lunes, 7 de noviembre de 2011

03 mayo 2007 Conferencia "L'Hospitalet, espai de debat"

03 maig 2007
El dijous 3 de maig en Robert va tornar a participar en una nova conferència, en aquest cas en el Forum “L’Hospitalet, espai de debat” sota el tema “Per què aquesta crispació política?”.
Els temes de les ponències eren prou interessants:
“crispació política = crispació social?”, Joan Subirats (Catedràtic en Ciencies Polítiques de la Universitat Autònoma de Barcelona),
“el ressorgiment de l’extrema dreta”, Xavier Casals (Doctor en Història per la Universitat Autònoma de Barcelona i de la Universitat Rovira i Virgili)
“la utilització de les víctimes del terrorisme com a arma política” amb Pilar Manjón i Robert Manrique.




Us adjuntem un dels escrits que en el llibre “Pido la palabra” apareix presentat , el novembre de 2008, per Eloi Moliner, un dels organitzadors de les jornades continuades de “L’Hospitalet, espai de debat”. Ens explica una anècdota succeïda durant el transcurs de alguns de aquests debats amb l’assistència n d’en Robert.




¡OJALA!

Conocí a Roberto hace ya bastantes años. Lo conocí en el Centro Deportivo donde practicamos algo de deporte, fundamentalmente al mediodía. Allí empecé a escuchar sus opiniones de entonces, llenas de descalificaciones generalizadas hacia la clase política por su poco o nulo interés por las víctimas y sus necesidades.
Era, evidentemente, un discurso resentido y por lo tanto sin matices, que yo discutía en numerosas ocasiones (a veces incluso en las duchas) tratando de diferenciar las incuestionables razones de las víctimas, con las estrategias más apropiadas para su causa.
Recuerdo también una anécdota en un ciclo de conferencias que yo organizaba en l’Hospitalet de Llobregat sobre el País Vasco. Invité a Roberto a asistir a la conferencia de Txema Montero y tanto él como algún otro acompañante tuvieron un duro enfrentamiento con el conferenciante. La continuada crispación en la que algunos ciudadanos viven constantemente implicó que aquel mismo acompañante, el mismo que decía ser amigo de las víctimas del terrorismo, utilizara el coloquio posterior para tacar e insultar, incluso a nivel personal, a Roberto. Solo la calidad moral y los argumentos irrebatibles de Roberto evitaron la discusión.
Aquel 2004 eran tiempos difíciles para Roberto y su asociación. A su sensación, real, de desinterés y desatención hacia las víctimas, se unía el importante enfrentamiento con la cúpula de la AVT por la diferente manera de entender la asistencia hacia ellas. Roberto nunca ha hecho política con las víctimas. Otros empezaban a hacerla. Y el tiempo ha dado la razón a Roberto. De ello no hay duda.
Recuerdo un día que en pleno estado de impotencia y desaliento me manifestó lo tremendamente difícil que resultaba seguir trabajando por las víctimas en estas condiciones. Le pedí permiso para hacer una llamada y solicitar una reunión con una persona que, con total seguridad, estaría interesada en escuchar.
El día de la reunión esta persona no podía dar crédito al torrente de datos y documentación que Roberto le mostraba y yo, como hacedor y testigo mudo del encuentro, asistía complacido comprobando el interés que Roberto era capaz de despertar en aquella persona, hasta el punto de “comprometerse a hacer alguna cosa”.
Aquello funcionó y con el tiempo la situación se ha ido normalizando, superando la etapa de desinterés y desatención hacia las víctimas.
Ahora la ACVOT puede dar más y mejor atención, tanto en Cataluña como también prestar su apoyo, su experiencia y su solidaridad a otras víctimas de otros territorios del Estado.
El trabajo de la ACVOT y de Roberto es ahora intensísimo. Me consta porque hoy, nuestras conversaciones se han espaciado en el tiempo y ya no se refieren tanto a cuestiones “políticas” sino a las múltiples actividades de reconocimiento y ayuda a las víctimas que desarrollan con su entusiasmo característico.
Si en algo he podido contribuir, a transformar en positiva, una situación que era dramáticamente injusta, me sentiré ampliamente satisfecho.
¡Ojalá!, todas las víctimas tengan, para siempre, la atención que necesitan.
¡Ojalá!, se termine la utilización política de algunas víctimas.
¡Ojalá!, no hubiera nunca más víctimas.















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