jueves, 12 de marzo de 2026

11 marzo 2026 (2) Publico (opinión)

11 marzo 2026 



No a la guerra. Y el trío del 11-M

Víctor Sampedro

José María Aznar es el único dirigente del "Trío de las Azores" que no se ha retractado de las mentiras con las que nos llevó a la Guerra de Irak. De hecho, aquel conflicto respondía a los planes colonialistas que ahora pretenden culminarse con la Guerra contra Irán. La excusa bélica para masacrar Irak era la existencia de armas de destrucción masiva. No las había. Ahora se esgrime el plan atómico iraní que el propio Trump presumía de haber paralizado este verano pasado.

Tony Blair y George W. Bush se excusaron de las mentiras que vertieron sobre la capacidad militar de Sadam Hussein. Los dos se parapetaron en supuestos errores cometidos por los servicios de inteligencia. José María Aznar, en cambio, se ha negado a disculparse de haber apoyado aquella guerra. En su opinión, colocó a España entre las naciones que determinaban la geoestrategia mundial. Bien se ve ahora que llevaba razón y en la dirección que señalaba.

Lo que la Guerra de Irak reportó a Aznar y a su familia está por determinar. Lo patente es que entraron en los círculos de la elite mediática y financiera internacional. Es decir, los que hacen las guerras y sacan tajada de ellas. 23 años después se ha crecido. Y son capaces de presentar un genocidio sine die como una guerra defensiva.

El holocausto en curso ya no es contra los gazatíes, sino contra todo aquel que desafíe el orden imperial. Y no aplauda la macroperación inmobiliaria que hará de Gaza un resort turístico. Y la guerra de liberación que convertirá a Irán en una democracia laica y vibrante.

En un lapsus reciente (2022), George W. Bush se deslizó calificando la invasión de Irak como "totalmente injustificada y brutal". José Manuel Durão Barroso (primer ministro portugués, anfitrión en las Azores) declaró que se sintió "engañado" por los documentos que le enseñaron Bush, Blair y Aznar durante la cumbre. Todos, menos el último, buscaron excusas para sus mentiras.

La (ultra)derecha sin complejos que representa Aznar no necesita explicarse ni justificarse. Es lo que tiene un supremacista, que se cree Dios. El sistema político-mediático sigue sin exigirle a Aznar y a sus conmilitones una mínima rendición de cuentas. Tampoco se le pregunta ahora sobre la contrapartida a cambio de los regalos y viajes que le hizo Epstein.

Aznar marca desde hace casi 25 años la línea política de una (ultra)derecha que miente con impunidad. Más aún, presume de valiente. Es lo que tienen los matones. Que si nadie les para los pies revictimizarán a las víctimas sobre las que desarrolla su necropolítica. Desgobiernan privando a algunos de nuestros vecinos y seres más queridos del derecho a tener derechos. Hablo, por ejemplo, de migrantes, familiares LGTBIQ+ y de abuelos en las residencias. Dicen que son delincuentes y violadores, pederastas lujuriosos o que… "de todas formas iban a morir". Reparen, por favor, que esas expresiones definen muy bien a quienes figuran en la lista de Epstein.

Desgobiernan sin reconocer los derechos humanos; siquiera el primero, el derecho a la vida. No es una crítica. Lo afirma el documento en el que el trumpismo se define a sí mismo. Habla, textualmente, de "derechos naturales otorgados por Dios." La ley natural y divina. Sí, han leído bien. Cito a la Casa Blanca. Quizás ahora se entienda que la Guerra de Irán es un choque entre fundamentalismos religiosos. Y de ningún modo una guerra humanitaria.

La (ultra)derecha supremacista considera que hay humanos "desechables". Hacen caja. Y no paran. Y yo no pensaba publicar nada sobre el 11-M en este 22 "aniversario". Hace dos hice lo que estaba en mi mano para erradicar los bulos que el gobierno de Aznar sembró sobre la participación de ETA en los atentados yihadistas del 11 de marzo de 2004. Reuní testimonios de víctimas, policías y directores de medios de comunicación con ideologías muy opuestas.

Todos coincidían en denunciar las mentiras y las insidias de quienes siguen sosteniendo que ETA marca la agenda política de la nación. Ya saben, Franco murió y chimpún. ETA, en cambio, sigue más viva que nunca. No conocen otro dolor que el propio. Aunque se lo digan las propias víctimas de ETA. Y vuelven a la carga. Me he despertado con la noticia de que Mayor Oreja retoma la conspiración sobre el 11M: "No fue un atentado islamista, fue más propio de un servicio secreto". No entiendo el titular: transmite una afirmación entrecomillada que carece de todo fundamento. Es, aunque quien lo escribió no lo pretendiese, publicidad al bulo. Y al libro. 

Mayor Oreja no aporta prueba alguna. Habla desde la "convicción". También cuando convocan 'akelarres' de la ultraderecha mundial contra el aborto y la homosexalidad. Es lo que tienen los integristas, sus creencias son la Verdad. Y no necesitan evidencias ni documentos. No las han aportado nunca. No necesitan hacerlo. Es lo que tiene ser una voz "oficial" en el Reino de España.

Con todo, dos periodistas como la copa de un pino, José Antonio Zarzalejos y Gumersindo Lafuente, sostienen que les cesaron por no secundar la conspiranoia del 11-M. Uno dirigía ABC y otro ElMundo.es. Publicó sus palabras la misma editorial que publica las (des)memorias de Aznar. Según Zarzalejos,  "quien influye decisivamente en mi cese es Esperanza Aguirre […] un consejero llegó a enseñarme un SMS de ella pidiendo mi relevo con un improperio que no reproduzco por respeto" (p.101).  Lafuente, por su parte, relata que Aguirre "me hizo un comentario premonitorio: Parece que hay problemillas en esto de elmundo.es, yo ya he limpiado los que tenía en Telemadrid" (p.132). Días después llegó el cese.

Atando cabos. El aznarismo transmutó en aguirrrismo. Y, después, en ayusismo. Formaron el Trío del 11-M. Les tocó arrojar mentiras sobre los muertos del frente interno, la retaguardia civil de la guerra de Irak. El 11-M fue una represalia por participar. Así lo anunció por el propio Bin Laden cuando las elecciones del 14 de marzo de 2004 aún no tenían fecha. El PP y Aznar siguen sosteniendo que las perdieron por los atentados.

Campan a sus anchas. Galopan sobre las tumbas de sus víctimas. Representan a uno de cada dos asesinados por todos los terrorismos en la Comunidad de Madrid. Son uno de cada cuatro a nivel estatal. Y siguen negándoles a los familiares la autoría de sus verdugos. Reabren las heridas de su memoria con la sal de sus mentiras. Impiden que cierren. Viven del conflicto y el dolor ajeno. Pásalo.

Opinión:

Leído el libro “Voces del 11-M. Víctimas de la mentira”, nada más que añadir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario