06 julio 2026 (05.07.26)
“Solo pido saber dónde está Eduardo, incluso con un
anónimo”
Su hermana, Inés Moreno Bergareche, relata a DV la
angustia de su familia por la desaparición en julio de 1976 del que fue
ideólogo de ETA-pm. Es aún el gran enigma de la Transición
Cinco décadas
después, Inés Moreno Bergareche, hermana de 'Pertur', sigue haciendo la misma
petición. No reclama ya una condena ni una confesión. Tampoco espera que alguien resuelva el mayor
enigma de la historia de ETA político-militar, un 'agujero negro' en la
historia de la Transición vasca que aún flota en el aire con muchas más preguntas
que respuestas. Solo quiere que quien lo sepa diga dónde está su hermano. «No
pedimos más. Que alguien, aunque sea con un anónimo, diga dónde está Eduardo.
Ya está», asegura.
Han pasado cincuenta
años desde que Eduardo Moreno Bergareche –'Pertur' para ETA-pm, a la que
pertenecía– desapareció en el País Vasco francés. Medio siglo después, el caso
continúa sin resolver, su cuerpo nunca ha aparecido y la familia sigue sin
poder cerrar el duelo. Inés tenía 19 años cuando ocurrió.
«Yo me acuerdo de llegar a casa y ver muchos coches aparcados. Había un
silencio extraño. Estaban todos reunidos en el salón y me dijeron que Eduardo
había desaparecido». Ni siquiera recuerda con exactitud si fue la noche del 23
de julio de 1976 o al día siguiente. La clandestinidad alteraba el tiempo. Las
noticias tardaban horas y días en llegar, no como ahora que los mensajes se
trasladan al momento y de manera incesante. Los primeros compañeros comenzaron
a preocuparse entrada la tarde, cuando 'Pertur' dejó de dar señales de vida.
Después empezaron las llamadas, los contactos y las gestiones entre ambos lados
de la frontera. Solo mucho más tarde la noticia llegó a la familia.
«En ese momento no fui muy consciente. Yo le veía poco. Pensé simplemente que no aparecía», recuerda. Aquella incertidumbre nunca terminó.
San Juan de Luz había amanecido con la normalidad y el bullicio de un viernes de verano. Poco antes de las diez de la mañana, 'Pertur' salió del piso donde vivía, en el barrio de Urdazuri, junto al río, para acudir a una reunión. Tenía entonces veinticinco años y era uno de los principales dirigentes políticos de ETA político-militar, inmersa entonces en una profunda batalla interna sobre su futuro. Semanas antes había dejado de ser el responsable de la Oficina Política de ETA político-militar.
La reconstrucción
realizada décadas después por el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu
permite seguir con bastante precisión sus últimos movimientos conocidos aunque
persisten algunas dudas y puntos oscuros que impiden, aún, cerrar un relato
coherente con conclusiones.
El enredo de las dos citas
A las
diez de la mañana, Eduardo Moreno Bergareche debía encontrarse con una persona
en el bar La Consolation de San Juan de Luz. El aviso le había llegado a través
de un refugiado que le entregó aquella misma mañana una misiva en su casa con
la cita. El mensajero había recibido el mensaje en una fiesta celebrada en
Hendaia de víspera. El enredo empieza cuando, en la reconstrucción de los
hechos, alguien señala que en la librería Mugalde de Hendaia, un empleado
revela también haber recibido una llamada en la que un comunicante anónimo
mandaba un recado a Eduardo. «Alguien de Donosti que te vio hace un mes te
quiere volver a ver en Behobia». Nadie sabe a ciencia cierta si este aviso
llegó a su destinatario. Pero el cambio de La Consolation por Behobia no
termina de entenderse.
El caso
es que a las 9.30 horas un Renault 5 de color azul llega a la calle Gambetta,
en el centro de San Juan de Luz. Lo conduce Mikel Apalategi Aierbe, 'Apala', y
con él está de copiloto Francisco Mujika Garmendia, 'Pakito', los dos miembros
de ETA-pm, alineados con los 'bereziak' y críticos con 'Pertur'. El tráfico es
muy denso ese viernes por la mañana en San Juan de Luz. Las calles del centro
entonces no estaban peatonalizadas. Aparcan el vehículo junto al entonces cine
Rex. Ambos se dirigen a una armería para comprar aceite. Al parecer, fue al
salir del establecimiento y al volver al automóvil cuando se encuentran con
'Pertur' que, según la versión de Mujika Garmendia, les pide que le lleven a
Behobia, que tiene una cita.
