25 agosto 2026
Robert Bates, víctima del 17ª: “Me mantengo al margen,
apartado de la multitud”
Este profesor de Canadá vino a
Barcelona con su hijo menor a un campus de fútbol en 2017; la célula yihadista
acabó con la vida de su exsuegro e hirió a la pareja de éste
"¿Odio? No tengo, no sirve para nada", afirma
Robert Bates viajó
a Barcelona acompañado
de su hijo adolescente en verano de 2017. Apasionado del fútbol, este profesor canadiense quería que
el menor participara en un campus estival de balompié. Cuando llegó a la
capital catalana, Bates se reunió con sus exsuegros, que volaron desde Escocia
para arropar al chaval en su clínic.
Los planes se truncaron: a la pareja mayor la arrolló la furgoneta de Younes Abouyaaqoub en Las Ramblas. Ocurrió en el primer atentado terrorista del 17 de agosto (17A) de ese mismo año.
El hombre, Ian, murió. Valerie, ella, sobrevivió, aunque quedó gravemente herida. Nueve años después, el afectado regresa a la urbe catalana, que visita con frecuencia, y donde llegó a vivir un año con su hijo en 2018 para sanarse. También visita a un puñado de discretos amigos. Pocos días después de asistir al acto de recuerdo a los afectados, en el noveno aniversario de la masacre de Las Ramblas, acepta nuestra invitación a tomar café en la redacción de Crónica Global.
-Nueve años después del atentado, ¿cómo es su
relación con Barcelona?
-Para serle sincero, le tengo bastante cariño a Barcelona. Pasé
un año entero en el que mi hijo estaba en este clínic, yo atendía la escuela a distancia —aunque,
probablemente, no tanto como debería haberlo hecho—, y él estaba ocupado con
amigos de la Academia [de fútbol] B1. Así que no lo veía mucho, y pasaba mucho
tiempo solo, simplemente caminando por las calles, probando comida que me
gustaba, o conociendo a gente.
Así que tengo una visión romántica de Barcelona, sin duda. La he
visto cambiar un poco a lo largo de los años, desde 2018 hasta ahora. La ciudad
tiene sus problemas, ¿sabes? Mucha gente, poca vivienda, cosas así, se nota un
poco. Pero no, estoy bastante enamorado de esta
ciudad, y creo que por eso sigo volviendo
Coja
usted cualquier día, uno al azar: me subo al Metro en dirección a algún sitio y
me pongo a caminar. Y sigo adelante.
-¿Y su relación con el espacio
público? ¿Ha desarrollado usted una suerte de 'sensibilidad espacial' o de
alerta?
-Sí,
pero no como... no siempre estoy al acecho de posibles peligros. Sé que mi
amigo de Barcelona siempre está preocupado por mí, en plan: "Asegúrate de
mantener tus pertenencias cerca", y cosas así, por supuesto.
Pero creo que el
efecto más duradero que [el 17A] ha tenido sobre mí es que ya no aprecio particularmente las multitudes. Ir a partidos de fútbol o cosas
así... trato de mantenerme alejado. O, por ejemplo, si voy a la Fiesta Mayor de
Gràcia, con largas colas y mucha gente y música. Me siento más cómodo en los
márgenes, un poco apartado.
No estoy seguro de si las sirenas de policía
y emergencias han cambiado un poco desde 2017, pero ese día, cuando estábamos
viendo y oyendo a la policía y a los bomberos subir y bajar por La Rambla... esas sirenas aún me alteran un poco a día de hoy.
-¿Se siente inseguro?
-Aparte
de eso, no, no me siento inseguro en esta ciudad. Esta es una ciudad
increíble... quiero decir, camino a todas horas y no me siento preocupado en
absoluto. Sé que el Raval tiene reputación de ser un poco conflictivo, pero
camino por todos lados y jamás me siento inseguro.
-¿Siente que la ciudad en su
conjunto —los vecinos, los medios de comunicación y las autoridades— los hemos
acogido y abrazado a ustedes, como víctimas de un ataque terrorista que son?
-Esa es una pregunta difícil, la verdad. Mi
contacto con la ciudad de Barcelona suele ser a través de mi amigo. A menos que
él sugiera algo, no recibo un correo electrónico ni nada de la ciudad, lo cual
no importa. Tampoco lo esperaría.
Además, durante ese
ataque, la atención de los medios se centró en Fiona, hija de Valérie e Ian —y
expareja de Robert—, así que me mantuve al margen de ese foco. Ese tipo de
contactos, los institucionales, se dirigían a Fiona y a su mamá, más que a mí.
