lunes, 23 de octubre de 2017

21 octubre 2017 El Correo (opinión)

21 octubre 2017



La hija del primer empresario asesinado por ETA: «Las víctimas perdonarán cuando sea honroso perdonar»

«Nadie se atrevía a dar la cara y llamar a las cosas por su nombre. Era como si el terrorismo estuviera consentido», recuerda Cristina Berazadi
Cristina Berazadi, hija de Ángel Berazadi, primer empresario asesinado por ETA en abril de 1976, ha considerado "importante" que los autores de los atentados que han acabado con la vida de muchas personas en Euskadi den el paso de decir "lo hicimos pero nos arrepentimos", porque "todas las víctimas" desean "que haya paz" y ha asegurado que éstas perdonarán "cuando sea honroso perdonar".
En declaraciones a Radio Euskadi, Berazadi ha valorado su participación en el acto de homenaje que Confebask celebró el pasado viernes en Bilbao a los empresarios vascos víctimas del terrorismo, que "estaba pendiente" y fue "muy liberador".
Tras destacar el "cariño" recibido, ha reconocido que cuando recibió la invitación pensó en su padre -quien nunca creó que fuera a ser objeto de un atentado- al igual que cuando recibió el aplauso de los presentes en el Euskalduna. "Le gustaría, estaría orgulloso", ha apuntado.
Para Cristina Berazadi, el asesinato de Miguel Ángel Blanco fue un "punto de inflexión, un antes y un después" ya que hasta entonces era "como si el terrorismo estuviera un poco consentido". "Nadie se atrevía a dar la cara y llamar a las cosas realmente por su nombre" como consecuencia del miedo.
Según ha relatado, tras asesinar ETA a su padre, algo que "nadie esperaba" en la familia, abandonaron Euskadi. "Mi padre era muy nacionalista y hablaba vasco pero creo que fue un chaval que tenía 17, 18 años el que le mató. Eran tres, uno de ellos murió en un control policial y los otros dos el año pasado nos hicieron llegar una carta de perdón, lo que creo que es una cosa importante en el proceso de paz", ha descrito.
Para Cristina Berazado, "es importante que se den esos pasos de decir 'lo hicimos pero nos arrepentimos', porque todas las víctimas queremos que haya paz, aunque muchas veces hemos tenido que oír barbaridades, a gente defendiendo o no condenando a los terroristas, y eso duele muchísimo".
"Me encantó que el pasado viernes el lehendakari dijera bien claro que fue una injusticia injustificable. Yo he oído muchas veces tratar de justificar más que condenar. Todavía hay gente que no condena el terrorismo. Perdonaremos cuando sea honroso perdonar", ha añadido.
Según ha afirmado, 41 años después de un asesinato, se debe seguir la vida, que "no puede estar a expensas de recibir una carta de perdón o no". "Tienes que tirar para adelante y tratar que esa pena y dolor que nunca se te quita, te deje hacer una vida normal", ha dicho.
Berazadi ha explicado que, al recibir la misiva de quienes asesinaron a su padre de mano de la directora del Instituto de la Memoria-Gogora, Aintzane Ezenarro, le dijo que les transmitiera que sí. "Si ellos sienten eso y les hace falta eso, bienvenido sea. Ojalá que todos hagan lo mismo. Pero yo no he podido hablar del tema de mi padre hasta hace muy poquitos años", ha afirmado. En su opinión, aquella carta fue "más alivio" para los autores del atentado que para la familia.

