30 marzo 2026
Sabino Ormazabal
Escritor y activista pro derechos humanos
“Aún queda camino para
una mayor autocrítica sincera por parte de todos”
En el trabajo ‘Críticas, autocríticas, gestos y puentes’, el autor
donostiarra repasa iniciativas en favor de la convivencia en el contexto de la
violencia en Euskadi
Sabino Ormazabal (Donostia, 1953) ha publicado, de la mano de la asociación Argituz, Críticas, autocríticas, gestos y puentes. En este libro
se recogen reacciones, comentarios y posicionamientos que, en el contexto de
violencia que se respiraba en Euskadi en la segunda mitad del siglo XX y
principios del XXI, priorizan el entendimiento y la empatía con el dolor ajeno.
Veterano activista por los derechos humanos, Ormazabal repasa muchos de los pasajes más duros de la historia de Euskal
Herria ocurridos desde 1961 hasta nuestros días, pero siempre remarcando
aquellos gestos que ayudan a "cerrar heridas" frente a los que
"ahondan aún más en la división", como se apunta en el prólogo. En
alguno de los sucesos relatados en este trabajo, concebido como un
"cuaderno" por completar, es protagonista el propio autor, encarcelado en el marco del sumario 18/98 y
absuelto posteriormente. El periodista y escritor donostiarra confía en
que la obra ayude a un examen introspectivo del lector, puesto que en relación
con la violencia "aún queda camino para una mayor autocrítica sincera por
parte de todos y todas".
¿Por qué decide escribir este cuaderno? ¿Y por qué ahora?
Durante años he ido recopilando numerosos hechos y
declaraciones, a modo de un compendio de apuntes muy diversos con un enfoque
plural, que en la Asociación de Derechos Humanos Argituz hemos considerado
oportuno sacarlos a la luz. Se trata de una aportación más, para contribuir a
hacer memoria y a reflexionar sobre el pasado de violencia vivido. Desde hace
catorce años estamos en esta actividad de una forma u otra. En la web de Argituz constan una veintena de informes
que hemos elaborado desde 2011.
Se ha escrito mucho sobre el conflicto vasco poniendo más énfasis en los
aspectos más trágicos y dolorosos. Usted, sin embargo, destaca las actitudes de
empatía en personas azotadas por la violencia. ¿Qué enseñanza pretende que se
extraiga de ello?
Me gustaría potenciar todo lo que sea positivo y ayude
a reconstruir la convivencia sobre bases más firmes. Es necesaria una mirada
amplia, panorámica en la que se abarque todo lo sucedido, desde todos los
lados. Por ello, es importante dar a conocer aquellas iniciativas y gestos que
hoy adquieren gran relevancia, quizá desconocidos u olvidados al quedarse
difuminados por la violencia, y que pueden servir como ejemplo de buenas
prácticas. Me gustaría construir y destacar lo que nos puede llevar a superar
situaciones destructivas. La violencia arrasa con todo lo que encuentra por
delante, es como el fuego: lo puede quemar todo hasta que no quede nada. Sin
embargo, antes de que eso ocurra es necesario detectar posiciones y actitudes
que rompan con las dinámicas de polarización.
En el prólogo dice, sobre las bases de la publicación: “El primer ladrillo
es la palabra. Nombra lo que ha sido el inicio del reconocimiento”. ¿Hay que
hablar más de todo lo que ocurrió en esa etapa de actividad de ETA?
Sí, claro. Es necesario hablar y escuchar con
generosidad. Hablar de todo y de todos. Desde los primeros años y de los
posteriores. Antes de pasar página, hay que leerla y asimilar su contenido.
Pero no solo en lo que respecta a ETA, sino también en lo que se refiere a
todas las expresiones de violencia, incluida la ejercida por el Estado Español,
como la guerra sucia, los GAL o la tortura persistente.
¿Es un trabajo pensado para que cada una
de las personas que ha vivido ese conflicto como ciudadano mire a su interior y
haga un examen crítico de las actitudes que mantuvo?
Puede ayudar a ello, sí. Y también para que quienes no
conocieron esa época puedan tener otra perspectiva de lo que pasó. Para que
nadie diga que no sabe de qué tiene que autocriticarse. Para que no se siga
repitiendo que toda la población vasca estaba “enferma”. Para escuchar y contar
la aportación positiva que está haciendo un número destacado de víctimas…Y no
en una única dirección. Es una tarea que nos interpela tanto a nivel personal
como colectivo. Cada cual tiene su propia lectura en relación con determinados
hechos violentos que guarda en sus recuerdos, pero pienso que aún queda camino
para una mayor autocrítica sincera por parte de todas y todos. Es nuestra
aportación.
