03 septiembre 2026
Enric Auquer: “El
odio de Aliança Catalana se parece mucho al odio que inoculaba el imán de
Ripoll”
El actor Enric Auquer se pone el
uniforme de los Mossos d'Esquadra en 'Cronos', la película que explica qué
sucedió tras los atentados de Barcelona y Cambrils del año 2017.
Enric Auquer se ha pasado buena parte de su carrera
interpretando personajes atravesados por el conflicto social. En Cronos,
en cambio, se pone el uniforme de los Mossos d’Esquadra y encarna a uno de los
agentes que participaron en la respuesta a los atentados de Barcelona y
Cambrils de 2017, en un cambio de posición que, como explica, no le resultó
cómodo. Él mismo reconoce que muchas veces se ha encontrado «al otro lado de la
policía» y mantiene una mirada crítica sobre la actuación del cuerpo.
Precisamente por eso quiso entrar en él, conocer desde dentro la lógica de unos
agentes que aquel día tuvieron que tomar decisiones bajo una presión extrema:
“Me interesaba el personaje y me interesaba meterme allí. He aprendido
muchísimo”, afirma.
Auquer habla de racismo, islamofobia y extrema derecha, de la
fractura que dejaron los atentados entre comunidades y de la transformación
política de Ripoll. Y establece un paralelismo incómodo entre dos formas de
odio que, aunque parten de lugares opuestos, comparten una misma capacidad para
deshumanizar al otro.
¿Dónde
estabas cuando se produjeron los atentados del 17 de agosto?
Estaba en casa de mis padres, en el Ampurdán, con mi hija
pequeña. Tuve la suerte de no estar en Barcelona. Cuando lo vi, empecé a sentir
esa sensación extrañísima que aparece ante un terror tan grande: «Podría haber
sido yo». Todos podemos pasar por la Rambla mil veces. Y después pasó algo que
me desconcertó muchísimo. Al día siguiente, después de lo de Cambrils, llegaron
Rahma y Mohamed, que son amigos de la familia, con regalos y comida que habían
preparado. Llegaron desolados, llorando y pidiéndonos disculpas por algo que
ellos no habían hecho.
Fue muy extraño. Te das cuenta de que, de repente, se produce
una especie de brecha entre comunidades. Rahma decía que su hijo se llama Yunas
y yo veía que aquello le afectaba. Me desconcertó mucho.
¿Por
qué crees que un atentado terrorista nos afecta de una manera tan distinta a
otras muertes violentas?
Son muertes provocadas que salen del odio. De ahí viene todo.
Los que seguimos luchando contra el odio queremos construir una sociedad más
civilizada y armónica, dejar a nuestros hijos una patria más bonita de la que
hemos encontrado. Ese es, de alguna manera, el ideal de un padre y de una
madre.
Espero que esta película, que tiene una voluntad de hacer
memoria y de reconocer a las víctimas, también despierte esa idea. Tiene además
un carácter muy institucional y una voluntad de agradecer profundamente el
trabajo de los trabajadores públicos, de los profesionales de la salud y de los
policías que pusieron el cuerpo aquel día. Creo que también hay una voluntad de
preguntarnos cómo nos reconciliamos con todo aquello.
Y espero que se despierte también la idea de que, en Cataluña,
la resaca de los atentados modificó inequívocamente el panorama político. De
Ripoll salió un partido de extrema derecha con discursos de odio profundo. Son
discursos de odio que tienen puntos en común con los que el imán de Ripoll
inoculó a aquellos chicos. Tenemos que luchar contra eso y deslegitimar las
legitimaciones de la violencia, el racismo y la deshumanización de colectivos y
personas.
En la película interpretas a un inspector de los Mossos de Esquadra, una
figura vinculada al orden y la autoridad. ¿Qué supuso para ti asumir ese papel?
Fue difícil, sobre todo por mi manera de estar en el mundo, por mi
ideología y por mi militancia. Muchas veces me he encontrado al otro lado de la
policía. Siento que los Mossos son una policía que muchas veces es represiva,
que depura mal las responsabilidades y que, ante determinadas situaciones,
reprime con una violencia desproporcionada. Normalmente lucha mucho contra el
antifascismo que, delante de un desahucio, por ejemplo, considera proporcional
sacar a todo el mundo de allí con una violencia extrema y expulsar a una
familia de su casa porque existe una orden judicial.
