13 septiembre 2001
En relació als atemptats de l’11 de setembre del 2001 a Estats Units es va escriure molt i molts medis vàrem sol·licitar la col·laboració de un expert en la matèria com es en Robert. La seva agenda registra fins a 34 contactes amb premsa entre el mateix dimarts 11 i el divendres 15.
En relació als atemptats de l’11 de setembre del Només oferirem una mostra sobre aquest tema; es la informació publicada al diari “La razón” el dijous 13 de setembre i signada per la companya Lilián Aguirre.
El 20 por ciento de los supervivientes padecerán secuelas
Ansiedad, insomnio, pesadillas y trastornos alimenticios son algunos de los síntomas
“Hay momentos en que pienso qué hubiera sido de mi si mi compañero se hubiera retrasado para recogerme en el World Trade Center. Al despertar, aún pienso si la situación es real”, dice Francisco, un argentino de 28 años que vivía frente a las Torres Gemelas. Es una de las primeras reacciones, la incredulidad. “Se trata –dice Luisa Cabanas, del Gabinete Psicológico de la Asociación Víctimas del Terrorismo- de una especie de anestesia emocional”. Pero esto es sólo el principio.
“Muchos de los supervivientes de los sucesos del día 11 conseguirán asimilar lo sucedido, que pasará a formar parte de sus experiencias”, asegura el equipo de expertos de Protección Civil. Pero un veinte por ciento padecerán secuelas. Con un tratamiento se pueden mitigar, “pero pocos se curan completamente, casi siempre quedan problemas, aunque menos intensos”, dice Cárcamo.
“Inapetencia o apetito excesivo, trastornos sexuales, alteraciones en las relaciones familiares, disminución del interés social o desconfianza en el género humano” son algunos de los problemas que pueden padecer los supervivientes americanos según los expertos de Protección Civil que insisten en que no hay porqué enfermar por esto y que todo depende de cada individuo.
Buscarán un culpable para intentar entender lo sucedido, incluso llegarán a culpabilizarse a sí mismos. Roberto Manrique pasó “una época en la que quería hablar con los terroristas y preguntarles por qué habían intentado matarme”, dice. Pero las consecuencias de una vivencia tan terrorífica las padecen también los familiares de las víctimas, los testigos, los que habitualmente están en el lugar el suceso... Además, nunca es tarde para que las secuelas aparezcan. “No tuve problemas hasta tres años después pero desde entonces no he podido abandonar el tratamiento psiquiátrico” declara la esposa de una víctima de un atentado de Eta.
Los supervivientes de horrores como el del martes son más vulnerables. Recaen muy fácilmente cuando hay otro atentado y “existen estudios que demuestran que, veinte años después, la probabilidad de sufrir trastornos emocionales graves es mucho mayor que en cualquier otro ciudadano”, asegura Luisa Cabana.
Después, las víctimas sucumbirán a la ansiedad, tendrán pesadillas y les asaltarán recuerdos constantes. El doctor Càrcamo –psicólogo del Instituto de Psiquiatría del Estado de Nueva York- asegura que los supervivientes tienen recuerdos repetitivos, reviven cada sentimiento, cada sensación, el miedo, la taquicardia... como en aquel momento. Intentan evitar todo lo que les recuerde a aquello. “No quieren ni pensar en ello y buscan distracciones como escuchar la radio a todo volumen, por ejemplo,. Los supervivientes de las Torres Gemelas seguramente no subirán en ascensores ni entrarán en los edificios de gran altura”, explica Cárcamo.
Pero la pesadilla no terminará ahí. También desarrollan una gran irritabilidad, se asustan por cualquier cosa y están siempre vigilantes. “Vives en una situación de protección excesiva –dice Roberto Manrique, superviviente del atentado etarra contra Hipercor en Barcelona-, los cuchillos en su funda, las puertas bien cerradas... Ves el peligro en todas partes. Yo a mis hijos les prohibí entrar en la cocina porque hay objetos cortantes, fuego... es muy peligroso”.
Pero hay un problema que seguramente no tendrán los supervivientes de Estados Unidos. La falta de apoyo social o de comprensión que hace “que te sientas doblemente víctima”, según Roberto Manrique. Eso, que supone una carga más para la víctima, no parece que vaya a suceder en Estados Unidos donde el patriotismo y el sentimiento del orgullo americano atenúa la angustia y la impotencia.
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