miércoles, 20 de marzo de 2024

18 marzo 2024 (3) publico.es (opinión)

 
18 marzo 2024 


 

Desclasificar documentos del CNI, la divergencia entre PSOE y Junts en la comisión de los atentados de Barcelona

La anterior reunión de la comisión, que se celebró a puerta cerrada, terminó sin acuerdo para cerrar el plan de trabajo, imprescindible para que empiece a funcionar.

La única de las tres comisiones de investigación que pactó el Partido Socialista (PSOE) con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Junts per Catalunya cuyas reuniones ya han despegado en el Congreso es la referente a los atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils en 2017. Este martes, 19 de marzo, tiene lugar su tercera sesión. En la segunda, no se llegó a un acuerdo en el plan de trabajo de la comisión, imprescindible para que empiece a funcionar. El punto de discrepancia entre PSOE y Junts —o el principal— es la desclasificación de documentos del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

La propuesta de plan de trabajo de Junts, a la que ha tenido acceso Público, desgrana los objetivos que, según su criterio, debería tener la comisión, cuya creación ellos mismos introdujeron en la negociación con el PSOE para darle mayoría en la Mesa del Congreso en agosto, en los primeros compases de la legislatura.

El objeto principal, tal y como señalan en el escrito, debería ser, y para ello negociarán, "el derecho a saber la verdad y las implicaciones derivadas de los atentados de Barcelona y Cambrils",  "aclarar cuáles fueron las presuntas responsabilidades políticas o de cualquier otra índole en los atentados" y "proponer medidas de restitución o compensación para todas las personas afectadas" por los mismos

A continuación, en el documento, los junteros hacen hincapié en la necesidad de que se desvelen "los documentos de los servicios de inteligencia españoles en base al Derecho a la Verdad que tienen las más de 300 víctimas (16 mortales) y sus familiares". Y esa, según las fuentes socialistas consultadas, es una divergencia que, al menos la semana pasada, frenó el avance de la comisión. "Quieren desclasificar documentos que no se pueden desclasificar", deslizan.

En cualquier caso, por el momento, el PSOE no ha pronunciado un "no" rotundo. Patxi López, portavoz de la formación en el Congreso, ya habló en la misma línea hace una semana, el 12 de marzo. "Están pidiendo papeles que son información clasificada", explicó en rueda de prensa: "Eso se tiene que hacer con mucho rigor y de manera muy concreta y muy detallada. No se puede abrir esa información clasificada de cualquier manera. Por tanto, habrá que estudiarlo muy en detenimiento".

Lo que quiere Junts per Catalunya es, en definitiva y como expresan en su propuesta de plan de trabajo, "aclarar la relación entre los servicios secretos españoles (CNI) y el imán de Ripoll, Adbelbaki Es Satty, cerebro del atentado yihadista".

Esquerra Republicana, en su propuesta, solicita que se puedan recabar los documentos necesarios para que se lleve a cabo con diligencia la labor de la comisión de investigación. En su caso, todavía no han solicitado que se desclasifiquen documentos de los servicios de inteligencia españoles, aunque lo harán. Fuentes de otros partidos, como es el caso, del Partido Nacionalista Vasco (PNV), apuntan, como punto de partida, que ellos siempre están a favor "de dar luz" a archivos calificados como secretos.

Este martes, a las 13 horas, está prevista la tercera reunión de la comisión, donde los grupos reanudarán las negociaciones, volverán a poner en común sus planes y tratarán de llegar a un acuerdo. Cosa distinta son las comparecencias que unos y otros pidan y que también deberán acordarse para elaborar una lista definitiva.

Pegasus y 'operación Cataluña'

Precisamente en ese punto se encuentran las otras dos comisiones que acordaron las formaciones independentistas con el Gobierno: la del caso Pegasus —sobre el espionaje a figuras independentistas (y otras) a través de los programas Pegasus y Candiru— y la de la operación Cataluña, sobre la actuación de las cloacas del Estado en el procés. Tal y como adelantó este medio, existe una discrepancia, especialmente, en las comparecencias que solicita ERC para la comisión de Pegasus y las que quiere el PSOE. Uno de los más peliagudos puntos de fricción será la petición de ERC de que comparezca el propio Pedro Sánchez.

En la comisión de la operación Catalunya, Esquerra pretende llevar al Congreso a jueces, entre ellos Manuel García Castellón, que, actualmente, acusa a Tsunami Democràtic de terrorismo. Ahí, el PSOE se ha plantado y ha dicho que impedirá que los jueces comparezcan. "Desde el rigor", subrayó Patxi López, "los jueces no pueden venir a comisiones [parlamentarias] para hablar de cuestiones que hayan formado parte de lo que ellos hayan juzgado".

Las tres comisiones, por tanto, se encuentran todavía en una fase muy embrionaria, aunque todos los grupos interesados ya han marcado sus posiciones de salida y, al mismo tiempo, evidenciado las discrepancias con los otros. En el centro de la mesa de negociación, la desclasificación de documentos, la comparecencia de figuras políticas de varios Gobiernos —las dos formaciones independentistas también piden a multitud de cargos políticos y policiales vinculados al Ejecutivos del Partido Popular— y, también, la de jueces.

Opinión:

Qué pena que el deseo de conocer los errores para evitar repetirlos, estén por debajo de los intereses de investigar qué pudo fallar… si lo de agosto de 2017 hubiera sido la simple explosión de un artefacto en mitad de la nada podríamos conformarnos pero si hablamos de 16 asesinados y 500 heridos (entre sentencia y sumario) las cosas merecen muchísima más atención.

Y respeto.

 

18 marzo 2024 (2) Noticias de Navarra

 

18 marzo 2024 


 

La anécdota y lo esencial

Aingeru Epaltza

Entre el 6 y el 14 de julio todos los años ocurren en Pamplona peleas, altercados, suciedad, intoxicaciones alcohólicas y alimentarias, accidentes, hurtos, estafas, agresiones sexuales de diferentes intensidades y espectáculos poco edificantes que llegan a ofender la vista y el espíritu, todo en un número muy superior al habitual durante el año.

Esa parte desagradable y/o rechazable de los Sanfermines no nos hace, sin embargo, renegar de esos nueve días de julio, ni nos hace perder de vista lo esencial de esas fechas que no es otra cosa que la alegría, hasta llevada al desvarío, la fiesta en estado puro que cada cual vive a su manera. Incluso no participando en ella. Pues con la Korrika, igual.