Tras el atentado

La hija primer empresario asesinado por ETA ha explicado que, al día siguiente del asesinato, la familia abandonó Euskadi "huyendo del dolor", y, en su caso, regresó 20 años después por vez primera. "Dejas toda tu vida atrás, tu casa, tu gente... Mi madre dejó de vivir, por eso en casa nunca hemos hablado. De las cosas que te causan mucho dolor, evitábamos", ha dicho.
Cristina Berazadi ha afirmado que comenzó a "exteriorizar" sus sentimientos a raíz del asesinato de Miguel Ángel Blanco, que marcó "una inflexión" respecto al apoyo a las víctimas y "al terrorismo", que "era una cosa que se consentía".
Según ha relatado, el "dolor" era tan intenso que solo pudo preguntar a su madre dónde estaba enterrado su padre hace 10 años. "Y no voy a ir (a Elgoibar), no quiero ir, no quiero pasar por ello. Otro año", ha dicho, al borde del llanto.
La hija de Ángel Berazadi ha asegurado que sintió "orgullo" durante el homenaje tributado a los empresarios vascos y ha agradecido "que se hayan acordado de nosotros". "Pero a nuestro padre no nos lo va a devolver nadie. Es un orgullo que lo reconozcan y nos acordemos de él y de todas las víctimas. Es muy importante que todas las víctimas se sientan reunidas, las que pudieron estar, las que quisieron, las que les hubiera gustado estar y, estoy convencida, que no han ido por dolor", ha concluido.

Opinión:

Partiendo de la base de que los homenajes siempre llegan tarde, rteconozco la valentía de la inmensa mayoría de empresarios vascos al enfrentarse al mal llamado “impuesto revolucionario” que la banda terrorista ETA practicó durante décadas.
Pero he escrito “la inmensa mayoría” porque entiendo que algunos sí aportaron cantidades económicas, cuestión que ya valoré hace mas de veinte años, justo cuando la banda terrorista asesinaba día tras día.

A tenor del mismo razonamiento me gustaría aclarar un concepto: nadie puede hablar en nombre de “LAS” víctimas tan y como aparece en el titular. Tras treinta años de contactos con cientos de víctimas he encontrado todo tipo de reacciones: víctimas que han perdonado (incluso antes de recibir la probable solicitud de perdón por parte del autor del atentado), víctimas que al no haber sido consultadas al respecto no opinamos (en este grupo se incluye un servidor), víctimas que no quieren perdonar (entre ellas muchas de las que conocemos como víctimas “de tirita”) y otras que ni se plantean la cuestión. Por ello, lo de que “LAS víctimas perdonarán cuando sea honroso perdonar” no incluye, en absoluto, al colectivo como un ente único y de únicas reacciones.

viernes, 20 de octubre de 2017

20 octubre 2017 (5) Recordando un dia

20 octubre 2017

Recordando un día

Opinión:

Solo recordar que hoy se cumplen seis años desde que la banda terrorista ETA "ceso la actividad armada" (léase terrorismo).
Aparte de las seis llamadas que he atendido de distintos medios, en todo lo que llevamos de día no he escuchado otra mención al respecto... 
Lo digo para recordar que algunas victimas también colaboramos con nuestro granito de arena en ese final para que ningún otro ciudadano haya tenido que sufrir otro atentado por parte de los asesinos etarras.

Al menos he podido explicarlo a quien me lo ha solicitado.

20 octubre 2017 (08.10.17) (4) RAC1 (link) (opinión)

20 octubre 2017 (08.10.17)



Aznar va renunciar a un acord de pau amb ETA per salvar la seva carrera política
Ho ha explicat al ‘Via lliure’ un dels mediadors que van estar a punt de resoldre el conflicte


José Maria Aznar va renunciar a un acord de pau amb ETA per salvar la seva carrera política. Ho ha revelat al Via Lliure un dels mediadors que el govern d’Aznar va enviar a negociar amb els terroristes. Esteve Serra, expert en resolució de conflictes, ha explicat que ja estava tot pràcticament tancat però que l’aleshores president del govern espanyol s’hi va posar d’esquena.
Una part molt important d’ETA van dir que per deixar-ho tot volien una assignació mensual i s’acabava el problema. Una pensió per poder seguir vivint. I el senyor Aznar va dir que no perquè si això sortia a la llum pública era el final de la seva carrera política


Opinión:

Me sorprende una amiga enviándome este tuit en el que se me menciona indirectamente. Lo cierto es que no hice nada al respecto pero aparece mi nombre y por ello solo aclaro que hay tantas noticias sobre las incongruencias de la etapa del señor Aznar y su relación con los encuentros o las órdenes dadas en cuanto a la banda terrorista ETA que ya nada me sorprende.

