09 enero 2026
Teatre
Barcelona
‘Bonobo
2.0’
Bonobo
2.0 escrita y dirigida por Josep Julién, explica, como si fuera una road movie,
la fuga accidentada y desesperada de Fadi por todo el Estado. Moha Amazian
protagoniza esta historia con la tensión de un thriller.
Sinopsis
Fadi
tiene un objetivo. Ha llegado a la cabeza de la calle. El proceso que arrancó
hace unos años está a punto de culminar en un desenlace que puede significar no
sólo su desaparición física sino también una tragedia de las que el chico,
hasta ahora, sólo ha visto en los medios de comunicación.
Sin
embargo, algo le está pasando. Le tiemblan las piernas y por primera vez en
muchos meses de entrenamiento, se ve incapaz de conducir la furgoneta hasta su
espantoso objetivo.
Un
evento imprevisto en una gasolinera a partir del encuentro con una joven
trabajadora sexual, no sólo trastocará sus planes, sino que también abocará a
la inusitada pareja a una huida adelante en forma de road movie a través de
buena parte de la geografía del estado.
Al
final del relato de los hechos, nuestro protagonista se dará cuenta de que,
tanto en su peripecia como en la sala de interrogatorios donde la historia nos
está siendo revelada, las cosas no son ni han sido nunca lo que podían
parecernos desde el principio.
NOTA
DEL DIRECTOR
La
tarde del veintiuno de agosto del 2017, Younes Abouyaaqoub, un chico de 22 años
y vecino de Ripoll, fue abatido a tiros por los Mossos d’esquadra en un viñedo
en el término municipal de Subirats, en el Alt Penedès. Recuerdo muy bien ese
día por varias razones. La principal es el extraordinario estado de alarma
social que tanto él como sus compañeros de pelotón habían causado en todos
nosotros desde el día anterior, cuando en las Ramblas de Barcelona fueron
protagonistas del atentado de raíz yihadista más sangriento jamás cometido en
nuestro país. La otra razón por la que aquella tarde de agosto me quedó clavada
es porque mi familia y yo vivimos a escasos doscientos metros de la viña donde
Younes acabó su delirante viaje. Sí, fuimos testigos involuntarios de todo: del
despliegue de las fuerzas especiales de la policía, del estado de sitio, de una
angustia que parecía no tener que acabar nunca y, finalmente, del sonido de los
rasgos que pusieron fin a ese episodio de dolor y de extraordinaria frustración
por nuestro país. De ese día hasta hoy, todos juntos, como sociedad y también
como ciudadanos individuales, hemos tenido oportunidad de digerir aquellos
hechos y de sacar diferentes tipos de conclusiones. Personalmente, mi reflexión
al respecto ha adoptado diversas formas. Como ciudadano comprometido con la
evolución del contexto sociopolítico de mi comunidad, como padre, como
agnóstico, y también como artista, como dramaturgo.
Esta
herramienta, la dramaturgia, ha puesto en mis manos durante todo el tiempo que
este texto teatral lleva madurando, un elemento incomparablemente potente de
reflexión. Durante ese tiempo, Yunnes, el yihadista, el asesino, el monstruo,
ha evolucionado de la condición de persona a la de personaje. Lo he despojado
de su identidad, de su nombre y de sus alucinados objetivos para convertirlo en
otro. En el protagonista de un viaje diferente, conectado al suyo, pero
también, por obra y gracia del poder de la ficción, encaminado a formular
preguntas que me parecen angulares en el contexto moral y sociopolítico de esa
primera mitad de siglo. En el viaje físico, pero también interior –iniciático–
de ese chico, le acompañan otros personajes. Todos ellos extraídos, como el
protagonista, de una realidad con la que convivimos a diario pero que en muchas
ocasiones escogemos obviar o hacer invisible. Los conflictos que se generarán
entre ellos son los que, si todo va como debe ir, nos abrirán el hueso de la
función. La posibilidad de redención, la pulsión de odio como motor, la piedad
como valor intrínseco de los humanos, la fragilidad de nuestras convicciones,
de nuestra identidad, y la existencia o no de segundas oportunidades en la vida
de las personas, son los temas troncales que deben vertebrar el texto de esta
pieza. La forma escogida para desarrollar todo ello es la de una fuga, la de
una road movie hacia un desenlace incierto. No he querido renunciar en ningún
momento a hacer un texto ameno, distraído incluso, con elementos tomados del
trhiller y volcando bastantes referentes cinematográficos con el objetivo de
llenarlo de imágenes que, en última instancia, deberán ser descodificadas por
el receptor de la historia para que pueda llegar a sus propias conclusiones.
Opinión:
No me consta que hayan consultado con ninguna víctima
sobre el “argumento” de la obra pero claro… ¿quién soy yo para parlamentar
sobre arte, teatro y dramaturgia. Lo que sí puedo decir es que la frase “todos
juntos, como sociedad y también como ciudadanos individuales, hemos tenido
oportunidad de digerir aquellos hechos y de sacar diferentes tipos de
conclusiones” no es cierta en absoluto. ¿Con cuántas víctimas, que son también parte
de esa sociedad, ha hablado? ¿A cuántas conoce? ¿Ha intercambiado alguna
palabra con la señora a la que Younnes Abbouyaqoub agredió pocos minutos antes
de que fuera “abatido a tiros por los Mossos d’Esquadra”? De no haberlo sido y
viviendo el director a solo 200 metros del lugar de los hechos ¿se imagina que
lo que no consiguió el asesino de 15 personas (y de cientos de heridos) en ese
ataque a Montserrat lo hubiera conseguido 200 metros más allá?
Creo, sin temor a equivocarme, que las “conclusiones” que
habría sacado no serían las mismas.
Pero, repito ¿quiénes son las víctimas de los atentados de agosto2017 y que hoy están anonadadas
por la noticia de esta obra para opinar?
Lástima que los responsables de esta obra no hayan hecho
lo mismo, ni siquiera algo parecido, a lo que hicieron los excelentes
profesionales de la productora Ganga en “Cuéntame cómo pasó”.


.jpeg)






