lunes, 2 de febrero de 2026

27 enero 2026 (5) El Correo (opinión)

27 enero 2026 



«A las víctimas se les roba siempre la palabra. Ha sucedido en todas partes»

«La sociedad se siente mucho más cómoda olvidando», lamenta Pello Salaburu, que acaba de publicar un nuevo libro

Pello Salaburu | Exrector de la UPV

Recibe Pello Salaburu en su casa de Leioa. Trabaja en un rincón lleno de libros y recuerdos de viajes, donde ha visto la luz su último obra, 'Panfleto bat atzenduraren kontra', una reflexión sobre la violencia y la memoria. Publicado por Erein en euskera –en batua, con registro baztanés-labortano–, la obra busca editor en castellano.

– «Los perdedores son aquellos a los que se impone el silencio. A las víctimas se les roba siempre la palabra», dice en su libro.

– Eso es lo que pasa. A las víctimas se les roba siempre la palabra. Esa es la realidad; no sólo aquí. Y como se les roba, no existen. Durante muchos años no han existido y todavía hoy hay muchas realidades de las víctimas que desconocemos. Darme cuenta de que ha pasado lo mismo en todas partes es lo que dio origen al libro.

– Una buena parte del texto son historias personales.

–Sí, he leído muchos libros para documentarme y me han interesado mucho más las historias personales que los análisis políticos o sociológicos. No soy historiador y no he querido meterme en otros ámbitos que no me corresponden. Creo que este libro genera desasosiego para quien lo lee porque interpela el lector.

– ¿Qué le ha llamado la atención de esos testimonios?

– Leyendo esas historias personales, me llama la atención el silencio de las víctimas. Estoy leyendo 'Una mujer en Berlín', un clásico que tenía pendiente. Una mujer que está sola en el este mientras los suyos están peleando en el oeste. Y el ejército rojo va violando a todas las mujeres que encuentra a su paso.Más de 800.000 alemanas, 100.000 de ellas en Berlín. Ella toma notas y escribe un libro. Se editó en todos los idiomas pero en alemán tardó cinco años en salir. Y ni siquiera se publicó en Alemania sino enGinebra. Y ella no quiso dar su nombre.Es un libro anónimo, es la foto perfecta del silencio. Ella no existe.

– Un silencio que llegó hasta el juicio de Nurenberg, donde se pactó no citar algunos hechos.

–Sí, me llamó la atención. No se podía ni hablar de las violaciones, ni del ataque a grupos marginales del ejército rojo, ni de los bombardeos aliados sobre civiles en ciudades comoDresde. Todo eso ni se escuchó.

– Aquí y ahora se habla mucho de mirar hacia adelante.

–Sí, hay que hacerlo.Pero sólo se puede mirar hacia adelante si cierras bien la página anterior. Y para eso hacen falta tres cosas que faltan aquí. Conocer la verdad, y todavía hay mucho que desconocemos. Justicia, que nunca es completa si te matan a un hijo, y que tampoco se ha hecho aquí. Y garantías de que no vuelva a suceder. Y para que no pueda pasar es importante que la sociedad no vea normal que un expresidente del Gobierno despida a unos delincuentes en la cárcel –se refiere a González, con Vera y Barrionuevo, tras los GAL–, que a Galindo le pongan una medalla o que en las fiestas se saquen las pancartas de presos, y asesinos en muchos casos, como héroes.

Cuestión de escala

– No ha habido verdad.

– No la ha habido. Desconocemos qué pasó con los tres gallegos, por ejemplo –tres jóvenes asesinados por ETA cuando acudieron a ver una película erótica a Francia–. Hay otras víctimas que no han aparecido y también hay miembros de ETA desaparecidos –como 'Pertur'-. No hemos encontrado los restos; algo que no ha pasado en Irlanda. También desconocemos lo que pasó con las torturas, que nos parecía excepcional, y no lo era.

– Mira mucho al extranjero y ve que ha sucedido lo mismo.

