08 julio 2026
El
Estado reclama a víctimas de los atentados de Barcelona y Cambrils los costes
del proceso judicial
Los
padres del niño asesinado en La Rambla o el ‘mosso’ que abatió a los
terroristas del 17-A, entre los condenados a abonar los gastos por recurrir la
sentencia
Los
automatismos de la burocracia conducen, a veces, a situaciones paradójicas.
Como la que han vivido algunas de las víctimas de los atentados yihadistas del
17-A, que dejaron 16 muertos en Barcelona y Cambrils y más de 500 afectados por
lesiones físicas o secuelas psicológicas. El Estado reclama el abono de parte
de las costas judiciales —los gastos del procedimiento— a las víctimas que no
quedaron conformes con la sentencia inicial de la Audiencia Nacional y
presentaron, sin éxito, un recurso ante el Tribunal Supremo, según la
documentación a la que ha accedido EL PAÍS.
El
17 de agosto de 2017, un grupo de jóvenes de Ripoll (Girona), adoctrinados
previamente por el imán de la localidad, protagonizó el mayor atentado
yihadista en Cataluña. Pasadas las 17 horas, Younes Abouyaqooub arrolló, al
volante de una furgoneta alquilada, a decenas de personas en La Rambla de
Barcelona. Horas después, sus compañeros desataron el caos en el paseo marítimo
de Cambrils (Tarragona). Todos ellos fueron abatidos por la policía. Con los
autores materiales fallecidos, la Audiencia Nacional solo pudo juzgar y
condenar a tres miembros de la célula terrorista: Mohamed Houli (43 años de
cárcel), Driss Oukabir (36) y Said Ben Iazza (ocho), según la resolución final
del tribunal.
Los
tres condenados presentaron un recurso de casación ante el Tribunal Supremo
para rebajar o suprimir sus condenas alegando vulneraciones de derechos. Pero
también lo hicieron algunas de las víctimas de los atentados, al considerar que
Mohamed, Driss y Said debían ser condenados también por cada uno de los
asesinatos cometidos en Barcelona y Cambrils. La célula había planeado,
inicialmente, cometer un gran ataque con explosivos en lugares emblemáticos
como la Sagrada Familia o el Camp Nou. Pero la explosión fortuita de los más de
300 kilos de TATP —conocido como madre de Satán y usado habitualmente por
Estado Islámico, que reivindicó el ataque— que almacenaban en una casa de
Alcanar (Tarragona) les obligó a improvisar un plan.
El
abogado de cinco de los mossos afectados por los atentados, José Antonio Bitos,
argumentó que los acusados conocían también ese plan alternativo y, en
cualquier caso, debían responder por las muertes del 17-A. Entre sus
representados está el llamado héroe de Cambrils, el agente de los Mossos
d’Esquadra que abatió a cuatro de los terroristas que, tras apearse de un coche
vestidos con chalecos explosivos falsos, atacaron a diversas personas (una
falleció) y causaron el pánico en la localidad. Al recurso se sumaron también
los padres de Xavi, el niño de tres años atropellado mortalmente en La Rambla.
Su abogado, Agustí Carles, insistió en la falta de vigilancia y la
responsabilidad del Estado en lo sucedido.
En
noviembre de 2023, el Tribunal Supremo rechazó los recursos, salvo el de Said.
La sentencia impuso las costas de oficio a las partes que habían apelado, lo
que significa que cada una debe pagar sus gastos y también, en parte, los del
proceso. A partir de esa resolución, la Abogacía del Estado ha hecho un cálculo
de las costas por el recurso contra nueve personas: Driss y Houli, los padres
de Xavi y los cinco mossos. En un escrito dirigido al tribunal, el organismo
envía una “minuta de honorarios” y pide que el importe se ingrese “a favor del
tesoro público” en una determinada cuenta corriente.
La
ley y la justicia gratuita
La
cantidad reclamada asciende a 2.726 euros, pero la cifra, aunque sea pequeña,
es lo de menos para las víctimas. Fuentes cercanas a los afectados lamentan que
el Estado actúe “con el piloto automático puesto” teniendo en cuenta que la ley
de víctimas del terrorismo, de 2011, contempla el derecho de los afectados “a
la asistencia jurídica gratuita en todos los procesos judiciales y
administrativos” vinculados a su condición. Fuentes judiciales afirman que es
altamente improbable que los afectados acaben pagando, precisamente porque la
sentencia inicial reconoce su condición de víctimas. Como reconoció aquella
resolución de la Audiencia Nacional, las víctimas han sido las “grandes
olvidadas” del 17-A.
“Que
el Estado diga que está con las víctimas y que son su prioridad y luego reclame
unas costas por pedir derechos es penoso”, opina Robert Manrique, herido en el
atentado de ETA en Hipercor e histórico activista a favor de los derechos de
las víctimas. Manrique señala que, aunque la ley reconoce la justicia gratuita,
es “complicado” llevarla a la práctica en los casos en que la reclamación se
dirige, precisamente, contra el Estado. “Es paradójico, porque la ayuda te la
ha de dar la parte contraria. Por eso mucha gente, en esos casos, acaba
acudiendo a abogados privados”, afirma.
Opinión:
El derecho a “justicia gratuita” para víctimas del
terrorismo no ha sido algo que haya existido desde los inicios del terrorismo.
Ni mucho menos. Fue el logro a unas solicitudes presentadas y luchadas durante
largo tiempo.
Obviamente, no me cabe duda de que cualquier persona
relacionada con la abogacía siempre defenderá los intereses de su cliente. Pero
también me he encontrado en situaciones en las que ha habido otras víctimas de
atentados que mostraban su extrañeza ante el hecho de que, quien defenderá sus
derechos, sean personas aportadas por el propio Estado, al que esas víctimas consideran
como la parte contraria.
Por ello, conocer noticias como la que se publica en el sentido
de que “el Estado reclama el abono de parte de las costas judiciales —los
gastos del procedimiento— a las víctimas que no quedaron conformes con la
sentencia inicial de la Audiencia Nacional y presentaron, sin éxito, un recurso
ante el Tribunal Supremo” es una muestra más de que esa supuesta colaboración y
empatía, en muchos casos no se recibe.
Y si además vamos leyendo, día tras día, sobre los “extraños”
casos que se dan en juicios de mucha más importancia en los que se mueven
exorbitantes cantidades económicas, la sensación de desconfianza e incredulidad
va creciendo.

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