27 enero 2026
Los
talleres sobre la violencia del terrorismo: un desafío de enseñar el pasado
“Más
allá de las siglas o la ideología que intente justificar la violencia, el foco
de cualquier iniciativa educativa debe ser la defensa innegociable de los
derechos humanos”
Jagoba
Álvarez Ereño
Una
vez más, Isabel Díaz Ayuso, vuelve a usar a ETA y las víctimas para hacer una
crítica política. Esta vez fue hace escasos días con motivo del acto de
homenaje a Gregorio Ordoñez por el aniversario de su asesinato a manos de ETA.
En aquel atril dijo: “Si nace un nuevo Gregorio Ordoñez en el País Vasco que
pueda ganar ampliamente en las urnas, ¿volvería a tener que vivir escoltado?”.
Apenas dos meses antes la presidenta de la Comunidad de Madrid dijo que ETA
está “preparando su asalto al País Vasco y Navarra”.
Hay
ocasiones en las que hay que saber estar a la altura del cargo, pero por alguna
razón los hay que se esmeran en comportarse de manera indigna.
La
utilización espuria de la memoria de las víctimas del terrorismo de ETA es un
habitual en determinadas personas que ostentan algún cargo de representación
política. Esto resulta contraproducente para las nuevas generaciones que no han
conocido, afortunadamente, el horror del terrorismo.
La
propia Comunidad de Madrid comenzó en octubre con unos talleres ('Pasado y
presente del terrorismo de ETA: el testimonio de los jóvenes') con charlas de
50 minutos a lo largo del primer trimestre, extensibles al 2026. Esta
iniciativa provocó una oleada de críticas que denunciaron la falta de rigor
histórico, un marcado sesgo ideológico y la exclusión de las asociaciones
mayoritarias de víctimas.
Según
el historiador Casquete y el periodista Luis R. Aizpeolea, el taller incurre en
errores de bulto. Por ejemplo, mientras en la charla se afirmó que el 80% de
los asesinatos de ETA ocurrieron en democracia, los datos del 'Informe Foronda'
sitúan esa cifra en casi el 95%. A esto se suma la imprecisión en las cifras de
fallecidos ya que los ponentes hablaban de “unos cientos”, por no hablar
también de que el carácter “racista” que el taller atribuye a ETA es otro error
historiográfico de las personas que han diseñado este taller.
¿Por
qué se contó para esto con una asociación inexperta como Ego Non en estas
cuestiones? Las víctimas que acuden a dar estas charlas deben tener un trabajo
previo, en muchos casos con acompañamiento psicológico. Resulta curioso que no
se haya querido contar con asociaciones de víctimas como FVT, AVT o COVITE, con
una larga experiencia en el trabajo con las víctimas. Sorprende, más aún, que
no se hayan querido contar con entidades que sin representan a víctimas del
terrorismo tienen una dilatada experiencia de años de trabajar con víctimas de
violencia armada.
Es
importante que se multipliquen en las aulas iniciativas pedagógicas sobre estos
temas de nuestro pasado. Por eso, lo ideal para las nuevas generaciones es que
los participantes pasen por una preparación previa con expertos y deban ser muy
rigurosos con el tratamiento de la información histórica.
¿Hablamos
de pedagogía o de cuestión política? Decía acertadamente, sobre estos talleres,
la diputada socialista Rafaela Romero que hablar de ETA en presente contribuye
a la “revictimización”.
En
esta cuestión juegan un papel fundamental las víctimas educadoras. La educación
juega un papel fundamental en la construcción de una sociedad más tolerante y
pacífica, y uno de los métodos más poderosos para lograrlo es a través de los
testimonios de las víctimas del terrorismo. Incorporar los testimonios de las
víctimas del terrorismo dentro de los programas educativos tiene un gran valor
pedagógico, ya que permite tratar temas complejos como la violencia, la
intolerancia, el odio y la venganza desde una perspectiva humanista y
constructiva.
Si
hablamos de pedagogía, entonces debemos hablar de todas las víctimas del
terrorismo y eso debe incluir necesariamente de las víctimas de los GAL, el
BVE, la Triple A, Grupos Armados Españoles, Guerrilleros de Cristo Rey o
ultraderecha. No hacerlo convierte a los talleres en un proyecto limitado desde
el inicio. No incluir a las víctimas de la violencia por motivaciones políticas
implica que los talleres surgen con un hándicap importante.
En
Madrid, por ejemplo, podrían trabajar con los testimonios de los testigos en el
atentado ultraderechista que costó la vida a los cinco abogados laboralistas en
enero de 1977 o el asesinato de Arturo Ruiz García el día antes cerca de la
Gran Vía madrileña. También podrían trabajar con los familiares de José Luis
Alcanzó, apaleado hasta la muerte en septiembre de 1979 por jóvenes de extrema
derecha (relacionados con Fuerza Nueva) en el parque del Retiro y que
reconocido oficialmente como víctima del terrorismo en 2001. Hay más
testimonios: las personas que conocieron a Yolanda González Martín, asesinada
en febrero de 1980; o los que conocían a Juan Carlos García Pérez asesinado en
Ciudad Lineal en mayo de ese año.
Más
allá de las siglas o la ideología que intente justificar la violencia, el foco
de cualquier iniciativa educativa debe ser la defensa innegociable de los
derechos humanos. Trabajar la vulneración de estos derechos sin distinciones,
provenga del terrorismo de ETA o de cualquier otra forma de violencia política.
En Euskadi se hace.
Si
el objetivo es construir una sociedad democrática, no se pueden establecer
jerarquías entre las víctimas. Reconocer el sufrimiento causado por grupos como
el GAL, el BVE o la extrema derecha, junto al de las víctimas de ETA, no resta
importancia a ninguna tragedia. La realidad es que refuerza el mensaje de que
ninguna causa política está por encima de la dignidad humana y la vida. Solo a
través de una mirada inclusiva y rigurosa se puede desactivar el discurso del
odio y evitar que las nuevas generaciones hereden los sesgos del pasado.
Solo
cuando seamos capaces de honrar a todas las víctimas y rechazar toda violencia
con la misma firmeza, estaremos preparando a los jóvenes para un futuro donde
la convivencia y el respeto a los derechos humanos sean los únicos
protagonistas.
Opinión:
No dudo de la buena intención del señor Jagoba Álvarez
Ereño en sus reflexiones presentadas en el presente artículo.
Pero al preguntarse por las razones por las que no se
cuenta con algunas siglas concretas, quizás ha olvidado que, en muchas
ocasiones, la mayor parte de víctimas (con alguna honrosa excepción) que
aparecen en esas charlas son personas que siendo (o no) víctimas del terrorismo
utilizan esas oportunidades para ofrecer una visión partidista y política a
nivel personal sobre el problema que genera el ser víctima de un atentado
terrorista. Lo que llamaríamos propaganda o proselitismo.
¿Sería esta una de las causas por las que no se cuenta con
esa opinión? Vale la pena preguntarse sobre la cuestión.
Y no me invento nada. Por mi parte, llevo desde 1990
ofreciendo charlas y conferencias en multitud de lugares y reto a que alguien pueda
decir que he aprovechado una sola oportunidad para trasladar mensaje de
contenido político y partidista.
La próxima conferencia, este viernes 30 de enero coincidiendo
con el Dia Internacional de la Paz.

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