A mí tampoco me parece que una carrera en pro del euskera sea el lugar apropiado para exhibir carteles en favor de los presos de ETA, unas personas en posesión de todos sus derechos pero cuyas acciones y trayectoria siguen provocando un radical rechazo mayoritario en nuestra sociedad. Dejado esto bien sentado, es también momento de preguntarse cuántos son esos carteles, cuántos sus exhibidores y cuánto el tiempo total en que éstos han sido exhibidos en una carrera que lleva celebrándose ininterrumpidamente desde hace seis jornadas, noche y día, y en la que están participando decenas de miles de personas, el 99,9999% de las cuales ni llevan carteles de presos ni intención de llevarlos, porque lo único que une a todas ellas es el apoyo a la causa del euskera.

En la Korrika, la anécdota son los carteles y el núcleo, el meollo, el impulso a la lengua. Eso es lo que hace moverse a esta multitud de corredores, no otra cosa. UPN y PP lo saben perfectamente, pero se empeñan en convertir en categoría lo que no es más que pura anécdota, sólo y únicamente porque les revienta el evidente éxito de esta carrera y de todo lo que simboliza.

lunes, 18 de marzo de 2024

18 març 2024 Cadena SER (opinión)

18 març 2024 


 

Què saben els adolescents de l'11M?

Els alumnes que ara fan secundària o batxillerat no havien nascut l'any que es va registrar a Madrid la massacre terrorista en què van morir 193 persones i gairebé 2.000 van resultar ferides. I la majoria no n'ha parlat mai a clase

La Xènia explica que la primera vegada que va sentir a parlar de l'11M va ser quan el seu pare li va posar al cotxe una cançó del grup La Oreja de Van Gogh, que es titula Onze de març i que parla de dos joves que viatjaven en un dels trens que van explotar a Madrid. El seu pare va aprofitar l'ocasió per explicar-li el que havia passat. "I és tot el que sé d'aquest episodi"- explica alhora que confirma que a l'escola no n'han parlat mai "tot i que seria súper fer-ho". En Guillem també té algunes nocions del que va passar perquè la seva mare li ha explicat. Altres estudiants, com en Dani o l'Ainhoa confirmen que tenen un coneixement molt superficial dels atemptats i que mai n'han parlat a l'institut.

El currículum és massa dens

Diferents professors que imparteixen l'assignatura d'història a alumnes de secundària i de batxillerat confirmen la mancança, tot i que subratllen que el problema no és nou. "El currículum d'història és molt dens i com que s'aborda cronològicament", per tot el que queda més a prop del moment actual "no hi ha temps", explica la professora Reyes del Amor. Els actuals estudiants poques vegades arriben a parlar de la Transició o de la incorporació d'Espanya a la Unió Europa, de la mateixa manera que els seus pares difícilment passaven de la Guerra Civil. Coincideixen amb ella altres col·legues com el Sergi Padilla que fa classe a l'escola Servator de Sabadell o en David Martínez Fiol, professor i investigador del Centre d'Estudis sobre Dictadures i Democràcies de la Universitat Autònoma de Barcelona, que remarquen que tal com està dissenyat el currículum, l'època contemporània només s'aborda en l'educació obligatòria entre finals de tercer i quart de l'ESO i amb tres hores de classe a la setmana és difícil arribar des de la Revolució Francesa fins al moment actual.

Aquests docents coincideixen que la nova llei d'educació, que aposta per un ensenyament més competencial, dona més marge als docents per intentar explicar el passat, partint de fets del present. És el que va fer fa uns dies la Rosanna Lozano, que ha estat professora uns quants anys a l'Institut Montgròs de Sant Pere de Ribes i que ara exerceix a València. Amb els seus alumnes de segon d'ESO estaven treballant l'Edat Mitjana i tocava parlar de la pesta negra. Va decidir donar-los pautes perquè comparessin aquell esdeveniment amb la situació que es va viure durant la pandèmia de la Covid-19. "De seguida es van adonar que també es feien quarantenes. Els vaig preguntar sobre les conseqüències i no els va costar gens lligar-ho amb les seves experiències, com el tancament els va passar factura emocionalment i com després els va tocar reconnectar amb els companys. Si jo els hagués explicat la pesta negra sense res més, hauria passat com un tema més".

En Sergi Padilla confirma l'experiència de la Rosanna. "A la que toques un tema d'actualitat i el vincules amb fets històrics, mostren molt més interès, perquè els resulta molt més proper i fàcil d'entendre". El gran problema -insisteix- és que no hi ha temps per fer això i cobrir tot el temari. La Rosanna, a qui els seus alumnes han demanat parlar de l'11M a classe, remarca també que és més complicat plantejar una sessió així que seguir el llibre de text. "Si tinguéssim temps i suport en forma de formació per fer equips de treball i fer tots aquests projectes, seria més viable". Igualment, la Rosanna ja ha començat a pensar com abordarà el tema, tenint en compte a més, que a la seva classe hi ha alumnes de religió musulmana.

I al final del camí hi ha la selectivitat

Tots els docents coincideixen que un altre dels problemes, especialment al batxillerat és que s'ha de fer tots els temes que després entren a l'examen d'accés a la universitat. En David Martínez Fiol diu que hi ha un xoc entre pedagogia i realitat. "Ningú s'aclareix de quin és l'objectiu final que es pretén, perquè el que no pot ser és que demanin que durant la secundària s'apliquin unes determinades pedagogies competencials, i al final del camí hi hagi un examen memorístic" com continua sent en la majoria de les matèries de les proves PAU.

L'informe de la joventut fet l'any 2020 per l'Institut de la Joventut (INJUVE) va demanar a més de 5000 joves d'entre 15 i 29 anys que citessin algun esdeveniment nacional o internacional dels darrers 30 anys que els semblés significatiu. Només 1400 dels enquestats van citar almenys un. 791 joves en van citar dos. La llista resultant està encapçalada pels atemptats de l'onze de setembre als Estats Units. En segona posició apareixia l'independentisme català i en tercera posició el canvi climàtic. Els atemptats de l'11-M figuren en el setè lloc d'una llista on els joves esmenten l'exhumació de Franco i la Transició, però no la crisi del 2008 o els atemptats jihadistes a la Rambla.

Opinió:

Llegint aquesta informació és quan em queda encara més clara la proposta que s'ha fet arribar a diferents grups polítics des de fa molts anys: la importància de donar a conèixer la realitat en la qual es troben la infinita majoria de persones que hem patit un atemptat.

La importància de tenir un equip de persones amb seny i sense interés en predicaments polítics ni partidistes que puguin fer saber, a qui ho desitgi, aquesta realitat.

