01 agosto 2026
La mística de Pertur
Pablo de
Lora
«La valentía y decencia moral de Pertur no
alcanzó sencillamente a dejar todo aquello, como sí hicieron Iñaki Viar, Mario
Onaindía o Jon Juaristi entre otros»
Cuánto respeto o aprecio nos deben merecer quienes traicionaron a los correligionarios de una organización terrorista, o que intentaron, en su seno, que depusieran su actitud criminal pagando incluso con su vida por ello.
En una larga y descarnada entrevista divulgada por Gzeta Producciones en el marco de su podcast Desmontando a ETA, el concejal del Partido Socialista de Euskadi Jon Aldalur narra que la génesis de su primera rebeldía política, que acaba desembocando en su incorporación a ETA, se incuba con el Proceso de Burgos, en 1970. «Tenía 12 años», confiesa con pesadumbre exculpatoria.¡
Seis años después, junto a José Agustín Echaga y José Ignacio Egaña, y bajo las órdenes de Miguel Ángel Apalategui, Apala, secuestraron al empresario Ángel Berazadi solicitando a la familia un fabuloso rescate (200 millones de pesetas de la época que equivaldrían aproximadamente a 25 millones de euros actuales). Berazadi, guipuzcoano, era un conocido euskaldún, defensor del euskera y próximo al PNV. Por lo que los propios secuestradores contaron después, era un apto cocinero que llegó a prepararles la comida hasta que, a la vista de que la familia no alcanzaba a pagar lo exigido, fue ejecutado por orden directa de Apala.
En el impresionante corto Derbi de Jon Viar se condensa en escasos 15 minutos ese vínculo que pudo llegar a forjarse entre el secuestrado y sus captores y la ceguera moral que permitió a unos jóvenes fanatizados parar el coche en una curva remota, sacar al secuestrado y pegarle un tiro. Rememora el concejal socialista Aldalur casi 50 años después que, una vez recibida la orden, «no pensamos, si lo empiezas a pensar… Lo preparamos enseguida, intentamos que el hombre no se percatara del asunto, lo hicimos lo mejor que pudimos aquello… No creo que se enterara, pero en algún momento sí nos dijo: ‘¿Qué me vais a matar?’. Le sacamos del coche. Ya lo teníamos pensado más o menos. Le pegamos un tiro y nos fuimos».
Aldalur, Egaña y Echaga fueron indultados el 1 de agosto de 1977. La viuda y los seis hijos de Berazadi jamás regresaron al País Vasco. Tampoco Apala, quien, tras ser liberado por las autoridades francesas y amnistiado de sus varios crímenes —entre otros el secuestro y asesinato del empresario Ybarra— gracias a la Ley de 1977, anduvo en paradero desconocido. Desde los años noventa se le ubica en Cuba como «refugiado político».
Recientemente se han cumplido también 50 años desde que fuera visto vivo por última vez Eduardo Moreno Bergareche, Pertur, el histórico dirigente de ETA. Con tal motivo, y bajo los auspicios del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo y el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos-Gogora del Gobierno Vasco, se ha difundido un podcast sobre el caso dirigido por Gaizka Fernández Soldevilla y Abel García Roure.
A lo largo de tres episodios se recrean muchos de los aspectos conocidos de la persona —su condición de «intelectual» de la organización, su enfrentamiento con los comandos bereziak que acaba desembocando en la escisión entre ETA militar y ETA político-militar—; del contexto político —los estertores del franquismo, la incertidumbre tras la muerte del dictador y el difícil maridaje entre el fermento marxista de la banda y su creciente etnonacionalismo—; de su «desaparición» —los testimonios de los que le vieron aquel 23 de julio de 1976 en un coche en San Juan de Luz junto a Apala y otro dirigente de ETA, Francisco Múgica Garmendia, Pakito—; y los vuelcos infructuosos que ha dado la investigación a lo largo de estos años, cómo los padres de Pertur murieron sin llegar a saber nada del destino de su hijo, los dimes y diretes en el seno de ETA y cómo las previas disidencias de un Pertur que llegó a ser «retenido» por la «organización» meses antes de que desapareciera, permiten concluir que, lejos de haber sido víctima de grupúsculos neofascistas italianos o de los «aparatos vinculados al Estado», como la propia ETA o sus satélites se afanaron en propalar desde el primer momento, Pertur engrosa, como la también célebre María Dolores González Catarain, Yoyes, el inventario de los asesinados por sus «compañeros». Que se añaden a las 853 víctimas de la banca criminal oficialmente consignadas.
