La companya Maria Jesús Cañizares publicava al diari “ABC” la noticia de la propera presentació del llibre “Pido la palabra”. Ho feia el dia 12 de novembre.
BARCELONA. Escribir sobre vidas truncadas sin caer en el melodrama suponía un reto. El periodista Goyo Martínez (Barcelona, 1967) lo aceptó y ha salido airoso. Fruto de ello es el libro «Pido la palabra. Víctimas del terrorismo: una crónica íntima» (Ediciones Lectio), donde se narra la lucha diaria de quienes han sobrevivido a la barbarie.
Martínez habla de emociones y renuncias a través de un hilo conductor: la experiencia de Roberto Manrique, un carnicero que nació y creció en el barrio de El Carmel de Barcelona, herido en el atentado que ETA cometió el 18 de junio de 1987 en Hipercor, donde murieron 21 personas y otras 45 quedaron «heridas para siempre».
En aquel momento, «acababa de morir Roberto Manrique, el carnicero de Hipercor. Acababa de nacer Roberto Manrique, nueva víctima de ETA», explica el autor,Pero la verdadera metamorfosis, explica Martínez, se produce cuando pasa de la ignorancia casi absoluta sobre el terrorismo a ese «Roberto solidario», líder de la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT) que ofrece ayuda psicológica y jurídica a quienes han sufrido, directa o indirectamente, el horror de ETA, Grapo, Triple A o Terra Lliure.
Una asociación que, gracias al trabajo del propio Manrique,y de personas como la psicóloga Sara Bosch y del abogado José María Fuster-Fabra, salió de la marginalidad para convertirse en una entidad «que huye de los reduccionismos y de los límites autoimpuestos», según describe la consellera de Justicia, Montserrat Tura, que ha prologado el libro. En el libro hay muchos bocados de realidad. Como es el caso de María, que trabajaba en una peluquería hasta quince días después de que su padre, policía nacional, fuese asesinado por ETA. «Me despidieron del trabajo porque ya no sonreía a las clientas como antes», explica. Martínez habla, asimismo, de miedo -«de vuelta a casa, en metro, alguien olvidó una bolsa de deporte en el vagón...»-; de amistad -en un bar del barrio del Carmel hay un plato dedicado a Manrique- y de sinsabores -la policía registró la casa de un minero muerto al explotar una bomba en Salou creyendo que él era el autor del atentado-.
Nombres propios
También hay nombres propios, como el de Jessi, quien en el momento de cometerse el atentado de Hipercor «aún crecía en el viente de su madre, Milagros, cajera del supermercado. Seis meses después del atentado, daba a luz a su hija, que nació sorda». O el guardia civil Juan Antonio Corredor, que sobrevivió al atentado con coche-bomba cometido en1985 en la plaza República Argentina de Madrid. O el agente de los Mossos d´Esquadra, Santos Santamaría, fallecido en Roses (Girona) mientras trabajaba en el desalojo de un hotel donde ETA hizo explotar una bomba.
Desgraciadamente, la lista de víctimas es mucho más larga.

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