demostración de que, por desgracia, todavía existe la impresión de hay víctimas de primera y de segunda. Así los estudios ya empiezan torcidos. Pero, evidentemente, la banda terrorista ETA nunca causó un atentado como el de “Hipercor” en el País vasco. Ya me lo dijo en una ocasión un “especialista en el conflicto vasco”: “es que en un centro comercial de Euskadi podría estar algún familiar de los terroristas”.

 


Pues eso. 

viernes, 6 de enero de 2017

01 enero 2017 Visita a Ibeas de Juarros (Burgos)

01 enero 2017



Opinión:

La fotografía que acompaña a la primera noticia del año 2017 tiene un propósito. El primer día del año pasé por este pequeño pueblo de la provincia de Burgos, camino de Barruelo de Santullán, un precioso pueblo de la montaña palentina donde están los orígenes de la familia de Esperanza.
Ya había estado hace unos años en Ibeas de Juarros pero al ser plena madrugada no pude parar para hacer la fotografía pero en este viaje íbamos una expedición de tres coches y la hora era propicia para hacer la fotografía.
Espero que este año que empieza sirva, entre otros propósitos, para seguir explicando y demostrando el cinismo y la hipocresía que ciertos personajes han practicado al tratar con “las” víctimas del terrorismo. La información recopilada en los últimos años y la posibilidad de trabajar “por libre” me han dado la libertad para intentar desenmascarar a ciertos impresentables que utilizaron y siguen utilizando el dolor  y el trabajo ajeno para conseguir sus propios intereses y objetivos despreciables.

Y la fotografía en esta población puede ser un brillante inicio para esta labor de denuncia.  

Por otro lado, mostrar mi enorme agradecimiento a todos quienes han consultado este blog... desde que hace cinco años lo inicié, han sido 122.704 las visitas recibidas, con cientos de correos y contactos atendidos. 

Espero que siga siendo de su (vuestro) interés…