No me sorprende nada pero me molesta que todavía algunos vayan por la vida dando consejos cuando lo que habrían de aclarar son ciertos atentados, como alguno de 1995. 

20 octubre 2017 (3) El Mundo del Siglo XXI (opinión)

20 octubre 2017



La literatura inspirada en el terrorismo de ETA

"Es fácil acostumbrarse a vivir en paz. Pero la vida de varias generaciones de españoles estuvo marcada por el terrorismo etarra" recordó Pablo Herráiz al comienzo de la mesa redonda que, bajo el lema de 'El fin de ETA', convocó ayer en Getafe Negro a Lorenzo Silva, Juan Bas, Edurne Portela y Pedro Charro. Herráiz, periodista de investigación de El Mundo, que en ausencia de Quico Alsedo -su compañero en tantos reportajes- actuó él solo de moderador, evocó cierta mañana de su infancia que todo el madrileño barrio de Chamberí se despertó con el estruendo de la detonación de un artefacto colocado por la banda criminal. Silva -director de Getafe Negro y guardia civil honorario- acaba de publicar Sangre, sudor y paz (Ediciones Península). Está escrito en colaboración con el periodista Gonzalo Araluce y el coronel de la Benemérita Manuel Sánchez Corbí. En opinión de Silva "existe un riesgo muy acusado de desmemoria. De desmemoria con sus dosis de mala digestión. Ahora, que hay un discurso a favor del olvido, no termino de entender su bondad. Entiendo la bondad de olvidar el rencor. Pero no de olvidar las historias, las fracturas, los destrozos. No podemos ni debemos pasar la página sin más".
El escritor bilbaíno Juan Bas, autor de títulos como Alacranes en su tinta (Destino) y Voracidad (Ediciones B), dos feroces críticas al nacionalismo, tuvo como profesor durante sus años de estudiante de Derecho a un magistrado asesinado por la banda criminal. Ahora se niega a admitir ese "relato del radicalismo abertzale-me niego a llamarla izquierda abertzale-, de que no hubo ni vencedores ni vencidos. De acuerdo, no hubo ni vencedores ni vencidos porque no hubo una guerra, la guerra sólo estuvo en sus cabezas fanáticas. Pero si hubo vencidos, ésa fue ETA. Tengo 57 años, mi generación está muy marcada por ETA. No soy nada cristiano y no creo en el perdón. El perdón y la culpa son dos cosas totalmente distintas. Está bien darlo, pero el perdón no exime de la culpa".
La historiadora Edurne Portela es autora de un celebrado ensayo sobre el tema: El eco de los disparos: cultura y memoria de la violencia (Galaxia Gutenberg). Vizcaína de nacimiento, su actividad docente le permitió asistir al conflicto desde la distancia, aunque los regresos al hogar paterno impidieron que desconectara totalmente con aquellos años de plomo. Tampoco ocultó sus recelos ante esa tendencia del radicalismo abertzale de pasar página. "Creo que la contribución que tenemos que hacer los que de una u otra manera hemos vivido con el problema de ETA es recordar que hubo unos hechos y unos comportamientos, no sólo por parte del grupo que claramente apoyó a ETA, sino también por todo el conjunto de la sociedad que, en algunos momentos, no tuvimos la valentía suficiente para reconocer a las víctimas. Hay gente que, como Juan Bas denunció la violencia que había en sus propios barrios. Todo eso hay que recordarlo, pero no desde el rencor. Además, no sólo hay que recordar lo que hizo ETA, también los GAL. Hay que recordar desde una forma plural, desde el compromiso de construir la memoria".
Las iniciales que integran el título de RC (Playa de Ákaba), la novela en la que el navarro Pedro Charro nos cuenta lo que sucede al asesinato de un niño con una bomba a la puerta de su casa, corresponden a la "responsabilidad civil" que obliga al terrorista con el padre del niño. "Yo también tengo compañeros de colegio que murieron asesinados. Pero también otros que cogieron las armas. El nervio de nuestra época fue el terrorismo y por eso escribimos sobre ello. Es un tema que nos interpela. Hemos vivido en el ojo del huracán, he visto morir gente debajo de mi casa. Hemos visto a personas con la misma educación y los mismos orígenes llevar vidas muy distintas. Intentar rastrear por qué se coge uno u otro camino, literariamente es muy interesante".

