31 enero 2026
Manuel
Barbeitos, economista
Consuelo
Ordóñez a Isabel Ayuso: “Sufrí el odio de la izquierda abertzale. Ahora, y con
mucha más crueldad, el tuyo, el de la derecha abertzale”.
Cada
día tenemos evidencia de que hay un sector relevante de la clase política
occidental que parece incapaz de hacer política sin, al mismo tiempo, sembrar
odio. Si en Estados Unidos tienen, por ejemplo, al presidente Donald Trump, en
España, entre los portavoces más conocidos de esta forma de hacer política,
tenemos a Santiago Abascal y a Isabel Díaz Ayuso.
En
el caso de la presidenta de la Comunidad de Madrid, no pasa una semana, casi
podríamos decir un día, sin que nos deje una muestra de su forma de entender y
hacer política. Esto ocurrió la semana pasada, cuando se cumplió el 31
aniversario de uno de los asesinatos más crueles, si es que los hubo, de la
banda terrorista ETA: el de Gregorio Ordóñez. Un aniversario que la Sra. Ayuso
quiso aprovechar para atacar de nuevo al gobierno español, dejando sus propias
perlas, como culparlo de "blanquear a quienes cometieron los delitos más
graves". Unas declaraciones de la hermana del alcalde asesinado, la Sra.
Consuelo Ordóñez, cuya respuesta completa se recoge al principio. Unas
declaraciones, las de la Sra. Ayuso, que parecen olvidar, por cierto, que entre
las víctimas del terrorismo de ETA también hubo políticos y militantes del PSOE
(se contabilizan 11).
Pero
recordemos lo que le ocurrió a Gregorio Ordóñez. Este político vasco, diputado
del Partido Popular en el Parlamento Vasco y teniente de alcalde de la ciudad
de Donosti el 23 de enero de 1995, en vísperas de las elecciones municipales en
las que iba a ser el candidato del PP a la alcaldía de Donosti, sería asesinado
por un comando de ETA mientras comía con compañeros del ayuntamiento en un
restaurante del casco antiguo de Donosti. Como detalles a destacar, cabe
mencionar que su tumba fue profanada varias veces y que la familia abandonó el
País Vasco como consecuencia de los actos de intimidación que sufrían por parte
de simpatizantes abertzales. A pesar de ello, su hermana, Consuelo Ordóñez,
portavoz del Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (COVITE),
tuvo el valor de reunirse, muchos años después (2012), con uno de los asesinos
de su hermano para pedirle colaboración con la justicia. Una acción destinada a
cerrar las heridas abiertas. Habían pasado seis años (2006) desde que ETA declaró
un alto el fuego permanente y menos de uno (20 de octubre de 2011) desde que
anunció el cese definitivo de la lucha armada, y Consuelo Ordóñez parecía
querer cerrar página. Cabe destacar que estas dos decisiones sobre ETA se
tomaron durante la presidencia de José Luís Rodríguez Zapatero (2004-2011), por
lo que es justo reconocer que el PSOE jugó un papel fundamental en la derrota
de ETA. Un éxito político que la derecha (PP) siempre ha intentado negar
acusando, sin pruebas, a José Luís Rodríguez Zapatero de haber pactado con la
organización terrorista.
El
tiempo transcurrido y el mencionado papel del PSOE hacen que las recientes
declaraciones de la Sra. Ayuso confirmen la pertinencia de las recriminaciones
de la Sra. Ordóñez: se trata de hacer política sembrando el odio. Algo habitual
en esta líder y en su entorno político y mediático. Un procedimiento que, como
vemos a diario, no es exclusivo de VOX, sino que destacados dirigentes del PP
siguen el mismo camino, como demuestran estas declaraciones del presidente de
la CA de Madrid en el acto de homenaje a Gregorio Ordóñez: «Si nace un nuevo
Gregorio Ordóñez en el País Vasco, que puede ganar ampliamente en las urnas,
¿tendría que volver a vivir escoltado?». Declaraciones que contaron con la
oportuna respuesta de Consuelo Ordóñez: «Bueno, sí, pero por el odio que
infundís. Soy víctima del odio, sufrí el odio de la izquierda abertzale y
ahora, además, y con mucha mayor crueldad, el vuestro, el de la derecha
abertzale». Abundan los comentarios.
Este
nuevo intento de la extrema derecha de situar el fantasma de ETA en el centro
de la escena política española, sin prestar atención al dolor que causa,
también tiene un claro objetivo político: atacar al gobierno de turno
(PSOE/Sumar). El razonamiento es tan simplista como efectivo para ciertos
sectores de la sociedad: ETA no solo era una organización terrorista, sino
también, y sobre todo, una organización independentista que utilizó el terror
para lograr la independencia del País Vasco, es decir, en el lenguaje
franquista, para romper España, algo que para la extrema derecha es uno de los
mayores crímenes que un español puede cometer. Pero resulta que entre el pueblo
español hay partidos democráticos que desean la independencia de sus
comunidades: PNV, Bildu, ERC, JxCat y BNG. Por ello, para esta derecha
abertzale, todos encajan en el mismo saco político que ETA y deben ser
evaluados como tal: he aquí el trato político y judicial que, por ejemplo,
recibieron los líderes independentistas del PROCES, quienes serían tratados
casi como terroristas. Pero la historia no acaba ahí; la acusación de esta
derecha abertzale de apoyar el terrorismo independentista no solo afecta a
estos partidos. Pero la historia no acaba ahí. La acusación de esta derecha
abertzale de apoyar el terrorismo independentista no solo afecta a estos
partidos, sino que también puede alcanzar a otros, incluso no nacionalistas,
que, como ocurre actualmente (PSOE y Sumar), dependen de ellos para gobernar.
No solo dependen de ellos para gobernar, sino que también aceptan muchas de sus
propuestas políticas democráticas, como los casos de amnistía para los
independentistas catalanes, financiación especial para Cataluña, transferencias
y transferencias, condonación de deudas... Acuerdos que sirven a esta derecha
abertzale para acusar al actual gobierno de ser un aliado de los separatistas
que facilita el camino hacia la independencia de sus respectivas comunidades y,
por ende, hacia la ruptura de España.
Este
es el terreno en el que tanto VOX como líderes relevantes del PP, como la
presidenta de la Comunidad de Madrid, quieren que se desarrolle la política: el
terreno del odio, el ataque y la descalificación de los rivales políticos
utilizando argumentos falsos y mentirosos. Todo esto sin importarles el dolor
que causan, el daño que causan a la democracia y la convivencia pacífica. Un
terreno de juego al que quieren arrastrar, y lo están consiguiendo, al
políticamente inocuo Sr. Núñez Feijóo, sin importarles que esté usando una
estrategia política que, como bien señala Consuelo Ordóñez, siembra el odio.
Les da igual porque son la derecha abertzale.

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