22 noviembre 2021
“Da miedo cuando tienes que investigar los crímenes del
poder”
Su relación de amor con el periodismo empezó a finales de
los años 70 en la redacción de ABC y
está camino de ser eterna. Aunque no haya estado exenta de sórdidas y abruptas
rupturas, la vida profesional de Pedro J. Ramírez, actual director de El Español, ha evolucionado al alimón de la incipiente
democracia que se encontró cuando llegó a la redacción tras un período
iniciático en Estados Unidos. Allí coincidió en The
Washington Post con
Benjamin Bradlee en pleno Watergate. A él tomó como referente en
la profesión y de él imitó también sus tan característicos tirantes.
Pedro J. sella este idilio de más de 40 años con una «larga
carta de amor al periodismo» en forma de memorias en Palabra
de director (Planeta),
un extenso volumen en el que saca pecho de momentos históricos de su vida
profesional como fueron destapar la guerra sucia del Gobierno de Felipe
González contra ETA, la entrevista que hizo a Luis Roldán en París mientras
medio mundo le buscaba o la cobertura del juicio del 23-F, pero en el que
tampoco escatima los peores momentos de su carrera. Por supuesto, reconoce que
uno de ellos fue en 1997, cuando fue «víctima de aquel infame montaje del
vídeo». Asevera que lo pasó «extraordinariamente mal hasta el día en que
descubrimos lo que había ocurrido» y que supuso «una auténtica felicidad»
destapar que detrás de la autoría estaba el entorno de Felipe González y los
que montaron el GAL.
Lo cierto es que nunca se había propuesto escribir sus
memorias. El plan era prologar una antología de artículos, pero llegó la
pandemia y el encierro hizo el resto. 'Oye Pedro J. por qué no amplías un poco
parte de tus recuerdos', le dijo su editor. Y el encierro hizo el resto. Más de
600 páginas que abarcan hasta el año 2006, donde deja el hueco para la guinda
del pastel, que será un segundo tomo.
¿Amenaza entonces con segunda parte?
«Desde luego hay que contar muchas cosas desde 2006 hasta
aquí… Evidentemente contaré con todo detalle lo que pasó en mi destitución del
diario El Mundo».
Jamás pensó Pedro J., director por vocación, que acabaría
saliendo del periódico que él mismo fundó. Tampoco tuvo dudas de que su futuro
inmediato tras aquello sería montar uno nuevo. Lo sabía desde el principio: «O
director o nada».
«Nunca me han atraído las labores de los redactores jefe o
los jefes de sección a los que admiro muchísimo. Son imprescindibles y
quien tiene un buen director adjunto llevando la maquinaria del periódico
tiene un tesoro, pero yo prefería ser un lobo solitario que pudiera desarrollar su obra como
escritor, como narrador. O césar o nada». Y lo consiguió. César antes de los 30 en Diario
16 y hasta
hoy.
Su vida profesional ha estado marcada por las exclusivas.
Apunta que «sobre todo tienen que ser relevantes y su conocimiento mejorar a la
sociedad, que les proporcione elementos de juicio sobre asuntos que le
competen. Creo que junto a esa labor de descubrir lo que está escondido también
hay una labor muy importante que es explicar lo que resulta confuso y
complicado».
Pero descubrir la verdad tiene un alto precio. Hoy luce
hasta con orgullo la primera amenaza que le llegó de ETA. No fue la única. «La
última amenaza de muerte me llegó hace unos días...», relativiza.
¿Cuándo ha sentido miedo?
«Hay veces que, desde luego tienes miedo físico, pero sobre
todo da miedo ver cómo se desarrollan tramas delictivas en el poder en pleno
sistema democrático, como lo que ocurrió con los GAL durante el felipismo y los
escándalos financieros como Filesa y, luego, la Gürtel con el PP. Da miedo cuando no
tienes que valorar los aciertos o los errores del poder, sino investigar sus
crímenes», cuenta. La investigación del GAL le acompaña siempre en el discurso.
Fue uno de los grandes momentos de su carrera.
Adalid de la prudencia que cuenta aprendió de Bradlee,
asegura que entiende la verdad como «poliédrica» y que en su búsqueda hay que
escudriñar entre los asuntos nimios «hasta llegar a los grandes asuntos que a
lo mejor tardas años en desenredar». De nuevo apela al caso de los GAL. «Desde
que nosotros publicamos los hechos en el año 83 hasta la confesión de Amedo y
la condena a Vera y Barrionuevo transcurrieron 15 años. ¿Estuvimos
estirando la Historia?
Yo creo que no. Lo que no logramos es descubrir antes la verdad».
¿Tampoco hizo su gran carnaval con el 11-M?