Opinión:

Las obligaciones laborales y la asistencia a tantos afectados por terrorismo (y más desde lo ocurrido el 17 de agosto) me han obligado a aparcar un proyecto que, por lo visto, voy a tener que retomar. Hay quien dice que se ha escrito muy poco sobre el terrorismo y su afectación en la Guardia Civil o la Policía Nacional pero aún se ha escrito menos sobre los relatos y las experiencias reales en el mundo de las víctimas que no pertenecemos a las FCSE…
A ver si vuelvo a apartar tiempo para ir manteniendo reuniones con tantas y tantas víctimas que tienen mucho que explicar…, pero víctimas “de verdad”.
Para escuchar las invenciones de las impostoras ya hay mas de un medio de comunicación que dice ser serio…



20 octubre 2017 (2) Deia

20 octubre 2017



Carmen Torres Ripa
Periodista y escritora

Aquel impuesto revolucionario...

Cuando ETA anunció el fin del impuesto revolucionario, muchos empresarios volvieron con la cabeza baja a su casa. ¿No fueron valientes? ¿Querían escapar? Es complicado saber la verdad porque hubo de todo

Euskadi es una tierra doliente que ha vivido años muy amargos intentando mantener su señorío interior. Costó mucho esa valentía silenciosa que muchas veces se vivió en el interior del hogar y otras, las más amargas, solo dentro del corazón, para no hacer sufrir a los demás. Me preocupa que los historiadores que recogerán los tiempos que hemos vivido lo hagan con honestidad porque la verdad muchas veces se escapa como el agua entre las manos. Cuando ETA anunció que el impuesto revolucionario se terminaba, mi padre ya había muerto. Muchos empresarios volvieron con la cabeza baja a su casa. ¿No fueron valientes? ¿Querían escapar? ¿Tuvieron escoltas? ¿Se aprovecharon de una situación difícil? Es complicado saber la verdad porque hubo de todo. Para muchos el anuncio llegaba tarde. Algunos habían perdido la paz guardando aquellas cartas en cajas fuertes, como si ese cerrar en hierro un papel hiciese olvidar la amenaza, y otros, en ese caminar entre espinas, se quedaron sin dinero y dentro –muy secretamente– la extraña culpabilidad de haber contribuido con su aportación al crecimiento de una banda asesina que iba a seguir matando. La culpabilidad de muchas personas quedó en el aire del entredicho. ¡Qué injusto poder llegar a esa mezquindad que a algunos empresarios les llevó a las comisarias a declarar! “Usted pagó a ETA, ¿pagó queriendo o sin querer?”. ¡Qué crueles somos los hombres! ¡Quién puede desear pagar a una banda terrorista! ¡Quién puede querer que sus nietos piensen que su aitite disparó un tiro porque colaboró con los que lo hacían! ¿Era legal pagar a ETA? ¿Era legal pagar a ETA para que el extorsionado o su familia vivieran la endeble paz de la duda? La ley –no siempre justa– nunca acabará de ponerse de acuerdo. Lo angustioso es que algunos no llegaron a pagar porque los mataron antes: Ibarra, Berazadi, el joven Arrasate, que fue liberado después de pagar, pero al poco murió de infarto. ¿Quién puede juzgar? ¿Quién condenar? Quedaron tantos secretos…

