viernes, 8 de mayo de 2026

08 mayo 2026 El País (opinión)

08 mayo 2026 



La oficina catalana de atención a víctimas del terrorismo apenas tiene actividad seis meses después

Las dificultades para encontrar personal y la escasa demanda mantienen por ahora bajo mínimos el servicio que debe centralizar el apoyo a los afectados

La Generalitat presentó, hace más de seis meses, la oficina de atención a víctimas del terrorismo en un acto público en el que se comprometía a “acompañar, asesorar y reparar el daño” a los afectados. El servicio era una reivindicación persistente de las asociaciones de víctimas, que se han sentido a menudo abandonadas por la administración, incluidas las del último gran atentado ocurrido en Cataluña: los ataques yihadistas del 17 de agosto de 2017, que dejaron 16 muertos y cientos de afectados. En este tiempo, sin embargo, el Servei d’Atenció i Suport a les Persones Afectades pel Terrorisme (SASPAT) no acaba de arrancar: aún no tiene personal asignado y apenas ha atendido tres llamadas telefónicas de ciudadanos, según ha informado Interior a petición de EL PAÍS.

Cataluña ya tuvo una oficina de atención a víctimas durante un breve lapso de tiempo (de 2010 a 2012), que acabó cerrando como parte de las políticas de austeridad impuestas por el expresidente catalán Artur Mas. Desde entonces, las asociaciones han reclamado su reapertura con insistencia, en especial tras los atentados del 17-A, en los que el trabajo voluntario de las entidades suplió a menudo la falta de cobertura de las administraciones. Esa aspiración se hizo realidad, al menos sobre el papel, el 24 de octubre de 2025, cuando la consejera Núria Parlon anunció, en un acto público con afectados por terrorismo, la puesta en marcha de SASPAT.

La idea del servicio es funcionar como una “ventanilla única” que preste atención personalizada y cercana a las víctimas. “La clave es escucharlas, entender sus necesidades y acompañarlas”, dijo Parlon en la presentación del servicio. Interior admitía que los procesos de recuperación de las víctimas son prolongados y se comprometía a darles apoyo “administrativo y psicológico”. El pasado 11 de marzo, día europeo de las víctimas del terrorismo, Interior reivindicó “el trabajo” de SASPAT, aunque lo cierto es que la actividad en estos meses no ha sido precisamente frenética.

En respuesta a una petición de información de este diario, el Departamento de Interior ha detallado las gestiones desarrolladas por SASPAT, que incluyen la creación de un correo electrónico, la celebración de cuatro reuniones de trabajo (con miembros de la unidad de Información de los Mossos d’Esquadra, pero también sobre cesión de datos personales y creación de formularios) y la puesta en marcha de un proceso selectivo para incorporar personal que aún no ha concluido. Bajo la dependencia del gabinete de Seguridad y Políticas Transversales, está previsto que el SASPAT disponga de un coordinador, un psicólogo, un abogado y un administrativo.

Interior subraya que ha atendido “todas las consultas recibidas” desde cualquier canal. Pero han sido pocas. Tres, en particular: dos llamadas telefónicas y un correo electrónico.

La responsable del gabinete del que depende el SASPAT, Alba Alfageme, admite a este diario las dificultades de poner en marcha “la estructura de un nuevo servicio desde cero” y explica que la demora para el pleno funcionamiento se debe, sobre todo, a los problemas en el proceso de selección de personal. “Es un ámbito muy concreto y específico y necesitas un perfil de gente con competencias, pero también con sensibilidad”, explica. Aunque esos procesos no se han completado, una de las profesionales, la psicóloga, acaba de incorporarse al servicio, matiza Alfageme.

En busca de asesoramiento externo

La responsable de Interior reconoce también que, por ahora, el servicio ha generado escasa atención y poca demanda entre los potenciales usuarios. “Hay gente que tal vez aún no sabe que existe, pero también puede haber víctimas que ya tienen su camino encarrilado y no nos han venido a buscar”, cuenta. La falta de presupuestos de la Generalitat tampoco ha ayudado, pero Alfageme anuncia que el servicio va a poder contar, en breve, con “el asesoramiento de personas externas que ayuden a capacitar a los profesionales que incorporamos y a hacer un trasvase de conocimientos”, explica en alusión, entre otras, a la Unidad de Atención y Valoración de Afectados por Terrorismo (UAVAT), que se volcó en la ayuda a los afectados por los atentados del 17-A.

Liderada por Sara Bosch y Robert Manrique, la entidad criticó la falta de apoyo por parte de las administraciones y hace tres años, de hecho, anunció que echaba el cierre ante la incapacidad de seguir adelante con recursos propios. UAVAT ha exigido siempre la creación de una oficina pública para gestionar, de forma integral, la atención a las víctimas. Alfageme explica que las normas sobre protección de datos impiden en muchos casos que la Administración busque activamente a afectados y considera que entidades como UAVAT “pueden ayudar a que la gente llegue al servicio”.

Opinión:

Para corroborar la excelente información presentada por Jesús García, solo decir que desde un primero momento entendimos que la labor del SASPAT debería ser la de analizar y poner solución a los errores que se han estado cometiendo durante décadas en cuanto a la asistencia imprescindible e integral que las víctimas del terrorismo reclaman. Hay una enorme labor de base por hacer. Como parte de esa labor incluyo el contacto con todas las víctimas posibles para conocer sus necesidades y es obvio que ese contacto debe iniciarlo y trabajarlo la administración competente porque la labor debe ser proactivo y nunca reactiva.

Lo que se debería coordinar es la preparación y los conocimientos que, una vez conocidos y estudiados, se puedan ofrecer a toda persona afectada por un atentado terrorista.

Y me gustaría terminar esta opinión de carácter absolutamente constructivo haciendo llegar una información a quien debe conocerla: la UAVAT tuvo que cerrar porque ninguna administración nos dio los recursos necesarios para capacitarnos y completar el seguimiento que cada víctima ya localizada y asistida merecía por lo que tampoco pudimos continuar con la búsqueda que una lectura detallada del sumario nos aportó.

Solo nos queda esperar que las cosas se estudien con más detenimiento y se encuentren las soluciones pertinentes para retomar esa imprescindible labor social.

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