A las 9.40 horas, varios testigos situaron a 'Pertur'
dentro de un Renault 5 azul junto a 'Pakito' y 'Apala'. El coche circulaba muy
lentamente por la rue Gambetta con las ventanillas bajadas, cuando fue visto
por dos refugiados vascos. De hecho, se sabe que tardó mucho en recorrer la
calle por la circulación que había. 'Pertur' incluso saludó desde el vehículo a
uno de ellos con una broma. Es la última vez que alguien ajeno a ETA-pm aseguró
haberlo visto con vida. Uno de los datos más extraños de toda esta versión es
el tiempo que tardaron en llegar a Hendaia. Inusual incluso en una mañana de un
día de pleno verano. Según insistió años después 'Pakito' ante el juez, la
reunión en San Juan de Luz se había trasladado a última hora hasta Behobia y
ellos simplemente le acercaron en coche. Allí, afirmó, 'Pertur' se bajó y
siguió su camino. Después desapareció. Nunca más volvió a saberse de él.
La
familia tardaría tiempo en conocer el verdadero clima que se vivía en el seno
de ETA-pm. «Nosotros no sabíamos nada. Vivían también en la clandestinidad. Del
secuestro que había sufrido, de las amenazas, de todo eso nos enteramos mucho
después», comenta Inés. Al comienzo, las sospechas familiares se dirigieron
hacia la extrema derecha. La reivindicación de la desaparición por grupos como
la Triple A o el Batallón Vasco Español parecía encajar con la violencia
política de aquellos años meses después de la muerte de Franco. «Al principio
pensamos claramente que había sido la extrema derecha. Nos lo creímos». Solo
con el paso del tiempo comenzaron a aparecer otras piezas en el rompecabezas
que apuntaban en otra dirección.
El panorama empezó a cambiar. Al año y medio comenzaron
a revelarse nuevas claves sobre la situación interna en ETA-pm. La novia de
'Pertur', Lurdes Auzmendi, compañera suya en la organización, recibió algunas
actas enviadas por él semanas antes de desaparecer. En aquellas misivas se
hablaba de las fuertes disensiones internas. «Estos bestias han convertido a la
organización en un estado policial», comentaba. Reinaba un ambiente de
sospechas y Eduardo Moreno Bergareche se había convertido en un elemento muy
incómodo desde el momento en el que asumió la Oficina Política de ETA-pm.
Cuando empezó a desvelarse ese clima de 'conspiración', la familia empezó a
contemplar otra posibilidad. Que a 'Pertur' lo asesinasen sus propios
compañeros de organización, en concreto, los 'bereziak' de la línea más dura y
radical. No como una certeza. Como una sospecha.
Inés es elocuente: «Yo no puedo decir lo que no sé. No puedo acusar a nadie. Lo único que digo es que las últimas personas que estuvieron con mi hermano fueron ellos. Son ellos quienes dicen que le dejaron en Behobia. Nadie más puede confirmarlo». No afirma quién hizo desaparecer a 'Pertur'. Solo recuerda un hecho que nadie ha podido desmentir. «Ellos fueron las últimas personas que le vieron con vida».
Aquella desaparición se produjo cuando ETA político-militar discutía su propio futuro. Tras la muerte de Franco, 'Pertur' defendía que el nuevo escenario político exigía abandonar el protagonismo de la violencia y construir una organización capaz de intervenir en las instituciones democráticas que empezaban a abrirse paso. La noche anterior a desaparecer había trabajado junto a Javier Garaialde, 'Erreka,' en la redacción de la ponencia Otsagabia, embrión de lo que acabaría siendo EIA, el partido del que germinó Euskadiko Ezkerra, favorable a la vía del Estatuto. Frente a él se situaban los comandos 'bereziak', partidarios de reforzar la lucha armada terrorista. Las discrepancias habían dejado de ser un debate ideológico.
El
asesinato de Berazadi provocó graves enfrentamientos entre la dirección de los
polimilis, –la Oficina Política a la que pertenecían 'Pertur' y 'Erreka'–, y la
línea que seguía apostando por la continuidad y el dominio de la lucha armada,
identificada con los 'berezis', liderados por 'Apala', 'Pakito' y Eugenio
Etxebeste, 'Antxon'.
'Antxon'
explicaría años después el secuestro de 'Pertur' por algunos de sus compañeros
ante el juez Andreu: «La dirección de ETA-pm tuvo conocimiento de que 'Pertur'
estaba llevando a cabo una línea paralela a la que el aparato debía llevar con
los presos de la banda, 'puenteando' a la dirección en su relación con las
cárceles, por lo que se acusó a la Oficina Política de indisciplina al mantener
unas relaciones que no pasan por los cauces». Por ello, precisó, se acordó
«proceder al 'arresto domiciliario preventivo' de 'Pertur', a fin de llevar a
cabo dicha investigación. «Arresto» que coincidía, dijo, con la celebración de
aquella «conferencia de cuadros», reunión preparatoria de la VII Asamblea.