Impuesto de muerte

Mi padre murió con 70 años. Estaba arruinado ¿Por qué? Había trabajado toda su vida. Sus siete hijos vivimos bien. Yo estudié en la Universidad de Navarra y residí en un Colegio Mayor. En casa se vivía con moderado confort porque éramos muchos hijos. Mi padre era un pequeño empresario de los muchos que proliferaron en la Margen Izquierda. Tuvo un impuesto revolucionario y, dada su situación, ETA anuló aquella carta. Pero mi padre tuvo un segundo impuesto revolucionario y mi padre pagó hasta la última chiquita que le quedaba; además, en un tiempo muy difícil en que la estabilización se cebó en los pequeños empresarios que no tuvieron capital para adaptarse a las nuevas tecnologías y salir adelante. Dio lo que tenía para que a nadie de su familia le hicieran daño. Pero ese segundo impuesto revolucionario –amargas circunstancias que vivimos en nuestro pueblo vasco– era falso. Un desalmado inventó la carta y la sigla de ETA con su terrorífica serpiente y se fue quedando con el dinero que periódicamente mi padre le daba según los plazos. Esta fue una de las muchas cosas que nosotros, sus hijos, supimos cuando mi padre murió. Ahora recuerdo su muerte con lágrimas en los ojos y hasta me cuesta apretar las teclas del ordenador sin que se llenen de lágrimas. Recuerdo aquel día que le enjuagué la frente con su colonia favorita y tuve vergüenza de abrazarme a él y decirle cuánto le quería en aquel momento, cuánto deseaba agarrarle a esa vida en que él no había sido feliz. ¡Ser feliz, la más imposible posibilidad de la vida!
Se moría y tenía la mano prieta a mi madre y a mí, su hija mayor. Minutos antes tuve que hacer enormes esfuerzos por no ponerme a llorar como una niña cuando papá se quitó la mascarilla de oxígeno y comenzó a besarle a mamá en la frente, en los ojos, en la cara, en las manos. Le estaba diciendo adiós. Ese adiós último que se debe sentir con la certeza absoluta.

