23 marzo 2021 (21.03.21)
Manuel Avilés: "ETA no existe, se ha disuelto, por lo
que no hay razón alguna para mantener la dispersión de presos"
Manuel Avilés
(Granada, 1955) ejerció como funcionario de Instituciones Penitenciarias, fue
subdirector del Centro de Fontcalent en Alicante y dirigió la cárcel de
Nanclares cuando se germinó la disidencia de los presos de ETA ante la
dirección de la banda, un primer paso que abrió la senda de la denominada 'vía
Nanclares'
Manuel Avilés,
funcionario jubilado de Prisiones y exdirector de Nanclares, ha publicado el
libro De Prisiones, putas y pistolas, en el
que explica cuál fue el germen de la vía Nanclares. Avilés, como él mismo
señala, fue uno de los más ardientes defensores de la política de dispersión de
los presos de ETA. Afirma que, al tener a todos los reclusos en solo dos o tres
cárceles, la organización controlaba a sus presos. Por eso, su postura fue
inequívoca en favor de la dispersión. Posteriormente, también se mostró
partidario de la vía Nanclares y, de hecho, dirigía la prisión alavesa
cuando los presos Jon Urrutia e Isidro Etxabe decidieron romper con la
dirección de la banda.
Ahora, con ETA disuelta, cree
hay que apostar fuerte por el acercamiento de los presos. Desde
su experiencia, ¿cuál era la situación de las cárceles en la década de los 80,
90 y a primeros de siglo XXI?
–Era
muy duro, muy duro. Cuando yo entré a trabajar como funcionario, se puede decir
que eran mazmorras medievales que, menos mal, cuarenta años después, cuando me
jubilé, habían cambiado por completo. La cárcel lleva una pena añadida, de no
poder hacer lo que quieres, tener que convivir con gente con la que no tienes
nada en común y la pena del aburrimiento. Se vive en primera persona la frase
de Jean Paul Sartre: el infierno son los otros.
Usted
dice en el libro que la prensa de derechas decía que los miembros de ETA
celebraban los atentados con champán y langostinos, pero que nunca lo ha visto.
–Absolutamente.
En esa época, la prensa más de derechas hablaba de eso, de champán y
langostinos, pero yo jamás he visto nada de eso. Yo me movía por toda la
prisión de Nanclares porque me gustaba mantener contacto con los presos, y
cuando había atentados imperaba una actitud de silencio y de cabeza gacha. Una
vez, discutiendo con quien ejercía de portavoz de ellos, me dijo que no estaban
de acuerdo con muchos de los atentados y yo le dije que no estaría mal que lo
hicieran público para que la gente lo supiera. No era un bloque monolítico como
quería vender ETA.
En
1987 sucedió el atentado de Hipercor, pero fueron dos atentados, la mutilación
de la adolescente Irene Villa y el asesinato de Fabio Moreno los que acabaron
por tener consecuencias entre los presos de ETA.
–El
clic que hizo saltar todo fueron estos dos atentados, el asesinato de Fabio
Moreno, un niño de apenas dos años, y el atentado contra Irene Villa. El
asesinato de Fabio me tocó mucho anímicamente, porque yo tenía gemelos (en el
atentado, salió ileso Alex Moreno, gemelo de Fabio).
Y
dos presos dieron el salto, Jon Urrutia e Isidro Etxabe. Ambos fueron los
primeros en criticar atentados de ETA y ahí se inició lo que se denominó vía
Nanclares.
–Yo
siempre lo he dicho y he dejado escrito. Decimos que Arnaldo Otegi es un hombre
de paz; Txomin Iturbe cuando hablaba en Argel era un hombre de paz; Antton
Etxebeste era hombre de paz; Ternera o Mikel Albisu cuando hablaban con el
Gobierno español eran hombres de paz. Si decimos todo eso, ¿por qué no decimos
que Jon Urrutia e Isidro Etxabe eran hombres de paz? Fueron los primeros que alzaron
la voz ante una organización dictatorial contra sus propios miembros. Hicieron
un ejercicio de libertad en unas condiciones muy duras.
Así
dio comienzo la denominada vía
Nanclares. ¿Qué supuso esta vía para el final de ETA, aunque hubo que esperar casi
dos décadas?
–Sin
ningún género de dudas, la víaNanclares fue clave para el final de la banda. La vía Nanclares tuvo un genio que la hizo posible,
Antonio Asunción. Es el que la inventó y yo fui uno de los que la empezó. Yo
era un funcionario vulgar y corriente, pero quien inventó, diseñó y puso en
funcionamiento la vía Nanclares fue Antonio Asunción Hernández y fue
uno de los elementos esenciales para romper el bloqueo que ejercía ETA y
permitir que sus militantes pudieran pensar.
Siempre
se ha hablado del frente
de makos de
ETA. ¿Qué fuerza representaba dentro de la organización?
–El
denominado frente de makos era muy duro porque, cuando todos los
presos de ETA estaban congregados en tres o cuatro cárceles, la organización lo
tenía muy fácil para controlarlos porque enviaba a sus emisarios y los tres o
cuatro comisarios políticos que había dentro les explicaban cómo estaban los
presos, quiénes daban señales de debilidad o quiénes discrepaban. Cuando se
inventó la dispersión, se dificultó esta tarea.
