martes, 3 de febrero de 2026

03 febrero 2026 (01.02.26) (2) El Correo (opinión)

03 febrero 2026 (01.02.26) 


«Nadie nos ayudó cuando los GAL asesinaron a tiros a mi padre»

40 aniversario. Veronique Caplanne cuenta la historia de su padre, un electricista que fue tiroteado en la Nochebuena de 1985 en Biarritz

Veronique Caplanne tenía 14 años y aquella navidad se había cumplido uno de sus sueños. Uno recurrente cuando los progenitores se divorcian. «Hacía diez días que mis padres habían vuelto a estar juntos tras años separados», cuenta. En ese periodo su madre había tenido otra pareja, con la que había tenido otro hijo. Por eso el 24 de diciembre de 1984 Veronique estaba en casa con ellos dos y su hermanastro, que tenía 3 años. Robert Caplanne recogió sus herramientas de electricista y se marchó a trabajar. Horas después llamaron a la puerta. Cuando Veronique la abrió se encontró con dos policías.

«Tu padre ha tenido un pequeño accidente». Eso dijeron los gendarmes antes de irse con su madre a comisaría, donde le explicaron lo sucedido. «Yo cuidé de mi hermanito hasta que regresó y fue entonces cuando me contó que había recibido un disparo en la cabeza». Realmente habían sido cuatro. Fue al salir del bar Royal de Biarritz, donde solía tomar el café antes de iniciar su jornada laboral. Cuando se dirigía a su coche, un terrorista de los GAL le interceptó y, sin mediar palabra, le disparó a bocajarro. Fue trasladado en estado muy grave al hospital, donde murió diez días después.

Se emociona al explicar que, en un primer momento, la Policía pensó que la expareja de su madre -el padre de su hermanastro- podía tener algo que ver. Fue interrogado por los gendarmes pero pronto quedó claro que estaba trabajando a la hora del crimen. Robert Caplanne no estaba amenazado por nadie. Nadie entendía nada. Aquella tarde estuvieron con la madre y la hermana de Robert porque era Nochebuena. «El día de Navidad estuvimos solitos en casa: mi madre, mi hermanito y yo», rememora. El día 26 regresó la Policía, que «inspeccionó toda la casa». No fueron amables. «Me interrogaron durante cinco horas. Fue muy traumatizante para mí. Eran cuatro policías, sin psicólogo ni abogado. Con malas maneras. Me preguntaban por todo. Por fotos de la casa, amigos, todo», lamenta Veronique. Aún hoy, cuando la paran los gendarmes en algún control rutinario, «me pongo muy nerviosa».

Unos días después del atentado, el GAL lo reivindicó. Robert Caplanne no tenía ninguna vinculación con ETA. No fue un caso aislado. A la equivocación de matar de los GAL se sumó el error de identidad en muchas ocasiones. «Mi abuela tenia un bar con su marido en Biarritz y allí iban algunos 'refugiados' vascos. Así les llamaba la gente porque decían que se escaparon de España por culpa de Franco. No sabíamos todavía la historia de ETA ni nada y llegaba poca información». La sociedad gala no entendía bien qué sucedía al otro lado de la muga.

Al dolor del asesinato tuvieron que sumar entonces la soledad y el abandono de las instituciones. «Nadie nos ayudó cuando los GAL asesinaron a tiros a mi padre», constata Veronique. Durante décadas nadie se interesó por ellos. «En los primeros años lo pasamos mal hasta para poder comer», confiesa.

Décadas de soledad

Sin prestación alguna ni apoyo psicológico, ni comprensión social, ni nada. Pasaron décadas hasta que alguien se acercó. La primera persona en hacerlo fue Laura Martín, la viuda de García Goena -también asesinado por los GAL-, que la localizó hace unos diez años y, poco después, Consuelo Ordóñez. Algo más tarde, el Centro Memorial de Víctimas y la Fundación Buesa. «En Francia no se preocupan por las víctimas del terrorismo. No han entendido qué es la memoria. Sólo ha habido gestos desde el lado español», advierte.

Sigue sucediendo incluso hoy en día. «He pedido hacer algo por el 40 aniversario del asesinato en Biarritz. Me dijeron que no por varias razones: por temas legales, porque hay pronto elecciones municipales y porque temen que se entienda como algo de pertenencia política. Es increíble».

Le dijeron que es posible que pueda hacerse algo el año que viene pero las oportunidades pasan y algunas nunca vuelven. «Quería algún homenaje, algo que pudiera ver la hermana de mi padre, pero ha fallecido en noviembre», se duele. «Sólo en España me han dado la oportunidad de contar lo que me ha pasado, pero en Francia nada». Son las víctimas relegadas entre las olvidadas de los años de 'plomo'.

«Todas las víctimas del terrorismo son víctimas pero hay que hacer una distinción. Mi padre fue una víctima inocente. Es importante decirlo para no ensuciar su memoria», recalca. Robert Caplanne no había hecho nada malo. Llevaba una vida tranquila, que estaba remendando. Jamás pudo imaginar que el final estaba tan cerca.

Como en tantos casos hubo mil vericuetos legales y una impunidad desoladora. Y poca empatía con las víctimas. En todas las esferas. «Ni siquiera nos invitaron a los procesos judiciales que se celebraron en España».

Opinión:

Para empezar, un abrazo sincero y solidario para Veronique y el resto de familiares y amigos.

Y me quedo con la última frase: «Ni siquiera nos invitaron a los procesos judiciales que se celebraron en España».

Hay cosas que no cambian. Tampoco lo han hecho con las víctimas de los atentados de agosto de 2017 en Catalunya. Y con la familia del único español, asesinado en Bataclan, en París, tampoco. Ni con los presentes en el ataque al Magic Badalona de marzo de 2024. Ni…

Termino. En 2009 me echaron en cara que no debían aceptarse a víctimas del GAL como miembros de una asociación concreta. A los tres días presenté el cese de mis actividades en esa entidad.

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