martes, 15 de octubre de 2013

15 octubre 2013 La Vanguardia (articulo propio)


15 octubre 2013

La incoherencia, la catalanofobia y la ignorancia

Es de recibo empezar felicitando al maestro Francesc-Marc Álvaro por su excelente artículo "'Vascos si, ETA no' decían..." del pasado día 3. Al leerlo recordaba aquel lunes 14 de julio de 1997 cuando un millón de catalanes nos manifestamos como protesta por el atentado contra Miguel Ángel Blanco aunque nunca nos importó saber cuántos vascos se manifestaron años atrás por los atentados con víctimas mortales de plaza España, Paseo bajo muralla, Navas, Hipercor, Sabadell, Vic, Paral·lel, Caserna del Bruc, Sant Quirze, Lliçà, Tenor Massini, Port Olimpic, Govern Militar... Desde el País Vasco me decían que no eran más de 40 personas.

Años después sigo sin entender la extraña admiración que muchos catalanes sienten por todo cuanto ocurre en el País Vasco ignorando que en el excelente documental 295 días de Jaume Ginesta se presenta aquel día en el que el grupo de Balls de Gitanes de Lliçà de Munt no pudo actuar en Navarra y regresó a Catalunya bajo la increíble acusación de haber colaborado en la detención de los etarras Monteagudo, Erezuma y Zubieta, autores de los atentados de Sabadell y Vic. Tampoco he entendido nunca que nos obligaran a abandonar una sidrería en Gernika por haber cometido el delito de hablar sobre lo ocurrido en Hipercor, con la excusa de que la conversación molestaba a otros comensales, muy "demócratas" todos ellos. Son sólo dos ejemplos pero hay más. ¿Es ese el respeto que nos merecemos algunos catalanes cuando vamos al País Vasco?

El grito de "vascos sí, ETA no" fue un compendio de sentido común y de reconocimiento a la valentía de miles de vascos que cada día sufrían la violencia de la situación, una muestra del discernimiento que sobre el llamado conflicto vasco les hacíamos llegar.

Por contraste, es la misma estupidez que muestran ciertos representantes políticos (un concejal de Lleida, un portavoz en el Parlament, dos exministros del Interior...) al comparar y mezclar los deseos de miles de residentes en Catalunya con las animaladas de ETA. Unos, los catalanes que nos basamos en argumentos totalmente lícitos usando el diálogo, la palabra y el seny. Otros, los idearios de ETA (que no de los vascos, aclaro) basadas  en la muerte, el dolor,  el sufrimiento y la crueldad del aniquilamiento físico hacia el que piensa diferente o incluso del que ni siquiera piensa en esos temas, como cientos de  víctimas anónimas.

Centrándonos en los dos exministros antes aludidos, mejor harían en preocuparse de los errores que cometieron durante sus épocas en el Ministerio... aprobando una legislación sobre victimología terrorista sin mostrar interés alguno en escuchar las experiencias de los propios afectados, sin estudiar las propuestas para subsanar los errores cometidos, el uso obsceno de ciertos sectores del colectivo de víctimas como peones en la lucha electoral o recibir solo a las víctimas de Madrid despreciando a las víctimas catalanas o andaluzas. O la portada del Diario de Sevilla en la que Mayor Oreja decía que "estaría dispuesto a sentarme con ETA" ¿Nadie la recuerda?

Sin obviar un dato mas: ese estúpido boicot que plantean ciertos sectores mediático / políticos contra los productos catalanes y que muchos “demócratas” comparten mientras, cuando ETA mataba día si y día también, a nadie se le ocurrió sugerir nada parecido. ¿Quizá no se atrevieron  porque el miedo es libre?

Reconozcamos que todos tenemos parte de culpa. Muchos catalanes también han tenido su cuota de conformismo, de prudencia y de candidez, de querer ver o imaginar en el País Vasco lo que a otros no interesa ver en Catalunya porque les recuerda sus propios miedos y su propia desidia: ¿Qué es mejor, imponer o dialogar? ¿Temer a quien mata o insultar a quien habla?

Para algunos, por lo visto, es más peligroso borrar una raya en un mapa que borrar mil vidas del suelo patrio. La incoherencia fomenta en algunos la catalanofobia y ya sabemos que la ignorancia es atrevida. Es momento de exponer en público el cinismo, la hipocresía y los miedos ajenos.


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