17 mayo 2026
«Una víctima del terrorismo necesita conocer toda la
verdad para sanar»
La periodista colombiana, símbolo de la resistencia
contra el terrorismo y de la lucha contra la violencia sexual, recibirá el
viernes el Premio de Periodismo Santiago Oleaga
El día en que dice
que murió, un 25 de mayo de 2000, la periodista Jineth Bedoya, marchó a la
cárcel La Modelo de Bogotá para
entrevistarse con el líder de una organización criminal. No llegó a verle. La
secuestraron en la puerta, la metieron en un vehículo y la condujeron a una
finca a las afueras donde fue drogada, torturada y sometida durante dieciséis
horas a una violación masiva. Rogó a sus captores que la mataran, pero, pese a
los golpes y las simulaciones de tiros en la sien, decidieron dejarla con un
hilo de vida. La arrastraron hasta una furgoneta y después la arrojaron desnuda
sobre la carretera. Un taxista se topó con su cuerpo en el asfalto.
Días antes había
publicado en el diario 'El Espectador' diversas investigaciones sobre la red de
tráfico de armas que los paramilitares dirigían desde la cárcel con la
connivencia del Ejército y de la Policía. Al salir del hospital Bedoya rechazó
huir del país y, pese a las amenazas de muerte, decidió reconstruir su vida
sobre la base del periodismo y el propósito de liderar la lucha contra los
abusos sexuales. A partir de su caso nació en Colombia la campaña 'No es hora
de callar' y cada 25 de mayo se conmemora el Día Nacional por la Dignidad de
las Mujeres Víctimas de Violencia Sexual. El próximo viernes recibirá en San
Sebastián el Premio de Periodismo Santiago Oleaga, constituido por 'El Diario
Vasco' en homenaje al que fuera director financiero del periódico, asesinado
por ETA hace 25 años.
- ¿Qué cree que buscaba
ETA cuando asesinó a Santiago Oleaga?
- Trataba de
silenciar al periódico en el que trabajaba. Quería silenciar sus denuncias y
lanzar el mensaje de que campaban a sus anchas. Cuando los terroristas se
sienten acorralados lo primero que hacen es sembrar el miedo. En 2001, un año
después de mi secuestro, la International Women Media Foundation nos premió a
dos periodistas hispanoamericanas. La otra era la vasca Carmen Gurruchaga, que
también sufrió un atentado de ETA.
- Entonces ya conocía
lo que era ETA.
- Era un grupo
terrorista muy conocido en Colombia porque exportaba su forma de hacer
terrorismo a otras organizaciones ilegales durante el conflicto armado. Al
igual que el IRA, tenía un conocimiento específico de explosivos.
- ¿Qué siente cuando
escucha discursos que relativizan el terrorismo décadas después?
- Siento que estamos
desandando el camino. En el pasado había un sector de la sociedad muy afín a
estas organizaciones que, además, justificaban el accionar terrorista. Cuando
se quita ahora peso a las acciones terroristas, tanto de ETA como de las FARC,
quedamos abocados a transitar el mismo camino que no previno la barbarie que
tuvimos que afrontar como sociedades.
- El 25 de mayo es Día
Nacional en su país. ¿Qué supone esa fecha en su vida?
- Esa fecha es un
parteaguas. Quedé muerta en vida porque en mi parte personal lo perdí todo.
Incluso a mi familia. Decidí, muy presionada por lo que me pasó, dejar todo de
lado para encontrar un significado de vida en el periodismo. Y por eso digo que
es un parteaguas, porque por un lado mueres, pero por el otro lado te
reencuentras. El periodismo era lo que me gustaba hacer, pero pasó a
convertirse en mi vida. Ese día muero como la mujer que era, pero renazco en la
periodista que se interna en la selva, que se va a cubrir los combates, que
anda de helicóptero en helicóptero y que vuelve a ser secuestrada, esta vez por
las FARC. El periodismo es la forma de seguir respirando.
- Rechazó el exilio en
Alemania.
- Estaba todo
organizado por parte del periódico y de la embajada de Alemania en Colombia.
