19
octubre 2026
El
juez envía a prisión por terrorismo a los dos disidentes de la izquierda
‘abertzale’ detenidos por la Ertzaintza
A
los arrestados, a los que se intervino información sobre zulos y miembros de
las fuerzas de seguridad, se les vincula con Jardun, organización contraria a
la disolución de ETA
El
juez de la Audiencia Nacional Antonio Piña ha enviado a prisión, acusados de
delitos de terrorismo, a los dos disidentes de la izquierda abertzale detenidos
por la Ertzaintza el sábado después de que se presentaran en la comisaría de
Irún acompañados de su abogado. Se trata de Aratz Bilbao Gómez, de 34 años, y
Malen Grunig Ibáñez, de 23 años, a los que el magistrado considera integrantes
de Jardun Koordinadora, una organización integrada por disidentes de la
izquierda abertzale supuestamente contrarios a la decisión que tomó ETA en
octubre de 2011 de abandonar la violencia. Bilbao es señalado como “el motor
principal” de este colectivo e “impulsor y dinamizador” del mismo. A su
compañera, el magistrado la describe como “militante activa”. El magistrado esgrime
para ordenar su encarcelamiento tanto riesgo de fuga como de reiteración
delictiva de ambos, que tenían antecedentes policiales por “actos violentos” en
otros países europeos.
La
investigación que ha desembocado en el encarcelamiento de ambos se inició poco
después de las cuatro de la madrugada del pasado 26 de septiembre, cuando
agentes uniformados de la Ertzaintza dieron el alto al vehículo en el que ambos
viajaban con una tercera persona, que resultó ser un ciudadano irlandés en un
control de alcoholemia y drogas en la localidad de Eskoriatza (Gipuzkoa, 4.200
habitantes). Al identificar a la persona que iba al volante, Grunig, los
policías vascos comprobaron que sobre ella existía una petición de Italia para
realizar un “control discreto por razones de seguridad nacional”. También
comprobaron que sobre los otros dos ocupantes, Bilbao y el irlandés Naoise
O’Conarain, también había alertas policiales emitidas por las autoridades de
otros países, en ambos casos de Francia. O’Conarain es señalado por las fuerzas
de seguridad como integrante de Saoradh, un partido republicano irlandés de
extrema izquierda sin representación parlamentaria al que algunos expertos
sitúan en el entorno de New IRA, el grupo terrorista surgido en 2012 como
respuesta a la disolución del IRA y al que se responsabiliza de varios
atentados en los últimos años.
El
registro de sus pertenencias de los tres permitió localizar a los agentes lo
que la resolución judicial denomina “evidencias sospechosas”. En concreto, en
una mochila que llevaba Bilbao entre sus piernas se localizaron “informaciones
sobre un posible zulo con material, información sobre personas pertenecientes a
otros cuerpos policiales, decenas de anotaciones manuscritas de matrículas de
vehículos y documentación en formato papel y pendrives, la mayoría de ellos
encriptados”. Los ertzainas también encontraron en una bolsa de tela que iba en
el asiento trasero y que supuestamente pertenecía a Grunig dos “teléfonos
satelitales (walky talkies) que permiten enviar mensajes de textos encriptados
sin cobertura de móvil ni internet”. Tras requisar todo ello, los agentes
dejaron marchar a los tres ocupantes del vehículo, que habían asegurado que
venían de la sierra de Urbasa, en Navarra, a unos 70 kilómetros de distancia.
El
análisis de la documentación reveló que los ahora encarcelados y su acompañante
tenían planos de situación de antiguos zulos que fueron de ETA ―aunque la
organización terrorista anunció la entrega de las armas en 2017 y reveló dónde
estaban muchos de esos escondrijos, parte de su arsenal quedó fuera de
control―, entre ellos uno situado precisamente de la zona de Navarra de donde
decían venir. En uno de los dispositivos que pudo ser desencriptado se hallaron
“fotografías de entrenamiento para la perpetración de actos violentos o contra
la paz pública”, además de imágenes con la bandera de ETA “y el contenido
íntegro del teléfono de un agente de la Policía Nacional”. También se
encontraron listados de guardias civiles, fotografías de vehículos y matrículas
“que pudieran corresponderse con vehículos policiales” y documentos que
recogían kantadas, manuscritos que supuestos miembros de Jardun detenidos
anteriormente habían enviado a la cúpula de la organización para detallar cómo
se produjo su arresto.
Este
colectivo disidente de la izquierda abertzale intentó el lunes marcar
distancias con los arrestados con una nota en la que aseguraba que no tenían
“relación con la coordinadora”, a la vez que pedían su libertad. Pese a ello,
el auto del juez Piña es muy contundente sobre los vínculos de ambos con
Jardun, de la que destaca que surgió de “militantes del entorno del denominado
Movimiento de Liberación Nacional Vasco [en el que estaba encuadrado ETA]
disconformes” con la decisión de la banda de 2011 de “cese definitivo de la
actividad armada”. Estos disidentes se fueron agrupando en organizaciones como
Ibil ―que posteriormente dio paso a ATA― y Jarki, descrita esta última por
fuentes policiales como el brazo de Jartun encargado de la dirección política.
El otro es Aske, responsable de las movilizaciones en favor de los presos. El
juez destaca que Jarki nació a mediados de 2013, pero que no fue hasta el 11 de
julio de 2015 cuando se supo de su existencia por culpa de “la discreción,
medidas de seguridad y pautas de clandestinidad con las que operaban sus
integrantes”. Fuentes policiales cifran el número de miembros activos de Jardun
en unas 300 personas repartidos por todo el País Vasco, Navarra y el sur de
Francia.

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