El más allá tan cercano

Salimos a tomar, mi hermano Manu y yo, un café que se resbalaba por la garganta como un veneno mal digerido. Mamá y Jesús se quedaron con papá y fue entonces cuando el corazón se cansó definitivamente. Fue entonces cuando mi hermano Jesús le apretó fuerte la mano y le dijo: “Adiós papá”.
Él tuvo la suerte de estar, en ese momento irrepetible de la partida de papá al otro mundo. Cuando llegamos, las enfermeras y los médicos metieron tubos y cables en un cuerpo que ya no estaba con nosotros. Lo vi tendido en la cama, en la soledad mayor que un hombre puede tener en este mundo. Mamá le besaba y decía: “Amor mío sé que aún no te has ido. Sé que me escuchas, sé que estás aquí. Te quiero, te he querido tanto…”
El amor es algo tan grande que trasciende a la vida. Allí veía lo que quedaba del más tierno amor que yo había sido capaz de presenciar de cerca. Mis padres siempre riñendo y siempre queriéndose. Se separaban para siempre.
Empecé a llorar como un torrente. No sé si lloraba por mí misma o por papá, que me dejaba huérfana. En la última época estaba sin fuerza, sin virilidad, como un muñeco de guiñol que se tuerce a los lados sin sensibilidad. Había perdido hacía años la admiración que sentía de niña por él y ahora me parecía de pronto que todos –incluida mamá y mis hermanos– habíamos dejado solo a papá. Le habíamos dejado irse consumiendo en su mundo, con sus secretos, sus angustias, sus equivocaciones y sus problemas. Entonces no sabíamos que ETA –la verdadera o la falsa ¡qué más da ya!– le habían regalado un infarto al corazón.
Mientras en el aire del cuarto se sentía la presencia de papá, su cara se fue quedando en paz. Los ojos, ya cerrados, no suplicaban como antes. Me asustaba mirarle y saber que quería decirme algo para lo que no existieron las palabras. Ahora todo quedaba tranquilo. La muerte, en cierto sentido, duerme las conciencias. Todo lo que no se había hecho ya no tenía remedio. No hay ninguna moviola capaz de rebobinar los días insatisfechos, los días incompletos, los días que quedaron sin llenarse de alegría, de situaciones positivas y felices. Mi padre se había muerto y nosotros quedamos solos con los recuerdos.
Con dolor, ese dolor que carece de palabras, retiramos a mi madre. Manu le llevó a casa y nos quedamos mis hermanos Javi, Jesús y yo hasta que llegó una ambulancia para llevarse el cuerpo de papá. Un cuerpo que había quedado en el cuarto con otro enfermo vivo. ¡Qué cruel es el destino! Papá no había tenido intimidad para morirse solo. Había muerto ante los ojos asustados de un extraño y su mujer. Un extraño que nosotros sabíamos que también iba a morir, pero más lento.
Papá murió el día 12 de octubre, el cumpleaños de mi hijo pequeño Dani. Habíamos planeado tantas cosas para sus 5 años… Entre las sorpresas había una carolina gigante de merengue de colores. Estaba encargada y nada más morir papá tuvimos que ir a la pastelería a recogerla. En la pastelería no tenían por qué quedarse con un pastel grande de merengue porque se hubiera muerto el abuelo del niño. Así –como si fuera una película de Fellini– llegué a casa con un paquete grande de confitería y la noticia de que había muerto el abuelo. A Dani se le cayeron las lágrimas. Es incierto que los niños no entienden, que los niños no se enteran de nada. Mentira. La claridad de sus ojos refleja la transparencia del alma. Jesús murió años después estrellándose con un Quad contra un árbol. Nunca he llorado tanto –de desesperación– como aquel día. Poco después se fue mi hermano Manu. Yo tengo ya mas años que mi padre y mis hermanos.
El impuesto revolucionario se quedará en uno de los dolores que pasaban en nuestra querida Euskadi.



20 octubre 2017 Diario Vasco (opinión)

