jueves, 9 de abril de 2020

08 abril 2020 (2) La Razón (opinión)

08 abril 2020



La psicóloga Rosa Jové ofrece claves para actuar con los niños en el confinamiento

Miembro fundador del grupo de psicólogos en emergencias y catástrofes de Cataluña, está asistiendo a los sanitarios en la actual crisis por la pandemia del coronavirus.


«Mucho se ha hablado estos días de cómo proceder los adultos en caso de confinamiento: que si mantenimiento de rutinas, horarios, ejercicios… y muchos creen que eso mismo es lo que necesitan los niños, y no siempre es así», afirma la psicóloga infantil Rosa Jové,  autora de libros como Dormis sin lágrimas o La crianza feliz.  «Si usted es un padre preocupado por cómo afectará esto a su hijo, le tranquilizará saber que los niños tienen más facilidad que los adultos para superar las adversidades en su vida», continúa la experta, que ofrece consejos de actuación según los diferentes tramos de edad.
De 0 a 2 años:
«La rutina la marcan los padres, ya que, seguramente, les continuarán alimentando, acostando o bañando más o menos a la misma hora. Lo importante a estas edades no son las rutinas (sus padres van a hacerlo por ellos), sino que se lo pasen bien (que jueguen mucho y hagan actividades lúdicas) y que no se agobien. Intentemos, en la medida de lo posible, que jueguen al aire libre: si no hay jardín o terraza, puede ser en el balcón de casa o debajo de una ventana abierta, siempre con vigilancia. Lo único que van a entender de todo lo que pasa es que no pueden salir a la calle, intentemos minimizar ese aspecto. También es bueno contactar por videollamada con personas que vean normalmente (abuelos, canguro, etc.) pero sin forzar».
De 3 a 6 años:
«Es bueno empezarles a contar lo que está sucediendo, porque se dan cuenta de grandes cambios y necesitan una explicación que les tranquilice. Tan importante es explicarles lo que sucede, como ser positivos y no dramatizar. Hay una diferencia entre ser positivo y mentir. No vamos a mentir, pero si explicarles el escenario más favorable en cada caso. Hay que adaptar el lenguaje a la edad del niño».
«Los padres seguro que siguen con las rutinas de sus hijos a estas edades, pero hay que ser flexibles porque los niños van a ver que sus padres no hacen lo mismo que siempre (¿quién en este momento lo hace?) y ellos también pueden hacer cambios en su día a día (ver algo más la tele, acostarse un poco más tarde...)».
«Que les dé el aire al menos un ratito al día (puede ser asomados en una ventana jugando al veo veo) para que sigan con el ritmo circadiano, y que hagan juegos en donde desarrollen su imaginación (pintar, bailar, cantar, disfrazarse…) porque un niño que trabaja su imaginación olvida las preocupaciones. No olvidemos, sobre todo, jugar con ellos. Siempre nos quejamos de que no tenemos tiempo para jugar con ellos, ahora es un buen momento».
De 7 a 12 años:
«Aquí ya es imperativo, no solo que estén informados de lo que sucede, sino de que sean proactivos y ellos se protejan, lavándose las manos y manteniendo la distancia social. Si aún no saben lo que es la distancia social, es importante explicárselo para que actúen en consecuencia».
«Los padres siguen marcando las rutinas, pero, como ya se dan cuenta de lo que pasa a su alrededor, si los padres no cumplen sus propias rutinas, hay que mostrar más flexibilidad, o lo van a vivir como un agravio comparativo. Si los padres van al trabajo o teletrabajan en casa, podemos hacer que en esos momentos ellos también desarrollen algún tipo de trabajo de tipo escolar, pero si los padres no trabajan, mejor no obligarles. Ahora es el momento para aprender con las nuevas tecnologías o mediante proyectos, con los que se aprende igual o mejor, pero sin darse cuenta».
«Hay que intentar que estén ocupados con cosas que les gusten (sí, hasta con videojuegos) pero ir variando a lo largo del día, no siempre lo mismo. Es posible que en estos momentos se incremente la actividad con las pantallas, pero esto obedece a dos motivos: el primero es que todos hemos aumentado el uso de móviles, tablets, ordenadores, etc. no es algo exclusivo de los niños. El segundo motivo es que, en estos momentos e igual que los padres, es la forma de poder estar conectados con sus amigos porque a estas edades ya tienen vida social (muchos niños juegan online con los compañeros de clase o se escriben mensajes…). Son situaciones excepcionales que provocan conductas excepcionales, no hay que reñirles: ya volverán a la normalidad».
Rosa Mª Jové Montanyola (Lleida, 1961), licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona, está especializada en psicología clínica infantil y juvenil y en psicopediatría (bebés de 0 a 3 años). Igualmente es licenciada en Historia y Geografía con especialización en antropología infantil y en psicopedagogía con experiencia de más de diecisiete años trabajando para el departamento de la Generalitat de ayuda a menores con problemas escolares y diversos trastornos, así como asesorando a padres y escuelas.
En sus libros ofrece consejos, reflexiones y sugerencias que ayudan a los padres a cuidar y entender a los hijos desde el nacimiento hasta los seis años, una etapa fundamental en la que se forja buena parte de la personalidad y se asientan las estructuras emocionales. El sueño es también uno de los componentes de una buena crianza, como lo demostró en su bestseller Dormir sin lágrimas que, con 48 ediciones publicadas desde su aparición en 2006, y también ha publicado con mucho éxito en La Esfera de los Libros: La crianza feliz –27 ediciones–, Ni rabietas ni conflicto–18 ediciones–, y 365 ideas para una crianza feliz. La escuela más fácil.
Pero, además, es miembro fundador del grupo de psicólogos en emergencias y catástrofes de Cataluña, con más de treinta intervenciones, entre las que destacan las inundaciones de Biescas o los atentados del 11-M. Esa experiencia la ficcionó en Estado de shock, una crónica novelada de una intervención psicológica en emergencias. Y, precisamente, en esta actual crisis por la pandemia del coronavirus forma parte del grupo que está asistiendo psicológicamente a los sanitarios catalanes.

