martes, 20 de enero de 2026

18 enero 2026 Diario RED (opinión)

18 enero 2026 


Cuando las víctimas se convierten en razón de Estado

El periodista Àlex Romaguera desmonta en su último libro ‘Víctimas SA’ cómo el dolor ha sido jerarquizado, instrumentalizado y utilizado como arma política en la España postfranquista

Durante décadas, el relato oficial sobre el terrorismo en España ha sido presentado como un terreno moralmente incontestable. Un espacio blindado frente a la crítica, donde el dolor funcionaba como argumento definitivo y la víctima como figura sagrada. Pero ¿qué ocurre cuando ese dolor se jerarquiza, se administra y se instrumentaliza políticamente? ¿Qué pasa cuando el reconocimiento deja de ser un acto de justicia y se convierte en una herramienta de poder?

Estas son las preguntas que atraviesan ‘Víctimas SA’, el nuevo libro del periodista Àlex Romaguera, publicado por la editorial Txalaparta. Un ensayo incómodo, documentado y deliberadamente provocador que se adentra en uno de los terrenos más sensibles de la memoria democrática española: la construcción política del concepto de “víctima del terrorismo” y su uso como pilar de un relato de Estado.

Romaguera no cuestiona el sufrimiento ni la legitimidad del dolor. Lo que pone bajo la lupa es el marco que decide qué víctimas cuentan, cuáles quedan fuera y con qué objetivos. “En el Estado español, el reconocimiento a las víctimas del terrorismo ha seguido una lógica excluyente: no todas las muertes cuentan igual, ni todo dolor merece reparación”, sostiene el autor. “El sufrimiento ha sido jerarquizado, condicionado y utilizado según los intereses políticos en juego”.

El punto de partida del libro es claro: el reconocimiento institucional de las víctimas no ha sido neutral. Al contrario, ha servido para consolidar un relato hegemónico que legitima determinadas políticas, invisibiliza otras violencias y blinda una arquitectura de impunidad heredada de la Transición. De ahí el título. “‘Víctimas SA’ no es una provocación gratuita”, explica Romaguera. “Habla de cómo el dolor se ha convertido en un recurso político, gestionado, protegido y utilizado por el Estado y por determinadas organizaciones afines”.

El monopolio del dolor

Uno de los conceptos centrales del libro es el de “monopolio”. Romaguera analiza cómo determinadas asociaciones —con la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT) como actor principal— han pasado de desempeñar una función de acompañamiento y apoyo a convertirse en agentes políticos de primer orden. “La AVT acaba funcionando como un lobby”, afirma. “Un actor que presiona al poder político, judicial y mediático para imponer un único marco interpretativo del pasado”.

Ese marco, sostiene el autor, se articula sobre una idea clave: solo existe una violencia digna de memoria pública. Todo lo demás —la violencia de Estado, los GAL, la extrema derecha, los abusos policiales, el franquismo y la Transición— queda fuera del duelo legítimo. “Se construye un relato donde parece que solo ha habido una violencia y unas víctimas verdaderas”, explica. “El resto desaparecen del espacio público”.

El libro recorre cronológicamente este proceso desde los años ochenta hasta la actualidad, mostrando cómo ese monopolio se consolida a través de leyes, subvenciones, presencia mediática y pedagogía institucional. La Ley de Víctimas del Terrorismo de 1999 y su ampliación en 2011 son, para Romaguera, piezas clave de este engranaje. “La ley establece quién puede ser considerado víctima y quién no”, subraya. “Y deja fuera, de manera deliberada, a quienes sufrieron violencia por parte del propio Estado o de estructuras paraestatales”.

De la calle a los tribunales

Uno de los capítulos más reveladores de ‘Víctimas SA’ es el que analiza la transformación de determinadas asociaciones en arietes ideológicos. Romaguera documenta cómo, especialmente a partir de los años 2000, la AVT lidera una estrategia de confrontación permanente contra cualquier intento de diálogo, desescalada o revisión del pasado.

“Durante la presidencia de Francisco José Alcaraz se produce un giro radical”, recuerda el periodista. “La AVT pasa a encabezar movilizaciones masivas contra el Gobierno socialista, contra cualquier proceso de paz y contra avances en derechos civiles, alineándose con organizaciones como HazteOír o el Foro de la Familia”.

La ofensiva no se limita a la calle. El libro describe una intensa actividad judicial orientada a disciplinar el espacio cultural y político. “Hay abogados vinculados a estas asociaciones que se dedican a presentar querellas contra artistas, escritores o periodistas”, explica Romaguera. “No buscan ganar siempre, buscan generar miedo y marcar límites”.