És per això que estem a l'espera que es pugui portar a terme un dels projectes que ja fa anys he presentat... la creació d'un Centre Memorial sobre la història del terrorisme. Només cal veure la quantitat de visites que encara tenim en el despatx del qual va ser la UAVAT per part d'estudiants i membres de diferents professions per saber sobre la qüestió.

A veure si finalment els responsables de decidir-ho s'hi posen...

 

17 marzo 2024 (10) El Mundo del Siglo XXI (opinión)

17 marzo 2024 


 

Pilar Manjón, no sólo víctima de terrorismo

Veinte años después de los salvajes atentados terroristas en cuatro trenes de Madrid recordamos la intervención en el Congreso de la entonces presidenta de la Asociación 11-M de Afectados de Terrorismo. Algunos diputados de la oposición la despreciaron de manera infame. Después de los atentados del 11-M quedó humeando, hasta hoy, un arma de largo alcance: la mentira.

La mentira de un Gobierno desalojado democráticamente en unas elecciones generales por mentir a conciencia sobre quiénes cometieron aquel crimen. El de los 193 muertos, los miles de heridos, las tantas familias arrasadas, los millones de ciudadanos entre el estupor y la vergüenza por cómo algunos buscaron donde nada había, donde no hubo rastro. ETA no fue: lo recuerdan en el aniversario policías, servicios de inteligencia, jueces, fiscales. Así que parece que no fue ETA.

En el centro de aquel fuego cruzado de la politiquería de peor empaque, de más descaro vergonzante, irrumpió Pilar Manjón. Hace 20 años. La primera presidenta de la Asociación 11-M Afectados de Terrorismo, placentina de 1958, afiliada al sindicato Comisiones Obreras desde finales de los 70. Supimos de ella cuando ya vestía de luto. Y así apareció en el Congreso de los Diputados para intervenir como portavoz en la Comisión de Investigación sobre el 11 de marzo de 2004. Desplegó durante algo más de una hora palabras exactas, un invendible dolor, una representativa dignidad de madre huérfana de hijo, de enlace emocional y justo de todos los que padecieron la salvajada de los atentados.

"Pretenden someternos al discurso de la polarización (...) No vamos a caer en ese despropósito", dijo en el minuto 15:59 al 16:16. Estos peces no querían picar ese anzuelo burdo. La polarización, palabra feísima, es la manera profiláctica de llamar al odio inducido, avivado a conciencia, trasunto de oscuros intereses creados; y con qué extrema saña.

Aquel discurso era el lamento de una multitud rota hablando por una sola garganta de su daño burlado. Del crimen terrorista primero y de la mentira política después. Aquel discurso fue una demoledora descarga, serena, serenísima, contra las estúpidas provocaciones de algunos diputados del PP.

No conozco a Pilar Manjón, aunque recuerdo bien aquellos folios que leyó con sonora expresión doliente. La manera en que lo hizo no buscaba más efecto que poner al día de la herida multitudinaria. Fue la manera de desenmascarar, sin levantar la voz, a quienes la despreciaron en las Cortes. No un ajuste de cuentas, sino una legítima defensa. Los que debían escuchar se mofaban cobrándose su indiferencia salinosa al ciento por uno. Los que debían escuchar, digo, eran entonces representantes de la soberanía popular. Aquella mañana incumplieron, de nuevo, su obligación de atender con una mínima dignidad a una mujer con el hijo reventado por las bombas de los trenes. Una ciudadana invitada a manifestarse por todos los muertos y los vivos de aquellas explosiones. Esto no conviene olvidarlo.

Hablo de aquella Pilar Manjón, la de ese mismo 2004. La que no se arrugó por las violencias escenificadas de la política de fosa séptica. De ésa hablo. No de la autora de tuits fuera cacho. Ni de la mujer con sus vendettas con otras asociaciones de víctimas del terrorismo. Me quedo con la que fue a exigir verdades a la estación de las mentiras.

Gobernaba Aznar, como todo el mundo sabe. Es vergonzoso y peligroso lo que ocurrió en los tres días siguientes al crimen masivo perpetrado por los islamistas radicales. El arte político que se practicó es de los más infames, como avisó en la sextina Gil de Biedma: "...son hombres quienes han vendido al hombre, / los que han convertido a la pobreza/ y secuestrado la salud de España". Conviene recordar la insalubridad de aquella marrullería tan desmontable.

Y digo yo: ¿ni uno sólo se arrepiente de arrastrar por el cieno lo que representaba entonces esta mujer? Aunque sólo sea para no despreciarse ante el espejo cuando se peinen por la mañana. Pilar Manjón daba cuerpo y palabras a una multitud vapuleada. Y demostró tener conciencia clara, fuerte y limpia cuando les habló en la Carrera de San Jerónimo, pues sólo donde hay conciencia hay finalidad. Las víctimas vivas del 11-M buscaban ese día justicia, apenas esto. Es lo que fue a decir -justicia- al Congreso de los diputados el 15 de diciembre aquel, donde denunció el jolgorio de los indecentes. Por qué no va a ser aquel uno de los días de la vergüenza, si millones de ciudadanos lo vimos en directo.

Hubo diputados en la comisión leyendo el periódico mientras ella, la invitada, exponía razones colectivas. No deja de ser otra bajeza. Una catástrofe moral.

Veinte años después, aquella intervención mantiene intacto su calibre y su escalofrío. "Yo no he venido aquí a darles pena". Fue lo último que dijo. Quienes aún insisten en la conspiración pueden tener toda la razón que quieran, pero nunca la razón de lo que hicieron a esta madre. Alguno sigue haciendo por ahí vida de alterne. Ella continúa su batalla, como los demás, aunque sin hijo.

Opinión:

Me gustaría opinar sobre la frase “ni de la mujer con sus vendettas con otras asociaciones de víctimas del terrorismo”.

Conocí a Pilar Manjón en octubre de 2004 a través de una víctima del atentado contra el restaurante “El Descanso” con la que tuve el honor de colaborar y trabajar desde 1990 hasta que en 2003 hubieron los cambios que ya se conocen en la Asociación Víctimas del Terrorismo.

Jamás, desde el día en que me presentaron a Pilar, la vi realizando “vendettas” contra ninguna asociación. Pero otro tema es que, cuando ves (junto a unos compañeros absolutamente comprometidos en la misma labor) que la asociación que diriges no tiene los mínimos recursos para ayudar a los familiares de más de 150 asesinados y a más de 1.500 heridos mientras otras siglas (más antiguas o creadas para “la ocasión”) reciben unos recursos enormemente superiores… lo normal es que exijas control sobre esos recursos y muy especialmente a quien van dirigidos.

