29
octubre 2023
“Ha
gritado “Allahu Akbar”: simulacro de atentadi en la estación de Sants
«¡Fuera,
fuera de la estación!», grita un efectivo de Seguridad Ciudadana de los Mossos.
«¿Cómo va vestido?», pregunta a una mujer. «De negro, todo de negro». Decenas
de viajeros salen a la carrera, mientras varios policías, empuñando su arma
reglamentaria, avanzan en dirección contraria a los que abandonan el vestíbulo,
cuando un agente de la
Guardia Urbana localiza al atacante, con dos muertos a sus
pies: «¡Tira el cuchillo, voy a disparar!». Tras varias advertencias, no
obedece y lo abate.
Este
fue uno de los cuatro escenarios del simulacro de atentado terrorista en Sants,
la mayor instalación ferroviaria de Barcelona. La intención, poner a prueba la
respuesta operativa y de coordinación ante un posible ataque. Un despliegue sin
precedentes, la madrugada del viernes, que contó con 500 participantes. La
mitad, figurantes, que hicieron las veces de rehenes o heridos. El resto, de
cuerpos policiales y de emergencias.
Era
la una y media de la madrugada cuando se escucharon los primeros disparos en el
interior de la estación. Tras las detonaciones, chillidos y carreras. El
personal de seguridad de Sants alerta a los Mossos. Los primeros en llegar,
como siempre, los patrulleros. Los minutos iniciales son de caos. Nadie sabe
cuántos atacantes hay. Portan armas largas, cortas, cuchillos y, posiblemente,
también explosivos.
Se
movilizan todas las unidades especializadas, las Áreas Regionales de Recursos
Operativos (ARRO), la
Brigada Móvil –orden público–, la canina, el Tedax y la
caballería: el Grupo Especial de Intervención (GEI), la unidad de élite de la Policía catalana. En el
exterior, el centro de mando avanzado, desde donde los jefes de cada equipo
supervisan el despliegue, bajo el mando de una comisaria. El tráfico ya se ha
cortado, y la Urbana
ha desplegado un perímetro de seguridad en los alrededores de la estación, ya
vallada. Los servicios de emergencias comienzan a montar las carpas para
atender a los heridos. También Cruz Roja, con un punto de atención psicológica.
«El
objetivo número uno es salvar vidas», explica a ABC Sergio Delgado, subdirector
de Protección Civil, horas después del ejercicio. Pero para poder hacerlo, la Policía debe asegurar la
zona. Con la sospecha de un artefacto explosivo y varios atacantes en la
estación, los sanitarios no pueden acceder al vestíbulo. El tiempo pasa y los
heridos necesitan atención médica. Se ha activado ya el dispositivo jaula, para
interceptar el vehículo en el que ha huido, en dirección Gerona, uno de los
terroristas. Pero en el interior de la estación hay viajeros retenidos por
otros dos atacantes. Las ARRO consiguen evacuar a varios de los que se
encuentran en los accesos, cuando por radio suena: «El agresor ha gritado
'Allahu Akbar', 'Allahu Akbar'». Corre con un machete en la mano y apuñala a
varias personas, hasta que un agente consigue abatirlo.
Explosivos
Los
gritos no cesan, y aparece un terrorista más, con un posible chaleco explosivo.
Es el turno de los artificieros y la canina. Llegan en dos furgonetas blancas,
a gran velocidad. Al mando del Tedax, la sargento Julia, que fue quien sentó en
el banquillo a uno de los condenados por los atentados de Barcelona y Cambrils,
Said Ben Iazza. Tras días de recogida post-explosión en una casa reducida a
escombros, la de Alcanar (Tarragona), su trabajo permitió recuperar documentos
y la tarjeta SIM que almacenaba las imágenes de la célula de Ripoll, mientras
confeccionaban chalecos explosivos. Ante el vestíbulo de Sants, da indicaciones
a sus agentes y ayuda a uno de ellos a colocarse el pesado traje.
Queda
otro escenario. El más complejo, el que debe resolver la unidad de élite. Al
mando, un bregado subinspector que hace más de dos décadas, por entonces aún
novato, pasó horas camuflado en una zanja para cazar a Brito y Picatoste, dos
presos huidos que, durante 33 días, pusieron en jaque a la Policía catalana, tras
herir de gravedad a dos agentes, matar a un joven y violar salvajemente a la
novia de éste. En la estación, el GEI debe liberar a varios rehenes, retenidos
por dos terroristas en uno de los vagones del AVE, en pleno andén. Lo
consiguen. Sus efectivos abaten a uno de los atacantes y detienen al restante.
La situación en las instalaciones está ya bajo control. Fuera, los equipos de
emergencias se afanan en atender a los heridos. Es turno del triaje, la
clasificación según el tipo y gravedad de su dolencia o lesión, para establecer
el orden y el lugar en el que deben ser atendidos.
Salvar
vidas
Tras
los ataques del 17A, algunas víctimas reprocharon la ausencia de protocolos,
sobre todo, para atender a quienes no sufrieron daños físicos, pero sí
psicológicos. «En origen, todas las respuestas se focalizan en salvar vidas.