Etxebeste
manifestaría en su declaración judicial que la dirección de ETA-pm se había
enterado de que la Oficina Política, fuera de los cauces de la dirección,
habría empezado a mantener contactos esporádicos con el Gobierno español,
reuniéndose con el fin de que diera explicaciones de todo ello ante la
conferencia de cuadros, para que ésta decidiera la gravedad o no gravedad de lo
que se estaba produciendo.
En la
primera sesión de la asamblea, la mayoría de los reunidos exigió mediante una
votación la presencia de 'Pertur', por 33 votos a favor frente a 30 en contra.
Finalmente, se le fue a buscar al lugar en el que estaba «retenido», –según
declaró el exiliado Simón Loyola ante la Audiencia Nacional–. Fue a recogerle
Eugenio Etxebeste y, según detalló, alguien más «que no recordaba», para que se
incorporase a la citada asamblea. El encuentro terminó con elección de una
nueva dirección de ETA-pm, que, más adelante, recomendaría a 'Pertur' que
cambiase de domicilio en San Juan de Luz en prevención de las posibles
represalias de los 'bereziak'. Este era el ambiente interno.
Una cita-trampa
El
magistrado Andreu investigó durante cuatro años, desde 2008, las dos hipótesis,
la que señalaba como autores a los 'bereziak' de ETA, pero, también, la que
hacía responsables de su desaparición a los servicios policiales y
parapoliciales españoles o neofascistas italianos. Martín Auzmendi, abogado
durante años de la familia, consideró en un informe elaborado por el Gobierno
Vasco hace años, que «hay gentes que conocen lo sucedido y callan». Sostenía
que 'Pertur' «fue víctima de una cita-trampa, cuyo objetivo era conducirle a
quienes tenían preparado su secuestro y desaparición».
El juez
Andreu terminó archivando la causa en 2012 al no encontrar indicios suficientes
para formular nuevas acusaciones. El sobreseimiento de aquellas diligencias
generó una gran frustración. Durante unos 50 años, los silencios se han
superpuesto a las voces. Pero hasta el momento sigue faltando la pieza
fundamental del puzle.
El padre de 'Pertur' murió pensando que estaba vivo y su
madre dejó un consejo a sus seis hermanos: «Nunca dejéis de buscar». La familia
de Eduardo Moreno Bergareche durante años se aferró a cualquier pista. La más
prometedora llegó en los años 90, cuando varios testimonios recibidos por el
abogado Juan María Bandrés apuntaron a que los restos de ' Pertur' podían encontrarse
en un panteón del cementerio de Biriatou, situado a poco más de un kilómetro
del lugar donde, según la versión de 'Pakito', se había apeado del Renault 5
aquella mañana de julio de 1976. El asunto despertó una enorme expectación. El
misterio que rodeaba el caso, con encendidos debates al respecto sobre el
origen de la desaparición, parecía que podía llegar a su fin. La justicia
francesa autorizó la exhumación en el camposanto y los restos fueron sometidos
a pruebas de ADN. «Mis padres tenían muchísimas esperanzas», recuerda Inés.
La espera
se prolongó durante horas. «Mi madre me llamó llorando para decirme que el ADN
no coincidía». Aquella posibilidad también se desvaneció.
«Ahí
comprendí de verdad lo que significa una desaparición. Si sabes que una persona
ha muerto puedes empezar el duelo. Pero cuando no sabes qué pasó... la pregunta
nunca desaparece». Sus padres murieron sin respuesta.
Su padre
llegó a fallecer con el convencimiento de que Eduardo seguía vivo en algún
lugar. Su madre solo le pidió una cosa antes de morir: «No dejéis de buscar».
Inés
apenas conserva hoy esperanza de conocer toda la verdad. «Creo que hay gente
que sabe lo que pasó. Y creo que no interesa remover muchas cosas». De hecho,
ella misma reconoce haber pedido a 'Pakito' hablar con él para averiguar cómo
fueron las horas finales. Y precisa que él siempre se ha negado. Alega que ya
habló en su día con la Justicia, que ha pasado página. «Pero yo le diría: tú
fuiste la última persona que estuvo con mi hermano. ¿Me puedes contar más
detalles de qué hablaste, de dónde le cogiste?».
Sin
embargo, a estas alturas. Inés no espera ya grandes revelaciones. Solo una
mínima muestra de humanidad. Cincuenta años después, la incertidumbre por la
desaparición de 'Pertur' sigue intacta. Pero el tiempo ha cambiado el centro de
gravedad de la historia. Ya no es únicamente el enigma político de una
organización fracturada en plena Transición. Es también la historia de una
familia condenada durante medio siglo a convivir con esa angustia. Mientras no
aparezca un cuerpo, el 23 de julio de 1976 no habrá terminado del todo.

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