20 octubre 2017



Pobres víctimas

Sabemos que el Gobierno Vasco no estuvo presente en el homenaje al ertzaina Aguirre, asesinado por ETA al intentar evitar un atentado en la inauguración del museo Guggenheim, y que tampoco hubo representación del propio museo. No sabemos si las ausencias fueron debidas a falta de invitación, o de información previa, o a alguna otra razón. Lo grave es que no fuera el Departamento de Interior y el propio museo quienes organizaran el homenaje. Entre tanto activismo en torno a la memoria debida a todo tipo de víctimas se pasa por alto algo tan simple como recordar debidamente la fecha del asesinato de un ertzaina que evitó un atentado, cuando, por otro lado, Bilbao se ha llenado de fiestas y celebraciones por el 20 aniversario de la inauguración de su Guggenheim. Días antes de este homenaje con ausencias los medios informaban de que el Gobierno Vasco está dispuesto a introducir en su nueva edición del plan de Paz y Convivencia un párrafo que deje claro que el terror de ETA fue el peor terror vivido hasta que ETA anunció que iba a dejar de matar. Y se añadía que la AVT apreciaba la introducción de dicho párrafo.
Con este añadido no se arregla nada, el problema real del plan del Gobierno Vasco sigue. El problema es el de la ausencia de la claridad conceptual necesaria en un tema de la seriedad que merece el tratamiento de las víctimas de ETA, las asesinadas y la de los familiares. Porque no se trata de quitar o añadir un párrafo u otro. Se trata de que todo el plan está basado en un error conceptual que lo desvirtúa de raíz. Sus redactores querían que en él entraran todo tipo de víctimas, las de ETA, pero también las de abusos policiales, las del franquismo y todas las que hubiere. Para ello era necesario encontrar un concepto paraguas que permitiera encuadrar a todas las víctimas en un único plan, bajo un mismo paraguas, en un conjunto que las igualara para que no hubiera discriminación alguna. El concepto paraguas que encontraron sus redactores fue el de la violación de los derechos humanos, considerando el derecho a la vida como el primero de todos ellos. Franco violó los derechos humanos, la Policía con sus abusos violó los derechos humanos, el viaje impuesto a un familiar de un preso de ETA viola los derechos humanos cuando ese familiar muere en accidente de tráfico. Todas las víctimas son iguales en el sufrimiento producido por la violación de algún derecho humano.
Siguiendo esa lógica, en el plan de Paz y Convivencia podrían encontrar acomodo las víctimas de los pederastas, de la trata de mujeres, la violencia de género y otras muchas víctimas, porque violaciones de derechos humanos las hay en numerosos ámbitos. Pero cuando todas las víctimas son iguales, ninguna significa nada. Y en esto radica un problema muy grave para el futuro de la sociedad vasca: si las víctimas asesinadas de ETA no significan nada, nada se aprenderá de su realidad de víctimas, esa su realidad impuesta no puede aportar nada para la construcción del futuro de la sociedad vasca. No es un plan que cuida la memoria de las víctimas, sino que oculta el significado necesario del recuerdo de las víctimas, del acto que las instituyó en primer lugar como víctimas de un terror determinado y bien definido.
Lo que produce el plan de Paz y Convivencia, sin intención presumo, es dejar de lado la parte del verdugo sin el que la víctima asesinada no posee significado alguno. El pederasta abusa de los niños para obtener algún tipo de satisfacción sexual. La Policía puede abusar del poder que tiene encomendado y salirse del marco en el que la violencia está legitimada por el derecho. ¿Por qué mata el terrorista? Esta pregunta es la que queda ausente. Todas las víctimas iguales en el sufrimiento, sí, pero distintas en la intención de quien las instituyó como víctimas al asesinarlas. Y si se oculta, se desprecia, se menosprecia, se minusvalora la intención del verdugo, la realidad de víctima asesinada pierde todo su significado.
ETA mató, y no mató a cualquiera. ETA eligió casi siempre, o siempre, muy bien a sus víctimas. Mató discriminadamente, no cometiendo masacres arbitrarias, aunque sí cometió la masacre de Hipercor, sino marcando y definiendo con su asesinato lo que las víctimas significaban para ella: obstáculos para la consecución de su proyecto político, enemigos del pueblo vasco, lo otro que no se quiere reconocer, el otro al que se le niega la libertad de ser distinto al verdugo que le mata. ETA mata para hacer realidad un proyecto de definición de la sociedad vasca por medio de la conquista de un poder que reconoce solo a los propios y excluye a los otros, a los distintos cuando dice que lucha contra el Estado opresor pues ese Estado es la garantía de las libertades de todos, de la posibilidad de vivir las diferencias particulares sin tener que temer el tiro en la nuca. ETA mata para liquidar la libertad de conciencia, y por eso y para eso mata la vida, para liquidar la libertad.
Todo esto queda oculto, desdibujado, devaluado, enmarañado en el plan, y no queda arreglado con la inclusión del párrafo del que se han hecho eco los medios. Este es el error conceptual en el que se basa el citado plan y que lo invalida de raíz. Y con este error se evita una pregunta crucial para el futuro: ¿se puede cimentar el futuro político de la sociedad vasca en el proyecto de ETA, aunque sea sin violencia ahora, se puede basar la definición de la sociedad vasca en algún tipo de exclusión, de declaración de algunos ciudadanos vascos como el otro o lo otro que hay que liquidar, que hay que excluir para que Euskadi sea, como debe ser, homogénea en el sentimiento de pertenencia? ¿Se puede construir el futuro de la sociedad vasca sobre un determinado sentimiento de pertenencia dejando de lado las leyes y el derecho?

