martes, 11 de octubre de 2011

31 diciembre 2000 El Mundo del Siglo XXI


31 diciembre 2000






Un excel·lent article d’en Robert Manrique va ser publicat l’últim dia de l’any 2000 al diari “El Mundo/Catalunya-“. Es aquest:





Abatidos, pero no batidos

El terrible año 2000 ya llega a su fin, 24 ciudadanos han sido asesinados por la banda asesina. Los heridos se cuentan por decenas. La cuestión social del terrorismo, la vertiente sociológica del mal llamado ‘conflicto vasco’ ha teñido de sangre y de luto cientos de familias y la famosa ‘tregua /trampa/ chantaje” terrorista sirvió para reorganizarse y rearmarse hasta límites insospechados.

Las batallas dialécticas y las excusas semánticas están a la orden del día. La parafernalia política ocupa todos los noticiarios, tertulias y foros de opinión, llenándose de numerosos ‘expertos’ en la cuestión vasca, muchos de los cuales se dedican a impartir doctrina aun sin conocer al detalle todo lo relacionado con el asunto.

El problema de los miles de ciudadanos que hemos sufrido directamente el azote que mñas preocupa a la sociedad es cómo acabar con el sentimiento de impotencia que nos corroe. Para nosotros, lo más importante es que el terrorismo termine, que nadie tenga que sufrir lo que nosotros hemos sufrido. Pero hay tanta marrullería y tanto cinismo envuelto en el mal llamado ‘conflicto vasco’ que ya va llegando el momento de que la voz de las víctimas sea tenida en cuenta.

Ha llegado el momento de explicar la realidad de la cuestión social del terrorismo. Máxime cuando se escucha en una tertulia radiofónica, en boca de un representante del pueblo que “con tal de conseguir la paz en Euskadi, sería capaz de olvidarme de todo lo que está pasando”. Naturalmente, este buen hombre no ha hablado jamás con ninguna víctima del terrorismo para intentar entender lo que es la dignidad humana, para intentar comprender que la víctima del terrorismo aprende a vivir con lo que le ha ocurrido, pero que no puede olvidarlo, que los miles de viudas, de huérfanos, de inválidos, de heridos, de padres sin hijos, de hermanos sin hermanos no podemos ni siquiera perdonar a quien no muestra ni un atisbo de arrepentimiento. Pero a ese señor no le importa lo más mínimo contaminar el ambiente olvidándose de los sentimientos de otros ciudadanos. Y en aras de esa hipotética paz en Euskadi ¿seríamos capaces de confiar en la palabra de una banda mafiosa que lleva treinta años reventando familias, inclusive en esa zona de ‘conflicto vasco’ llamada Cataluña? Es más ¿dialogaría usted con el asesino de su hijo?

Quizás sería más provechoso que todos esos asesinos estuvieran en la cárcel el máximo tiempo posible. Pero claro, según algún iluminado, el cumplir con la ley no sería el modo más correcto de ‘conseguir la paz en Euskadi’.

No es necesario recordar que nuestro propósito no es un deseo de protagonismo, sino simplemente la esperanza de ser tenidos en cuenta, de que nuestra voz pueda ser oída. Un amplio grupo de personas que, desgraciadamente, puede incrementarse con otros nombres. Y esa es, a nivel social, la triste realidad. Pero en algunos ambientes intelectuales todavía hay que leer manifiestos como el aparecido hace escasos días bajo el epígrafe ‘Pel diàleg, la pau i la llibertat’ donde no plantean la solución final alm problema: exigirle a ETA que deje de matar.

Esta breve muestra de la manipulación política del terrorismo deberían ser motivo de reflexión. No es nuestra intención dar o robar la razón a nadie. Sólo se trata de exponer otro punto de vista, el social, el de quien ‘de verdad’ sufre el terrorismo y sus consecuencias cada día. Y a los que, por cierto, ninguno de los mencionados en el presente artículo ha tenido el detalle de preguntar su opinión al respecto. El único fue mi amigo Ernest. Y ya no está.

Tras cada atentado, las víctimas estamos abatidas. Pero nada ni nadie, ni los réditos políticos postatentado, ni la indiferencia a la que estamos sometidos, conseguirá batirnos. Somos la realidad palpable del ‘conflicto vasco’. La dignidad de nuestros muertos descansa sobre nuestras espaldas.










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