«Yo creo que hasta que no se conozcan muchas cosas de las
que hoy aún no sabemos el 11-M será una asignatura pendiente del periodismo de
investigación. Algún día se desclasificarán documentos, se abrirán archivos
particulares y oficiales y tal vez allí encontremos alguna de las claves. Al
final del siglo XXI, estos atentados habrán sido uno de los acontecimiento de
la centuria y nos seguiremos preguntando quién lo hizo, cómo, por qué y
para qué. Si encontrara una nueva pista seguiría tirando de ese hilo. Nadie
sabe quién puso las bombas de los trenes. El único condenado por ello, Jamal
Zougam, yo creo que es inocente».
¿Alguna vez ha dejado de contar una historia en la
que confiaba?
«Nunca me he guardado información para convertirla en
materia de trueque. Lo que es cierto es que solo puedes contar aquello de lo
que estás convencido que es verdad y muchas veces, aunque tengas la certeza, si
no tienes las pruebas, lo prudente es no publicar».
Y es que muchas veces, la realidad sí que arruina un buen
titular...
Pedro J. confía hoy en día en la prensa como contrapoder y
aunque consciente de que el modelo tradicional de negocio está hundido, «se
está reconstruyendo a través de los medios nativos. Hay renovación y un nuevo
horizonte». Además ve buena cantera y jóvenes profesionales dispuestos a
partirse la cara por publicar una buena historia. «El periodismo requiere un
componente vocacional muy fuerte y veo esa disposición, esa luz, en muchos
jóvenes».
El director tiene palabras especiales para el recuerdo
de Julio Fuentes, José Luis López de Lacalle y Julio Anguita Parrado. Los tres
perdieron la vida bajo su dirección. «No dejas de ser tú el que ha puesto en
marcha el mecanismo por el que ellos han muerto», reconoce con cierta tristeza.
La memoria de Pedro J. recorre no solo la herencia
periodística que dejará sino la relación que ha tenido con el poder y los
poderosos.
¿Cuánto poder real ha tenido usted sobre los
presidentes?
«Yo creo no he tenido poder, he tenido influencia. Se hacen
encuestas de vez en cuando sobre las personas más influyentes...».
Ya, pero no me interesan las encuestas, me interesa
cuánto poder o cuánta influencia real ha tenido en los presidentes, cuándo su
opinión ha sido determinante.
«Bueno, hay presidentes que escuchan más que otros. Por
ejemplo, Sánchez es una persona que escucha, pero su margen de maniobra es muy
limitado. A Rajoy todo le entraba por un oído y le salía por el otro. La
relación con González se complicó muchísimo cuando vio que nosotros no íbamos a
transigir con la guerra sucia y Aznar parecía muy hermético, pero te tenía muy
en cuenta. Con el que era una gozada era con Zapatero porque no solo te tenía
en cuenta sino que, a menudo, hasta te daba la razón habiendo partido de una
opinión distinta».
De hecho, sorprende la relación que tuvo con
Rodríguez Zapatero.
«Sobre todo, nos hicimos más amigos cuando dejó de ser
presidente. Él tomó la iniciativa de empezar una relación personal cuando fue
elegido secretario general del PSOE a través de un amigo común. Y me dijo que
quería que tendría que ser discreta porque González todavía mandaba mucho en el
PSOE y él no quería heredar sus enemigos. Me pareció desde el principio un
hombre con una visión de España que no era la mía, pero con unas virtudes muy
poco comunes en la vida pública. Fundamentalmente su capacidad de escuchar y
dialogar y de aceptar integrar en su propio criterio el de los demás. En
conjunto, creo que no ha sido el mejor presidente de este país porque cometió
unas equivocaciones importantes, pero sí creo que ha sido el mejor ser humano
que ha pasado por la Moncloa».
Con Aznar tuvo una relación personal también, pero
de choque.
«Sí y creo que si hay un periodista que conoce la
psique de Aznar, ese soy yo. Su personalidad ha evolucionado muchísimo y ahora
es un hombre encantador, brillante y aficionado a la conversación, pero cuando
era presidente y cuando estaba en la oposición era un jeroglífico dentro de un
enigma encerrado en un misterio. Era muy reservado, pero aún con errores
monumentales, como fue la guerra de Irak, ha sido el mejor presidente de
la democracia. Especialmente en la primera legislatura».
Con Mariano Rajoy, sin embargo, nunca comulgó.
Casi no sale en este libro.
Pero no significa que no exista.
Yo creo que Rajoy, con las oportunidades de las que
dispuso, ha sido el peor presidente de la democracia. Un hombre que no supo qué
hacer con la mayoría absoluta, un hombre que gobernó con una indolencia indigna
del cargo que ocupó.
