13 marzo 2029 (22.02.26)
Un joven de
Fuerza Nueva mató a Juana y José en Mataró: ¿por qué no 'cuentan' como víctimas
de la violencia ultra?
El libro 'Dos morts i
mig' rescata el crimen del ultra Salvador Durán, que el 20N de 1980 asesinó a
dos jóvenes de entorno marginal del Maresme, y defiende la tesis del trasfondo
político del caso
La madrugada del 20 de noviembre de 1980, en el
quinto aniversario de la muerte de Francisco Franco, tres jóvenes del entorno
marginal de Mataró, en Barcelona, tuvieron la desgracia de cruzarse con un
grupo ultraderechista en busca de alcohol y violencia. Su cabecilla, Salvador
Durán, militante de las juventudes de Fuerza Nueva, les cosió a balazos en un
bosque cercano, aunque uno de ellos logró escapar.
Las víctimas se llamaban Juana Caso, de 25 años y
con un hijo, y José Muñoz El
Esquinao, de 16. Antonio Camacho El
Quin, de 15, fue el que sobrevivió y denunció el asesinato.
Sus nombres no suelen figurar en las listas y estudios
sobre violencia política durante la Transición, puesto que de inicio se
consideró un ajuste de cuentas en los bajos fondos de Mataró. Después de que
algunos historiadores los hayan recogido en el capítulo de dudas respecto al
terrorismo ultra, ahora el libro Dos morts i mig (editorial
Pòrtic) trata de ahondar en el crimen y en los hilos que lo conectan con la
trama neofascista que operó en la zona en aquellos años.
“Es un crimen político, no ordinario, por todos los
elementos que lo rodean: desde la fecha, a la condición de militantes de tipo
escuadrista de Fuerza Joven [juventudes de Fuerza Nueva], a que aquella noche
buscaban hacer algún atentado político, y a sus conexiones con la Guardia
Civil”, argumenta Damià del Clot, abogado, exalcalde de Vilassar de Mar y autor
del libro junto con el periodista Albert Calls.
El autor del asesinato, Salvador Durán, era por
entonces un dirigente comarcal de Fuerza Joven que ya tenía antecedentes por
robo y tenencia ilícita de armas, además de un historial de infiltraciones en
los movimientos de izquierdas. “Era un chaval de un barrio periférico de Mataró
con carácter violento, al que no le daban miedo las armas, y que se movía en
ambientes de extrema derecha”, resume Del Clot.
La noche de los asesinatos, Durán, de 25 años, iba acompañado de
su mujer y de dos jóvenes menores de edad. Uno de ellos, Cristóbal García, era
también de las juventudes de Fuerza Nueva. Al volante de su coche los llevó a
pegar tiros al blanco en una finca de la localidad de Òrrius, después a beber
por bares de la zona y, finalmente, a pasar dos o tres veces con el vehículo
por delante del Ateneo Libertario de Mataró.
La sentencia, dictada en 1982, y que condenó a Durán a 75 años de
cárcel, recoge que esa parada buscaba hacer pintadas en el local o arrancar
carteles. La Fiscalía defendió que iban a la caza de izquierdistas. En todo
caso, no había nadie en el Ateneo, pero entonces se cruzaron con los tres
jóvenes que serían sus víctimas: Juana Caso, José Muñoz y Antonio Camacho. Les
propusieron pegar un palo a algún camello, según recogió el fallo, y luego
asaltar alguna casa de la zona. Ellos aceptaron. Pero tras dejar a su mujer en
casa, Durán les condujo en realidad a un bosque cercano, en el término de
Cabrera de Mar.
Los dos amigos de Durán aseguraron ante el juez que pensaban que
iba a pegarles una paliza. Pero este encañonó a José Muñoz y a Antonio Camaño
con una carabina y les disparó a menos de tres metros “con ánimo de matarlos”,
dictó el magistrado. El primero cayó muerto, mientras que el segundo logró
huir. Durán dijo entonces que había usado un arma de fogueo, que todo era una
broma, y condujo a sus dos compañeros y a Juana de vuelta al coche. Antes de
llegar, por la espalda ejecutó a la joven.