La batalla por las aulas

Uno de los frentes menos visibles —pero más determinantes— que aborda el libro es el educativo. ‘Víctimas SA’ analiza cómo el relato hegemónico sobre el terrorismo y las víctimas se ha trasladado también a las aulas, mediante programas subvencionados, materiales didácticos y charlas institucionales dirigidas a estudiantes.

“En esos materiales solo aparece una violencia”, denuncia Romaguera. “No hay contexto, no hay pluralidad, no hay reflexión crítica”. El autor advierte de que esta pedagogía selectiva no busca comprender el pasado, sino fijar una memoria cerrada desde edades tempranas, inmunizada frente a cualquier cuestionamiento.

Lejos de fomentar una cultura de derechos humanos, sostiene, estos programas refuerzan una visión maniquea del conflicto político y social reciente, donde el Estado aparece siempre como sujeto neutral y determinadas violencias quedan directamente borradas del relato. “La memoria se convierte así en un instrumento de adoctrinamiento”, apunta el periodista, “no en una herramienta democrática”.

Puertas giratorias y alineamientos políticos

Uno de los aspectos más delicados del libro es el que aborda las conexiones entre asociaciones de víctimas y partidos políticos. Romaguera habla sin ambages de puertas giratorias. “Hay al menos quince personas que han pasado por juntas directivas o presidencias de la AVT y que luego han acabado en las filas del PP o de Vox”, afirma. “Eso no es una casualidad, es una estrategia”.

El ensayo documenta nombres, trayectorias y alineamientos, mostrando cómo el discurso victimista se integra de forma natural en la agenda de la derecha y la ultraderecha. “El concepto de víctima se convierte en un arma política”, sostiene Romaguera. “Sirve para deslegitimar al adversario, para criminalizar el disenso y para frenar cualquier intento de revisión histórica”.

El papel de determinados medios de comunicación y de la jerarquía eclesiástica completa el cuadro. “Existe una estructura de poder muy sólida”, señala el autor. “Medios, Iglesia, asociaciones y partidos operan de forma coordinada para sostener un mismo relato”.

Las otras víctimas

Frente a ese relato único, ‘Víctimas SA’ reivindica a quienes han sido sistemáticamente excluidos del duelo público. Víctimas de la violencia de Estado, de los GAL, de grupos de extrema derecha, de abusos policiales, del franquismo y de la Transición. “Todas han sufrido, pero no todas han sido reconocidas”, resume Romaguera.

El libro recoge datos, informes y marcos internacionales para cuestionar esa exclusión. “Según Naciones Unidas, todas las víctimas tienen derecho a la verdad, la justicia y la reparación”, recuerda el autor. “En España ese principio no se cumple”.

Romaguera señala las leyes vasca (2016) y navarra (2019) como excepciones parciales que abren grietas en el relato estatal, al reconocer a víctimas de violencias no encuadradas en el terrorismo clásico. Pero insiste en que el problema es estructural. “Mientras sigan vigentes la ley de amnistía del 77 y la ley de secretos oficiales del 68, habrá impunidad”, afirma. “Cincuenta años después de la muerte de Franco, el Estado sigue protegiendo un modelo de silencio”.

Una pregunta abierta

‘Víctimas SA’ no ofrece respuestas cómodas ni soluciones simples. Es, ante todo, una interpelación. Una invitación a revisar cómo se ha construido la memoria oficial y a preguntarse a quién sirve. “No se trata de restar dolor a nadie”, concluye Romaguera. “Se trata de entender que el sufrimiento no puede convertirse en una herramienta de poder”.

El libro deja al lector ante una pregunta incómoda: ¿qué democracia puede construirse sobre una memoria selectiva? Y quizá por eso incomoda tanto.

Opinión:

La información presentada es digna de estudio y de ser conocida, entre otras razones porque algunas víctimas del terrorismo llevamos desde hace más de dos décadas explicando la misma situación.

Me ha gustado leer en la información que la cuestión de la que habla el libro se inicia “a partir de los años 2000”… justamente lo que dije en noviembre de 2002 y que ya se comentó en este mismo blog en su momento. Me consta que algunos de los estudiantes de derecho, de ciencias de la información, sociología o psicología con los que tengo contactos y colaboro a menudo han consultado el libro y les ha aclarado muchas dudas.

Es seguro que habrá a quien no le guste lo que se explica pero en el libro se comentan momentos de lo que ha ocurrido en muchos casos durante los últimos casi 25 años. En cambio, otras víctimas (entre las que me incluyo) no hemos aceptado las ofertas y propuestas recibidas.

Es lo que hay.

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