– Sí, básicamente es un patrón que se repite. Lo que cambia es la escala: eso es diferente aquí y en Irlanda, mucho más en Yugoslavia y todavía mucho más en la ocupación francesa o Alemania. Pero, en el fondo, pasó lo mismo.

– ¿Cuál es la razón por la que se repite ese patrón?

–Yo creo que sucede porque la sociedad se siente mucho más cómoda olvidando.

– Habla también de la Transición como pacto de silencio.

- Sí, lo fue, claramente y lo critico. Pero hay que tener en cuenta que los ojos de entonces no eran los de ahora; era una sociedad que estaba corriendo hacia la democracia. De cualquier modo, no me vale que un día Fraga diga que «la ikurriña por encima de mi cadáver» y meses después sea un ministro demócrata.

– De eso habla también: cambios y evoluciones personales. Y de los requisitos que tienen.

– Por supuesto, hay que reconocer lo que has hecho mal antes. Yo también he cambiado de posiciones. Pero lo que no vale es decir ayer yo decía 'A' y tenía razón y hoy digo 'B' y la sigo teniendo. En todos los ámbitos hay giros y hay que reconocerlos. Ahí están los de Nanclares –los primeros presos que se alejaron de la banda–, que dieron un giro y lo admitieron. Ahora la izquierda abertzale quiere girar, yo lo aplaudo, pero no se puede hacer sin reconocerlo. Qué hice yo. No basta con decir 'matar estuvo mal', hay que decir 'estuvo mal que yo apoyase a los que mataban'. Eso es lo que debe decir la izquierda abertzale. A partir de ahí, la sociedad es generosa, pero deben darlo.

– «Cuando el miedo se instala en una sociedad se convierte en una forma de gobierno», sostiene. ¿Eso perdura aquí todavía?

– Sí. Una de las señales más claras es que los reconocimientos de lo que hizo el GAL han llegado muy tarde. Obedece a la prepotencia y falta de empatía, pero también al miedo.

–Eneko Andueza, líder del PSE, ha hecho gestos relevantes, como su encuentro en este diario con Maider García, la hija de García Goena, víctima del GAL.

– Sí, eso ha cambiado. La posición del partido es clara. Y lo ha hecho especialmente aquí: ha cambiado más el PSE que el PSOE.

– ¿Cree que llegaremos en Euskadi a un mínimo relato común de lo que ha sucedido?

– Hay una parte común que hay gente que no comparte. Yo creo que relato común no va a haber. Va a haber distintos relatos, pero que deben tener como principio el no ocultamiento de la verdad. Y reconocer las barbaridades que se han hecho. Esa debería ser la base común de todos los relatos.

Opinión:

“A las víctimas se les roba siempre la palabra”. Lo siento, eso no es cierto. Puede que sea la frase más impactante de la entrevista pero no es cierto.

Y no es cierto porque siempre ha habido víctimas que nos hemos llevado ostias y muchos palos por, precisamente, no permitir que nos robaran la palabra. Ni la dignidad. Ni las ganas de justicia ni los deseos de que todo acabara de una vez por todas.

El problema es que, obviamente, a muchos que dirigen los destinos de un país (y no solo me refiero a muchos políticos) no les interesa que esa voz sea escuchada y mucho menos conocida. Prefieren a “las” víctimas que siguen los consejos, mensajes y postulados ideológicos para promocionar el camino que quiere darse como verdad única y oficial.

Y por eso parece que a “LAS” víctimas nos roban la palabra. Por suerte, desde el año 2011 la banda terrorista ETA cesó su “actividad armada” y ello ha dado paso a muchas víctimas que antes de esa fecha jamás dijeron nada. ¿Por miedo? ¿Por prudencia? ¿Por temor? ¿Por esperar el carguito en el partido correspondiente?

Esas son las preguntas que merecen respuesta pero que, en salvo honrosas excepciones, no se han dado las oportunidades para comentarlas. Incluyendo universidades.

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