martes, 11 de febrero de 2020

10 febrero 2020 La Razón

10 febrero 2020 



Yihadistas: 186 «bombas» cuando salgan de la cárcel 
Los terroristas no aceptan los programas
No interiorizan que lo que han hecho es delito y se aferran a que son «soldados de Alá», que les ordena seguir en la lucha

Son 186 «bombas de relojería» cuando abandonen la cárcel en España. Y hay otros 78 que se pueden sumar a la lista. Los planes para sacar de la radicalización a los presos yihadistas chocan con el fanatismo de quienes se creen en posesión de la única verdad que les ilumina su dios Alá.
No están dispuestos a dejar su radicalización por más que se articulen programas y protocolos para que abandonen el yihadismo. Los presos, ante los psiquiatras, argumentan que los delitos que han cometido no son tales, sino acciones consecuentes con la participación en la lucha.
No admiten su culpa y, en consecuencia, cuando salen de la cárcel suelen estar más fanatizados y con un odio mayor a occidente, que, según ellos, les ha privado de la libertad durante el cumplimiento de las penas. Que cometan un atentado es sólo cuestión de tiempo.
En los últimos cuatro meses, ha ocurrido en dos ocasiones en Inglaterra, lo que ha encendido todas las alarmas y ha puesto sobre la mesa el asunto sobre qué hacer con estos presos en Europa.

Dos casos en Inglaterra

En noviembre del año pasado, fue Usman Khan el que cometió un atentado con cuchillo en el Puente de Londres. Había sido detenido en 2012 por pertenecer a una célula yihadista y, tras cumplir la mitad de la pena, fue puesto en libertad. Hace unos días, un individuo de 20 años llamado Sudesh Amman cometió un atentado, también con cuchillo, en la capital inglesa. Acababa de salir de la cárcel.
En ambos casos, los terroristas fueron abatidos por la Policía, ya que portaban chalecos que aparentaban contener explosivos. Las acciones criminales fueron asumidas por el ISIS (Estado Islámico, Daesh); dijo que los fallecidos eran soldados del califato.
Chérif Chekatt, autor del atentado en el mercado navideño de Estrasburgo, el 11 de diciembre de 2018, también se había radicalizado en prisión.
Pero no hay que irse tan lejos. Aquí, en España, se han producido varios casos. El más reciente es el del camionero Allal el Mourabit, detenido por la Guardia Civil en julio del año pasado, al sospechar que podía cometer atentados con el vehículo de gran tonelaje que conducía, como los ocurridos en Niza y Berlín. Había sido ya arrestado en 2016 por intentar sumarse, hasta en dos ocasiones, a las filas de Daesh. Fue juzgado por la Audiencia Nacional y su estancia en la cárcel no debí servir para desradicalizarle, ya que tuvo que ser arrestado de nuevo. Según se informó oficialmente, se había dedicado a administrar perfiles y canales en redes sociales desde donde había difundido gran cantidad de material propagandístico violento.
Un caso más lejano en el tiempo, pero de gravísimas consecuencias, es el del argelino Allekema Lamari, uno de los responsables de la célula que perpetró la masacre del 11-M en Madrid. Había sido detenido, juzgado y encarcelado por pertenecer al GIA argelino y su estancia en prisión (siempre se consideró inocente) sólo sirvió para radicalizarle. Fue uno de los que se suicidó en el piso de Leganés.
¿Cuál es la situación actual de los presos yihadistas en España?. Según han informado a LA RAZÓN fuentes penitenciarias, existe, desde 2014, un plan para, por un lado, realizar un seguimiento y control de los reclusos condenados; e intentar su tratamiento para sacarles de la radicalización.

