lunes, 8 de abril de 2024

07 abril 2024 (2) Información.es

 

07 abril 2024 



Injuria, que algo queda

Javier Mondéjar

La ética cotiza muy a la baja. Contra el enemigo vale todo, desde la injuria a la media verdad pasando por la mentira más absoluta. La credibilidad no es problema: por absurdo que parezca alguien se lo creerá, otro alguien amplificará la voz y finalmente ya nadie distinguiría la verdad, aunque le pegara con un mazo. El seudo periodismo de Pedro José y el resto de compañeros mártires del Sindicato del Crimen en los 90 contra Felipe González, es una de las etapas más vergonzosas del pasado reciente, seguido muy de cerca por las teorías de la conspiración por el atentado del 11M. Ahí tocamos fondo, pero no piensen que no se puede cavar más profundo, porque siempre cabe esa posibilidad.

En el mercado persa de la comunicación hay personajes repugnantes y luego está el jefe de gabinete de Ayuso, antes ideólogo y estratega de Aznar. El mendaz Rodríguez es uno de los tipos más peligrosos que chapotean en el lodo inmundo de los fondos de reptiles, que amenaza y soborna con sonrisa bobalicona y gesto de matón de barrio. Es el típico individuo que cuando es pequeño aterroriza a los compañeros de pupitre y, de mayor, con fondos ilimitados a su disposición, se convierte en señor de horca y cuchillo. Sus jefes, encantados, naturalmente. Les hace el trabajo sucio y, de paso, desvía el tiro y ejerce de diana. Esta semana se ha hablado más de su escudero que de su novio y presunto defraudador fiscal; Ayuso no puede estar más feliz.

Quien piense que los abusones no son tóxicos se equivoca de cabo a rabo. Justamente dan miedo porque ni miden ni controlan, no hay más que ver el «os voy a triturar», sólo se les detiene con un juego sucio aún más inmoral, pero entonces la escalada conduce al abismo. En la Revolución Francesa hubo muchos tipos así, surgidos de la nada y ungidos de un poder omnímodo, que se encontraron con la guillotina o el puñal de una asesina al final de la escapada. Robespierre, Saint Just, Marat, pagaron el terror con terror, siendo ejecutados por los suyos, los que les habían reído las gracias hasta que vieron peligrar sus cabezas.

El tal MAR me recuerda mucho a algún personajillo perdonavidas de tres al cuarto, de apellido acuático, que pulula por una organización empresarial alicantina. Con menos talento, eso sí, pero con las mismas trazas caciquiles y siniestras. Cierto es que hay matones de pueblo y de ciudad y aunque en el fondo se parezcan, en las formas, no. A los casposos se les ve más el cartón. Desafortunadamente hay modelos que se repiten para lo malo y pocos para lo bueno. Injuria, que algo queda, o, como dice otro refrán: cuando el río suena…

El todo vale es moneda común en unos tiempos donde un matao con miles de seguidores en redes sociales, influye lo mismo que el New York Times, y un mensaje fake se convierte en una realidad innegable cuando lo repiten hasta la nausea sesudos tertulianos. El procedimiento antiguo para inventar noticias era mucho más artesanal y necesitaba la «confirmacion» de un medio serio, que lo publicaba en sus páginas para que sus lectores lo leyeran como la Biblia, aunque el acontecido fuera más falso que Judas. Tenía la verosimilitud del papel y la tinta de imprenta.

Ahora no es necesario. Los periódicos amarillos y algunos medios sensacionalistas de internet copian a las redes sin ningún reparo. No es extraño que la trapacería de MAR, inventando que periodistas encapuchados habían intentado entrar en el ático del novio de Ayuso y que redactores de EL PAÍS violaban la privacidad de tiernos infantes a la búsqueda del escándalo, fuese dogma de fe en tertulias y mentideros.

No se necesita mucho más para prender la llama de la jindama y dar motivos a tus fans para que odien a los otros. Los argumentos no importan, hay que remover los más bajos instintos. Goebbels es un maestro de influencers, aunque sean tan ignorantes que no lo sepan ni les suene de nada el siniestro doctor, y la voz en off en que se basan estos estrategas de la mentira disfrazados de comunicadores.

A dónde hubiera llegado Hitler con las redes sociales, madre de dios. Da miedo hasta pensarlo, pero en cualquier momento puede surgir un cabestro semejante con un Rodríguez cualquiera enjaezado a su vera, siempre a la verita suya, hasta que de amor nos maten.

 

 

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