Pero el otro día, en
el acto de recuerdo del 17A, tenían un pequeño espacio para que yo
estuviera. Es agradable que continúen utilizando ese día para las víctimas. Se
agradece mucho, sin duda.
-En el aspecto legal, ¿España
les ha reconocido a usted o a Fiona como víctimas del terrorismo?
-No.
Han reconocido a Valerie como víctima del terrorismo, por supuesto, y
obviamente a Ian. Pero no, Fiona no estaba aquí durante el ataque. Se enteró
muy rápido de los atentados, y estuvo llamándome por teléfono con tanta
celeridad que apenas me dio tiempo de tener información sobre lo que estaba
pasando. Pero no, a mí no se me considera una víctima, no.
-Próximamente se estrenará la película 'Kronos', sobre la respuesta policial. ¿Cuál es su opinión sobre cómo la policía, los sanitarios y los servicios de emergencia gestionaron los ataques?
-Ahí va una pregunta con trampa, ¿eh? (risas) Bueno, recuerdo haber recibido un mensaje del hombre que me alquiló un apartamento mientras vivía aquí. No recuerdo su nombre, pero es un hombre agradable, muy catalán. Fue mucho después de que me hubiera ido ese año que vivimos aquí —ya estaba de vuelta en casa—, y recibí ese mensaje. Era inusual, porque él jamás me enviaba mensajes.
Pero vio algo en las
noticias que sugería que el Gobierno —no sé exactamente qué agencia en concreto—
tenía conocimiento de los movimientos de estas personas, y supongo que había el
sentimiento de que podrían haber hecho algo más para prevenir que algo saliera
mal.
No quiero meterme en
asuntos políticos que no entiendo por completo, pero, ciertamente, no sería la
primera vez que escucho esa historia. Y en diferentes países. Lo que pasó,
pasó, supongo, y no hay nada que podamos hacer para cambiarlo, y menos ahora.
Pero en términos de posibilidades futuras, sí, tal vez compartir cierta información habría ayudado. No lo sé.
-Nueve años después, y con su
gestión del duelo, ¿cree que se ha hecho justicia?
-¿Se
ha hecho justicia? Otra vez, esa es una pregunta muy connotada para mí.
Para Valérie,
ciertamente. Como probablemente sabes, España se hace responsable ante las
víctimas del terrorismo, y sí, creo que ha estado muy a la
altura apoyándola a lo largo de estos años, y a algunas de las
otras personas involucradas en ayudar a mi madre y demás.
Entonces, ¿se ha
hecho justicia? No sé si es justicia, pero
ciertamente España ha hecho mucho, no solo por Val.
Hablemos
ahora de la gente que conozco; tengo la sensación de que aquí vive mucha gente
con un corazón tremendo. Y cuando les explico mi relación con Barcelona, se
muestran muy conciliadores, aunque no tengan nada que ver con lo que pasó. Así
que si usted me pregunta por la calidez de la gente, definitivamente la siento.
¿Justicia? La
segunda parte de esa pregunta me inquieta en la medida en que soy profesor.
Enseño lo que aquí llamarían pedagogía social.
En Canadá, imparto exactamente eso. La
noción de que algunos jóvenes caigan víctimas de la radicalización por medio de
una variedad de métodos—seguramente no tenían mucho, moran en lugares donde no
están a gusto con sus vidas y mantienen un vínculo fuerte con su religión— me
entristece. Me opongo a que los chavales se radicalicen por eso.
-¿En qué medida les culpa?
-No culpo
necesariamente al conductor de esa furgoneta. Ciertamente, culpo al dogma
religioso y a las personas alrededor de esos jóvenes que se aprovecharon de su
posición y autoridad. Por supuesto, digo eso sin saber mucho sobre su religión,
pero... Así que no sé, como con la justicia.
Lo importante es que hemos salido adelante. Pero echamos mucho de menos a Ian; era una parte importante de nuestra familia.
-¿Cómo era Ian como persona?
-Era
todo un caballero... un caballero escocés. Rara vez lo escuché perjurar.
Siempre era afable con las personas nuevas que conocía, te hacía sentir
importante y te animaba a perseguir tus sueños.
A menudo utilizo
este ejemplo. Habitualmente, decimos que cada niño merece tener al menos a una
persona que se desviva por él o que, simplemente, lo apoye incondicionalmente.