Tres grupos

Para ello, se les ha dividido en tres grupos:
A/los condenados, y preventivos por delitos de terrorismo yihadista, que son 133.
B/Los condenados por cualquier otro tipo de delitos no terroristas, pero que se sabe que son yihadistas. Se les considera como posibles captadores de otros presos para que se sumen a la «lucha yihadista». Son 53 reclusos.
C/ Y los internos que, por sus características, vulnerabilidad y otras circunstancias, son susceptibles de ser captados. Estos individuos son vigilados por los funcionarios, de acuerdo con unos parámetros y protocolos, con el fin de detectar cualquier inicio de radicalización y actuar en consecuencia. Son 78.
Se procura que del grupo A estén solos y han sido dispersados por las distintas cárceles españolas. Se evitan, en la medida de los posible, los contactos entre los que pertenecen a los grupos B y C, para evitar captaciones.
Las fuentes consultadas admiten que, como ocurre en otros países de occidente, la desradicalización de estos individuos es muy difícil y, en muchos casos, imposible, ya que no admiten que han hecho el mal, que han cometido delitos. Están convencidos que son «moujahidines» (combatientes) de la yihad y que lo que les ocurre es culpa del occidente, que no se somete a la única religión verdadera, el Islam en su versión más rigorista (Sharia).
La solución para atajar el problema es, en opinión de las fuentes consultadas, la de someterlos a una libertad vigilada cuando cumplan condena, ya que su fanatización se mantiene, si es que no ha aumentado, durante su estancia en prisión.
Las Fuerzas de Seguridad del Estado han realizado diversas operaciones contra las redes de radicalización en las cárceles a lo largo de los últimos años.
En agosto de 2018, la Guardia Civil desarticuló un grupo formado por 25 internos afines a Daesh. Se encargaban de captar, adoctrinar y radicalizar a otros presos. Las pesquisas se iniciaron tras aparecer en los muros de varias prisiones pintadas a favor de la banda yihadista que lideraba entonces Abu Bark Bagdhadi. Detrás de lo que parecía una simple acción contra el reglamento penitenciario, se escondía toda una organización, en periodo de constitución, para coordinar el adoctrinamiento de presos.
Más recientemente, en febrero del año pasado, fue el Cuerpo Nacional de Policía el que desmanteló otra red, centrada en la cárcel de Valdemoro, a uno de cuyos funcionarios habían captado con dinero para que les suministrara el material necesario para sus actividades criminales.

Dos millones

El cabecilla, llamado Souleiman, había ofrecido a dos internos, que iban a obtener la libertad, un millón de euros para que cometieran atentados con mochilas bomba en Madrid y Barcelona. La operación permitió determinar que la célula poseía recursos financieros, provenientes del mundo de la droga y los delitos comunes; y logísticos, para que los actos terroristas se pudieran llevar acabo, todo coordinado desde la cárcel y con un enlace de Daesh en el exterior.
Las prisiones, como opinan los expertos, son un foco de radicalización a través de reclusos catalogados, o cumpliendo condena, por terrorismo, que ya están controlados por los Grupos de Seguimiento de Instituciones Penitenciarias.
Pero, cada vez con más frecuencia, se puede constatar que presos condenados por delitos comunes, que no han tenido ningún contacto a priori con entornos yihadistas, se radicalizan durante su estancia en prisión.
En definitiva, las cárceles se convierten en «incubadoras» y en ellas existe «un flujo constante de personas vulnerables, a menudo violentas, muchas de ellas con trastornos de personalidad, enfermedades mentales que se sienten agraviadas y alienadas».
Las citadas operaciones policiales pusieron al descubierto el «Frente de Cárceles» de ISIS, cuyo objetivo es «adoctrinar, radicalizar y captar ideológicamente» a otros reclusos para la ideología yihadista.




07 febrero 2020 (2) El País

07 febrero 2020 



García Juliá (en el centro), antes de embarcar ayer en el avión que le condujo de Brasil a España.

