En Robert sempre ha defensat que el terrorisme, encara que algú pugui dir que te una vessant política, per la majoria de les víctimes es un problema de caire social, on es necessita un fort recolzament tant assistencial com emocional. Malgrat els seus esforços encara a dia d’avui existeixen víctimes que tenen un únic missatge: barrejar els temes polítics sense preocupar-se ni ocupar-se el més mínim en altres tasques molt mes necessàries com seria el tracte assistencial dirigit a la resta de víctimes.
Per això, de quan en quan, en Robert Manrique s’ha dedicat a publicar articles recordant que existeixen moltes, moltes víctimes que no volen ser barrejades en temes partidistes.
Un nou exemple es el article publicat al diari “ABC” del 4 de març de 2002.
La vertiente social en el terrorismo
No voy a entrar en juicios sobre el ofrecimiento de las gentes de Elkarri para completar las listas electorales en el País Vasco. Sobrarán especialistas en el análisis político para ello y, como es sabido por un amplio espectro de la población española (aunque siempre hay algún bobo desconfiado) los afectados por terrorismo no ejercemos ningún tipo de opinión política. Pero también es importante recalcar que existe una vertiente social en el terrorismo que es olvidada en la gran mayoría de los casos. A esta temática social que tan poco importa a la clase dirigente es a la que me referiré a continuación. La oferta de Elkarri parece una aclaración contundente y clarificadora desde el punto de vista de quienes hemos sufrido el terrorismo en nuestra propia piel, en nuestras familias, en....
En los cuatro puntos cardinales de España podremos encontrar ciudadanos afectados por la sinrazón terrorista, por la barbarie asesina, las acciones criminales han sacudido todos los rincones de nuestro país. No existe una sola provincia que no tenga entre sus ciudadanos, entre esas personas que cumplimos a cabalidad la ley y pagamos religiosamente nuestros impuestos. Seres humanos que, de esa manera, tenemos incluso que mantener a esos abyectos delincuentes. Pero, curiosamente, esos mismos terroristas también tienen colectivos que velan por sus derechos humanos y por la aplicación exacta de la legislación. Colectivos como ¡oh sorpresa! el mencionado Elkarri, también usuario de palabras tan bellas como paz, reconciliación, diálogo.... Es absolutamente grotesco que quienes tanto se preocupan del estado de salud de los terroristas y de acercarlos a casita, sean los mismos que no han demostrado ni un sólo ápice de interés en las víctimas de sus fechorías. Según me cuentan, Elkarri mantiene una delegación en Cataluña. Y reitero lo de que ‘según me cuentan’ porque jamás han contactado con los cientos de familias afectadas por los actos de sus presuntos ‘protegidos’. Es más, ni una llamada telefónica, ni una carta, nada. Es muy complicado intentar entender ese olvido voluntario, ese desprecio, esa pasividad insultante y luego querer creer que sienten compasión por aquellos que viven bajo la esclavitud del miedo. Es muy difícil pero es real. Sino se preocupan ni por una viuda y sus cinco hijos que han tenido que huir de su casa en Ondárroa tras el asesinato del padre de familia, ¿qué se puede esperar?. Y, por favor, que nadie quiera ver en este escrito un referente político o un trasfondo electoral.
Nada de eso. Es la simple y humilde reflexión de un ciudadano que convive con cientos de familias que han visto truncado su futuro, sus proyectos, sus anhelos y que comparten ese dolor con los que han sufrido lo mismo. Hay otros que dicen compartir el dolor ajeno y mientras se preocupan de aquellos que lo único que hacen es aquello de ‘socializar el sufrimiento’ y olvidan los más de mil muertos o comprenden y comparten esas pancartas insultantes en las que, bajo el encabezamiento ‘víctimas de la violencia’ mezclan a los terroristas que revientan conduciendo un coche bomba en Bilbao con uno de sus afiliados asesinado por Eta en Barcelona un aciago (y ya olvidado por algunos) mes de noviembre de 2000. Por ello, señores de Elkarri, quédense donde están. Es su sitio. No se esfuercen. Muchos ciudadanos honrados se lo agradeceremos, sobre todo los que deseamos que termine el terrorismo y ninguna otra familia sufra lo que hemos sufrido nosotros. Y que también termine la hipocresía y el desconocimiento que rodea a lo que algunos llaman ‘el conflicto vasco’. Miles de ciudadanos lo padecemos cada día fuera de vuestro país pero no aceptamos una falsa compasión. Aún tenemos dignidad. Ya se sabe: ‘mejor sólo que mal acompañado’.

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