lunes, 20 de enero de 2020

20 enero 2020 El Mundo del Siglo XXI (opinión)

20 enero 2020



Los excluidos del 17-A: "Somos víctimas del terrorismo y la burocracia"
El Ministerio del Interior deniega indemnizaciones al menos a 16 personas con secuelas reconocidas en la causa abierta por el atentado de 2017 en Barcelona

Miguel López paseaba con su hija Elisabet por La Rambla de Barcelona el 17 de agosto de 2017 el cuando la furgoneta se abalanzó contra la multitud. Los dos huyeron para no ser arrollados por el terrorista Younes Abouyaaqoub, que mató a 15 personas e hirió a decenas. A Miguel, que se desplaza en silla de ruedas, se le cayó un cuerpo encima en medio de la estampida, antes de refugiarse con su hija en un hotel durante horas.

«Quien no vive un atentado no sabe lo que es. Puede llorar, pero no sabe lo que es», sentencia Miguel. La forense judicial diagnosticó en febrero de 2018 que sufre un trastorno grave de estrés postraumático por haber sido testigo del atentado del 17-A. El dictamen le permitió adherirse a la acusación que la asociación 11-M Afectados del Terrorismo ejerce contra los tres supervivientes de la célula yihadista que la Audiencia Nacional juzgará en meses.

Pese a que la doctora adscrita a la Administración de Justicia certificó lesiones, el Ministerio del Interior desechó en octubre que Miguel sea víctima del terrorismo. Conlleva que no se le indemnice por daños, aunque el Ministerio le ha anunciado ahora que podrá aportar facturas para abonarle la asistencia psicológica.
Interior rechazó la petición de López tras exhortar que una facultativa del Instituto Nacional de la Seguridad Social lo examinara. «Le entregué el informe de mi doctora y el de la psicóloga que me costeo. A partir de ahí, preguntas básicas: si he recibido tratamiento psicológico alguna vez -nunca lo había tenido-, qué hago cada día, por qué no hago esto o lo otro... 'Eso es lanzarse nada más y hacerlo', me dijo», cuenta Miguel, a quien no han dejado de recetar fármacos para conciliar el sueño casi dos años y medio después: «Me despertaban las imágenes de lo que se vivió y el ruido del motor de la furgoneta. Los intentos para dejar la medicación no han servido. Se puso una dosis más alta que sigo tomando».
En contraste con la evaluación ordenada por el juzgado, la de la Seguridad Social no detectó indisposición derivada del ataque. El Ministerio se sustenta en esa valoración para no otorgar la condición de víctima.
Elisabet ha chocado con la misma discrepancia: la forense avaló que padece estrés postraumático moderado pero, en cambio, Interior rehusó compensarla después de que la doctora de la Seguridad Social no distinguiera secuelas. «No me preguntó casi nada del atentado. Me pidió tratamientos anteriores o antecedentes en la familia. Luego se empeñó en por qué había dejado la universidad», afirma. 
Asesoramiento
Miguel y Elisabet no están solos en el embrollo. La Unidad de Atención y Valoración a Afectados por Terrorismo (UAVAT), que ha asesorado a más de 200 personas por el 17-A, conocía hasta octubre al menos 17 contradicciones entre Interior y la Audiencia. En 16 casos es el Ministerio el que se opone en base a la documentación que los reclamantes aportaron o porque la Seguridad Social no confirmó una patología atribuible al atentado, pese a ser admitidos en el proceso judicial después de que un forense sí corroborara el vínculo.
De momento, no se ha reparado a quienes han topado con la disparidad. Su esperanza es que la sentencia del juicio dicte que se les compense, pero se ha difuminado al no imputarse por asesinato a los procesados, que no fueron autores materiales de los ataques. Varias acusaciones han recurrido. De no prosperar, a los afectados solo les quedará presentar contenciosos.
«Genera perplejidad. En el fondo, les dicen que no les creen», piensa Sara Bosch, presidenta de la UAVAT. La entidad explica que Interior reitera motivos para desestimar como víctimas a testigos, aun sometiéndose a terapias y estar personados como acusación. Por ejemplo, rehúsa la demanda de una persona que prueba bajas laborales después de salvarse en La Rambla por no advertir nexo causal entre sus lesiones psicológicas y el atentado; a otra, con un cuadro de ansiedad, la excluye por no situársele en la trayectoria que los atestados delimitan que la furgoneta trazó, y deniega a una chica con estrés postraumático severo, porque tardó ocho meses en causar baja y contaba con una afección psíquica preexistente.
El Ministerio ha desatendido peticiones porque el interesado no acudió a consulta el 17-A o las jornadas subsiguientes ni inició una cura de inmediato. Son requisitos calcados a los exigidos por heridas físicas que Bosch -psicóloga de profesión- avisa que «van contra los criterios clínicos»: «La mayoría de las personas con afectación psicológica no son atendidas el día del atentado ni en días inmediatos, porque se van a su casa y esperan a que se les pase. Se tira hasta que se explota».
«En mi caso, las lesiones físicas fueron mínimas pero ves que las psicológicas te cambian la vida», atestigua López, quien ha alegado ante el Ministerio, como su hija. Interior ha declarado 113 víctimas del 17-A y ha socorrido a 28 personas más sobre un total de 492 expedientes resueltos. Las cifras denotan que las denegaciones triplican a las demandas aprobadas. Se ha desembolsado 6,1 millones de euros en ayudas. Dos tercios de los requerimientos por lesiones no invalidantes e incapacidad temporal se han desechado. «No somos solo víctimas del terrorismo. Somos también víctimas del sistema burocrático. Parece que fuéramos culpables de estar allí», siente Miguel, que evita las aglomeraciones y confiesa un estado permanente de alerta. «Con tratamiento psicológico reducen esas consecuencias, pero no se puede crear la expectativa de vivir sin el zarpazo», analiza Bosch, que alerta del dolor que pueden arrastrar quienes contemplaron el horror y no han sido localizados: «Es la tarea pendiente de todos los gobiernos. O los buscan o nunca pueden decir que lo hacen bien con las víctimas».

Opinión:

Hace más de 30 años que inicié mi trayectoria en la defensa de los derechos del colectivo de víctimas del terrorismo. En estas tres décadas he apreciado cómo había gente que hablaba de sentencias sin haberlas leído, que hablaban de sentencias sin saber siquiera de su existencia, que hablaban de heridas que las sentencias muestran hasta qué punto son relatos inventados para vivir del dolor ajeno… pero lo que no había podido apreciar hasta no hace mucho es que personas que aparecen en el “auto de procesamiento” bajo el epígrafe de “heridos de carácter FÍSICO” no sean reconocidos por la administración competente en la materia.
La explicación es absolutamente surrealista pero cierta. El “auto de procesamiento” depende del Ministerio de Justicia pero el reconocimiento como víctima del terrorismo depende del Ministerio de Interior… con lo cual es sorprendente pensar que ¿entre los propios Ministerios no cotejan ni comparten la información? Pues va ser eso, porque sino no se entiende que mi amigo Miguel López figure como herido FÍSICO en el “auto de procesamiento” mientras no es reconocido por el Ministerio de Interior.
Solo me queda concluir que este Ministerio, ante la enorme cantidad de inventores de secuelas con los que se ha encontrado en el camino y que les han metido el gol por toda la escuadra, ha decidido desconfiar de los que SI MERECEN TAL RECONOCIMIENTO POR LEY.

Y eso, si no es prevaricación, se le acerca bastante. A ver si de una vez llegan los cambios al Ministerio…

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