Va más allá y hace una invitación explicita al lector a hacer sus
aportaciones desde sus respectivas experiencias. ¿Habrá alguna reedición con
esas aportaciones?
Ya hemos recibido algunas aportaciones, casi todas
ellas muy interesantes. Estaría bien que alguien cogiera el testigo, sería
enriquecedor. Buscaremos la forma más adecuada para ello.
En el trabajo se refleja que la
percepción sobre el uso de la violencia no ha sido algo inalterable en el
tiempo, sino que ha ido fluctuando, tanto a nivel individual como en colectivos
como partidos políticos, con el paso del tiempo y las circunstancias. ¿Hay que
verlo como algo entendible?
Efectivamente, se puede decir que no ha existido una
percepción unívoca según los distintos periodos y en función de las diferentes
coyunturas políticas que se vivían. Más que entendible, se diría que la
experiencia vital de haber sufrido una dictadura, individual y colectivamente,
ha influido en cómo se percibía el uso de la violencia en un inicio. En
cualquier caso, hay que subrayar que la cultura de los derechos humanos ha ido
permeando en la sociedad vasca paulatinamente hasta llegar al rechazo de toda
violencia, sea del signo que sea. Por eso, yo diría que no sólo es entendible.
Es la evolución la que mejora la situación. El contexto cambia y hay que verlo
también desde la condición humana y desde el pensamiento crítico en una
sociedad que va evolucionando. Sin haber alcanzado -ni mucho menos- la
perfección, ya quisieran en otros rincones del mundo haber podido progresar en
la resolución de graves violaciones de derechos humanos como aquí. En varios
municipios se lleva años trabajando en el entendimiento y en la convivencia, a
través de foros de diálogo, que en algunos casos han conseguido cambiar
dinámicas entre personas y familias que no se hablaban y han facilitado
espacios para que las víctimas pudieran ser escuchadas por sus vecinas y
vecinos. Dicho lo cual, hay que recalcar que aquí, repito, queda aún mucho por
hacer.
Como apunta una frase que recoge de Teo Uriarte, exmiembro de ETA en el
franquismo y después militante socialista, “analizar las razones desde el
prisma actual no ayuda a la historia”.
Aunque no sea una práctica habitual, para analizar
hechos violentos del pasado más lejano es conveniente conocer sus
circunstancias y situarlos en sus contextos correspondientes. No para
justificarlos, ni mucho menos, pero sí para tratar de comprenderlos y poder así
extraer enseñanzas para el presente.
El perdón es una palabra y un concepto
que aparece constantemente en el recorrido histórico que hace desde 1961, tanto
ofrecido por las víctimas hacia los victimarios como demandado en el otro
sentido. ¿Hace falta, aún hoy en día, que se exprese más este perdón?
Sí, yo también distinguiría el perdón como
idea/actitud perteneciente al ámbito de lo personal pero nunca exigible en
términos de la aplicación del derecho. El perdón es algo personal y subjetivo.
Como tal, sin duda ayuda en el marco restaurativo, pero no se puede exigir como
ingrediente en derecho. En derecho, además, es difícil de definir. ¿Cuál es la
definición jurídica exacta de perdón? También pueden darse otras formas de
mostrar empatía, comprensión, proximidad o solidaridad ante el dolor.
Expresiones como “esto que te sucedió nunca debería haber ocurrido” o
similares, a veces pueden transmitir humanidad y sinceridad, incluso más que
con la palabra perdón.
Entre los muchos testimonios recogidos, ¿hay alguno que le toque
especialmente la fibra o que crea que exprese de forma más genuina la apuesta
por la convivencia?
No está en mis apuntes, pero lo primero que me ha
venido a la cabeza y me ha tocado la fibra enormemente, fue el último encuentro
al que he asistido hace pocos días, titulado “Demos voz a los silencios”. Fue
algo más que una charla coloquio, en la que participaron el exguardia civil
José Aguilar (que quedó sin una pierna y malherida la otra, por una bomba de
ETA en Altsasu; tenía 26 años y se casaba a las dos semanas) y Urko Amas (de 22
años entonces, que narró haber sido torturado salvajemente durante su detención
por la Guardia Civil en Donostia, y después quedó en libertad sin cargos). Es
difícil clasificar el ambiente que se creó en el intercambio generado entre los
ponentes y la audiencia. Abrazos por todas partes.