Pero si salía iba a morir definitivamente. Mi mayor temor era no volver a la
redacción. Era más grande ese miedo que el mismo miedo a la muerte. Entendí que
mi propósito era el periodismo. Eso es lo que me ancló en ese momento. El
periodismo es lo que me sigue salvando.
- Al quedarse en
Colombia se separó definitivamente de su familia.
- Nunca entendieron
por qué lo hacía. Muchos pensaron que era una suicida y que quería morirme.
Estuve 20 años cubriendo la guerra y nunca lo aceptaron. La única que siempre
ha estado firme y fiel conmigo ha sido mi madre. Mi padre acaba de fallecer y
lamentablemente mi relación con él se rompió por el secuestro.
- ¿Qué sucedió?
- Tenía una
concepción muy machista. No aceptaba que fuera periodista y que siendo mujer
entrara en cárceles. Cuando llegué a la clínica, medio muriendo, lo primero que
hizo fue reclamar: «Le dije que no estudiara periodismo, usted se lo buscó,
usted tiene la culpa». Esa fue la primera ruptura. La definitiva fue cuando
decidí quedarme en Colombia. No lo aceptó. Ahora tengo una carga. No nos
pudimos despedir y eso me pesa. Quedan muchos temas pendientes, ¿no? Espero que
se haya podido ir tranquilo. Ha sido muy duro.
Mujeres marcadas
- Una vez dijo que las
organizaciones criminales matan a los hombres para silenciarlos, pero a las
mujeres las violan.
- Sí. El castigo
hacia las mujeres cuando nos quieren silenciar es a través del abuso sexual. Es
el peor castigo. A una mujer no le mandan un sicario. La violentan. La marcan.
- En los juicios tuvo
que detallar cómo fue la violación una y otra vez.
- Me tocó narrar mi
violación trece veces. Trece veces. Las primeras doce veces lo hice en el
proceso judicial, supuestamente para tener más pruebas y poder llamar a juicio
a los presuntos implicados. La vez número 13 la justicia colombiana me obligó a
contar delante de mis violadores cómo me violaron. Fue un día terrible
emocionalmente. Fue durísimo. Casi otra violación.
- La Corte
Interamericana de Derechos Humanos declaró culpable al Estado colombiano.
- Ganamos ese
proceso judicial. La Corte avaló toda mi argumentación, declaró culpable al
Estado y le ordenó que siguiera la investigación judicial para aclarar los
hechos. Tiene que llevar a juicio a todos los perpetradores, pero solamente ha
llevado a tres. Faltan los otros 24 implicados.
- ¿Están identificados?
- No están detenidos
porque no han sido judicializados, pero están identificados. La Corte
Interamericana ordenó que fueran a juicio y no lo han hecho. El año pasado
decidí renunciar a la justicia. Di una rueda de prensa y dos meses después la
Fiscalía vinculó al general de la Policía que ordenó mi crimen gracias a las
pruebas que yo había presentado. O sea, tuve que renunciar a la justicia para
que a este general, Leonardo Gallego, lo llamaran a una indagatoria. Estamos en
ese proceso.
Conocer la verdad
- ¿Qué expectativas
tiene?
- No va a pagar un
día de cárcel, pero el pasado 3 de febrero lo vi en la audiencia. Llevé una
carta escrita. Le dije que no le perdonaba, pero que había decidido perdonarme
a mí misma por haber permitido que él me robara mi paz durante 25 años. Para mí
ese es el cierre de este capítulo.
- ¿Puede haber
reconciliación sin una verdad completa?
- Definitivamente
no. Cuando eres víctima necesitas conocer la verdad para sanar. Necesitas saber
por qué dieron la orden, por qué te secuestraron o por qué mataron a tu
familia. Solo así puedes sanar y empezar un camino de reconciliación. De
palabra somos capaces de decir que podemos perdonar, pero emocionalmente queda
un dolor que se activa cada vez que piensas que no te dijeron las cosas
completas. Eso te dispara la rabia, la frustración, la venganza. Eso es no haber
podido pasar página. Creo que no conocer la verdad en las acciones terroristas,
tanto en España como en Colombia, nos lleva a repetir parte de la historia.
