Els actes per commemorar al 20è aniversari de l’atemptat a Hipercor van ser motiu de molts escrits i articles de grans companys i alhora mestres de la premsa escrita. Un d’ells es l’Artur San Agustín, que en la seva columna “El pianista del Majestic” de l 20 de juny va fer un article sota el títol “Robert”.
Res mes a dir.
Robert
Ayer, demasiado tarde, se rindió en Barcelona un homenaje a todas las víctimas del terrorismo. No sé mucho, pero sí sé lo que es una víctima del terrorismo. Es una doble víctima. Y lo sé porque me lo ha contado y demostrado muchas veces Robert Manrique, que es el Secretario General de la Associació Catalana de Víctimes d’Organitzacions Terroristes.
A Robert le sienta bien la presencia cercana de Santos Santamaría, padre del mosso Santos Santamaría, asesinado en Roses, y presidente de esa misma asociación. Robert es el genuino producto de barrio, es decir, el hijo de la esquina, la farola y la pedrada. Tiene el ojo grande y la visión de largo alcance. Y tiene, también, ese descaro simpático que le permite decir en voz alta las verdades que más duelen. Esas verdades que se defienden mejor, mucho mejor, cuando, tristemente, sa sabe lo que es una Unidad de Grandes Quemados.
Robert sabe lo que es ese horror. Todo lo contrario que cierto idiota trajeado, con perfil de palomo dudoso, puesto en las manifestaciones por una determinada política que manipula el sufrimiento de las víctimas del terrorismo. Robert es una mezcla de aquel ‘rayo de sol’ que cantaban Los Diablos y de ciertas lecturas bíblicas. Así como a Leonard Cohen y Bob Dylan se les nota la Biblia, también a Robert se le intuye cierta familiaridad con ciertos salmos. Pero nada que ver con los predicadores a granel que esgrimen a Isasías.
Desde aquel 19 de junio de 1987, cuando una bomba lo jubiló de la carnicería de Hipercor, Robert ha aprendido a argumentar con la razón y con otra cosa mucho más difícil y rara: la generosidad. Recuerdo vagamente el día que mataron a John F. Kennedy. Recuerdo perferctamente el día que 21 ciudadanos inocentes fueron asesinados en Hipercor. 21 muertos y 45 heridos. Ese día y a esa hora, la del espanto, pasaba andando por allí. Por eso puedo describir el sabor d aaquel humo, el olor de aquella crueldad.
Cuando conocí al alcalde Jordi Hereu, una de las primeras cosas que me dijo es que le nació la conciencia política aquella tarde que ETA atentó en Hipercor.

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