martes, 11 de octubre de 2011

20 noviembre 2000 (aprox.) La fuerza de la razon (revista AVT)


20 noviembre 2000 (aprox.)
Un altre article d’en Robert que va molestar a certa gent va ser el publicat a la revista “La fuerza de la razón”, en el número 38. Era una època complicada, després de la treva que ETA va declarar i que van trencar amb l’assassinat del militar Pedro Antonio Blanco a Madrid tot just un dia que en Robert tenia reunió de delegats. Una època tan complicada que ningú dels que ara diuen fer quelcom per les víctimes “ni estaban ni se les esperaba” com molt be definir el periodista José María Calleja. No es troba a les hemeroteques ni una sola paraula de tots aquests nouvinguts. Però ja estava en Robert, algun altre delegat autonòmic i els companys de Madrid per donar la cara i, de pas, patir les conseqüències per la seva valentia. Va ser en aquest anys tan complicats quan en Robert va començar a preparar una concentració el dia següent a una mort per atemptat terrorista. Des de aleshores va tenir que preparar i coordinar moltes concentracions.

“Ni se acercaron”

Estoy seguro  de que lo que sigue a continuación no será políticamente correcto. La experiencia demuestra que algunas opiniones, algunos comentarios, no son del agrado de las altas esferas. Lo siento por ellas. Pero la revista que ahora tienes entre tus manos lleva por nombre “La Fuerza de la Razón” y las innumerables razones que tenemos me fuerzan a dar a conocer, agradeciendo la independencia política que nuestra revista nos brinda, las impresiones recibidas en los últimos meses.

Desde que ETA decidió finiquitar su mal llamada tregua, el terrorismo ha causado más de veinte nuevas muertes en nuestro país, decenas de heridas e innumerables daños materiales. El terrorismo ha causado muertes todos los días de la semana, de lunes a domingo. Y en cada una de esas ocasiones las instituciones de todos los lugares de España se han dedicado a convocar manifestaciones de repulsa en miles de poblaciones, grandes y pequeñas. Concentraciones de rechazo al terrorismo, lectura de comunicados, pancartas contrarias a los asesinos... han sido la constante a la hora de abrir los informativos en radio y televisión, en las portadas de los periódicos e inclusive en Internet.

Pero es no es toda la verdad. Y la fuerza de la razón que nos acompaña siempre me obliga a denunciar públicamente una situación que está siendo acallada por parte de aquellos que se jactan de ser demócratas, respetar a las víctimas y escuchar la voz del ciudadano. Me consta que la situación que a continuación explicaré no ocurre en otros puntos de nuestro país, pero sí ocurre en mi ciudad, en Barcelona, capital de Cataluña, ciudad que dicho sea de paso, está en los primeros lugares del macabro ranking de muertes por terrorismo.

Es triste reconocerlo pero en Barcelona no existe el mas mínimo interés institucional hacia los afectados por terrorismo. Y me consta que alguien pensará ahora que estoy exagerando al plantear la cuestión con tal crudeza. Pero los argumentos y las pruebas demuestran la realidad de lo expuesto: nadie puede olvidar la manifestación en homenaje a Miguel Angel Blanco, en 1997, millones de ciudadanos demostramos nuestro hartazgo ante los atentados terroristas. Pero al contrario que en otros lugares, las víctimas que pertenecemos a la delegación en Cataluña de la AVT no fuimos lo suficientemente importantes como para ser recordadas, avisadas y convocadas por ninguna institución de las que coordinaron tal manifestación. Y no es necesario recordar los apretones y empujones que algunos de los dirigentes de dieron en la cabecera, tras la pancarta.

Si la mal llamada tregua indefinida etarra hubiera sido definitiva, las víctimas del terrorismo habríamos olvidado tal falta de sensibilidad institucional. Pero ETA (y no lo olvide nadie, también GRAPO) vuelve a su labor cotidiana, asesinar lo máximo posible. La rutina política seguía llamando a los funcionarios de las administraciones a la Plaça de Sant Jaume, para guardar cinco minutos de silencio y realizar las fotos de rigor sin avisar a los cientos de familias catalanas afectadas por el terrorismo, sin demostrar el más mínimo atisbo de recordatorio y homenaje, de respeto a la dignidad y a la memoria de los muertos.

