miércoles, 12 de octubre de 2011

21 marzo 2004 La Vanguardia


21 marzo 2004



En Robert ens ha explicat molt sovint quines han estat les conseqüències de aquell dijous 11 de març tant a nivell assistencial com a nivell col·lectiu i personal.

A nivell de contactes amb els medis l’augment de treball va portar a fer molts i molts quilometres per atendre víctimes a Madrid i rodalies. I els medis de comunicació no ens vàrem quedar enrere i contínuament contactávem amb ell per tenir informació que fer arribar als nostres lectors, oients o televidents.

A “La Vanguardia” del 21 de març trobem aquesta informació:

.../ manda de atención psicológica contrasta con los pocos expertos que tratan las víctimas del terrorismo. “No hay suficientes especialistas porque no es algo que se enseñe en la facultad”, admite Bosch. Conscientes de esa carencia, el pasado 12 de noviembre, la Associació Catalana de Víctimes d'Organitzacions Terroristes (Acvot) solicitó una subvención al Ministerio del Interior que incluía una partida de 19.000 euros para crear una red asistencial psicológica en Catalunya. La ayuda les fue denegada. Las víctimas de actos terroristas no siempre han contado con la posibilidad de recibir asistencia psicológica.“Hay muchos ciudadanos que aún esperan el apoyo profesional que se merecen. Se trata de víctimas anónimas con secuelas invisibles”,apunta Robert Manrique, quien sufrió graves quemaduras en el atentado de Hipercor y que en la actualidad preside la Acvot. Manrique nunca tuvo ayuda psicológica.

Otra víctima de aquella fatídica jornada, Álvaro Cabrerizo, perdió a su mujer y a sus dos hijas. Semanas después pidió apoyo profesional en la Seguridad Social. Le citaron para al cabo de diez meses. Otras víctimas menos anónimas como Irene Villa –a quien una bomba le mutiló las piernas a los 12 años– tampoco recibieron ningún tipo de asistencia psicológica. Y no fue fácil afrontar esa nueva vida.“Lo principal es no preguntarte el porqué, ni buscar culpables ni razones porque no las hay. Se tiene que asumir y punto”, admite esta joven de 25 años que cursa cuarto de Psicología. En este mismo sentido incide Raúl Nehama, psiquiatra del Ministerio del Interior: “Es inevitable hacerse esas preguntas, pero es estéril buscar una respuesta porque no existe”. Lo que no pueden evitar las víctimas del terrorismo es sentirse afectadas por situaciones similares a las que vivieron. “La persona que ha sufrido un trauma de este tipo tiende a recaer cuando experimenta otro, aunque sea indirectamente”,explica desde Nueva York el psiquiatra Luis Rojas Marcos, autor de “Más allá del 11 de septiembre. La superación del trauma” y que estuvo a punto de perecer en el ataque a las Torres Gemelas. “Al ver las imágenes del atentado de Madrid reviví todo aquello”, reconoce. “El 11-M fue el peor día de mi vida. Noté que el mundo se desmoronaba, me sentí vacía”, afirma Irene Villa. Los fantasmas del pasado también resucitaron en la mente de Cristina Salado: “Fue horrible. Me dio un ataque de rabia, de estupor, de mala hostia. Estoy hecha polvo”.

Otro factor que tener en cuenta son las familias, a quienes a menudo no se presta la debida atención.“Los familiares tardan dos o tres semanas en expresar sus sentimientos”,advierte Alonso Fernández. Yen algunos casos, los problemas psíquicos de éstos superan los de las víctimas directas. “Para mi padre fue muy duro. Aún mira fotos de antes del atentado y se echa a llorar”,asegura una recuperada Irene Villa.

La esposa de Robert Manrique recorrió durante horas los hospitales intentando reconocer a su marido entre los fallecidos, pues lo daban por muerto. Dos años después, ante la mejoría de su esposo, aparecieron los primeros problemas. Lleva catorce años medicándose y con tratamiento psiquiátrico. Sin embargo, el Ministerio del Interior no la reconoce como víctima del terrorismo por que debería haber acreditado por escrito las secuelas psíquicas antes del primer aniversario del atentado. Sólo así se tiene acceso al as indemnizaciones por “lesiones corporales, físicas o psicofísicas” que estipula la ley32/1999, más conocida como ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo.














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