Cuando yo conocí a Ian y Val en 1997, se convirtieron en
figuras paternas para mí, y me animaron a terminar mis
estudios y a construir mi carrera a partir de ese punto.
Así que echo de
menos todo aquello. Pero es que él era así con todo el mundo. ¡Llevaba un pañuelo de tela en el bolsillo! (risas) Yo
también empecé a hacerlo durante un tiempo, cuando solo tenía unos 34 o 35
años. Y la gente empezó a tomarme el pelo llamándome abuelo. Pero sí, [Ian] era muy afable, amable,
elocuente, muy versado en diferentes temas del mundo, leía mucho. Un gran tipo.
-Usted ejerce de profesor.
Imagínese que está frente a una clase de adolescentes de la misma edad que los
que perpetraron el ataque. ¿Qué les diría sobre la radicalización de cualquier
tipo, ya sea religiosa, política o ideológica?
-Supongo
que —y eso se lo enseño a mis estudiantes constantemente— lo que ayuda a que
eso se fomente y se extienda es la falta de pensamiento crítico. La falta de
educación sobre ciertos temas y luego ser capaz de analizarlos críticamente por
ti mismo.
Por supuesto, lo hace muy difícil cuando
tienes a un líder religioso en la comunidad que obtiene púlpito y prestigio por
su conocimiento, y es muy fácil absorber lo que piensa y dice sin pasarlo por
tu propio filtro. Así que, de nuevo, enseño pensamiento crítico en
mis clases. Creo que eso es lo que realmente importa.
-¿Alberga usted un sentimiento
de odio hacia alguien? ¿Un sentimiento de 'preferiría que no hubiera existido'?
-No,
no creo que eso sea verdaderamente útil, para serle sincero.
No sé, tal vez me sentiría de manera
diferente si la víctima hubiera sido mi hijo, en lugar de Ian. Pero no, no lo
creo. Hay toneladas
de odio en este mundo, y una cosa que he aprendido sobre mi experiencia en
Barcelona es que existe mucha gente buena ahí fuera, gente cálida, y creo que
esa es una posición mucho más poderosa desde la que vivir y prosperar.
No tengo planes
grandilocuentes de futuro sobre cómo ayudar a solucionar el odio en el mundo.
Pero mi pequeña contribución es intentar ayudar a las personas a entender qué
es el pensamiento crítico y ayudarlas a aplicarlo a su
propia vida. Así que no, no creo que el odio ayude;
solo sirve para afectarte negativamente.
-Como persona que sufrió un
atentado terrorista en sus calles, envíe un mensaje a los vecinos de Barcelona
y a las instituciones.
-Dos cosas. Una
sería... me he vuelto muy consciente de lo temporal que es la vida y lo rápido que se puede ir, que te la pueden
quitar. Así que no podemos añadir más días a nuestra vida, pero
podemos añadir más vida a nuestros días. Ese es un primer enfoque útil.
Además, esto se remonta a la posibilidad de
que los servicios de inteligencia guardaran cierta información y no la
compartieran. Desearía que hubiera más
transparencia entre las agencias que manejan este tipo de
cosas.
Obviamente,
conozco la tensión que ha existido en ocasiones entre el gobierno nacional
español y el gobierno autónomo catalán, por lo que algunos en este territorio
lo protegen de forma bastante feroz. A veces eso es parte de la dinámica
diaria, pero puede llegar a costar muy caro.
-¿Espera usted alguna novedad en
un futuro en este sentido?
-Sí...
hay personas a cargo de tomar estas decisiones, de si compartes cierta
información o no, y no estoy seguro de cuáles fueron sus argumentos. Sería
paliativo entender mucho mejor el panorama. Pero, por otro lado, también
desenterraría viejos recuerdos. No estoy seguro de que cambie de forma
relevante la situación en la que nos encontramos hoy.
Ahora que lo pienso,
déjeme darle un tercer mensaje que me gustaría enviar. Cuanto más viejo me
hago, más consciente soy de cómo no procesar el duelo
adecuadamente te termina afectando. Lo digo porque, inicialmente, no hablé con todo el mundo de lo
que viví, o las frustraciones, o la pérdida, o cualquier cosa por el estilo, y
noto pequeñas formas en las que me afecta ahora: ese trauma y duelo no resueltos.
En
nuestro caso, fue muy útil arremolinarnos como familia para apoyar a Val. Creo
que fue muy importante para los niños ofrecerles la posibilidad de
experimentar.
