martes, 8 de noviembre de 2011

06 octubre 2007 El Correo Español

06 octubre 2007

El diari “El Correo” va oferir una informació constant i molt ben detallada sobre el desenvolupament de la trobada al Parlament Basc.  El company Angel Resa ens mostra les opinions dels representants dels col·lectius en l’edició del 6 d’octubre de 2007.

“Ya era hora, pero llega tarde”

Representantes de las víctimas se mostraron unidos en el dolor y distanciados por cuestiones políticas en un debate que “debería haberse producido antes”

A los representantes de colectivos de víctimas del terrorismo que ayer se citaron en el Parlamento vasco les une el dolor de esos cristales que un día se les clavaron en el alma, y para siempre, por pérdidas irrecuperables. Pero también volvieron a escenificar distanciamientos que separan a los grupos más beligerantes con el nacionalismo de quienes quieren mostrarse ajenos a los paraguas de los partidos y prefieren centrarse en la asistencia -legal, médica, psicológica - de los afectados. Para todos, más o menos escépticos, el debate aparece tarde. Aunque al menos llegó.

Las fundaciones Miguel Ángel Blanco y Gregorio Ordóñez y la asociación vasca Covite convocaron una rueda de prensa conjunta en la que fueron mucho más allá del dolor. La presidenta de Covite, Cristina Cuesta, comenzó por expresar «la inmensa satisfacción por las últimas detenciones de los miembros de la mesa nacional», minutos después de que el consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, manifestase la “honda preocupación” del Gobierno vasco por tales arrestos. Cuesta leyó un duro comunicado de tres páginas en el que denunció “el manto de impunidad que le ha proporcionado a ETA un Gobierno vasco con el que siempre ha compartido objetivos políticos”.

«Que está en el cielo»

Mari Mar Blanco, la hermana del concejal popular asesinado en julio de 1997 tras dos días de un secuestro que conmovió la raíz más profunda de la sociedad, explicaba poco más tarde la dureza inmisericorde del día a día «tan duro, tan triste, tan lamentable». “Me cambió la vida por completo. Asumí desde entonces la defensa de la libertad y del derecho a la vida y trabajo para que nadie olvide tanta sangre derramada”.

Ni siquiera las fechas que para mucha gente representan momentos de tregua vital le han confortado a ella. “Tres ejemplos. El día de mi boda fue el más triste de mi vida, me lo pasé llorando. Lo mismo que el del nacimiento de mi primera y de mi segunda hija porque me faltaba alguien esencial”. La pequeña, próxima a cumplir los cinco años, ya comienza a preguntar qué le pasó a su tío. “Sabe que está en el cielo”, dice Mari Mar. Y añade que abandonaba la Cámara vasca como había llegado. “Se ha tratado el tema y es mejor tarde que nunca, pero aparte de hablar de nuestro sufrimiento y nuestro dolor, éste es un sitio para denunciar una imposición totalitaria”.

Para Ana Iríbar, viuda del edil donostiarra Gregorio Ordóñez, la visita de ayer al Parlamento resultó “especialmente emotiva”. Acudió “por mi marido, por su hijo, por el recuerdo de los huérfanos que ha dejado ETA. Y para que mi hijo pueda decir con la cabeza muy alta 'mi padre fue Gregorio Ordóñez y estoy orgulloso de ello'”.


”Mitología nacionalista”

El ex-senador socialista Augusto Borderas representaba a la Fundación Fernando Buesa. Y consideró que el debate de ayer «llega muy tarde, han pasado muchos muertos y muchos años en los que se ha mirado totalmente para otro lado». El veterano militante del PSE-EE se adentró en una lectura política. «Se ha matado en nombre de la independencia, que es la filosofía del nacionalismo, y hablamos eufemísticamente de un nacionalismo democrático. Borremos la mitología nacionalista de una vez y dejemos a Sabino Arana donde tiene que estar».

También para Rafa Marcos, presidente de la Asociación para la Resolución de Conflictos, colectivo que trabaja en Euskadi desde 2003, el Pleno debería dar mucho más de sí. «Es un primer paso, pero retórico e insuficiente. Todas las buenas intenciones se tienen que plasmar en hechos. Nos prometen la Luna y no nos dan ni un lapicero».

ETA dejó viuda a Rosa Rodero y huérfanos a sus tres hijos en noviembre de 1993. El atentado en una calle de Bilbao acabó por matar a su esposo, el sargento mayor de la Ertzaintza Joseba Goikoetxea. Y recuerda. «Mi hijo mayor, de dieciséis años, iba en el coche con su padre. Yo salí de casa diez minutos después de ellos y me encontré todo. A mi marido se lo acababan de llevar y estuvo cinco días muerto en vida. Mi hijo tardó siete años en superarlo y es que a los dos meses de aquello, cuando él paseaba por Deusto, vio cómo mataban a un guardia civil. Otra vez volver a empezar. Y cuando él se repuso caí yo».

Rosa abandonó la tribuna cuando ocupó el atril de oradores el popular Santi Abascal. Y demostró las fallas que existen entre las asociaciones de víctimas. “Covite es minoritaria y muchos no estamos con sus ideas. En Euskadi no tenemos una asociación porque la mayoría de las víctimas no estamos con nadie”.

La fatalidad

El azar tiene dos vertientes y una se llama fatalidad. Por ella resultó damnificado el secretario general de la asociación catalana, Roberto Manrique. Era carnicero en Hipercor cuando una bomba de ETA mató a 21 personas e hirió a decenas a las cuatro y diez de la tarde del 19 de junio de 1987. “Yo tenía dos niños pequeños y siempre trabajaba de mañana. Pero la víspera, un compañero me pidió cambiar el turno y ese día trabajé de tarde”. De aquello le quedaron quemaduras en todo el cuerpo y dos hepatitis crónicas. “Recuerdo los gritos, la gente buscándose y el olor -signo de asco en la nariz- que se te queda grabado”.

“Ya tocaba, ya era hora -decía ayer Roberto- de que por fin se hablase en el Parlamento vasco de las víctimas del terrorismo tras años de absoluto abandono, de pasividad. Es curioso hasta qué punto la clase política vasca no ha sido capaz de poner fin al abandono de las víctimas”.

El representante catalán compareció después ante los medios junto a los delegados de las asociaciones andaluza y canaria. Las tres se empeñaron en desmarcarse de las valoraciones políticas a las que recurrieron otras agrupaciones próximas al PP. “Lo nuestro no son las siglas. Sí la asistencia médica, psicológica o jurídica y los reconocimientos social y moral de las víctimas”.

La canaria era hija de Francisco Jiménez Santana, el único superviviente de los cuatro ocupantes del coche que rodó sobre una mina en el Sahara en 1976. “Tardaron treinta años en reconocer a mi padre como una víctima del terrorismo, pero él murió dos meses antes de saberlo por un infarto”.










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