17 febrero 2026
30
años del asesinato de Fernando Múgica
Un
pistolero de ETA arrebató la vida de un luchador contra los totalitarismos y en
favor de las libertades y el socialismo
Sara
Hidalgo García de Orellán-El Correo, Profesora de Historia Contemporánea de la
UPV/EHU
Fernando
Múgica Herzog fue asesinado el 6 de febrero de 1996 en San Sebastián. Un tiro
en la nuca, descerrajado por dos pistoleros de ETA, acabó con la vida de este
abogado y socialista, que condensó en su biografía, tanto personal como
familiar, algunos de los fenómenos que marcaron la violencia del siglo XX:
Guerra Civil española, Holocausto judío y violencia terrorista. Nacido en San
Sebastián en 1933, hijo de un violinista militante de Izquierda Republicana y
de una francesa de origen judeo-polaco, su padre murió durante la Guerra Civil
y parte de su familia polaca pereció durante el Holocausto. Esto marcó
hondamente su trayectoria personal y política, fue un ferviente socialdemócrata
y un defensor a ultranza del Estado de Israel.
Pronto,
él mismo experimentaría los rigores de la falta de libertad. Durante el
franquismo, en 1964, se afilió a un PSOE que mantenía una frenética actividad
en la clandestinidad. Inició una trayectoria de compromiso político con las
libertades democráticas y el socialismo, siempre de la mano de su hermano,
Enrique Múgica. Además, como abogado luchó incansablemente en los juzgados por
defender a muchos de sus compañeros, y su casa donostiarra fue siempre
epicentro del socialismo guipuzcoano en unos años, los del último franquismo,
en los que el PSOE vasco era central dentro del PSOE español.
Ya
en democracia, formó parte del Consejo General Vasco en 1978 y fue concejal en
la Gestora Municipal del Ayuntamiento de San Sebastián. Desde este cargo
promovió, entre otros, el cambio del callejero para que el franquismo no
pudiera seguir ostentando esa representación simbólica. A partir de ahí no tuvo
labor institucional, aunque desempeñó cargos internos en el PSE, en el Comité
Federal y fue presidente del PSE guipuzcoano desde 1984 hasta 1993.
Su
opinión siempre fue muy escuchada y tenida en cuenta. Defensor del ‘socialismo
puro’, tuvo una postura contraria al nacionalismo, lo que le llevó a emitir el
único voto contrario a la confluencia del PSE con Euskadiko Ezkerra en 1993.
Por otra parte, era consciente de que que la radicalización de los
nacionalismos podía llevar a la violencia, como ocurrió con ETA. Su firme
condena a este grupo y su postura crítica con Herri Batasuna -a los que llamaba
«habernazis»- por su apoyo a ETA le puso en el punto de mira de la banda e
incluso le recomendaron que abandonara Donostia, a lo que se negó. Para 1996
estaba prácticamente retirado de la política, pues consideraba que algunos de
los más importantes objetivos por los que había luchado se habían conseguido:
fin del franquismo, democracia y reconocimiento de España del Estado de Israel.
Cuando
en 1995 se puso en marcha la denominada «socialización del sufrimiento», a raíz
de la ponencia Oldartzen de Herri Batasuna, el ambiente se volvió cada vez más
peligroso, pues la extensión de la violencia, la amenaza y el miedo tocaron a
muchas más personas. En enero de aquel año fue asesinado el concejal del PP
Gregorio Ordóñez, y cada vez era más patente la radicalización y la
multiplicación de objetivos. Múgica había tenido escolta en el pasado, pero a
mediados de los 90 ya no lo tenía. Se dedicaba con pasión a ejercer la abogacía
desde su despacho.
El
día de su asesinato amanecía con la típica mañana donostiarra de febrero,
ventosa, con lluvia racheada y frío. Había salido de su despacho para comer y
se dirigía a su casa. Dos pistoleros de ETA se acercaron y le descerrajaron un
tiro en la nuca, una de las tácticas más comunes de la banda en aquellos años.
Su hijo, que caminaba por la misma calle, salió corriendo detrás de los
asesinos, que le llegaron a encañonar. La vida de Fernando Múgica se apagó en
ese momento. Tenía 62 años y estaba casado con su compañera Mapi de las Heras,
con quien compartía tres hijos y un nieto.
Fernando
Múgica fue considerado por ETA y su entorno como persona a la que había que
aniquilar, catalogado como «enemigo del pueblo» en una dinámica dialéctica en
la que cualquiera que se opusiera al terrorismo era susceptible de esa
definición y, finalmente, colocado en la lista negra de aquellos a lo que
ponían en el punto de mira. Su biografía, una constante lucha contra los
totalitarismos, su experiencia y su posicionamiento político, en favor de las
libertades democráticas y el socialismo, contradicen todos estos epítetos. Fue
víctima de un terrorismo brutal que simplemente eliminó a quien no pensaba con
ellos. Una lección de la Historia a tener en cuenta en estos tiempos en que el
radicalismo cada vez está más normalizado.
Opinión:
Pues sí, es cierto… hay que explicar la realidad de las atrocidades
cometidas por la banda terrorista ETA y también las del resto de siglas
terroristas.
Y, por descontado les recuerdo a los desmemoriados que TAMBIEN
hay que recordar las cometidas fuera del territorio del País Vasco y/o Navarra.
Y las de antes de 1995 incluidas. Quien lee este blog ya
sabe a lo que me refiero…

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