Rescatar a los heridos, llevarlos al área sanitaria, estabilizarlos y derivarlos
lo más rápido posible a la red hospitalaria. A partir de aquí, entran otros
elementos añadidos para dar una respuesta integral, también a nivel emocional y
psicológico, como puede ser atender una crisis de ansiedad», apunta Delgado.
Este
fue uno de los cuatro escenarios del simulacro de atentado terrorista en Sants,
la mayor instalación ferroviaria de Barcelona. La intención, poner a prueba la
respuesta operativa y de coordinación ante un posible ataque. Un despliegue sin
precedentes, la madrugada del viernes, que contó con 500 participantes. La
mitad, figurantes, que hicieron las veces de rehenes o heridos. El resto, de
cuerpos policiales y de emergencias.
Este
fue uno de los cuatro escenarios del simulacro de atentado terrorista en Sants,
la mayor instalación ferroviaria de Barcelona. La intención, poner a prueba la
respuesta operativa y de coordinación ante un posible ataque. Un despliegue sin
precedentes, la madrugada del viernes, que contó con 500 participantes. La
mitad, figurantes, que hicieron las veces de rehenes o heridos. El resto, de
cuerpos policiales y de emergencias.
Era
la una y media de la madrugada cuando se escucharon los primeros disparos en el
interior de la estación. Tras las detonaciones, chillidos y carreras. El
personal de seguridad de Sants alerta a los Mossos. Los primeros en llegar,
como siempre, los patrulleros. Los minutos iniciales son de caos. Nadie sabe
cuántos atacantes hay. Portan armas largas, cortas, cuchillos y, posiblemente,
también explosivos.
Se
movilizan todas las unidades especializadas, las Áreas Regionales de Recursos
Operativos (ARRO), la
Brigada Móvil –orden público–, la canina, el Tedax y la
caballería: el Grupo Especial de Intervención (GEI), la unidad de élite de la Policía catalana. En el
exterior, el centro de mando avanzado, desde donde los jefes de cada equipo
supervisan el despliegue, bajo el mando de una comisaria. El tráfico ya se ha
cortado, y la Urbana
ha desplegado un perímetro de seguridad en los alrededores de la estación, ya
vallada. Los servicios de emergencias comienzan a montar las carpas para
atender a los heridos. También Cruz Roja, con un punto de atención psicológica.
«El
objetivo número uno es salvar vidas», explica a ABC Sergio Delgado, subdirector
de Protección Civil, horas después del ejercicio. Pero para poder hacerlo, la Policía debe asegurar la
zona. Con la sospecha de un artefacto explosivo y varios atacantes en la
estación, los sanitarios no pueden acceder al vestíbulo. El tiempo pasa y los
heridos necesitan atención médica. Se ha activado ya el dispositivo jaula, para
interceptar el vehículo en el que ha huido, en dirección Gerona, uno de los
terroristas. Pero en el interior de la estación hay viajeros retenidos por
otros dos atacantes. Las ARRO consiguen evacuar a varios de los que se
encuentran en los accesos, cuando por radio suena: «El agresor ha gritado
'Allahu Akbar', 'Allahu Akbar'». Corre con un machete en la mano y apuñala a
varias personas, hasta que un agente consigue abatirlo.
Protocolos
tras el 17-A
Protección
Civil reclama más medios para ofrecer una intención integral a las víctimas,
también las que sufren secuelas psicológicas
También
un punto de atención temporal, ya implementado, para cubrir necesidades tan
básicas como cargar el móvil o la pérdida de un zapato. «Puede parecer una
tontería, algo tan básico, pero significa que alguien pueda volver a su casa
con dignidad o comunicarse con su familia». Pero para hacerlo necesitan «más
recursos», reclama.
Y
es que, a nivel operativo, Protección Civil cuenta con los mismos medios
humanos que aquel 17 de agosto. «Con los mismos, no podemos llegar», denuncia
Delgado. A pesar de ello, ante un eventual ataque, está convencido de que la
respuesta mejoraría.
Respuesta
táctica
Precisamente
ese era el objetivo del simulacro. ¿La valoración? Aún pendiente de un análisis
pormenorizado, es «satisfactoria», apunta a este diario el intendente Joan
Salamaña, del Área de Planificación de Dispositivos de los Mossos. Los
escenarios, diseñados con informes de la Comisaría General
de Información y también a partir de ataques reales, no buscaban, en su caso,
medir el tiempo de respuesta, sino testar «las diferentes tácticas de
intervención» con la resolución de las casuísticas planteadas, de las que sólo
estaban alertados los figurantes; estudiantes y técnicos sanitarios,
caracterizados para dotar al ejercicio de mayor realismo.
En
cambio, los tempos sí eran importantes para los sanitarios. «Poner a prueba y
evaluar la coordinación policial y sanitaria», precisa Delgado, tras haber
detectado ya algunos aspectos a mejorar en la aplicación de los protocolos.
Ahora, apunta también el intendente, es el turno de fiscalizar a fondo la
simulación e implementar las mejoras necesarias ante un posible ataque.
Opinión:
Han sido muchas las noticias aparecidas sobre el simulacro de la pasada
madrugada de viernes. Y solamente quiero reiterar el agradecimiento por haber
sido invitado como observador y así poder pasar, en próximas reuniones, las modificaciones
y propuestas que la gente de UAVAT creamos oportunas.