Opinión:  

Un honor prologar el libro Estado de SOC de Rosa Jové en el años 2012. Aunque la información ya está publicada en la fecha indicada en este blog, copio el comentario realizado entonces.

Prólogo de Robert Manrique

Vaya mi agradecimiento para quien haya tenido la amabilidad de adquirir el presente libro y más con el esfuerzo añadido en el momento económico que estamos atravesando. La cultura, en todos sus aspectos, es primordial para el avance de un país y puedo confirmar que “Estado de shock” será un libro con el que cualquier ciudadano disfrutará.

“Estado de shock” va dirigido a aquellos que deseen conocer las interioridades, les agrade conocer aquello que casi nadie ha visto del trabajo que realizan los especialistas en la salud mental. O yendo un poco más allá, la labor de aquellos que intentan minimizar las numerosas secuelas que se presentan tras sufrir un hecho traumático. Que un psicólogo no tiene solamente que oír sino también escuchar, interpretar, decidir... en muchas ocasiones en menos tiempo del que lleva usted leyendo este prólogo. Que existe una amplia preparación previa para poder evitar lo que otros creeríamos inevitable: los destrozos mentales a los que cualquiera puede verse abocado especialmente si sufre un doloroso acontecimiento inesperado.

Sospecho que la autora, mi gran amiga Rosa Jové, habrá convencido a los editores sobre la “idoneidad” de mi participación dándome el honor de escribir el prólogo. Pero es que Rosa es capaz de convencer a cualquiera de cualquier cosa. Y sospecho que habrá sido así porque yo mismo fui víctima de un acto traumático al ser víctima del atentado en Hipercor, con lo que puedo hablar en primera persona de cual es la labor de los psicólogos, bomberos y policías envueltos en lo que todos conocemos comúnmente como emergencia.

En este libro que usted gentilmente ha adquirido encontrará diversos relatos sobre las experiencias vividas por un grupo de expertos en la atención psicológica,  pertenecientes todos ellos a diversos ambientes laborales unidos en un mismo objetivo: ayudar al prójimo a superar los difíciles momentos consecuentes a sufrir un acto traumático o, como en otros casos, a evitarlos por conocer de primera mano la importancia de la prevención.