La llegada del recluso al aeropuerto internacional de São Paulo y su entrega a los policías españoles de Interpol se realizó con un operativo reforzado de seguridad y discreción, lejos de la prensa. A diferencia de otros presos, no fue por la terminal como cualquier pasajero. Una furgoneta llevó al coautor de la masacre de 1977 al avión tras ser entregado a las autoridades españolas en la comisaría del aeródromo. Vestido con jersey y pantalón azul marino, canoso, con gafas y más delgado que en su foto de Facebook antes de ser detenido, se le vio charlando con el cónsul en São Paulo, Ángel Vázquez Díaz de Tuesta, en presencia de los agentes llegados desde España. El preso solo llevaba equipaje de mano: una maleta y una bolsa rojas. Escoltado por los policías españoles de Interpol, García Juliá fue trasladado a un vuelo comercial de Iberia que despegaba a las 16.05 (cuatro horas más en la España peninsular) con destino al aeropuerto Adolfo Suárez de Madrid, donde tiene previsto aterrizar a las seis de la mañana del viernes.
Los presos trasladados a España suelen entrar al vuelo antes que el resto del pasaje y viajan en la última fila flanqueados por los policías. El vuelo dura unas diez horas. Solo habían pasado dos años desde la muerte de Franco cuando García Juliá y otro terrorista entraron a tiros en el bufete de abogados laboralistas vinculados al sindicato Comisiones Obreras y al todavía ilegal Partido Comunista. Asesinaron a los letrados Enrique Valdevira, Luis Javier Benavides y Francisco Javier Sauquillo, al estudiante de derecho Serafín Holgado y al secretario Ángel Rodríguez Leal. Otras cuatro personas resultaron gravemente heridas. “Intentaba ayudar a las fuerzas de orden público a defender a España de la subversión”, declaró García Juliá en el juicio, celebrado en 1980. La matanza en la calle Atocha 55 de Madrid “sirvió sin duda para consolidar el camino a la democracia”, explicó en 2016 a este diario uno de los supervivientes, el abogado Alejandro Ruiz Huerta. Porque la contención que mostró el Partido Comunista allanó el camino a su legalización, según relatan Jorge Martínez Reverte y su hermana Isabel en La matanza de Atocha. 24 de enero de 1977 (La Esfera de los Libros).
El antiguo falangista fue detenido a finales de 2018 cuando trabajaba en São Paulo como conductor de Uber. Desde entonces ha estado encarcelado en la sede de la superintendencia de la Policía Federal en la megalópolis, en un ala reservada a los reclusos pendientes de extradición. El ultraderechista fue localizado en 2018 cuando, por una orden de busca y captura de Interpol, sus huellas coincidieron con las archivadas en Brasil a nombre de un venezolano. El madrileño llevaba años viviendo como Genaro Antonio Materán, suplantando la identidad de otro con documentos auténticos. Ni siquiera su pareja conocía la verdad. El otro asesino, José Fernández Cerrá, cumplió una breve pena. El tercer ultra, Fernando Lerdo de Tejada, que se quedó a vigilar la puerta, está prófugo desde que también escapó durante un permiso. Brasil fue para García Juliá la última parada de una huida que le llevó por casi toda Sudamérica. Durante años mantuvo contacto con otros neofascistas huidos a América Latina, pero tras tres años encarcelado por tráfico de drogas en Bolivia apostó por una vida de perfil bajo con la identidad de otro. Hasta ahora. Cuarenta y tres años después de la matanza y tras 25 años prófugo, un juez decidirá ahora su destino.


07 febrero 2020 El Correo (opinión)