Si luego resulta que hay quien había variado los estatutos de otras entidades para ampliar el número de “beneficiarios” mientras a ti te exigen que aportes los libros de registro de miembros (como debe ser) y que justifiques hasta el último céntimo (como debe ser), la pregunta normal que surge es si al resto también se les exige lo mismo.

Y cada cual que revise las hemerotecas.

No era un enfrentamiento con nadie sino una exigencia de explicaciones. Que algunos lo vendieran y otros lo compraran no es responsabilidad de la excelente gente de la Asociación “11-M Afectados por Terrorismo”.

 

17 marzo 2024 (9) El País (opinión)

17 marzo 2024 


 

¿Qué es terrorismo?

A falta de una definición universal, la política define qué es y que no un acto terrorista

Las experiencias nacionales de los Estados moldean la comprensión del fenómeno y el marco legal para abordarlo redacción de la norma excluía de la amnistía los delitos de terrorismo recogidos por el Código Penal español. La negociación entre los grupos ha sustituido la referencia a esta norma por la directiva sobre terrorismo aprobada en la Unión Europea en marzo de 2017. Aunque muy similares, la ley española y la europea difieren ligeramente en qué es delito de terrorismo.

Casi 80 años de historia no han servido a Naciones Unidas para consensuar una sola y única definición. Se ha intentado en muchas ocasiones, en la Asamblea General y el Consejo de Seguridad, pero aún sin resultado, como ha confirmado a preguntas de EL PAÍS un portavoz de la Oficina de Contraterrorismo de la organización desde Nueva York.

Una razón sencilla para explicar este disenso sería la que aporta Brian J. Phillips, experto en materia de terrorismo de la Universidad de Essex: “El término ‘terrorismo’ no se utiliza a menudo como una descripción objetiva, sino como un insulto. Para describir la violencia con la que no estamos de acuerdo”. Comparten los expertos en la materia que ningún individuo o grupo armado en su sano juicio se calificaría como terrorista, un término peyorativo que descalifica. La historia del terrorismo como forma de acción hunde sus raíces en la Francia revolucionaria de la década de 1790, en el periodo denominado Reino del Terror, durante el cual el Estado avaló el uso de una violencia brutal (ejecuciones públicas y asesinatos en masa) para aniquilar a los contrarrevolucionarios. Un siglo después, en la Conferencia de Roma de 1898, el terrorismo empezó a sonar en la lucha contra los grupos anarquistas al hilo del asesinato de la emperatriz de Austria.

 Allá por 1960, la ONU comenzó a trabajar en ello. El investigador suizo Alex P. Schmid, del Centro Internacional contra el Terrorismo, con sede en La Haya, contabilizó en un informe publicado el pasado año una veintena de tratados con el sello de Naciones Unidas a través de los que se puede ir trazando, cogiendo de aquí y de allí, una definición del acto terrorista (contra un avión, un barco, una central nuclear…), pero no una única y universal.

En ese mismo reporte, por cierto, Schmid señalaba otro punto interesante de consenso entre los académicos y que permite identificar el atentado terrorista: las víctimas directas no son el objetivo final (a diferencia del asesinato común en el que víctima y objetivo coinciden). Aquí podría encajar la muerte de tres personas a manos de Jerad y Amanda Miller en junio de 2014 en Las Vegas. Los dos primeros murieron en una pizzería, y el tercero, en un centro comercial. A simple vista pudiera parecer el crimen cometido por dos asesinos comunes con una motivación vulgar. Pero los dos habían mostrado en un escrito y en sus redes su rechazo a la Administración de Barack Obama, objetivo último de sus balas.

El caso del canadiense Nathaniel Veltman es ejemplar, de libro. A sus 20 años, el 6 de junio de 2020 segó la vida de cuatro miembros de la familia Afzaal, musulmanes de origen paquistaní, embistiéndolos con su furgoneta en la provincia canadiense de Ontario. Tras cometer el asesinato múltiple, se fue a un centro comercial, llamó a la policía, confesó y se entregó. Veltman formaba parte de una familia desestructurada, de padres divorciados, pero cristiana fundamentalista. En el interrogatorio, el chico declaró que mató a los Afzaal tras meses planeando atentar contra musulmanes por el simple hecho de serlo; que quería mandar un mensaje a otros jóvenes blancos para que hicieran lo mismo: asesinar con sus coches a ciudadanos que profesaran el islam, entre ellos a niños, con el objetivo de que el impacto, el terror, fuera mayor. Quería generar en esa comunidad una sensación de inseguridad para que abandonaran el país. El pasado 22 de febrero, la jueza Renee Pomerance le sentenció a cadena perpetua. La magistrada no quiso pronunciar su nombre, pero dejó una cosa clara: es un terrorista, y lo que hizo, un “caso de libro” de terrorismo. El atentado de Veltman es uno de los últimos ejemplos trágicos que permiten, a través de la descripción de los hechos, construir una definición casi universal de terrorismo. En este sentido, el fallo de la jueza Pomerance ha aportado una novedad: es la primera sentencia en Canadá que califica como terrorista un ataque ejecutado por supremacistas blancos.

Y eso que masacres de estas características ha habido otras en el país norteamericano, como la que acabó con la vida de seis personas en una mezquita de Quebec en enero de 2017. El terrorismo es quizá el delito más grave cometido en un contexto no bélico. La calificación de un acto como terrorista es también una de las más debatidas, tanto en el escenario nacional como en el internacional. Y en contextos alejados en ocasiones de forma sideral.

Si en Canadá causó sorpresa la descripción del delito de Veltman, en España, el término terrorismo es también hoy materia de debate. El Tribunal Supremo tiene abierta una causa contra el expresidente del Gobierno catalán Carles Puigdemont, entre otros, por posible delito de terrorismo en las protestas y disturbios independentistas de 2019. Algunos de los encausados huyeron a Suiza. La Oficina Federal de Justicia del país helvético, tras recibir de tribunales españoles una comisión rogatoria, ha descrito aquellos actos de “carácter político”, cuestionando, por tanto, su naturaleza terrorista. “Las diferentes experiencias nacionales e históricas de los Estados no solo moldean su comprensión de lo que es y lo que no es el terrorismo”, señala en un intercambio de correos Simon Copeland, investigador del centro de análisis británico RUSI, “sino también sus marcos legislativos para abordar la violencia por motivos políticos, lo que complica aún más los requisitos de una definición universal”.