Si me disculpan el facilón juego de palabras, hay mucho de perturbador en el episodio y los episodios en torno al destino trágico de Eduardo Bergareche, que la que fue su pareja de entonces, Lourdes Auzmendi, bien se encarga de detallarlos en el podcast. Para empezar, que el asesinato de Pertur finalmente pudiera deberse a lo que Auzmendi califica como «personal»: ella había sido antes, aunque por poco tiempo, la novia de Apala. Y para seguir, el episodio del secuestro del empresario Berazadi y la negociación en la que activamente participó Pertur para intentar que su banda rebajara sus pretensiones, un hecho que aquel vivió con particular desgarro, pues sus familias se conocían. Por lo que se sabe, en el «órgano» de ETA en el que se decidió la ejecución de Berazadi, Pertur fue el único que votó en contra.
Pero otros hechos perturban igualmente cuando se piensan desde la ventana de nuestro tiempo, pues obligan a reconsiderar, como apuntaba al principio, ese timbre moral que asignamos a los que llegaron a ser disidentes y que, si finalmente mueren por ello, cabe incluso que rocen la gloria como héroes. Recordemos algunos muy básicos: cuando Pertur ingresa en ETA, la banda criminal ya ha cometido un buen número de atentados y acciones violentas. Entre ellos, y de forma destacada por su crueldad y número de víctimas, la matanza de la calle del Correo, la colocación de una bomba en la cafetería Rolando con el resultado de 13 muertos. El total de víctimas de ETA entre los años 73 y 75 asciende a un total de 41 de acuerdo con el recuento de Mikel Buesa. Se cuentan policías, guardias civiles, alcaldes, pero también mecánicos, taxistas, inspectores de autobuses, obreros e industriales.
Del Pertur díscolo del que se resalta su osadía al ponerse a cantar en versión flamenca el Eusko Gudariak en una preasamblea de la banda en la que él vota en contra de que se atente contra un autobús de la Guardia Civil, se destaca su oposición a esas acciones, su actitud y comportamiento en el caso Berazadi y el contexto de una organización que transgrede sus propias reglas en la convocatoria del órgano que va a decidir el asesinato de una persona, como si mereciera alguna consideración que quienes ponen bombas y pegan tiros en la nuca se atengan o no a su «normativa interna».
Todo ello, a mi juicio, confunde el rábano con las hojas. Por lo que parece, la valentía y decencia moral de Pertur no alcanzaron sencillamente a dejar todo aquello, como sí hicieron Iñaki Viar, Mario Onaindía o Jon Juaristi, entre otros. Pertur, se destaca en el podcast, está detrás de los Hautsis y Zutabes, esos boletines y publicaciones de la banda en los que se explican y justifican los atentados (a algunos de ellos se había opuesto Pertur, pásmense) y es el autor e inspirador, justo antes de que desapareciera, de la ponencia política Otsagabía que pasa por ser el punto de inflexión que desembocará en la separación de los polis-milis, pero en la que no hay atisbo de renuncia a la violencia armada.
Basta un botón de muestra: «Ello no significa en ningún caso» —se afirma en la ponencia a propósito de la necesidad de crear una organización política desligada de lo militar— «que haya de abandonarse el empleo de la violencia; antes al contrario, del mantenimiento de una lucha armada adecuada a las nuevas condiciones dependerá que, tanto el partido como el conjunto del pueblo vasco, no olviden que la revolución (y consiguientemente, la independencia) no van a ser posibles sin la creación de un ejército al servicio del pueblo y sin el empleo de la violencia revolucionaria».
En el relato de Aldalur sobre el secuestro de Berazadi hay también un momento perturbador por lo que evidencia sobre el ethos de la sociedad vasca en aquellos años y en los que se sucedieron ya en plena democracia. El desenlace del secuestro se habría precipitado porque la madre de Aldalur se percató de que su hijo, junto con sus amigos, estaban utilizando un cobertizo del caserío para retener a «ese hombre». Las madres de los otros dos integrantes del comando andaban igualmente con la mosca detrás de la oreja, pero no parece que ninguna de ellas contemplara ni remotamente la posibilidad de informar a la policía para que pudieran liberarlo.En el fondo no sé de qué me extraño ahora. Hace algo menos de 50 años, cuando tenía 12 como Aldalur, y viviendo en el Madrid de 1980, yo, hijo de padres progres, había acudido a una fiesta del PCE en la Casa de Campo y allí, en un puesto de vaya usted a saber qué organización política, me había comprado una pegatina de Pertur que pegué, junto a otras, en mi carpeta de gomas con la que acudía, bien orgulloso de mi militancia, al colegio.
Era uno de otros tantos
gilipollas de entonces, que diría Jiménez Losantos.

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