07 febrero 2020 

Los presos vascos
Deberíamos preguntar a Bildu si de verdad quiere acercar a cárceles vascas a los reclusos de ETA o solo se trata de utilizarlos, una vez más, para tapar la injusticia del terrorismo
Este pasado mes de enero, como todos los años, se ha organizado una gran manifestación: miles de personas en apoyo de los «presos vascos», pidiendo su acercamiento. Y uno piensa: pues la verdad, dicho así, si solo los quieren acercar a las cárceles vascas, no parece que sea mucho pedir; al fin y al cabo, el preso tras los barrotes apenas sabe en qué cárcel está. Pero en esto de los presos nada es lo que parece. ¿Quiénes pertenecen al colectivo de presos vascos? Podríamos presumir que los reclusos con residencia en Euskadi. Nada más lejos de la realidad. Para ser preso vasco ni siquiera hace falta ser vasco. Por ejemplo, Marina Bernardó, que perteneció al ‘comando Gorbea’ de Barcelona, era catalana, pero al ser detenida se convirtió de forma automática en presa vasca. Las 740 personas residentes en Euskadi que no son presos de ETA y están en diferentes cárceles españolas fuera de la comunidad autónoma desde luego no pertenecen al colectivo de presos vascos. La manifestación de enero no les apoyaba. Cuando dicen presos vascos quieren decir presos de ETA y su entorno. Pero tampoco es verdad del todo, porque cuando un preso de ETA abandona la disciplina del colectivo e inicia la vía de reinserción es expulsado de forma automática.
Para hablar con corrección, debemos decir que presos vascos son los presos de ETA, o sus entornos, que antes aceptaban la disciplina de la banda terrorista y ahora la de la izquierda abertzale. ETA siempre ha querido tener presos. Era la forma irrefutable de demostrar la «represión» del Estado. Para ETA los presos siempre han sido el elemento legitimador de su violencia terrorista.
Consiguió con cierto éxito socializar el relato de que los presos no eran personas condenadas por graves delitos, sino pobres victimas maltratadas en las cárceles represivas. Pero la realidad era diferente. Los presos de ETA siempre han sido presos con doble candado: el de la Justicia que les había condenado y –el más férreo– el de la propia ETA. ETA nunca ha reconocido a sus presos el derecho básico de elegir su abogado. Los juicios a sus militantes siempre los ha convertido en una performance para denunciar al «Estado opresor» y no en la defensa de los inculpados. Bueno, hasta que llegaron los grandes jefes al ser detenida toda la mesa nacional; entonces sí: los abogados cambiaron de toga e hicieron una minuciosa defensa de sus clientes.
Lo que realmente restringía e impedía los derechos de los presos siempre ha sido ETA, que pastoreaba a sus presos con capataces togados. Pero, al final, cuando han sido esos capataces togados los que se han tenido que enfrentar a la Justicia, esos que les habían dicho mil veces que ningún militante de ETA podía reconocer un tribunal español han sido ellos los que, además de reconocer al tribunal, han negociado la condena para no ir a la cárcel.
Para ETA los presos han sido una «necesidad histórica» para su propia supervivencia. Cuando años antes de la vía Nanclares un grupo de reclusos comenzó a solicitar beneficios, los que estaban fuera inventaron la terrible teoría de que los presos «tenían derecho a cumplir íntegramente la condena». La verdad es que siempre han sido, y siguen siendo, los juguetes rotos de los que están «fuera». Por eso no es tan sencillo responder a la pregunta de si hay que acercar a los presos o no. Si mañana Instituciones Penitenciarias trasladara de golpe a todos los presos de ETA a Euskadi, una medida administrativa y legal, saldrían en tromba dos colectivos. Los de Bildu dirían: «¿véis cómo teníamos razón?; al final han tenido que ceder», y crearían una nueva reivindicación para seguir atacando al sistema democrático de España. Y la derecha, con escándalo fingido, añadiría: «¿Véis cómo teníamos razón? Al final el Gobierno ha cedido ante los terroristas». Y, mientras tanto, los presos seguirán siendo la piedra que se arrojan unos a otros. No se puede defender el acercamiento de los presos sin, a la vez, defender que la reinserción es una decisión personal que debe renunciar al pasado delictivo.
 Yo creo que para Bildu y su gente los presos son una patata caliente que no saben cómo gestionar. Porque si asumen que la única salida es la aplicación completa de la legalidad, incluyendo los beneficios, claro, tienen que asumir la injusticia del terrorismo en el pasado. A los de Bildu les debiéramos preguntar: ¿de verdad queréis traer a los presos a cárceles vascas o se trata de utilizarlos, una vez más, para tapar la injusticia del terrorismo? Porque si aceptaran la primera parte, creo que no habría muchos problemas, pero si añaden la segunda va a ser complicado.
Gobierno de España debiera ser consciente de su propia fortaleza y también de la fortaleza de la democracia española, que Bildu no tiene ninguna posibilidad ni capacidad de debilitar. Para ello debe el Gobierno, y debemos los demócratas, defender de forma cerrada y con orgullo el sistema penitenciario español, uno de los mejores del mundo. Un sistema que permite, de verdad y de formas múltiples, concretar la reinserción de los penados. Debemos abandonar esa posición casi vergonzante de la defensa de la legalidad ante los ataques de Bildu. La Administración penitenciaria puede adoptar medidas de forma unilateral, como la reubicación de los internos en diferentes cárceles, pero no puede en ningún caso anular los requisitos para la reinserción convirtiéndola en pura excarcelación, que es lo que Bildu pretende. Y finalmente animar a todos los presos a que de forma masiva rompan el segundo candado porque, por muchos cantos de sirena de los de «fuera», no hay ni habrá otra salida que la reinserción, y no hacerlo seguirá teniendo un alto coste personal para ellos.
Opinión:
Curiosa circunstancia… en el artículo (excelente, dicho sea de paso) se plantea una cuestión muy importante y que algunas víctimas llevamos años denunciando sin que pareciera importar a nadie. Lo de “presos vascos” ¿incluye también a los vascos que han cometido otro tipo de delito (un robo con fuerza, p.ej.) en cualquier punto del Estado? ¿SE pide su acercamiento también? ¿O es, realmente, el acercamiento de los miembros dela banda terrorista ETA?
Siempre he tenido muy claro que ser vasco y miembro de ETA no niega la existencia de terroristas miembros de ETA que nacieron en cualquier otro lugar fuera de territorio vasco. Ejemplos los hay a decenas, sin ir mas lejos, los tres autores de los atentados en Cataluña entre 1986 y 1987… un gallego, un palentino y una navarra.
Pero aún y así, la legislación permite ese acercamiento al lugar que consideren oportuno. Bien, perfecto. Que sean acercados a la prisión que les apetezca pero que cumplan en ella el tiempo marcado en su condena y recogido en la legislación.