El caso español da para mucho, en línea con lo señalado por Copeland sobre la influencia de la experiencia nacional. ETA, primero, y el yihadismo, después, han obligado a actuar en el terreno político y jurídico: en el año 2000, y tras varios atentados, el PSOE y el Partido Popular sellaron el llamado Pacto Antiterrorista con el fin de, precisamente, evitar que la lucha contra la banda armada de origen vasco fuera instrumentalizada políticamente. Quince años después fue el crecimiento del Estado Islámico (ISIS) el que motivó la reforma del Código Penal para adaptar la ley al combate del terrorismo yihadista.

Más recientemente, la ley de amnistía pactada entre el Gobierno y el independentismo catalán ha recuperado el debate sobre qué es terrorismo. Una primera “El término se utiliza como un insulto para describir la violencia con la que no estamos de acuerdo”, dice un experto Tras el 11- S, la etiqueta empezó a extenderse sin control para, en el proceso, perder significado

El FBI lo calificó de “terrorismo de corte nacional”. La experta de la Universidad de Nantes Jenny Raflik, en un intercambio de mensajes, se atreve con esta definición de terrorismo: “Violencia deliberada, desproporcionada e ilegal destinada a ejercer presión, mediante el terror, sobre un país, una sociedad o un grupo de personas”. Pero advierte: “Forma parte de un proyecto más amplio, político, social o religioso y, por tanto, coexiste con otros modos de acción”.

La motivación importa, y mucho. Sirva de ejemplo que el secuestro de un aparato, dirigir un vehículo contra una multitud o degollar a una persona constituyen per se delitos tipificados en cualquier código penal. Pueden ser terrorismo o no. La clave está en el porqué de la acción. La frontera entre el acto terrorista y la simple violencia es fina: en junio de 2015, en pleno auge del fenómeno ISIS en Europa, un hombre decapitó a su jefe y atacó una empresa de gas cerca de Lyon. Existía claramente el efecto imitación del grupo terrorista sirio- iraquí, pero el individuo declaró que no tenía vínculos con él y que existía una disputa profesional. Se le imputó un delito de asesinato con fines terroristas, pero se suicidó antes de que se pudiera saber más. Falta de acuerdo El análisis de códigos penales como el español, el francés y el estadounidense, así como de los textos académicos y los tratados internacionales, permite reconocer varios puntos en común para describir un acto terrorista a semejanza de lo dicho por Raflik: violencia, amenaza, terror, coacción, orden público…

La falta de acuerdo, según coinciden los expertos consultados, está precisamente en el uso político que cada Estado o sujeto puede hacer del sello “terrorista”, debido a que precisamente la “motivación política” es un componente esencial en las definiciones académicas y jurídicas. Un actor político juzga un acto violento con una posible causa política; un cóctel que se abre fácilmente a la instrumentalización y el uso torticero del término terrorismo. Según afirma en un mensaje el ensayista francés Olivier Roy, uno de los expertos en este asunto más leídos dentro y fuera de Francia, la falta de una definición universal “refuerza que cada uno tenga su propia lista de terroristas y, por tanto, que la etiqueta de terrorismo sea más política que objetiva”. Y lo ejemplifica: “Israel rechaza el término ‘terrorista’ para describir los actos de los colonos en territorios ocupados [ de Palestina], cuando precisamente estos últimos practican la violencia contra una población civil. Egipto y los Emiratos Árabes Unidos están intentando que Europa califique a los Hermanos Musulmanes como terroristas, aunque ninguno de ellos ha participado en ataques fuera de conflictos internos”. El ejemplo israelí del que habla Roy es muy oportuno. Tras los ataques del pasado 7 de octubre, el Ejecutivo de Benjamín Netanyahu se lanzó a calificar al autor de la masacre, Hamás — en la lista de grupos terroristas de la Unión Europea y EE UU—, como grupo a imagen del propio ISIS (conocido también por su acrónimo peyorativo árabe Daesh). Washington, su aliado, ahondó en ello y colaboró, en boca incluso del propio Joe Biden, en la campaña que ha tratado de situar en la misma liga a la milicia palestina y a la organización terrorista sirio- iraquí. Si bien Hamás, considerado por muchos Estados un movimiento de liberación, usó tácticas terroristas durante la matanza del 7 de octubre, la naturaleza y objetivos de uno y otro grupo son muy diferentes.

El profesor francés afirma que no es posible alcanzar una definición “puramente jurídica” de terrorismo porque son muchos los actores que pueden aterrorizar a través de la violencia: un Estado en guerra declarada (el bombardeo aliado de Dresde en 1944), un movimiento de liberación nacional donde el terrorismo es un medio de acción entre otros (el FLN argelino o Hamás) o una organización en la que es su forma esencial de acción (Al Qaeda, Daesh).

“Distinguir entre estos casos”, prosigue Roy en su argumentación, “es una cuestión política y no moral ni jurídica”. Sobra decir que lo que Bruselas y Washington consideran terrorismo no casa mucho con lo que juzga Moscú. Hamás es de nuevo un buen ejemplo. Si bien el Kremlin ha condenado los ataques de octubre, la milicia palestina al frente del Gobierno de Gaza no cuenta con el sello ruso de organización terrorista. Moscú mantiene relaciones al menos con la rama política del movimiento de liberación.

Stephanie Foggett, investigadora del centro de análisis The Soufan Group, abunda en la reflexión de Roy: “Dada la naturaleza inherentemente política del terrorismo”, explica, “existe mucho poder para decidir qué se incluye y se excluye en tal definición de violencia política. Como tal, el proceso no es neutral y es poco probable que una definición singular satisfaga los intereses nacionales cambiantes y divergentes de los Estados”.

Para divergencias las que mantienen la UE y EE UU en torno a la designación de Rusia como país patrocinador de terrorismo, de nuevo un asunto de corte político y no jurídico. El Parlamento Europeo sí ha dado ese paso; Washington, pese a las presiones internas y las peticiones de Ucrania, no lo ha hecho. Al margen de arbitrariedades y ambigüedades, la ausencia de una definición universal del terrorismo tiene consecuencias negativas. A simple vista y ante tipificaciones diferentes, sufre la cooperación entre países para perseguir a grupos transnacionales.

Pero hay más. Richard Barret, antiguo miembro de los servicios de inteligencia británicos y exjefe del equipo de monitoreo de la ONU sobre Al Qaeda, señala lo siguiente: “La falta de una definición desdibuja la división entre insurgencia y terrorismo”, afirma, “permite a los gobiernos obtener apoyo internacional (o evitar las críticas internacionales) para la represión de la oposición. También conduce a un excesivo refuerzo de la seguridad del Gobierno y a la militarización de organismos civiles como la policía y al abuso de poder que conduce a la erosión de los derechos humanos y libertades civiles”.

