domingo, 20 de noviembre de 2011

20 enero 2009 (aprox) Andalupaz (revista Asoc. Andalusia)

20 gener 2009 (aprox)
Un nou article d’en Robert el podem trobar en la revista “Andalupaz”, órgan de informació de l’Asociación Andaluza de Víctimas del Terrorismo. Es evident que qui va començar fa mes de 22 anys en aquesta feina tingui tots els drets i tota la informació per parlar de les dificultats en las que es van trobar les víctimes del terrorisme per iniciar una tasca en la que només hi creien quatre “il·luminats”.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Roberto Manrique Ripoll, portavoz de la Federación de Asociaciones Autonómicas de Víctimas del terrorismo (FAAVT)

Esa es la pregunta que muchas víctimas comentaban hace muy pocos días, en la presentación en Barcelona del libro "Pido la palabra",en el cual se recogen algunas experiencias y anécdotas de losúltimos19 años de asistencia a las víctimas del terrorismo residentes en Cataluña. Una respuesta rápida a la pregunta del titular sería leer el libro. Pero en ANDALUPAZ me piden un escrito un pelín más largo, así que allá voy. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Esa misma pregunta me la hice un lejano día en el que visité, por primera vez, la sede de la Asociación Andaluza. Cuando llegué a la sevillana calle Beatriz de Suabia y pude ver el local, me vinieron a la mente muchos, muchos recuerdos. En Cataluña, nuestra sede entonces se parecía muchísimo a la vuestra. Un local a pie de calle, en una vía poco transitada pero con coches aparcados sobre las aceras, desembocando en una avenida. Un local en el que se amontonan los expedientes, las carpetas, los papeles... y el sentimiento de pertenecer a un grupo humano excepcional. Nuestra sede en Barcelona estaba en una calle muy parecida, y muy cerca de la conocida "zona cero", donde al poco tiempo de estar nosotros se hundió un bloque de pisos por efecto de las obras del metro. Una sede, como la vuestra, donde nadie podrá encontrar nunca lujos ni desfases inmobiliarios. Ni la vuestra ni la nuestra son sedes donde existan cámaras de seguridad, ni despachos rimbombantes, ni un número excesivo de personal pintándose las uñas o jugando en Internet. Ni mucho menos. Nunca he hablado de este tema con los amigos andaluces. Pero no me extrañaría que, para organizar mínimamente un despacho con tanto trabajo, hicierais lo mismo que nosotros en Cataluña: aprovechar esos días en los que se tiran a la calle los trastos viejos y, semana sí y semana también, ir reciclándolo que otros podían desechar. Mientras otros recibían subvenciones para cualquier cosa (relacionada o no con asistir a las víctimas del terrorismo), nosotros teníamos que ir colgando estanterías, pintando archivadores, reparando un sofá.... en Barcelona, incluso, tuvimos la "suerte" de encontrar un local que se había incendiado y del que recogimos un montón de mesas que, una vez repasadas y limpias, nos dieron un excelente servicio. Para ahorrar gastos, estoy seguro que usasteis vuestros propios coches para transportar material de oficina, muebles, archivadores y cientos de carpetas, sillas, cajas.... y cualquier otra cosa en innumerables viajes día tras día. Y eso por no hablar de los propios socios que colaboraron avisando de cualquier cosa susceptible de ser aprovechada para la sede de su asociación. Así hemos llegado hasta aquí. Con la casi nula ayuda de las Administraciones, porque los recursos iban dirigidos a todos aquellos que, siendo víctimas del terrorismo o no, se los gastaban en actividades que poco o nada tenían que ver con la ayuda diaria alas víctimas. Estas aventuras no han sido importantes para casi nadie, excepto para aquellos que las hemos sufrido y trabajado. Horas y horas de limpiar, taladrar, enmasillar y pintar paredes, adecentar suelos, revisar hasta los grifos para tenerla máxima prestancia y dignidad. Horas y más horas de soledad, hasta altísimas horas de la madrugada para levantar unas asociaciones que ahora son un ejemplo para toda España de lo que debe ser el trabajar por las víctimas del terrorismo. Unas sedes donde no hay horarios, donde no se trabaja como en una oficina "normal", donde los sábados y los domingos, los puentes y los acueductos e incluso las vacaciones son sólo palabras. El terrorismo es inesperado y la atención a las víctimas también. Y los móviles siempre conectados, por si acaso....Hemos llegado hasta donde estamos porque somos gente comprometida, dando todo el tiempo, pasando noches enteras sin dormir y días enteros sin ver a hijos ni cónyuges ni parejas, para conseguir que el proyecto de una asociación autonómica llegara a ser una realidad. Gente que, muy poco tiempo después de sufrir un atentado, iniciamos labores de asistencia y colaboración. Ni en Andalucía ni en Cataluña ha habido víctimas que hayan esperado diez, quince, veinte años para empezar una tarea específica. Tampoco en otras Comunidades Autónomas. Hemos llegado hasta aquí porque ha habido víctimas en muchos puntos de España que han empezado a moverse de inmediato. Porque para llegar hasta donde estamos, hemos tenido que recoger muebles en la calle, hemos tenido que suplicar en las tiendas de informática los equipos que ya no querían, hemos tenido que viajar miles y miles de kilómetros en autocares prehistóricos o en nuestros propios vehículos, hemos tenido que pagar a escote los alquileres, las facturas telefónicas o los juguetes de las fiestas infantiles. Porque hemos "bajado los balones al suelo" y no se ha permitido que nadie fuera "mariquita la primera". Porque nunca hemos dado cancha a los de "mamá, quiero ser artista".Y porque, con muy pocos recursos y con muy poca colaboración externa, en la atención a nuestra gente hemos dado lo mejor de nosotros mismos. Nuestro horario son las 24 horas. No se deja de atender a nadie porque llame fuera del horario "normal" de oficina. Y ya tenemos nuestros equipos jurídicos, psicológicos, nuestras páginas web, nuestra Federación de Asociaciones Autonómicas de Víctimas del Terrorismo. Y a nuestros compañeros canarios, extremeños, murcianos y valencianos. Y a los que quieran sumarse. Por eso, amigos andaluces, hemos llegado hasta aquí. Como vosotros decís, con dos.... narices. Y lo que nos queda todavía por delante sólo lo sabemos nosotros

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