05 marzo 2026 (28.02.26)
«Las
víctimas nos han enseñado que hay que comprender el pasado para cambiar el
futuro»
Estudiantes
de bachillerato · Un centenar de alumnos de Jesuitas comparte una charla
intergeneracional con Pili Zabala y José Aguilar, dos víctimas del GAL y de ETA
En
el salón de actos de Jesuitak Ikastetxea de San Sebastián se hace el silencio
cuando Pili Zabala, hermana de Joxi Zabala, secuestrado, torturado y asesinado
por los GAL, y José Aguilar, guardia civil herido por una bomba trampa de ETA
en Alsasua, relatan los pasajes más crudos de su vida a un centenar de alumnos
de primer curso de Bachillerato, participantes en la iniciativa del centro 'El
conflicto vasco, contado por sus protagonistas'.
Los
alumnos Martín Sagarzazu, Imanol Ubierna, Iker Mansoa e Izaro Arrazola ponen
voz al trabajo que llevan a cabo con sus compañeros en el aula. Expresan que se
sienten «afortunados» de tener delante a Pili y José «porque es una oportunidad
para conocer más sobre este tema que no está en nuestro día a día», agradecen
que les hayan enseñado «que hay que comprender el pasado para poder cambiar el
futuro» y que «escuchar sus vivencias de primera mano puede ayudarnos a ser
mucho más conscientes de la realidad que se ha vivido en Euskadi no hace tanto
tiempo». Concluyen también que «la desinformación hace mucho daño».
En
la charla, el objetivo es crear un diálogo intergeneracional «porque hay muchas
cosas que podemos aprender mutuamente», expone el moderador, el jesuita Elías
López, y ver «qué hacer con las violencias que vivimos hoy en nuestra
sociedad». Los estudiantes se disponen a aprender de la experiencia extrema de
dos víctimas de diferentes violencias que con el tiempo han sido capaces de
encontrarse y compartir escucha y respeto por el sufrimiento del otro. Lo
cuentan ellas mismas a través de sus recuerdos y su aprendizaje. «Ninguna idea
que necesite una gota de sangre para defenderse es válida», coinciden las dos
víctimas.
Pili
Zabala rompe el hielo y relata el drama que vivió su familia desde el día en
que la Guardia Civil apareció en su casa, de noche, a las dos de la madrugada,
buscando a su hermano Joxi. «Había cruzado la frontera, vivía en Francia y ya
no vino más». Ella tenía 15 años cuando Joxi y su amigo Joxean Lasa fueron
secuestrados. Explica a los estudiantes que con su misma edad, creció con un
hermano «desaparecido y escuchando muchas veces justificaciones de ese tipo de
violencia». «Estuve 28 años sin hablar porque suponía recordar hechos
traumáticos que te generan una emoción dolorosa», señala.
Zabala
cuenta a Aguilar y a los alumnos lo que sufrieron en su casa. «Mi padre era
camionero y nos decía: '¡Cuántas veces he llorado en la cabina del camión
porque no podía seguir buscando a Joxi porque tenía que trabajar para mantener
a la familia!'». Su ama se dio cuenta de que estaba perdiendo también a su
marido y acabó acompañándole en el camión. «Ella rezaba el rosario, hacía punto
y comían el bocadillo. Así un viaje tras otro». A Joxi y Joxean los torturaron,
los llevaron a Busot, les dispararon tres tiros en la cabeza y los enterraron
en cal viva. Sus cuerpos fueron identificados en 1995.
Una
bomba trampa
José
Aguilar sufrió heridas graves en un atentado de ETA en 1988. Era el 23 de
diciembre y tenía 26 años. Llevaba dos años destinado como guardia civil en
Alsasua. Varias granadas impactaron contra el cuartel y salió a tratar de
detener el ataque. «Esa noche era la última que trabajaba porque me iba a casar
el día 5 de enero. Me subí a un depósito de agua y vi de dónde salían los
explosivos y decidí ir hacia allí. Sin enterarme que estaba ya en la zona de
los lanzagranadas, pisé directamente una trampa bomba. El comando Nafarroa de
ETA había decidido sembrar el perímetro de bombas trampa para provocar el
máximo daño posible», relata. La explosión le dejó sin una pierna y con heridas
graves en la otra. Herido en el bosque prometió que si salía de esa perdonaría
a quienes habían puesto la bomba. Esa oportunidad le llegó en 2022 cuando
participó en un encuentro restaurativo con un preso de ETA en la prisión de
Burgos. «Nada más vernos, sin decir ni una sola palabra, nos dimos un abrazo.
¿Por qué? No tengo ni idea, no estaba preparado. A partir de ahí nos
reconocimos, con esa dignidad innata que cada persona tiene. Yo vi su
sufrimiento y él vio el mío. Él me contó cómo había sido su vida, y yo le conté
la mía», explica. Ese primer paso, remarca, le dio «fuerzas para perder el
miedo y para conocer a personas maravillosas como Pili».
La
charla avanza y los alumnos buscan cómo trasladar este aprendizaje al contexto
de otros conflictos, los que viven los jóvenes hoy «en medio de una sociedad
muy polarizada» en la que sobresale el fenómeno migratorio. Describen lo
positivo de la migración, pero también esos clichés negativos de personas que
llegan de otros países. «Es uno de los temas que nos toca más profundamente,
hay muchísima desinformación y muchas veces opinamos sin saber lo que la gente
ha sufrido», reconocen.
Los
alumnos buscan respuestas y preguntan a las víctimas invitadas: «¿Cómo dais ese
paso de sentaros juntos y de conversar sobre algo que os ha producido tanto
dolor?». José Aguilar responde que «los problemas no se arreglan solos, hace
falta un gesto valiente de dar ese primer paso, y acudir a mirar a los ojos a
la otra persona».
Opinión:
Leer esta información remitida por una víctima que reside
en Navarra me hace pensar en las declaraciones de tanto “recién llegado” al
mundo de la “opinilogía” sobre victimología terrorista que incluso se creen ser
idóneos para hablar de estos temas aunque jamás les vi en una sola asamblea ni reunión
de víctimas cuando la banda terrorista ETA estaba activa. Vaya esta opinión
para todas ellas y que entiendan que si, como van diciendo por ahí, la juventud
no conoce la historia del terrorismo en España puede ser por una razón que no
quieren aceptar: que esa información debe hacerse desde el punto de vista
social y no desde el punto de vista ideológico cuando los recién llegados usan
ese tiempo para hablar de partidismo político y de adoctrinamiento a unas ideas
preconcebidas, a menudo absolutamente personales y que, en absoluto, representan a “LAS” víctimas.
Por ello, desde aquí mi homenaje a Pilar Zabala y, si se
me permite, además de mi homenaje también enviar mi agradecimiento y admiración
a José Aguilar, quien fue delegado de la ANTIGUA AVT en Navarra en aquellos
años tan difíciles coincidiendo con mi etapa como delegado en Catalunya.
Conozco a Pilar desde hace unos años y compartimos muchas opiniones
en relación a los distintos tipos de terrorismo sufridos… pero conozco a José
Aguilar desde 1990 y puedo asegurar que, por su experiencia propia y ajena, es de
las pocas voces más autorizadas para hablar sobre la cuestión.
Y si a alguien (presidentes/as, asesores/as, especialistas/as…)
les molesta lo que acabo de escribir, que venga y me lo diga.

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