Cerca. Vale. Pero sin un solo día de rebaja en la condena.

jueves, 6 de febrero de 2020

06 febrero 2020 (03.02.2020) Onda Paz (entrevista) (link)

06 febrero 2020 (03.02.2020)



Link del programa “Entre amigos” de Onda Paz
Entrevista a Javier Martinez, padre de Xavier Martinez, víctima mortal en el atentado de La Rambla en agosto de 2017


A través de los micrófonos de Onda Paz, el primer lunes de cada mes desde la UAVAT tenemos la oportunidad de ofrecer información relacionada con la asistencia a todas aquellas víctimas a las que atendemos.

Nuevamente agradecemos la generosidad de los responsables de Onda Paz por prestarnos este tiempo de divulgación sobre nuestra labor.

En el programa correspondiente al mes de febrero, hemos entrevistado por espacio de hora y media a Javier Martinez, padre de Xavier Martinez, víctima mortal en el atentado de La Rambla en agosto de 2017.


Totalmente recomendable escuchar la entrevista para conocer la realidad del mundo asistencial dirigido a las víctimas del terrorismo.

05 febrero 2020 (2) Cadena COPE (link)

05 febrero 2020



Alejandro Requeijo analiza en El Confidencial de La Linterna las tres sentencias del Tribunal Constitucional que podría darles la razón


Estas personas son Abdelilah El Fadual El Akil, Moutaz Almallah Dabas y Ghasoub Al Abrash Ghalyoun, alias Abu Musab. De primeras, seguramente ni te suenen, pero en su día se escribió mucho de ellos. Los dos primeros fueron detenidos por el 11-M y el tercero fue acusado por integrar la célula de Al Qaeda en España, con aquella investigación que llevó a cabo Garzón tras los atentados del 11-S en Nueva York. Al primero, acusado de haber ayudado a transportar el explosivo de la matanza, le absolvieron al no poder acreditar que tuviese conocimiento del plan terrorista. El segundo, detenido por ser el dueño de un piso donde se ubicó a los autores del 11-M, se determinó que asumía los postulados yihadistas, pero no que colaborase con el plan. Y al tercero se le acusó de proporcionar a Al Qaeda vídeos sobre posibles objetivos como las torres gemelas, pero él siempre dijo que eran grabaciones durante sus visitas como turista.
La clave por la que podrán recibir este dinero: tres sentencias del Tribunal Constitucional que les da la razón. Todos ellos piden ser indemnizados por el tiempo que pasaron en prisión provisional sin ser culpables, tal y como determinaron más tarde los tribunales. El dinero desglosado sería el siguiente: Uno pide casi 400.000 euros por 1.314 días en prisión provisional, otro reclama 440.000 euros por haber pasado 1.566 días en la cárcel y el tercero es el que más pide: un total de 5,9 millones de euros por 255 días en prisión preventiva. Antes había estado preso en Reino Unido.

Fuentes jurídicas consultadas al respecto destacan que presentaron la reclamación dentro del tiempo y la forma y que no habría motivo alguno para rechazarla.

miércoles, 5 de febrero de 2020

05 febrero 2020 (02.02.20) EiTB (link programa)

05 febrero 2020



“No en mi nombre, la rebelión de las víctimas”

Link para ver el programa “360 grados” de EiTB emitido el pasado domingo 2 de febrero.



Opinión:

Interesante el programa de ETB en el que he tenido el honor de participar y en el que varias víctimas hemos dado eco a la opinión de muchas otras que pensamos del mismo modo aunque, a buen seguro, tenemos ideologías diferentes.

Aún y así, en el desarrollo del programa se aprecia cómo la pátina partidista emerge en algunas de las declaraciones. Lo que expongo a continuación lo hago desde el máximo respeto pero al tener la oportunidad de revisar el programa me surgen algunas reflexiones.

