29 mayo 2001
Moltes han estat les rodes de premsa a las que hem acudit els amics d’en Robert i totes han estat veritables mostres de independència política i de respecte a totes les ideologies per què sempre ha sabut dir les coses amb claredat però alhora amb la màxima educació. I quelcom que sempre li hem agraït ha estat que sempre ha organitzat les rodes de premsa acompanyat per altres víctimes, de manera que ens ha facilitat molt i molt la feina els membres del gremi periodístic per aconseguir opinions de altres afectats. Una roda de premsa que ara recordem especialment va ser la celebrada a Vic al complir-se els deu anys de l’atemptat, sobretot en comparació amb els coneguts enrenous que actualment existeixen entre algunes víctimes i l’Ajuntament de Vic. La roda de premsa es va fer tot just el dia 29 de maig, als deu anys justos de l’atemptat.
Ningún representante del Ayuntamiento acudió a la misa en memoria de los asesinados
Roberto Manrique denunció el olvido institucional que han padecido las víctimas que sufrieron en aquella acción terrorista al explotar un coche cargado con 216 kilos de explosivos en la casa-cuartel de la Guardia Civil de Vic. Manrique dirigió sus principales quejas hacia el Consistorio de Vic “que diez años después del atentado y siendo la segunda población catalana con más muertos por la violencia etarra aún no ha hecho ningún paso para poner una simple placa de recuerdo”.
Emilia Lara, por su parte, se quejó públicamente que el Ayuntamiento de la ciudad “jamás ha hablado con nosotros” y señaló que las víctimas “aún siguen sufriendo las consecuencias de aquel atentado”. Manrique desveló que las conversaciones con el Ayuntamiento para poner una placa o un monolito “es una cuestión pendiente que se empezó a negociar hace cinco años”. Según Manrique la intención del Ayuntamiento era poner la placa mencionando a “las víctimas inocentes del terrorismo” cuando la asociación proponía escribir a “las inocentes víctimas del terrorismo”.
Emilia Lara recordó que su hija Vanessa jugaba con otras cuatro niñas dentro del patio interior del cuartel cuando se produjo la explosión. Las nueve víctimas mortales perdieron la vida en el acto. Hoy, diez años después, la familia de Vanessa vive en Lorca (Murcia). “Tuvimos que marcharnos, después del atentado todo comenzó a ir mal”. Otros dos hermanos de Vanessa, más pequeños, también se encontraban en el cuartel en el momento del atentado. Aunque no vivían allí, acudían a menudo para jugar con sus compañeros de clase, casi todos hijos de guardias civiles. “Algunas tardes venían a nuestra casa pero aquel día se quedaron en el cuartel porque yo trabajaba”, explica Emilia. “Me llamaron al trabajo una hora después del atentado, dijeron que había pasado algo muy grave. Por suerte, tres de mis hijos de salvaron”.
Diez años después ni Emilia ni otras personas afectadas han podido rehacer sus vidas. “No lo he superado” admite la madre de Vanessa. “Cada vez que hay un atentado me pasan por la cabeza las imágenes de la explosión”, añade: “los lugares que de alguna forma me recuerdan lo ocurrido intento evitarlos”. También le duele la actitud de ciertas personas y vecinos que después del atentado la trataron de manera diferente “como si hubiera hecho algo raro”.
A la conferencia de prensa asistieron algunas de las víctimas del atentado, como una vecina de Vic que quiso permanecer en el anonimato, que residía delante de la casa-cuartel de la Guardia Civil y que denunció que aún no ha cobrado ninguna indemnización pese a quedarle destruida su vivienda.
Fuster-Fabra, abogado que ejerció la acusación particular en el juicio contra Juan José Zubieta Zubeldía, uno de los autores del atentado, que fue condenado a 1300 años de prisión por este atentado, pidió el cumplimiento íntegro de la pena porque, según dijo, Zubieta puede salir de la cárcel dentro de cinco años. Los otros dos autores del atentado de Vic, el catalán Juan Carlos Monteagudo y el vasco José Félix Erezuma, murieron en un tiroteo con la Guardia Civil cuando los agentes descubrieron su escondite en un chalet en la localidad de Lliça de Munt (Barcelona), al día siguiente de la masacre.
Tras la conferencia de prensa y coincidiendo con la misma hora en que se produjo el atentado, se ofició una misa en la parroquia de Lourdes de Vic en recuerdo de las víctimas. Apenas cien personas, emocionadas por momentos, se dieron cita en el amplio templo. El sacerdote oficiante se refirió a “Jesús que también murió violentamente” para que “el recuerdo penetrado de dolor está abierto a la esperanza”. No hubo representación del Ayuntamiento en la ceremonia religiosa: ni del equipo de gobierno ni de la oposición.
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