Un escenario, el que describe Barret, que recuerda al que dibujó la guerra contra el terror acuñada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE UU. Fue entonces cuando los gobiernos occidentales al frente de esta campaña de castigo en Oriente Próximo contra Al Qaeda eliminaron de la ecuación terrorista el componente causa, es decir, la motivación, para evitar que los atentados pudieran tener algún tipo de justificación. Solo había asesinos que mataban sin razón. La etiqueta “terrorista” empezó a extenderse sin control para, en el proceso, perder significado. Una corriente que se ha matizado en la última década a través de leyes nacionales e internacionales, pero que no ha logrado un consenso para una definición universal.

Opinión:

Este es, precisamente, uno de las eternas preguntas que muchas víctimas del terrorismo nos hacemos a menudo, una de las que más hablamos cuando nos encontramos. ¿Qué es terrorismo?

Recuerdo cuando nos trabajamos la Ley de Solidaridad 32/1999, en plena tregua de la banda terrorista ETA.

Aunque no se presentó una definición exacta de lo que se consideraba “terrorismo”, sí se presentó la definición sobre qué era ser “víctima”: “

Las víctimas de actos de terrorismo o de hechos perpetrados por persona o personas integradas en bandas o grupos armados o que actuaran con la finalidad de alterar gravemente la paz y seguridad ciudadana tendrán derecho a ser resarcidas por el Estado, que asumirá con carácter extraordinario el abono de las correspondientes indemnizaciones, en concepto de responsabilidad civil y de acuerdo con las previsiones de la presente Ley”.

Por lo tanto, llevamos casi 25 años sin tener una definición común y consensuada entre, al menos, los países que hemos sufrido los embates de esta lacra.

Y yo me pregunto: ¿de qué hablan en los parlamentos europeos aquellos que dicen defender los derechos de “LAS” víctimas del terrorismo? ¿De qué han hablado en tantos años de reuniones y, por lo tanto, de sueldos y dietas recibidos?

 

17 marzo 2024 (8) Ideal

 

17 marzo 2024 


 

Las conmemoraciones del 11-M

La podredumbre moral de los actuales gobernantes, junto con los enemigos declarados de España, hacen imposible una concordia nacional

Andrés García Lorca, Catedrático de Universidad en el Área de Análisis Geográfico y Regional

Nunca podré olvidar esta fatídica fecha, 11 de marzo de 2004, en el que se realizó esa masacre de personas inocentes sin que sepamos a ciencia cierta por qué ocurrió y quien la ordenó.

Recuerdo que estaba en un hotel de Bruselas y mientras me vestía, sintonicé el canal internacional de TVE sorprendiéndome la imagen fija de una cámara mostrando una columna de humo y poco a poco se comenzarían a recibir noticias de las explosiones en Atocha. Era un día importante para mí pues estaba citado con un representante de España en la UE para comentarle y pedir apoyo para el proyecto de investigación que iba a presentar en las oficinas comunitarias esa mañana.

Cuando llegué al edificio de las CCE en la Rue Belliard, el representante español me comunicaba el atentado y que según la embajada era una acción de ETA; personalmente le comenté que yo no lo tenía nada claro, pues no veía la firma de los etarras y si me parecía la del terrorismo islámico. A lo largo del día tuve varias llamadas una, de Ton Martín Benítez, desde Canal Sur, que me pedía opinión; le respondí que no tenía nada claro, significándole que había que esperar a que la investigación avanzase.

Otras llamadas de algunos conocidos me manifestaban el alcance de la tragedia y comentaban la situación; pero recibí un mensaje de un compañero de la Universidad, que ocupaba un cargo en el PSOE, en el que convocaba, a todos los que figuraban en su lista de contactos, a una manifestación frente a la sede del PP, denunciando un engaño y haciendo recaer las culpas del atentado en el gobierno del PP.

Paralelamente me advertían desde el PP de la maniobra de intoxicación y violencia que que preparaban los socialistas utilizando medios de comunicación afines. Los hechos posteriores son conocidos y marcaron el momento de cuando se originó un cambio que sería determinante para la convivencia de los españoles, lo inspiraba Rubalcaba, lo inició Zapatero y Sánchez lo ha desarrollado.

Esta realidad de ruptura de la convivencia y enfrentamiento entre españoles es lo que se ha conmemorado este 11 de marzo de 2024 y no la reivindicación del sacrificio de unos inocentes que perecieron, sin una razón que se conozca con claridad; matanza sobre la que se construyó un gobierno del odio y la mentira de cuya realidad son las evidencias de hoy. La podredumbre moral de los actuales gobernantes, junto con los enemigos declarados de España, hacen imposible una concordia nacional a la vez que operan por la destrucción del modelo de estado y los pilares de una convivencia basada en el espíritu constitucional que hizo posible la igualdad, la paz y el progreso de los españoles.

Mientras, seguimos asistiendo al espectáculo de la impunidad que se nos ofrece a diario con los casos de corruptelas, connivencias y abusos de poder como en las más negras dictaduras; unido a ello, el bochornoso espectáculo de los ministros del Gobierno, que en vez de gobernar con eficiencia y justicia, se implican en declaraciones y actuaciones que evidencian su estulticia personal y la vileza moral de sus argumentos, como corresponde a representantes políticos, incapaces de gobernar, pero resueltos a apropiarse del poder sin reparar en medios. Queda la esperanza de la justicia y el sentido común de la mayoría del pueblo español, para acabar con esta escandalosa realidad de mentira, deshonor y traición, trufada de delincuentes, arribistas y golfos. Tal vez, los procesos electorales que se avecinan nos devuelvan, la paz y las garantías constitucionales perdidas.

 

 

17 marzo 2024 (7) ABC

 

17 marzo 2024 


 

'Otegi, la última bala de ETA', el libro que desmenuza el pasado del líder de Bildu y su papel ante las elecciones vascas

ABC adelanta la obra que Plaza & Janés pone a la venta el próximo jueves

ABC publica un adelanto de 'Otegi, la última bala de ETA', un libro que la editorial Plaza & Janés pone a la venta este próximo jueves, justo un mes antes de las próximas elecciones vascas. La obra, fruto de un largo trabajo de investigación desde hace más de una década de los periodistas Mariano Alonso (redactor de la sección de España de ABC) y Luis Fernando Quintero, retrata la figura del líder de Bildu desde su paso por ETA, donde participó en varios secuestros, hasta que en los años noventa llegó a liderar Batasuna.