Rosa Jové nos relata, en unos primeros capítulos muy bien redactados y detallados, diversas emergencias a las que los expertos se han enfrentado. Conociéndola tengo la seguridad de que su memoria le habrá hecho recordar una enorme cantidad de datos y fechas, nombres y apellidos, ciudades y personajes...pero su sentido de la responsabilidad le evitará ofrecer ni una sola pista. El secreto profesional está para eso: para ser un secreto y ser profesional.

La lectura del libro mostrará las vivencias reales, diarias, y constantes, de un grupo de especialistas en la atención psicológica. Asimismo deja entrever (bien, en realidad, lo explica claramente, para qué engañarnos..) la estupidez que albergan algunos de los que han sido nombrados “dedocráticamente” para dirigir a los profesionales de lo que conocemos como actividad socio-asistencial. También he sufrido en primera persona a esos responsables (“el terrorismo no es prioritario para la Generalitat, julio 2011) mientras se dobla la seguridad en centros críticos y estratégicos de nuestro país.. Por ello certifico todo cuanto Rosa relata, disimulada en situaciones supuestas tanto desde su experiencia personal como grupal. Podríamos decir que “Estado de shock” denuncia de un modo benévolo y muy suave la incompetencia de algunos que ostentan (con todo lo que esta palabra significa) cargos de responsabilidad que, de no ser por la labor ardua y constante de los verdaderos trabajadores, no sabrían ni organizar la nevera de su casa.

Pero aparte de las situaciones vividas y compartidas en varios casos, personalmente en especial en atentados terroristas o accidentes de circulación, reconozco mi absoluto desconocimiento de la faceta como escritora de Rosa Jové. La he descubierto en “Estado de shock”, entre otras cosas por el hilo argumental que ha sabido componer entre los personajes. Se descubre la enorme variedad de caracteres que encierran el universo de lo que llamamos humanidad y cómo con esfuerzo e interés se puede conseguir una complicidad que nos puede llevar a conocer la verdadera extensión de la palabra empatía.

Esa es la palabra que, según mi modesta opinión, más se aprecia en la atmósfera de “Estado de shock”. Es aquello que los anglosajones describen como “ponerse en los zapatos de otro”. No es tan difícil ponerte los zapatos de quien calza tu mismo número pero si uno prueba a ponerse unos zapatos tan solo un par de números mas pequeños le será muy difícil dar dos pasos seguidos. Y de ello se desprende que en muchas ocasiones, los profesionales de lo que se denomina atención socio-asistencial deben aportar toneladas de empatía para ejercer su labor y ejercerla bien.

Por ello recomiendo el presente libro no es solo un compendio de vivencias de Rosa Jové y sus colegas, es algo más. Nos descubre hasta qué punto es imprescindible la colaboración, el deseo de ayudar, el compromiso en el bienestar ajeno...

Y también me permito recordar que debería ser de lectura obligada para todos aquellos que o bien desean organizar su futuro profesional en el ámbito de la psicología o bien, como es mi caso, lo único que queremos es ayudar al prójimo con unos mínimos conocimientos.

Mención aparte me merece la idea de encabezar cada capítulo con una frase de algún reputado filósofo o similar y por eso no puedo evitar dejar para el final un par de las frases que me han guiado durante gran parte de mi vida y que jamás hubiera imaginado que aparecerían en el prólogo de un libro.  De la primera desconozco el autor pero estoy absolutamente de acuerdo: “La felicidad une, el dolor reúne”.

Y ofrezco esta frase porque he estado presente en reuniones donde la extrema dureza de la experiencia vivida ha sido el motivo para compartir debriefings realmente dolorosos. Perdón... ¿que qué es un debriefing? Hay que leer el libro e imaginarse la situación...

La segunda es de Albert Einstein: “Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”. Reduce en nueve palabras el afán de investigación pare encontrar soluciones a los problemas, incluidos los de la mente humana. Todos los problemas son distintos, pero todos merecen la mejor solución. Me consta que cada uno de los personajes “ficticios” que  aparecen en “Estado de shock” dedican las veinticuatro horas del día a encontrar soluciones para aminorar e incluso solucionar los problemas de los demás.


Septiembre de 2012

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