En su libro, Del Clot y Calls insisten en el carácter político del
asesinato también por el perfil de las víctimas. No eran militantes de
izquierdas, pero sí pertenecían a sectores marginales de la sociedad contra los
que la extrema derecha también atentaba. La Fiscalía lo mencionó durante el
juicio. “Actuaban movidos por un afán de agredir y eliminar izquierdistas,
delincuentes y drogadictos”, escriben.
David Ballester, doctor en Historia Contemporánea por la
Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y especializado en la violencia
política durante la Transición, recogió el caso en su obra Vides
truncades. En un informe reciente remitido a la secretaría de
Estado de Memoria Histórica sobre terrorismo de la extrema derecha o
parapolicial en esa época, cuantifica 63 víctimas y a estas dos del Maresme las
coloca en el apartado de “dudosos”.
“No existen unos criterios claros aceptados por todos los
historiadores”, precisa Ballester. El crimen, explica, se consideró de tipo
social. Pero añade: “Es cierto que en esa época en Madrid había grupos de
extrema derecha cuyas víctimas no solo eran de izquierdas, sino también gente
que dormía en bancos, sintecho, del mundo de la droga, y en general a los que
consideraban indeseables”.
La historiadora Sophie Baby, en El mito de la Transición pacífica,
no los menciona entre los 140 muertos por violencia política en 1980, el año
más sangriento de ese período. En 1980. Terrorismo contra la Transición,
Xavier Casals describe el caso como “espontaneísmo armado”. Quien sí los
menciona como víctimas políticas es Mariano Sánchez Soler en La
transición sangrienta.
Los lazos con policías y nazis
El día siguiente de los asesinatos, Antonio Camacho, el adolescente
herido de bala que pudo escapar, denunció desde el hospital, y a las pocas
horas detuvieron a Durán y a García. Las horas posteriores al crimen ayudan a
entender cuáles eran las conexiones políticas de su autor. El 20 de noviembre,
Durán pasó la mañana en el cuartel de la Guardia Civil de la localidad de
Argentona.
Lo confirmó él mismo durante el juicio, al asegurar que fue a
pedirles un coche para poder acudir a la misa franquista en la cercana Capilla
del Cristo Rey. Aseguró también Durán que era confidente de la policía para
cuestiones relacionadas con las drogas y el terrorismo. Por ello, el juez
instructor llegó a pinchar el teléfono del cuartel de Argentona, pero no siguió
con el caso al ser trasladado a otra localidad.
Años después, ya desde la cárcel y con una larga condena, Durán se
decidió a hablar. En enero de 1984 reconoció al periodista Juanjo Caballero, de
La Vanguardia, que se sentía abandonado por sus antiguos compañeros y que iba a
contar todo lo que sabía. Aparecía retratado junto a su “santuario facha” en la
cárcel Modelo de Barcelona.
Un mes después, en febrero, volvió a prestar declaración ante el
juez, se reconoció culpable y su relato provocó la detención de un guardia
civil, Antonio Cuadrada y la entrada y registro en su domicilio y en otro piso
–en ambos se hallaron armas sin licencia–. Además, se registró una finca, Can
Vinyamata, en Òrrius, donde Durán aseguró que iban a hacer prácticas de tiro y
que guardaban parte de su arsenal. Ese terreno era propiedad de Hans Breuer, un
ex oficial nazi refugiado en Catalunya, y otra de las piezas de la trama ultra
local. Sin embargo, las pesquisas policiales no hallaron nada allí.
Ante la periodista Cristina Gallachs, de TVE, Durán llegó a
confesar la trama ultra previa al asesinato. Dijo haberse reunido el 19 de
noviembre “con tres miembros de la Guardia Civil y con dos inspectores de
policía”, segú recogió El País, para diseñar represalias contra el Ateneo
Libertario de Mataró. También que le facilitaron las armas –que nunca
aparecieron– y que una la devolvió.
“El móvil más plausible es que esta gente, que
eran escuadristas, trataban de hacer puntos ante la extrema derecha de Mataró”,
concluye Del Clot, en un contexto previo al golpe de Estado del 23F en el que
el único civil que acabó condenado, Juan García Carrés, era también de la
comarca del Maresme.
Con todo, la investigación judicial quedó en
nada. El 11 de marzo de 1986, Durán fue apuñalado en la cárcel de Lleida por
dos sicarios. Su pista se pierde a partir de entonces, y los autores no han
conseguido aclarar si cumplió toda la condena y si sigue vivo.

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