¿Esto lo hubiera opinado también si la publicación
de los papeles de Bárcenas en El Mundo no hubiera acabado con su
destitución, favorecida por el propio Rajoy?
«Bueno, yo ya lo venía diciendo en mis artículos. Le
bauticé como el estafermo».
El periodista apunta: «Casi no recuerdo ninguna época sin
corrupción, pero insisto. Ni en tiempos de Aznar, ni en tiempos de Zapatero,
ni, que se sepa, en tiempos de Sánchez, estamos ante indicios sólidos de que se
estén cometiendo delitos desde el Gobierno o el partido en el poder. Se estarán
cometiendo disparates o barbaridades políticas, pero vulnerando la ley de
manera deliberada, consciente, o criminal solo lo he visto en los gobiernos de
Felipe González y de Mariano Rajoy».
El actual director de El Español tiene claro que el ejercicio de
la profesión conlleva dejar enemigos por el camino, aunque asegura que él no se
siente «enemigo de nadie, aunque soy consciente de que algunos se sienten
enemigos míos. Lo veo con absoluta serenidad. Es normal».
En la actualidad, reconoce que su relación con el inquilino
de La Moncloa
es «una relación fluida, con unas personas más que con otras, y bueno... Cada
presidente tiene su estilo. He tenido menos conversaciones a solas con Pedro
Sánchez, pero las suficientes para tener un criterio formado de sus propósitos
para España».
«Sánchez es un acróbata sobre el alambre y no sabemos de
qué lado caerá, pero llegar hasta el otro extremo parece una misión imposible.
Es un superviviente que está lastrado por sus alianzas. ¿Que dónde está
el otro extremo del alambre? Él quiere tener opciones para la reelección y
busca gobernar más tiempo».
Pese a su intrínseca unión a la política, Pedro J.
asevera que nunca ha estado tentado a dar el salto al otro lado. Adolfo Suárez
le decía: 'Cuando vuelva, tú te vienes conmigo porque tienes vocación política
aunque no lo reconoces'. «Yo le decía que si volvía al ruedo podría contar
conmigo... pero esto fue en el ocaso de su vida», explica. «Al principio,
cuando se estaba organizando UCD mis amigos Joaquín Garrigues y Paco Fernández
Ordóñez me hablaban de forma parte, pero yo siempre he querido ser periodista
por encima de todo», zanja.
Y de la
Moncloa a la
Zarzuela, asegura que nunca ha sido una persona
cortesana y no oculta su decepción con Don Juan Carlos: «Cuando empecé a
conocer determinadas cosas, ya en los años 90, llegó la sospecha, luego la
decepción y finalmente la certeza de que había abusado de manera indigna de la
confianza que le habíamos dado los españoles».
Opinión:
Lo
de este periodista es de traca. Sinceramente, cuando aparece su nombre no
espero nada bueno y cuando dice que investigar los crímenes del poder de miedo
me vienen a la mente una serie de temas a los que, desgraciadamente, no le ha
dado miedo investigar.
Por
si el señor P.J. Ramírez lee esta humilde blog o alguien le pasa un resumen de
prensa (ahora le llaman clipping, le dejo una breve relación:
Una.
La asociación a la que machacó día sí y día también con los de “el 11-M ha sido
ETA”, la Asociación 11-M
Afectados por Terrorismo, está a punto de cerrar sus puertas por unos sellos no
registrados en 2012… ¿qué, se pondrá a investigar las razones que pueden estar
detrás de esta animalada? ¿Quiere datos?
Dos.
No le he escuchado ni le he leído una sola palabra sobre la NO creación de una Comisión de
Investigación por los atentados de agosto de 2017 en Catalunya. ¿Qué, se pondrá
a informar y a buscar “la verdad” en todo lo ocurrido?
Tres.
¿Se atreverá a saber cuál es el trabajo que cada entidad realiza en lo que se
denomina “asistencia a las víctimas del terrorismo?
Cuatro.
¿Recordamos aquella portada de un sábado en la que se podía leer que se iban a
abrir los nichos de víctimas del 11-M para buscar restos de explosivos? ¿En qué
quedó todo aquello? ¿Supo el daño que aquella mierda de portada causó en tantas
y tantas víctimas de aquellos salvajes atentados YIHADISTAS?
Tengo
mas preguntas pero creo que con estas ya es suficiente… al menos de momento
Bueno,
no. Una mas.
Cinco.
¿Se atreverá a investigar el trato recibido por las víctimas de los atentados
de agosto de 2017 y la relación con las palabras del entonces Ministro
Margallo? Algunos todavía recordamos aquello de que algo pasaría en Cataluña en
agosto o aquello de que un atentado se supera pero el desmembramiento de España
no…