martes, 19 de mayo de 2026

17 mayo 2026 El Periódico de Catalunya

 

17 mayo 2026 


"Las mujeres dentro de ETA tenían un papel secundario, pero algunas asumieron roles violentos"

El libro 'Mujeres de ETA, mujeres contra ETA. Del territorio a la defensa de la libertad' analiza el papel femenino en la banda terrorista y en las fuerzas policiales que combatieron esta violencia

El 3 de mayo de 2018 la banda terrorista ETA anunció su disolución definitiva tras seis décadas de actividad. Sin embargo, tras ocho años aún quedan heridas abiertas, principalmente entre las víctimas. "El terrorismo no solo deja consecuencias inmediatas, sino también efectos a largo plazo que afectan a familias y a la sociedad en su conjunto", explica a El Periódico la doctora Vanesa Berlanga, profesora de la Universidad Abat Oliba CEU y añade que "la cicatrización es un proceso lento, que requiere tiempo, reconocimiento y memoria".

La violencia terrorista y los asesinatos cometidos por la banda armada es uno de los capítulos de la historia reciente de España que más dolor generan en la sociedad, y "precisamente por eso es tan importante seguir estudiando y recordando lo ocurrido. Porque hay heridas que no se cierran, pero sí pueden ser dignificadas a través de la memoria y el reconocimiento", según la doctora.

Berlanga, especialista en seguridad y analista de inteligencia, ha coordinado la obra 'Mujeres de ETA, mujeres contra ETA. Del territorio a la defensa de la libertad' junto a Manuela Simón, cabo primero de la Guardia Civil perteneciente a la primera promoción de mujeres del cuerpo, y Sergio Rodríguez López-Ros, experto en geoestrategia y relaciones internacionales.

En este libro se hace una aproximación al papel femenino dentro de ETA, con un perfil de las 16 terroristas más importantes de la banda así como las mujeres que lucharon contra la organización desde los cuerpos y fuerzas de seguridad, principalmente la Policía Nacional y la Guardia Civil, sin olvidar a las víctimas. "Durante años, la participación femenina se ha analizado de forma parcial o secundaria, y nosotros hemos querido situarla en el centro del estudio, tanto en su dimensión violenta como en su dimensión institucional, explica Berlanga, quien recuerda que "el libro busca un equilibrio: explicar el fenómeno sin deshumanizarlo y comprenderlo sin justificarlo".

La doctora remarca que "no es solo un libro sobre ETA, sino un libro sobre cómo entender la violencia sin perder de vista a quienes la sufrieron". Sin embargo, una de las principales novedades es que aparece un perfil de 16 mujeres de la banda, cada una con "trayectorias vitales diferentes, con motivaciones, contextos sociales y niveles de implicación muy diversos".

"En algunos casos, hemos identificado dinámicas personales especialmente complejas, que incluyen relaciones de dependencia emocional, vínculos afectivos dentro de la organización y contextos de fuerte asimetría de poder, en los que las relaciones personales se entrelazaban con la propia dinámica operativa de la organización" remarca Berlanga. Además, incide en que el estudio "nos permite identificar procesos de radicalización, dinámicas internas de la organización y mecanismos de implicación que, de otro modo, quedarían ocultos" para entender "la forma en que algunas mujeres se integran y permanecen en la organización, y ayudan a comprender mejor su evolución dentro de la misma". Sin embargo, recuerda que "comprender no significa justificar".

Terroristas invisibles

"Durante mucho tiempo, el papel de las mujeres dentro de ETA se interpretó como secundario o de apoyo, pero la realidad es más compleja. Por un lado, existía una estructura claramente jerárquica y masculina en la que muchas mujeres ocupaban posiciones de subordinación o dependencia dentro de los comandos. En algunos casos, su presencia respondía también a una lógica operativa: facilitaban la movilidad, reducían la sospecha policial o cumplían funciones logísticas dentro de los grupos", explica la doctora.

ese a esto, la obra también explica que hubo activistas que "rompieron ese esquema y asumieron roles altamente violentos, participando directamente en atentados y adquiriendo protagonismo dentro de la organización. Esta doble realidad refleja una tensión significativa: mujeres que, por un lado, estaban insertas en dinámicas de dependencia o instrumentalización, y por otro, ejercían una violencia activa que rompía los estereotipos tradicionales".

El libro también explica la visión de las mujeres que combatieron el terrorismo desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para "comprender mejor la complejidad del fenómeno, mostrando dos realidades opuestas que convivieron en el mismo contexto histórico. Además, permite situar con claridad la diferencia entre quienes ejercieron la violencia y quienes defendieron el Estado de derecho".

Mujeres claveç

Berlanga indica que estas mujeres de la Policía Nacional y la Guardia Civil jugaron un papel "clave" y "determinante" en la lucha antiterrorista "actuando de forma anónima, muchas veces asumiendo riesgos mortales para evitar un mayor número de víctimas". El libro explica la historia de la guardia civil, Irene Fernández, de 32 años de edad, y la policía nacional, María José Sánchez, de 23 años de edad, quienes perdieron la vida en el cumplimiento de su deber.

"Las mujeres participaron activamente en ámbitos como la inteligencia, la investigación, el análisis y las operaciones, contribuyendo de forma directa a la desarticulación de estructuras terroristas. Además, su incorporación supuso no solo un avance en términos de igualdad, sino también una mejora en la capacidad operativa de las instituciones, al aportar nuevas perspectivas y enfoques en la lucha contra ETA" explica a este diario la coordinadora de esta obra, aunque añade que "su trabajo resultó decisivo, aunque durante años permaneciera en un segundo plano".

Por eso, lamenta que las mujeres que luchan contra ETA han tenido un reconocimiento "gradual" dentro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, pese a que "su profesionalidad, entrega y sacrificio han sido determinantes para consolidar la paz y constituyen un legado esencial en la historia reciente de nuestro país y una reivindicación como agente activo en los ámbitos políticos y sociales".

Reconocimiento de las víctimas

La obra también sitúa a las víctimas del terrorismo en "el centro del relato" para mostrar el dolor que han sufrido y recordar "que su historia forma parte de la memoria colectiva". Por eso, Berlanga las considera un "eje ético del libro" que debe "situarse siempre fuera de cualquier instrumentalización política".

"Su sufrimiento no puede ser utilizado como elemento de confrontación, porque eso distorsiona su realidad y debilita la memoria. El verdadero reto es preservar su dignidad y su testimonio desde el respeto, evitando interpretaciones interesadas o simplificaciones. La memoria de las víctimas debe ser un espacio de consenso, no de confrontación", destaca la doctora quien añade el "papel absolutamente esencial" de las asociaciones de afectados por el terrorismo para "evitar que muchas historias quedaran en el olvido".

Por eso, los ingresos derivados del libro se destinan a la asociación Dignidad y Justicia "como reconocimiento a su labor en la defensa de las víctimas del terrorismo y en la preservación de su memoria. Es una forma coherente de cerrar el proyecto, devolviendo a las víctimas parte del sentido de este trabajo".

Sin embargo, esta obra va mucho más allá del análisis de las mujeres que participaron en ETA, de las que combatieron a la banda y de las víctimas que sufrieron esta violencia. El libro también quiere ser un aviso para "las nuevas generaciones no han vivido directamente el terrorismo, y existe el riesgo de que se diluya su significado o se banalice su impacto". En este sentido Berlanga lo tiene claro: "La memoria no es pasado, es una forma de proteger el futuro. Porque el olvido es el primer paso hacia la repetición".

No hay comentarios:

Publicar un comentario