Y solo faltó la visita de Juan José Ibarreche, conferenciante en el Colegio de Abogados de Barcelona el 11 de mayo, para agotar nuestra casi infinita paciencia. El máximo representante de los vascos (menos mal que aquí Arzallus no cuenta ¿o sí?) nos planteó sus soluciones al “conflicto vasco” durante más de setenta minutos. Más de una hora intentando dar unas explicaciones bastante ambiguas, pero en la que sólo utilizó la palabra “terrorismo” en dos ocasiones, utilizando el eufemismo “violencia” más de setenta. Pero la gota que colmó el vaso fue su negativa, ante varios periodistas y asistentes, ante la solicitud de quien esto escribe para que efectuara una simple, corta y escueta referencia de recuerdo a las víctimas del terrorismo, no quiso entender mi solicitud ni en castellano ni en euskera. Realmente vergonzoso. O quizá es que sólo le ¿importan? las víctimas que residen en Euskadi.

Por ello, ya cansados de servir como fondo (y no como forma) de la problemática social derivada de un atentado, y tras los acuerdos tomados con la Asociación por la Tolerancia en Barcelona y Movimiento contra la Intolerancia en Madrid, se decidió el sábado 4 de junio convocar conjuntamente a los ciudadanos en la plaza que se encuentra junto al lugar más emblemático (que no más importante) de la vesania terrorista: los grandes almacenes Hipercor en Barcelona.

Justo el lunes 6 de junio teníamos que reunirnos para demostrar nuestro respaldo a la familia de Jesús María Pedrosa, asesinado en Durango. La misma concentración, la lectura de los comunicados, las pancartas exigiendo libertad y justicia... pero sin la presencia de los representantes institucionales junto al resto de los ciudadanos. Naturalmente es mucho más cómodo bajar cinco minutos a la Plaça de Sant Jaume, a las 12 del mediodía, con el calorcito y la luz diurna que hacerlo a las 8 de la tarde con frío y luz artificial. Pero (cuidado) cada vez son más los ciudadanos y las víctimas que acuden a nuestra convocatoria. ¿Por qué será? Porque el ciudadano tiene derecho a elegir.

Pero nuestra capacidad de asombro todavía no está agotada. El día 30 de octubre ETA asesinaba a tres personas en Madrid. La concentración en Hipercor registró una asistencia de más de quinientas personas. Desgraciadamente, el 8 de noviembre fallecía el conductor del autobús 53, Jesús Sánchez. Dado que la convocatoria por el atentado ya se había celebrado nueve días antes, quien esto escribe decidió acudir a la Plaça de Sant Jaume conn unos paneles de 4.50 por 1.25 metros en los que se hallaban las fotografías de los mil muertos por terrorismo en España, paneles realizados por la investigación y la colaboración de las propias víctimas. Toda la representación institucional estaba allí, a escasos diez metros de la prueba más palpable, más real y más clarificadora de los miles de familias a quienes ellos dicen respetar: ni se acercaron, ni siquiera una sola mención, ni tan solo una muestra de interés, ni una pregunta, ni un atisbo de sensibilidad. Sus cinco minutos de silencio y declaraciones fotocopiadas ya habían terminado.

Y mientras tanto, no se atreven a ver las fotografías de sus propios compañeros de profesión en un panel de madera. ¿Conciencia? ¿Miedo? ¿Indiferencia? ¿Indecisión? Naturalmente nosotros continuaremos convocando a las 8 de la tarde junto a Hipercor, el día d. Aunque las Instituciones también están invitadas a compartir su tiempo con nosotros, con los ciudadanos. Con el recuerdo, la memoria y la dignidad de los mil muertos. Con el sentimiento de las vidas y los huérfanos. Con el dolor de los heridos. ¿Se darán por aludidas después de que haya una víctima mortal?.

Por lo menos aun nos queda un derecho: el poder elegir a nuestros propios amigos.


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