Nosotros en Colombia la estamos repitiendo.
- ¿De dónde saca la
fuerza para seguir creyendo en el periodismo?
- Del día a día. Sigo muy activa buscando historias. Ahora soy más maestra que reportera. Me ocupo de la revisión de todo el periódico, 'El Tiempo'. Cuando determinadas personas llaman y agradecen que hayamos publicado determinada historia surge la esperanza. Porque podemos seguir cambiando la vida a la gente. Me abrazo a eso. Siempre pienso que hoy puede ser mi último día. Si el día que se cierren mis ojos estoy abrazada a esa esperanza que me da el periodismo, mira, me voy feliz.
- El año pasado su vida corrió todavía más riesgo después de colocar un mural reivindicativo en la cárcel donde la secuestraron. ¿Qué balance hace?
- Ese mural era la
reparación que me tenía que dar el Estado. Hablé con el ministro de Justicia y
le dije que quería una obra de arte allí porque quería que la gente supiera que
en esa cárcel pasó algo muy grave y que no se puede olvidar. Empezó los
trámites administrativos, pero había tantos problemas que terminé pagando yo
misma el mural. O sea, me reparé a mí misma. No me frené.
- ¿Cómo fue el proceso?
- Obtuve todos los
permisos y metí cámaras para documentar el trabajo. Empecé a ir todos los días
y esto fue, como decimos coloquialmente, meterse al rancho. O sea, volví a
territorio enemigo. Los cargué y empezaron a amenazarme. Fue durísimo. Tuve
mucho miedo porque también amenazaron de muerte a los videógrafos. Yo les decía
que no me iban a callar. Entonces mataron al director de la cárcel.
- Por el mural.
- No tengo palabras.
Fue demoledor. Devastador. Lo mataron y aumentaron las amenazas. Entonces
tuvieron que reforzar mi seguridad. Me dijeron que saliera del país, pero no me
fui hace 25 años y no me iba a ir entonces. Mi respuesta, por el contrario, fue
empezar a hacer documentales de denuncia. Uno de ellos fue sobre la trata de
personas. Las mafias internacionales que vienen a Colombia y se llevan a todas
las chicas. Es un mercado grandísimo. Recorrí todas las fronteras del país y en
una ocasión tuvimos que salir corriendo literalmente porque la policía avisó:
«Acabamos de interceptar una comunicación, van a por ustedes y se tienen que ir
de acá». Fue un momento muy difícil. El documental salió al aire el 25 de
noviembre y al día siguiente fue terrible la cantidad de amenazas que recibí.
Pasé de tener dos guardaespaldas a ir con siete.
- ¿Ya no siente miedo?
-
Las amenazas nunca han parado, pero he lidiado con ellas durante muchos años y
si este es el momento de que se materialicen, que espero que no, pues yo ya
estoy lista. Yo ya lo perdí todo, así que no tengo nada que perder. Mientras
pueda respirar seguiré haciéndoles la vida imposible a través del periodismo.
Opinión:
Desde
el mayor de los respetos, no me imagino a nadie en Colombia entregando un premio
a un psicólogo español y mucho menos por el tema de victimología terrorista.
Tampoco
es que en España hayan demasiados pero tengo en la mente ahora mismo a una
decena que merecerían un reconocimiento por su labor durante décadas a la
atención en cuanto a la salud mental de víctimas en España.
La
mayoría incluso lo han hecho gratis.
Pero
ya se sabe que los méritos y los agradecimientos no van siempre a los más
cercanos.
Y
obviamente no estoy hablando de esa red de psicólogos que el Estado dice ofrecer
en una red nacional porque… mejor me callo.
En cuanto a la frase «Una víctima del
terrorismo necesita conocer toda la verdad para sanar», es totalmente cierta.
Precisamente hoy todavía está en marcha la Comisión
de Investigación por los atentados de agosto de 2017 en Catalunya. ¿Sabrán las
víctimas la verdad? ¿Por qué se permite que testigos citados al juicio no se
presenten?

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