Opinión:

Decir que ETA “eligió casi siempre, o siempre, muy bien a sus víctimas…. No cometiendo masacres arbitrarias aunque sí cometió la masacre de Hipercor”, demuestra una enorme falta de memoria… podría decirse que cualquier atentado que no fuera directamente dirigido contra lo que los asesinos llamaban “objetivo” ya podría catalogarse de indiscriminado… llámenme suspicaz o susceptible pero eso lo he tenido siempre muy claro…

A los que quieren dar lecciones de semántica y del uso correcto de las palabras les diría que antes de ponerse a escribir pensaran muy bien lo que quieren expresar…

jueves, 19 de octubre de 2017

19 octubre 2017 (3) El Periódico de Catalunya (opinión)

19 octubre 2017




A veces nos toca hacer comedia
Josep Maria Espinás

La patronal del sector del teatro explicó, no hace mucho, que la asistencia a sus espectáculos había disminuido notablemente. En este diario Marta Cervera relaciona el descenso con las tensiones políticas que últimamente se viven,  «a pesar de tener una cartelera muy potente y espectáculos con destacados autores». Yo espero que los teatros se recuperen y dejemos de ver algunos sainetes y algunos dramas como se nos han ofrecido recientemente en Catalunya.
Mi primer recuerdo de la asistencia a un teatro es muy lejano. Yo tendría muy pocos años cuando mi padre me llevó a ver un espectáculo infantil. ¡Qué cosas tiene la memoria! Tantas cosas que he ido olvidando con el paso del tiempo y aún recuerdo que en el escenario se cantaba: "Xocolata, xocolata, ets la reina del paladar...". Han pasado muchos años, muchos, y he sido y soy testigo de las actitudes teatrales y descaradas comedias que se han ido sucediendo a mi alrededor. Lamentablemente musiquitas y ruidos amenazadores 

Muchos comediantes 

Pero no quiero dramatizar. Me he dado cuenta, sencillamente, de que nos rodean muchos comediantes. Gente que hace un papel en nuestra sociedad con tanta habilidad que lo puede representar durante muchos años como protagonista. Gente que tiene una notable capacidad teatral y nadie se atreve a decirle que está haciendo teatro.

También están los comediantes de vocación, que no pueden resistir la tentación de presentarse como sensibles, cultos, generosos, ricos o pobres... Necesitamos ser algo ante alguien, y a veces delante de todos. Muchos niños ya aprenden a hacer comedia cuando quieren obtener algo de los padres o de los abuelos. Y en una situación sentimental entre adultos no es extraño que él o ella proteste: «No me hagas esta escena».

No somos actores ni profesionales ni aficionados. Somos simplemente 'actuadores'.
 
Opinión:

Al leer el artículo de mi admirado articulista y amigo Josep María Espinás me venía a la mente una situación que llevo años viviendo, la de los comediantes, teatreros o para ser más exactos getas que representan un papel en el mundillo de “las” víctimas del terrorismo convirtiendo en propias las heridas, secuelas y experiencias vividas por otras personas.

Coincido plenamente con su apreciación que describe de forma excelente:

“Me he dado cuenta, sencillamente, de que nos rodean muchos comediantes. Gente que hace un papel en nuestra sociedad con tanta habilidad que lo puede representar durante muchos años como protagonista. Gente que tiene una notable capacidad teatral y nadie se atreve a decirle que está haciendo teatro”.

Y menos cuando se prestan a la utilización partidista del sufrimiento ajeno, mintiendo en sedes parlamentarias o haciéndose pasar por víctimas. Lo mejor de todo es que, pasado el tiempo, te llega la información de primera mano y puedes descubrir sus mentiras y su ignorancia ante aquellos que han sido engañados. Y eso “me llena de orgullo y satisfacción”….