-La lección que usted aprendió,
pues, es la necesidad de abrirse y contarlo. Al menos para procesar ese duelo.
-Así
es. Esa sería la lección que extraje.
Opinión:
Tras
la creación de la UAVAT en febrero de 2018, na de las primeras personas a las
que conocimos fue a Robert Bates y su hijo Duncan. Llegaron a la UAVAT a través
de tres víctimas a las que conocieron porque atendieron a Ian y a Valerie en la
misma Rambla de Barcelona. Tres veterinarios que paseaban cerca de ellos y a
los que el azar del destino hizo que sobrevivieran mientras Ian era atropellado
junto a su esposa Valerie.
Presento
esta información porque, desde aquel momento, tuvimos una nueva muestra del desconcierto
y la desinformación a las que estaban sometidos tantas y tantas víctimas de
aquellos atentados.
El
tumulto y la angustiosa situación hizo que Robert perdiera el contacto visual
con sus (ex)suegros y mientras deambulaba por Barcelona intentando saber qué
había sido de Ian y de Valerie, un ciudadano (Albert) le preguntó qué le ocurría
y se ofreció a llevarle en su moto hasta dar con paradero de Ian y Valerie.
¿Podríamos decir que Albert, con su acción solidaria fue el “salvador” que
apareció en el momento más duro? Si. Claramente sí.
El paso del tiempo puso en contacto a Lourdes, otro Albert y a Carles con Valerie y su hija Fiona. Acto seguido, los tres primeros acompañaron a las dos al despacho de la UAVAT. Cuando llevábamos más de cinco horas de conversación escuchando los problemas que habían vivido, cerca de las 11 de la noche nos comentaron que hacía quince meses que esperaban tener la documentación forense sobre la muerte de Ian. ¡Quince meses! Elisa se levantó de la mesa, hizo una llamada telefónica y me dijo:
-¿tienes que hacer algo mañana al mediodía?
-sí, claro... ¿por què?
- mañana a las 12, acompañas a Fiona y Valerie al IMELEC. Os estarán esperando...
- Sí, jefa. Lo que usted ordene, jefa...
Y acabamos todos riendo y acabando las pizzas que habíamos pedido para cenar.
Trece horas después (sí, solo trece horas) las acompañé al despacho del forense
que tuvo que certificar la muerte de Ian. Las recibió y les ofreció toda,
absolutamente toda la información que solicitaron…
Un
dato más: Fiona es jefa de policía de una ciudad canadiense, por lo que la información
que solicitó era muy técnica y muy especializada.
Por
otro lado, el propio Robert dice públicamente que el no está reconocido como
víctima por parte de la administración competente, pese a estar presente en el
lugar de los hechos junto a las dos víctimas y también su propio hijo Duncan.
Y
no solo eso… ninguno de los dos están entre los 125 afectados que aparecen en
el sumario pero no en la sentencia.
Ya
lo dijo el juez Guevara en una sentencia pionera en el reconocimiento a las
víctimas del terrorismo: “han sido las grandes olvidadas”.
Por
cierto. En relación a las graves heridas de Valerie, reflexionemos. Desde lo
que según la Ley 29/2011 en su artículo 11 y punto 1 se conoce como “administración
competente” ¿se ha realizado un seguimiento de sus lesiones y secuelas físicas
y psicológicas? ¿se han leído lo que aparece en las páginas 330 y 331 de la
sentencia de mayo de 2021?
Si
alguien quiere saber al respecto, que pregunte en la UAVAT. Al fin y al cabo,
coordinamos la personación de Valerie y de Fiona junto a las setenta y cuatro
primeras víctimas que asistimos y fueron representadas por el área jurídica de
la Asociación 11-M Afectados por Terrorismo. Esas primeras setenta y cuatro
fueron muchas mas pasado el tiempo.
Y
las que quedan todavía… pronto nos pondremos en el tema con el soporte y el
respaldo institucional imprescindible para realizar esa tarea.
Un
honor y un privilegio haber trabajado, asistido, asesorado y representado a
todas ellas. Los abrazos y las risas con Valerie y con Fiona o el abrazo con
Robert del pasado lunes 17 son la mejor muestra de la inmensa complicidad y solidaridad
que nos ofrecemos mutuamente.
Y
ahora acabemos con un poco de humor: que aparezcan los de siempre diciendo que
la asistencia ha sido magnífica y que lo solucionan todo en un día…