Estamos ante un trabajo periodístico definitivo para entender la personalidad de un dirigente clave en el País Vasco, donde el antiguo brazo político de los terroristas está electoralmente al alza, sin que se descarte su victoria el 21 de abril. Pero también en toda España, donde trata de sustituir al PNV como el 'conseguidor' de acuerdos en Madrid. Estos son varios fragmentos del libro que sale a la venta esta semana.

Estamos ante un trabajo periodístico definitivo para entender la personalidad de un dirigente clave en el País Vasco, donde el antiguo brazo político de los terroristas está electoralmente al alza, sin que se descarte su victoria el 21 de abril. Pero también en toda España, donde trata de sustituir al PNV como el 'conseguidor' de acuerdos en Madrid. Estos son varios fragmentos del libro que sale a la venta esta semana.

Nacido con ETA

Otegi nació en Elgóibar en 1958, apenas unos meses antes de que se fundase ETA, a finales de aquel año, a muy poca distancia de su localidad natal, en el barrio donostiarra de Gros, donde hoy se sitúa el Kursaal. Su cosmovisión hunde sus raíces en la mística de Euskal Herria como un lugar montañoso y rural, ajeno desde tiempo inmemorial a las influencias externas, ya sea la romanización o la relación con el resto de las provincias de España.

En su cabeza, el vasco vive en el caserío, subsiste cultivando sus productos y es impermeable a lo que venga de fuera; aun cuando históricamente haya sido un pueblo de grandes marinos que han ido muy lejos y que se han mezclado con el exterior, aspecto que el nacionalismo suele desdeñar. En 2003 Otegi fue uno de los protagonistas destacados de un documental que ahondaba en esa visión, 'La pelota vasca. La piel contra la piedra', dirigido por el director vasco Julio Medem.

Ante su cámara, y sentado en un frontón, explicó cuál era su mundo: «El día que en Lekeitio o en Zubieta se coma en hamburgueserías y se oiga música rock americana, y todo el mundo vista ropa americana, y deje de hablar su lengua para hablar inglés, y todo el mundo, en vez de estar contemplando los montes, esté funcionando con internet... pues para nosotros ese será un mundo tan aburrido, tan aburrido, que no merecerá la pena vivir».

El secuestro de Luis Abaitua

El 19 de febrero de 1979, la banda terrorista ETA secuestró a Luis Abaitua Palacios. El diario ABC recogió la noticia al día siguiente, en un breve comunicado dentro de las páginas destacadas: «El director de la fábrica de Michelin, Luis Abaitua, de cuarenta y ocho años, casado y con seis hijos, desapareció́ ayer por la tarde en Vitoria y no se descarta la posibilidad de que haya sido un secuestro». [...]

Luis se encontraba en un edificio abandonado, una suerte de cueva donde los líquenes y la humedad habían vencido a la ferralla y al hormigón. Pese a todo, la firmeza de las paredes que le rodeaban no dejaba lugar a dudas: no tenía escapatoria más allá de la voluntad de sus captores. Junto a él, un par de literas con colchones raídos y viejos. Despejada la incógnita de que se trataba de un secuestro, solo quedaba resolver la ecuación, justo lo que paralizaba al empresario: ¿saldría de allí vivo o muerto?

Estaban en la localidad guipuzcoana de Elgóibar, muy cerca del barrio de Arriaga. Allí había una antigua cárcel abandonada. Y no era casualidad que el sitio escogido para retener a Luis Federico Abaitua Palacios, director de la fábrica de Michelin en Vitoria, fuese Elgóibar. Al menos uno de sus captores conocía bien aquel enclave, no en vano había crecido en sus calles y corrido por sus montes. Había jugado al fútbol en los campos municipales y en otoño había salido con sus padres y sus amigos a coger setas por el bosque, muy cerca de donde ahora retenían al empresario.

El elgoibatarra que había ayudado a planificar el secuestro y que ahora sería el encargado de mantener a raya al empresario no era otro que Arnaldo Otegi Mondragón. Un jovencísimo Arnaldo que aún no había cumplido los veintiún años cuando se quedó a cargo de Luis Abaitua en aquella antigua «cárcel del pueblo».

Luis Abaitua no sabía qué hora era, ni cuánto tiempo había transcurrido desde que dio con sus huesos en aquella litera dominada por el polvo y la humedad. Hacía frío y se le antojaba noche cerrada, pero no podía pensar con claridad. Sin luz ni ventilación, pasaba el tiempo recostado a la espera de que alguno de sus captores decidiera dirigirse a él. En sus pensamientos no le abandonaban ni Mercedes Odriozola, su esposa, ni sus hijos, de seguro aterrados al ver que su padre no regresaba ni daba señales de vida.

Mientras tanto, su familia ya se había puesto en contacto con la Policía y la Guardia Civil. Los agentes se afanaron en recorrer varias veces el camino que tendría que haber seguido desde la fábrica hasta casa. Tampoco había rastro de su SEAT blanco. Aunque no habían recibido comunicación ninguna de ETA, todos pensaban que la banda terrorista se encontraba detrás de la desaparición de Luis.

Saberse parte de ETA y de sus grupos armados ya era suficiente para aquellos chavales hambrientos de sangre. Y en medio de una operación de chantaje como aquella, la adrenalina suministraba la suficiente dosis diaria como para no considerar tediosa la espera. Otegi, como carcelero principal, se recreaba ofreciendo a Luis recortes de prensa en los que no se pudiera averiguar la fecha o el diario del que procedían. Contenían la información que los medios de comunicación manejaban sobre su situación, así́ como la evolución del conflicto laboral que atravesaba la fábrica de Michelin en Vitoria.

—¡Eh, tú! —le espetó Otegi, siempre oculto bajo el pasamontañas‌—. Espabila, que vamos a charlar un rato tú y yo.

Sonaba más firme que cuando se dirigían a él para darle la comida o las noticias.

Su carcelero abrió la puerta y, a punta de pistola, le esposó las manos a la litera de modo que se quedara sentado en la cama de abajo y mirando a la pared. A continuación, y casi con desgana, Otegi colocó una silla frente a él y se sentó.

Sin demasiados titubeos, comenzó́ a preguntarle a Luis Abaitua sobre la situación de los trabajadores de Michelin, sobre sus condiciones laborales, sueldos, horas de trabajo... Otegi destacaba entre sus compañeros por su facilidad de palabra. Y con esa habilidad retórica, que tanto le serviría luego en su carrera política, le siguió preguntando por los hombres que tenía a su cargo en la fábrica de Vitoria y quiénes eran los encargados de dirigir a los equipos de obreros en el día a día. También se interesó́ por las condiciones que tenían y por la política de la empresa con sus empleados.