Pero quise meterme ahí y asumir mi responsabilidad. Y, de repente, también
he encontrado dentro de los Mossos personas que creen en un cuerpo depurador y
democrático, personas preparadas para asumir responsabilidades difíciles como
las de aquel día.
Hay profesionales que, lejos de ser héroes, simplemente saben hacer su
trabajo. Tienen la cabeza moldeada de una manera que quizá es perfecta para ser
policía. Creen en la cadena de mando, en el Estado de derecho y saben mantener
la cabeza fría. En una situación así tienen un orden de prioridades y saben
actuar. Eso también te da seguridad. En aquel momento los Mossos tenían que
estar allí y su buena labor favoreció que se pudiera volver a la normalidad
suficientemente rápido. Eso contribuyó también a que los discursos de paranoia
y de islamofobia que aparecieron después fueran calmándose.
Cómo actor de éxito que eres -y asumiendo que tienes cierta capacidad de
escoger tu siguiente papel- ¿qué es lo que te llevó a aceptar el personaje?
Dos cosas. Una, que necesitaba trabajo en Barcelona. Esa es la verdad. Y
después, que me interesaba. Me interesaba el personaje y me interesaba meterme
allí. He aprendido muchísimo. Evidentemente, es una película del sistema, no
tiene una voluntad de crítica social. Pero desde el lugar en el que Fernando
González Molina [director] me presentó el guion había una voluntad bondadosa,
de entrada, de no hacer daño. No todo tiene que ser siempre una lucha de clases
o una lucha de poder. A veces también podemos llegar a pactos y encuentros con gente
que está en otro lugar.
Creo que un atentado terrorista, cómo se resuelve y cómo nos volvemos a
encontrar después, es un lugar suficientemente empático como para buscar un
consenso de paz, un remanso en el que podamos volver a encontrarnos.
La película plantea una tensión entre la Generalitat, el Estado y los
Mossos de Esquadra por la gestión del atentado. ¿Pudiste conocer cómo se gestó
aquella crisis institucional?
No. Nadie me puso en contacto con nada de eso, pero todos sabemos que
existió. También había una investigación periodística que avalaba parte del
guion. Y estaba aquella situación entre la Generalitat y el Gobierno, con Rajoy
y Puigdemont, y Soraya Sáenz de Santamaría, que estaban de alguna manera
intentando “colaborar”.
Teniendo en cuenta la importancia de los hechos que se relatan en la
promoción de los discursos de odio, ¿cómo crees que la película dialoga con el
contexto actual de crecimiento de la extrema derecha y de episodios como los
que estamos viendo en Ceuta?
Entiendo que las películas cobran su dimensión y después cada uno ve lo que
ve. Por ejemplo, creo que el personaje de Mónica podría haber ido más hacia una
tendencia de explicar que, después de todo, la reconciliación, la integración y
volver a unirnos es lo que hay que hacer. Pero también entiendo que ese
personaje, en aquel momento, no pueda hacerlo.
En cambio, la asistente social, la integradora social, sí está allí. Y
cuando la madre de Yunes va a buscar a su hijo, la policía es racista con ella
y le dice que se vaya a su casa. Hay momentos en los que aparecen
comportamientos racistas dentro de la policía.
También está la pregunta de quién depura los daños que se generaron en
aquella comunidad musulmana. Creo que la película intenta enseñar algunos
momentos así. Yo luché bastante para que aparecieran.
¿Y qué importancia tiene Ripoll en todo esto?
Creo que es la herida más grande y la que más ha modificado el panorama
político en Cataluña. Ha salido de Ripoll un grupo de extrema derecha racista
donde la islamofobia es casi el punto central de su política. Y ahí está la
cuestión de intentar generar relatos de unión, destruir esos discursos de odio.
Porque el odio de Aliança Catalana se parece mucho al odio que inoculaba el
imán de Ripoll a aquellos chicos para que atentaran. Deshumaniza de la misma
manera a colectivos y personas.
El imán podía hablarles de Occidente y de nuestra manera de ver la vida
desde la deshumanización. Estos discursos hacen algo parecido desde otro lugar.
Por eso creo que tenemos que intentar construir relatos de unión y combatir esa
deshumanización.

No hay comentarios:
Publicar un comentario