jueves, 22 de octubre de 2026

22 octubre 2026 (2) ABC

 

22 octubre 2026 



La Ertzaintza dejó ir al «líder de Jardun», acusado de terrorismo, tras identificarle con datos de policías y un zulo de ETA

Aratz Bilbao, uno de los dos radicales enviados el martes a prisión, es considerado el «príncipe» de este grupo clandestino aberzale y recibía información de antiguos etarras

Aratz Bilbao Gómez (Barrica, 1992), a quien el juez de la Audiencia Nacional Antonio Piña envió el martes a prisión provisional acusado de presuntos delitos de terrorismo, era el «príncipe» de Jardun Koordinadora. Según desliza la investigación de la Ertzaintza y trasladan a ABC fuentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE), el vizcaíno de 34 años era el «líder» de este grupo aberzale radical, que ha llegado a tener entre 200 y 300 miembros «nostálgicos de ETA», protagonista de distintos episodios de violencia política ocurridos el último lustro en el País Vasco y Navarra. El sábado Bilbao se entregó en Irún (Guipúzcoa). Veintiún días después de que la Ertzaintza le dejara ir tras identificarle en un control de tráfico junto a un nexo de la disidencia del IRA en España y en posesión de datos «sensibles» sobre miembros de las FCSE y la posible ubicación de un zulo de ETA.

Según la Ertzaintza, el pasado 26 de septiembre a las cuatro de la madrugada, mientras realizaban un control rutinario de drogas en Escoriaza (Guipúzcoa), agentes uniformados de la policía autonómica dieron el alto a un Toyota Yaris. Al identificar a la conductora, Malen Grunig Ibáñez (Barcelona, 2003), comprobaron que constaba sobre ella un señalamiento «discreto» en el Sistema de Información Schengen (SIS): la base de datos compartida entre las fuerzas de seguridad de los Estados de la Unión Europea para vigilar amenazas a la seguridad nacional. El aviso en el SIS indicó a los agentes que efectuaban el control que debían recopilar información sin levantar sospechas. Así, procedieron a identificar a los otros dos ocupantes del Yaris: Naoise O'Conarain y Aratz Bilbao.

O'Conarain, un irlandés miembro de Saoradh (grupo, considerado por las fuerzas de seguridad británicas como el brazo político del Nuevo IRA), viajaba en el asiento trasero y también tenía un señalamiento «discreto». Sin embargo, fue al identificar al copiloto cuando el SIS notificó uno «específico» sobre Bilbao que, de acuerdo con el Manual Sirene (regula el SIS), mandaba realizar un registro «minucioso e inmediato». El sospechoso llevaba a sus pies una mochila con «numerosos dispositivos encriptados». En ellos, según figura en el auto de entrada en prisión provisional dictado por Antonio Piña, titular del Juzgado de Instrucción nº6 de la Audiencia Nacional, guardaba documentación sobre Jardun, listados de Guardias Civiles, «fotografías de entrenamiento para la perpetración de actos violentos», «planos» sobre la posible localización de un zulo de ETA o el «contenido íntegro» del teléfono de un agente de la Policía Nacional.

Además, en el bolso de Malen Grunig, que dijo durante el registro que los tres venían de la sierra de Urbasa (Navarra), los agentes encontraron dos walkie-talkies. Ni ella ni O'Conarain llevaban teléfonos móviles. Medidas, según apunta la investigación dirigida por la Oficina Central de Inteligencia de la Ertzaintza (OCI), dirigidas a mantener la clandestinidad. En ese escenario, conociendo los señalamientos sobre los ocupantes del coche y teniendo el material requisado (su análisis se produjo después), los agentes a cargo del control les dejaron marchar. «En el momento en el que se produjo la identificación de estas personas no estaban cometiendo ningún delito, por lo tanto no podían ser detenidas 'in fraganti'», justificó ayer Bingen Zupiria, consejero de Seguridad del Gobierno vasco.

Una decisión que sí cuestionan fuentes de las FCSE que monitorizan desde hace años a Jardun y a Aratz Bilbao como su líder (Malen Grunig es una de las portavoces de este grupúsculo proetarra, que cuenta con 25-30 miembros «activos»). Según ha dicho el Departamento de Seguridad del Gobierno vasco, la OCI abrió una investigación el mismo día (26 de septiembre) que identificó a Bilbao, Grunig y O'Conarain. Sin embargo, no ha sido hasta tres semanas después (17 de octubre) cuando se ha producido la detención de los dos primeros, acusándoles de presuntos delitos de terrorismo, gracias a que se entregaron de forma voluntaria en compañía de su abogado.

Zupiria no explicó ayer qué ocurrió con Bilbao y Grunig en el lapso de tiempo que quedaron en libertad (O'Conarain sigue desaparecido). A pesar de que el martes el juez Piña justificó su entrada en prisión provisional «para garantizar su presencia» en el proceso judicial, «asegurando con ello la reiteración delictiva que podría determinar la realización de actuaciones de mayor gravedad». También por la «fase inicial» en la que se encuentra el procedimiento «lo que determina la posibilidad de incidir sobre las fuentes de prueba». Es decir, para evitar que pudieran fugarse, poner en marcha alguna acción de riesgo o deshacerse de información que les incrimine de los delitos de los que les acusa la propia Ertzaintza y también la Fiscalía.

Falta de capacidad operativa

Sobre la segunda cuestión, pese a la alarma que ha generado desde el sábado la detención de estos individuos, las fuentes de las FCSE consultadas por ABC descartan que pudieran llevar a cabo acciones terroristas por la propia falta de capacidad operativa de Jardun. En ese sentido, sin restar gravedad a los hechos, ponen en cuestión la utilidad de la información que tenía en su poder Aratz Bilbao por estar desactualizada. Una que le habrían facilitado antiguos miembros de ETA que hoy forman parte de la disidencia de la izquierda aberzale crítica con Arnaldo Otegi. «La vuelta hoy de formas de violencia armada en el país es una hipótesis que nosotros no contemplamos ni en el 0,1 % de posibilidades, pero vamos a ser prudentes», dijo el martes el líder de EH Bildu.

Responsables de la lucha antiterrorista ven una amenaza mayor para el sistema constitucional español en grupos como Gazte Koordinadora Sozialista (GKS), el brazo juvenil del Movimiento Socialista (MS). A diferencia de Jardun —que se circunscribe al ámbito vasco y navarro—, MS sí está consiguiendo replicar una estructura organizativa similar a la que tuvo ETA. Además, tiene una capacidad de atracción entre los jóvenes considerable y su modelo (basado en el marxismo revolucionario) crece en otras partes de España como Madrid, Cataluña o Valencia. En cuanto a Aratz Bilbao, que hasta este verano combinaba la clandestinidad con un trabajo de profesor en un centro educativo, creen que su detención podría suponer la disgregación de Jardun. Algo que ya ha ocurrido con otros grupos disidentes de la izquierda aberzale como Amnistía Ta Askatasuna (ATA), que tras el fin de ETA tampoco renunció a la violencia y pedía la amnistía total para sus presos.

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