¿Me equivoco o me ha parecido escuchar que cuando Casado habla en nombre de “LAS” víctimas, “lo que está sucediendo es que las víctimas que apoyan a Sanchez se manifiesten públicamente, es que es lo ms torpe que puede haber”? Me parece un subliminal razonamiento político muy bien construido pero erróneo basado en si las declaraciones del señor Casado tienen o no un buen resultado para el partido al que representa, porque hay muchas víctimas que no estamos a favor de las declaraciones del señor Casado y ello no implica que estemos a favor del señor Sánchez.

Una vez escuchado otro de los testimonios es momento de pensar. “Decidí crear una asociación que está formada por víctimas porque, al final, cuando tu solicitas una subvención te la dan por el número de víctimas que tienes”.  Es decir, ¿tener muchos nombres en un listado es o no lo más importante para recibir subvenciones a nivel de entidades y asociaciones? ¿Se crean asociaciones para asistir a “las” víctimas o para asistir a los miembros que las componen? Y digo “miembros” porque, según parece, para pertenecer a una asociación no es obligatorio ser víctima sino cumplir ciertos requisitos que se pueden resumir en los estatutos de cada entidad. ¿Se solicitan las “memorias de gestión” o los “libros de socios”? Seamos serios ¿alguien comprueba, coteja o constata que la víctima sea realmente víctima?

Puede consultarse el reportaje en el siguiente link:

También quiero recordar que ya se crearon asociaciones autonómicas antes de la llegada del presidente Rodriguez Zapatero el año 2004. ¿No habría que preguntarse las razones para la creación de esas asociaciones?
Podría extenderme en muchas mas consideraciones y reflexiones. Pero creo que el programa ya deja meridianamente claro quien es quien es todo este mundo de la victimología terrorista.


04 febrero 2020 (2) elespañol.es (opinión)

04 febrero 2020



Un terrorista del Grapo impartirá sobre "democracia" en un local cedido por Torra
Paco Cela Seoane, que salió de prisión en abril de 2019, es el invitado estrella en un acto en Lleida que cuestiona los "41 años de democracia"

El Govern de la Generalitat vuelve a ceder sus dependencias para hacer promoción de un acto que cuestiona la democracia española y que tiene, como invitado estrella, al histórico líder del grupo terrorista Grapo, Paco Cela Seoane, que cumplió más de 30 años de condena por su pasado criminal.
El acto, organizado por la Plataforma Libertad Pablo Hasél, se celebrará en el albergue Sant Anastasi de Lleida este sábado.

Posible delito de odio

La presidenta y concejala del PP en Lleida, Marisa Xandri, ha sido la primera en dar la voz de alarma por el hecho de que se acoja en dependencias públicas este tipo de eventos que pueden incurrir en un delito de odio.
En este sentido, ha instado al delegado del departamento de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias, Vidal Vidal, a suspender la conferencia.
"El Gobierno de la Generalidad puede utilizar sus instalaciones para actos que lo único que hacen es generar odio y cuestionar nuestro Estado de Derecho", ha añadido. "Respetamos el derecho a manifestarse, a reunirse y hacer mítines antifascistas pero no en dependencias públicas que pagamos entre todos".

Pablo Hasel

La plataforma que organiza la charla-debate define al exterrorista como "preso político". Si finalmente no se suspende el acto, el histórico miembro del Grapo compartirá escenario con el "movimiento antirrepresivo de Madrid".
Se trata de un colectivo que defiende al músico y activista Pablo Hasél, que en 2014 fue condenado a dos años de prisión por enaltecimiento del terrorismo, debido al contenido de sus letras.
El local en cuestión forma parte de la Red de Albergues Sociales de Cataluña y de la Agencia Catalana de Juventud, dependiente de la administración catalana.

Opinión:

Aunque cualquier ciudadano en libertad tiene el derecho a expresar sus ideas, entiendo que hacerlo en unas dependencias públicas debería ser objeto de estudio. No me gusta que un terrorista, en este caso de la banda terrorista GRAPO y del que ni siquiera consta que haya mostrado algún tipo de arrepentimiento, pueda aportar sus propuestas para hablar de democracia.

Dicho esto, también me gustaría que quien da “la voz de alarma” lo hiciera igualmente cuando uno de los partidos con los que forma gobierno en otras CCAA invita a sus actos a otro miembro del GRAPO, en este caso al fundador de la banda terrorista.