En el cuaderno también se apunta cómo usted mismo fue detenido y después
encarcelado dentro del sumario 18/98 unos días después de firmar un documento
pidiendo a ETA una tregua duradera. ¿Aquella experiencia le reforzó en su
visión de priorizar el tender puentes a cavar trincheras?
No fue la única vez. En 1991 me publicaron un artículo
crítico en Egin sobre un atentado de ETA en Madrid que dejó malheridas a Irene
Villa, de 12 años, y a su madre. De camino al colegio, una bomba explotó
dejándole sin dos piernas y tres dedos de una mano a Irene, mientras su madre
perdió un brazo y una pierna. Al parecer, el objetivo del atentado era un
inspector de policía relacionado sentimentalmente con la madre. Se produjo un
intenso debate en el periódico. Respecto a la pregunta con interrogación, me
llevaría mucho más tiempo contestarla. El juez Garzón, el que no mira a
los ojos, nos metió en ETA (rama Desobediencia
Civil), que no existía, a todo el patronato de la Fundación Joxemi
Zumalabe. Pasados 10 años, el Tribunal Supremo nos dejó libres. Lo que
promueven es una actitud que no está sometida a la organización terrorista,
se leía en Deia del 29 de noviembre de 2009. Nadie nos pidió perdón. De todas
formas, los puentes no faltaron antes y después.
Precisamente, también se pone en valor el papel de estos manifiestos y,
sobre todo, de grupos como Gesto por la Paz, Elkarri, Eraikiz, Ahotsak…
La aportación de estos grupos, junto a la de otras
varias iniciativas, ha sido sustancial en el largo camino recorrido por la
sociedad vasca en la búsqueda de una solución pacífica y dialogada, para acabar
con las expresiones de violencia de todo signo que hemos sufrido durante
décadas. Dicho de otro modo, son una muestra de que en el seno de la sociedad
vasca y desde hace décadas han existido miradas críticas frente a la violencia.
Estas iniciativas venían expresándose de formas muy diversas, al tiempo que
ansiaban un futuro de convivencia desde el respeto a los derechos humanos.
¿Este trabajo le ha interpelado también
a usted? ¿Le ha hecho plantearse más profundamente actitudes, posicionamientos
pasados en diferentes épocas?
En más de una ocasión me ha trasladado al recuerdo y a
la reflexión sobre determinados actos de violencia de distinto signo, a veces
muy próximos y que me han dejado una huella imborrable (Mikel Salegi, Gladys
del Estal, Inaxio Uría, Isaías Carrasco...). En cualquier caso, este trabajo me
ha ayudado a ratificar, más si cabe, mi creencia en la defensa de los derechos
humanos para todas las personas y en un sentido integral, así como en la
resolución de los conflictos a través del diálogo.
Opinión:
Para
empezar, agradecer que Sabino Ormazabal haya recordado el ejemplo que mi AMIGO
José Aguilar está mostrando en sus intervenciones. Aprovecho a explicar que
José Aguilar fue el delegado en Navarra de la ANTIGUA AVT en la misma época
(1990 hasta 2003 aprox) en que yo lo fui en Catalunya, por lo que juntos
tuvimos que soportar la presión (junto al resto de compañeros de la ANTUGUA
AVT) en los años en los que no solo la banda terrorista RETA sino otras muchas
siglas atentaban constantemente.
Por
ello, cuando escucho o leo a ciertos reciñen llegados que ni estaban ni se les
esperaba en aquellos años tan complicados opinando AHORA sobre lo que está
ocurriendo, sobre quien dicen que pacta o deja de pactar, sobre cual debe ser
la actitud de “LAS” víctimas de ETA y tantas otras opiniones que venden como
comunes pero que son privadas… solo me pregunto
qué habrían hecho si hubieran vivido los momentos y las experiencias que otros
sí vivimos, repito, cuando la banda terrorista ETA (y otras) destrozaban familias
cada día.
Hablar
desde octubre de 2011 es muy fácil para la inmensa mayoría delos que ahora se
creen que sientan cátedra pero que no pisaron jamás un hospital, ni un
cementerio ni tan siquiera un ambulatorio… sin hablar de los que se inventan
haber hecho muchas cosas que solo han visto cuando las han leído o escuchado
por sus verdaderos protagonistas.
Estoy
convencido que llegará un día en el que alguien se atreverá a explicar y a dar
a conocer se conocerán esas experiencias y las razones por las que la banda
terrorista ETA abandonó su historia criminal. Y de paso quedará meridianamente
claro que no será por lo que cuentan algunos personajes…

No hay comentarios:
Publicar un comentario