02 octubre 2026
Muñagorri,
el 'niño de la bomba', busca un "broche" para cerrar su historia
Transcurridos 44 años, aquella dramática vivencia alcanza el
presente en 'La Mochila. Vida de Muñagorri' (Editorial Libros del K.O.), un
relato donde el escritor Ander Izagirre reconstruye, de la mano de esta víctima
de ETA, los convulsos años de la sociedad vasca
"Saber lo
que hizo después de poner el explosivo, ¿qué pensó, por qué nunca avisó?", son
las preguntas que a Alberto Muñagorri le gustaría hacer a la persona que el 26
de junio de 1982, cuando sólo tenía 10 años, colocó la bomba que le reventó los
tímpanos, se llevó una de sus piernas y le hizo perder la visión de un ojo.
Sería una forma satisfactoria de poner un "broche" a
su historia, ahora que, con 54, tiene una certera sospecha sobre quién pudo ser
aquel vecino de Errenteria (Gipuzkoa) que la noche anterior colocó junto a una oficina de Iberduero una mochila llena de
explosivos.
Una
bolsa que, tras un inexplicable periplo, terminó unos metros más allá, en la
plaza por la que, justo en el momento de la explosión, el destino quiso que
pasara Alberto.
Transcurridos 44 años, aquella dramática vivencia alcanza el
presente en 'La Mochila. Vida de Muñagorri' (Editorial Libros del K.O.), un
relato donde el escritor Ander Izagirre reconstruye, de la mano de esta víctima
de ETA, los convulsos años de la sociedad vasca desde el final del franquismo
hasta casi la actualidad.
Onda expansiva
Más de 400 páginas para descubrir cómo
aquella bomba llegó a explotarle a Alberto, pero también cómo su onda expansiva
alcanzó a su familia y marcó a toda una generación de niños vascos criada entre
advertencias de evitar cualquier bolsa sospechosa abandonada en la calle.
Años de atentados, muertes, violencia,
miedo, autobuses quemados y manifestaciones, minuciosamente documentados
por Izagirre en este trabajo (merecedor de la Beca Raúl Guerra Garrido de la
Diputación de Gipuzkoa), en el que el propio pueblo de Errenteria y su entorno
son un personaje más del relato.
"Quería contar mi historia. Que las personas puedan ver que
un acto violento va más allá de una fecha concreta y que, en el caso de los
heridos, las secuelas nos acompañan de por vida", explica Alberto, en una
entrevista concedida a EFE acompañado por Izagirre.
"Quería hacerlo desde un punto de vista positivo, optimista, sin
rencor ni odio, y con un afán totalmente constructivo, como una
aportación a la paz y a la no repetición, para que nunca más vuelva a ocurrir
lo mismo. Esa era mi idea y Ander lo ha conseguido", relata con
convicción.
Izagirre sabía desde años atrás que la historia de Alberto,
actualmente concejal socialista en Errenteria, merecía ser contada: el episodio
de la bomba a la que en contra de la
creencia popular Muñagorri nunca llegó a dar una patada, pero también su
duro proceso de recuperación, las dolorosas curas en el Hospital de la Cruz
Roja, sus secuelas físicas y psicológicas, y el apoyo incondicional de una
madre que nunca permitió que su hijo se viniera abajo.
El escritor dibuja así a un Alberto "muy generoso y con
mucho coraje" que "a pesar de haber sufrido tanto", llega luego
a "mantener encuentros con miembros arrepentidos de ETA en la
cárcel".
Todo ello con la "obsesión" de "no limitarse a
contar una historia individual", porque él acude a las citas con el
propósito de conseguir que "esta gente" le acompañe luego "a dar
charlas para contar que hicieron algo que no había que hacer, que están
arrepentidos, que la violencia no era el camino y que hubo mucho daño brutal e
injustificable", describe el escritor.
Algo más que recordar
"La memoria está bien -puntualiza Alberto-, pero tiene que
ser algo más que recordar, porque sólo con recordar no vamos a llegar a ningún
sitio. Aún queda mucho trabajo entre todos para hacer", se lamenta.
Quizás por ello, no oculta su deseo de reunirse también con la
persona que puso aquella bomba. "Yo estoy abierto a escucharla, a juntarme
con ella y sobre todo también a que me escuche", desvela con sinceridad.
Aclara que no sería necesario que le pidiera perdón porque en
realidad es esa persona la que se tiene que perdonarse a sí misma. Ahora sí, no
llevaría bien que se presentara con un mensaje de
"autojustificación". "No es ese el camino por el que quiero que
me acompañe", admite.
Lo que él preferiría es que se mostrara "arrepentido"
hasta el punto de poder acompañarle a dar una charla, juntos, sobre lo que
ocurrió. "Sería como poner un
broche a todo un esfuerzo a favor de la convivencia", resume
esperanzado Muñagorri.
Opinión:
Para empezar, mi admiración ante la
DIGNIDAD de Alberto, demostrada en estos 44 años de vivencia en una zona tan
comprometida y complicada como Errentería.
Y reconozco que la información me ha
aportado un dato que desconocía, lo cual demuestra su enorme saber estar y las
razones que mueven a Alberto a ser como es: no sabía que era concejal en un
partido, prueba de que se puede ejercer la política sin necesidad de poner por
delante la condición de ser víctima de un atentado.
De esa DIGNIDAD deberían aprender algunos
que del terrorismo (incluso con historias inventadas o llegando más de 15 años
tarde tras “su” atentado) han hecho carrera política.
Y luego están los que creían que podrían
conseguirlo pero su catadura personal o su nivel de inteligencia no fue
suficiente, por mucho que se dejaran (o se dejen todavía) utilizar.
Es lo que suele ocurrir si se es impostor
o impostora con el dolor ajeno.