Si
se considera que la vía
Nanclares tuvo
un papel fundamental para acabar con ETA, ¿por qué el PP la cercenó?
–Porque
el PP fue muy miope, al igual que es muy miope ahora. Hablo con la libertad que
he hablado siempre. Ahora la derecha, con el PP a la cabeza, dice que se están
concediendo beneficios penitenciarios a los etarras, y eso es mentira. Que diga
el PP dónde figura como beneficio penitenciario que se traslade a un penado que
está en Badajoz a Burgos, o que lo trasladen a Álava. La dispersión, y habla
uno que la ejecutó desde el día 1, se ideó como arma para luchar contra ETA.
Pero ETA ya no existe, se ha disuelto, por lo que no hay razón alguna para
mantener la dispersión de los presos. Solo se trata de añadir sufrimiento al
cumplimiento de la condena, lo que va en contra de la ley penitenciaria y de la
propia Constitución.
Usted
habla de lo duro que es estar preso. Imagino que será igual de duro estar en
Salto del Negro en Canarias o en Zaballa. Los barrotes serán iguales.
–Como
he dicho antes, la cárcel es muy dura. A quienes dicen que los presos están en
hoteles de cinco estrellas les diría que se vayan un par de meses a la cárcel a
ver si están tan bien. Y dentro de la cárcel hay que soportar cosas muy duras y
compañeros tocados de la cabeza, ya que hay un alto porcentaje de enfermos
psiquiátricos. Así que no se puede hablar de la cárcel como un balneario.
Ha
pasado casi una década desde el final de la actividad de ETA y tres años desde
su disolución. Ahora los presos aceptan la legalidad vigente e inician vías
personales a la reinserción. ¿Muchos años perdidos?
–Eso
me lo han reconocido a mí decenas y decenas de penados de ETA. La memoria me
funciona de manera impecable y podría decir de uno que en una cárcel alejada
del País Vasco me dijo: "yo lo dejaría, pero tantos años luchando para
nada...". Y yo les decía que estamos en Europa y podemos viajar de un
sitio a otro del continente sin que nos pare nadie. Y les preguntaba en esa
realidad supranacional, y hablo de la década de los 90: ¿Tiene cabida un
movimiento que defienda sus postulados a golpe de metralleta y bombas lapa? Les
decía que no tenía sentido y poco a poco ETA se ha disuelto.
¿Estamos
ya en otra dimensión? ¿Hay que mirar hacia adelante?
–Lo
que no puede ser es que habiéndole dicho a ETA que defienda sus postulados sin
violencia, a través de la palabra y la política, ahora cuando hay grupos
parlamentarios a los que les llaman herederos de ETA queramos que se vayan. No,
hombre, no. Bildu tiene derecho a estar en el Parlamento y exponer sus postulados
y explicar lo que quiere. Eso sí, siempre que no haya tiros.
Sin
embargo, algunos colectivos de víctimas han puesto el grito en el cielo por el
acercamiento de presos y por, a su juicio, el protagonismo político de EH
Bildu.
–Yo
entiendo el dolor de la gente, más cuando he sido también un perjudicado, ya
que me quitaron de un sitio donde estaba muy a gusto y tuve que ir con escolta
mucho tiempo. Uno de mis últimos actos en el País Vasco fue en la puerta de
Martutene portando una pancarta pidiendo la libertad de Ortega Lara. Éramos
cuatro: Consuelo Ordóñez; su cuñada y esposa de Gregorio Ordóñez, Ana Iribar;
Juan Mari Jauregi, que luego fue asesinado por ETA; y yo. Esta situación ha
acabado y solo pido que se cumpla la ley. Si un señor, con la ley en la mano,
está condenado a 30 años y lleva 18 en la cárcel y es de una organización que
ha desaparecido y no presenta visos de volver a delinquir, lo primero será
llevarle a un sitio cerca de su entorno y luego que pueda salir en libertad
condicional al cumplir las tres cuartas partes de la condena. Solo se trata de
cumplir la ley, no se trata de pedir ninguna amnistía que, además, es algo
ilegal.
"Jon
Urrutia e Isidro Etxabe son hombres de paz, fueron los primeros en alzar la voz
ante una organización dictatorial con sus propios miembros"
"Ahora
la derecha, con el Partido Popular a la cabeza, asegura que se están
concediendo beneficios a los presos etarras y eso es mentira"
"En
la situación actual la dispersión solo sirve para añadir sufrimiento al cumplimiento
de la condena, lo que va en contra de la ley penitenciaria"
"La
prensa de derechas decía que los presos celebraban con champán y langostinos
los atentados, pero yo veía cabezas gachas y silencio"
Opinión:
Pues absolutamente de
acuerdo en todo lo que dice el señor Manuel Avilés. Ahora que vengan los de
siempre a desmentir lo que dice el señor Aviles.
E intentaré adquirir
el libro con el que aparece en la fotografía con el título “De prisiones, putas
y pistolas”… la portada ya promete…