Luis contestó paciente y lúcido un interrogatorio tras otro. Aunque le mantenían en unas condiciones deplorables, no pasaron de las inquisitoriales rondas de preguntas y evitaron elevar el maltrato a los golpes o mutilaciones a los que habían recurrido en otras ocasiones. Lo que sí aplicaron fue la tortura psicológica habitual de los secuestros de la banda: privar de referencias horarias a la víctima y de saber si morirá o no en las horas siguientes.

Al tercer día, Otegi y su compinche volvieron a dirigirse al empresario:

—Luis, atiende, vas a escribirle una carta a tu mujer en la que digas que para que vuelvas a casa es necesario que arranquen de una vez las negociaciones con el comité de trabajadores de Michelin. Deja bien claro que estás de acuerdo y que no hay más condiciones que esa. En cuanto nosotros la revisemos, se la enviaremos a Mercedes.

Interrogado por Grande-Marlaska

Era miércoles, 25 de mayo de 2005, y Otegi estaba en la capital porque tenía cita en la Audiencia Nacional. A primera hora de la tarde hizo su aparición por la calle Génova (la sede del tribunal se encuentra enfrente de la sede central del PP), protegido por la policía, con su abogada Jone Goirizelaia y otros dirigentes de Batasuna. Varias personas le increparon llamándole «asesino». Dentro le esperaba el magistrado de turno, Fernando Grande-Marlaska, quien más de una década después se convertiría en ministro del Interior del Gobierno de Pedro Sánchez, del que Otegi es uno de sus principales socios parlamentarios. Grande-Marlaska, que sustituía a Baltasar Garzón –de permiso por un viaje a Estados Unidos–, conocía bien el País Vasco por ser natural de Bilbao y, sobre todo, por haber ejercido en la Audiencia Provincial de Vizcaya justo cuando ETA rompió la tregua de 1998. Le interrogó durante toda esa tarde y esa noche, y ya de madrugada decretó su ingreso en prisión, eludible bajo una fianza de 400.000 euros, por integración en banda terrorista en grado de dirigente.

En su testimonio, Otegi afirmó no saber nada del aparato económico de ETA, dijo que respetaba a las víctimas del terrorismo –la asociación mayoritaria de éstas, la AVT, formaba parte de la acusación– y que Batasuna nunca buscaría la confrontación con ellas. El auto de Grande-Marlaska estableció como hecho probado el que, «a pesar de que HB-Batasuna se encuentra suspendida en el marco de este sumario (además de ilegalizada por el Tribunal Supremo en virtud del art. 61 de la LOPJ), el acusado OTEGUI MONDRAGÓN ha seguido actuando de forma notoria, pública y reiterada como portavoz de una organización ilícita e ilegalizada, suspendida por su subordinación orgánica y factual del entramado de la organización terrorista ETA». Una reiteración que el juez fijaba como acreditada por «las continuas ruedas de prensa, convocatorias, manifestaciones en nombre de HB, utilización de infraestructura contratada fraudulentamente por Sozialista Abertzaleak, pero que del marco de lo investigado se ha podido acreditar en grado de seria probabilidad que de los mismos no se desarrollaba actividad parlamentaria alguna, sino todo lo contrario, es decir, se ha continuado ejerciendo una acción de proselitismo y apología de la actividad de la organización ilícita HB».

La defensa negó las acusaciones aduciendo que «el Ministerio Fiscal no da ningún dato que diga que Arnaldo OTEGUI, siendo miembro de HB-EH-Batasuna, haya actuado en algún momento bajo las órdenes de ETA, instrumentalizado por ETA, o a sus servicios». Y añadía el alto grado de interlocución que ya para entonces tenía su defendido con las más altas instancias del Estado: «Resulta curioso que se diga que el Sr. Otegui ha actuado en nombre de una organización suspendida e ilegalizada, cuando el lehendakari en funciones le ha llamado a consultas, exactamente igual que a cualquier otro político del País Vasco, y cuando el presidente del Estado español se dirige públicamente al Sr. Otegui como interlocutor en actos públicos, como los realizados en el Kursaal en San Sebastián o como los mítines de la última campaña electoral». Nada más conocer la decisión del juez, y sobre todo la petición del fiscal Jesús Alonso, Otegi proclamó una frase que haría fortuna: «¿Esto lo sabe Cándido Conde-Pumpido?».

En la dirección del Estado

Quiso la causalidad que su puesta en libertad coincidiera con el primer debate de investidura de Pedro Sánchez, en aquella ocasión fallido, pues los 130 escaños que sumaron entonces el PSOE y Ciudadanos fueron insuficientes para desalojar a Mariano Rajoy de la Moncloa, lo que lograría dos años después, en 2018, mediante una moción de censura. A aquella investidura se opuso el PP, pero también Podemos, entonces en su mejor momento electoral, siendo la tercera fuerza parlamentaria con 71 escaños y habiendo ganado las elecciones en el País Vasco. Un dato, este último, no menor para Otegi, que olía el peligro de ver fagocitada buena parte de su base electoral por el que era, con permiso de Ciudadanos, el partido de moda en España.

En aquellos días, Pablo Iglesias recibió con parabienes la salida de Otegi. «La libertad de Otegi es una buena noticia para los demócratas. Nadie debería ir a la cárcel por sus ideas», señaló el secretario general de Podemos, en ese momento duramente enfrentado a Sánchez, como quedó de manifiesto en un agrio cara a cara entre ambos durante la citada investidura. Un cara a cara en el que Iglesias acusó al PSOE de tener las manos «manchadas de cal viva».

Apenas unas semanas después, y en un clima de falta de entendimiento en la izquierda española que, entre otros factores, provocó la repetición por primera vez de las elecciones generales, Sánchez arremetió contra la «pseudoizquierda» de Podemos, que «ensalza a Otegi» mientras «deja a la derecha gobernando este país». [...] Pero incluso antes, en la mencionada sesión de investidura, el secretario general del PSOE comenzó su réplica a Iglesias reprochándole lo que dijo sobre Otegi tras su salida de la cárcel. «El próximo lunes día 8 se cumplen ocho años del asesinato de Isaías Carrasco, un trabajador de un peaje que fue asesinado por ETA, por aquellos a los cuales usted dijo ayer que eran presos políticos».