El diari “El Correo” va fer una extensa cobertura de aquest 20è aniversari. Va ser en Miguel Perez qui va presentar la informació comptan, com sempre, amb la col·laboració d’en Robert per localitzar els entrevistats.
Veinte años perseguidos por el infierno
Las víctimas del atentado del Hipercor de Barcelona, que causó 21 muertos y más de 40 heridos, celebran hoy el vigésimo aniversario entre el dolor y el reproche a las instituciones por su desatención
Hoy, a las 16.10 horas, hará veinte años que el infierno se abrió paso entre botellas de leche y bolsas de pan. Surgió, como un cuchillo vertical, desde el aparcamiento subterráneo del Hipercor barcelonés situado en la avenida Meridiana. Decenas de kilos de amonal y cien litros de líquido inflamable. Un coche-bomba de ETA. Uno de tantos. Una hoja de fuego. Partió el suelo. Partió el techo. Devastó la planta de alimentación. Barrió el parking. Se llevó los sueños de Silvia, de 13 años. También los de su hermano Jordi, de 9, al que siempre llevaba asido de la mano. Y los de su tía y otras 18 personas. Todos muertos. Silvia y Jordi soñaban esa tarde con el mar. Tía Mercé les acababa de comprar los bañadores que ese verano vestirían en la playa. Un bañador, durante la infancia, es el símbolo de la felicidad. Una escena tan ilusionante e inocente que resulta indecente mezclarla con amonal.
Antonio vivía cerca del centro comercial donde la banda terrorista cometió el atentado más cruento de su historia: 21 fallecidos y más de 40 heridos. Un día se marchó. Veía cada mañana el humo saliendo por las puertas del edificio, las víctimas ensangrentadas en las aceras. No lo soportó. Ayer se acercó hasta su antiguo barrio bajo la tormenta. Quería estar cerca de los damnificados de aquella barbarie del 'comando Barcelona', por la que fueron condenados Santiago Arróspide, 'Santi Potros', Rafael Caride Simón, Domingo Troitiño y Josefina Ernaga. «Todos los años, por estas fechas, vengo, paseo por la calle, me siento a tomar un café y pienso en quienes murieron y sus familias. Es mi manera de luchar contra el terrorismo como una simple noticia para convertirlo en un conflicto humano», subraya emocionado este asesor empresarial.
Como es su costumbre, la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT) celebró una misa ayer, de víspera. Fue el prólogo al tributo que hoy rendirá la Generalitat, con la colaboración del Ayuntamiento barcelonés y la propia ACVOT, al pie del monumento a las víctimas. El presidente catalán, José Montilla; el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; el alcalde, Jordi Hereu, y el responsable de la asociación, Santos Santamaría, leerán los mensajes. El Govern pedirá unión contra el terrorismo y la ACVOT, además de agradecer el apoyo de los ciudadanos, reclamará «no bajar la guardia» ante ETA.
19 de junio de 1987. 16.10. «Las paredes se vinieron abajo, el techo, las estanterías Tirados en el suelo, cogí a mi mujer, a mi hijo y a una chica que era como una antorcha humana y empecé a tirar de ellos. Atrás oía gritos y lloros. A oscuras subimos a la planta textil, a nivel de calle. Al ver la claridad me derrumbé. La siguiente imagen que recuerdo es la de estar sentados en una placita, revisándole al niño para ver que no tenía heridas. Luego me di cuenta de que mi esposa tenía una y yo estaba lleno de cortes. A la muchacha se la habían llevado». José Vargas. 56 años. En los últimos veinte sólo ha entrado una vez en el parking del Hipercor, «y lo hice para llevar a un cámara de televisión. Es tan angustioso. Mi mujer, como buena 'navarrica', es dura, pero tampoco ha podido volver».
-¿Cuál es su principal recuerdo de aquel día?
-Mi hijo. Tenía dos años y yo pensaba: 'De aquí no salimos. Qué vida tan corta ha tenido el chaval'. Nunca hemos hablado del atentado, incluso a día de hoy. Nos superó.
-¿Y después?
-¿Y después?
-La indiferencia. De la Administración y de parte de la sociedad, aunque esto ha ido cambiando. Es muy duro escuchar de personas cercanas que prefieren no montarse ya en el coche contigo o no ir a comer a tu casa. A alguno yo le dije: '¿Qué piensas? ¿Qué la bomba de Hipercor me la colocaron a mí?'.
Buscados por detectives
De indiferencias saben bastante las víctimas. Rafael Güell, jubilado y padre de dos hijos, todavía no ha recibido las indemnizaciones correspondientes, aunque a diario recuerda aquellos cinco malditos minutos en que dejó a su esposa, Milagros Amés, introduciendo las compras en el coche mientras él subía a abrir la puerta de su oficina, justo al lado del supermercado. «Bajé en el ascensor y no pude ver nada. Oscuridad, tuberías rotas Me enviaron al hospital San Pablo y allí me dijeron que Milagros había muerto. Asfixiada, estaba cerca de la bomba». Recibió un telegrama de la Generalitat y otro del Ayuntamiento. «Desde entonces, ni una carta ni una llamada de una institución», musita.
Más de una treintena de afectados todavía pleitean con el Gobierno porque se niega a indemnizarles (en su día, fue condenado ya que una inspección ocular de la Policía, alertada por tres llamadas anónimas de ETA, no logró dar con el coche-bomba), mientras otros siete damnificados tampoco han obtenido las ayudas porque ninguna autoridad se ha encargado de buscarles. Ahora, el Ministerio del Interior se ha comprometido a realizar esa búsqueda.
Gracias a la colaboración desinteresada del gremio catalán de detectives privados, la ACVOT localizó en 2000 a 80 víctimas de atentados que no habían sido informadas de que una sentencia judicial les otorgaba una compensanción. Cuando el vicepresidente, Robert Manrique, llamó a una de ellas, una vecina de Huelva cuyo hijo resultó herido en la explosión de 1987, la mujer le espetó: «Usted es un hijo de puta. Usted no puede ser el carnicero del Hipercor porque el carnicero del Hipercor está muerto». Manrique le tuvo que enviar una foto. Luego, volvió a hablar con ella. Y la mujer, con sinceridad aplastante, le dijo: «A nosotros no nos falta un brazo ni una pierna. ¿Somos víctimas?».

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