5 mayo 2002
En Robert, com a delegat a Catalunya de l’antiga AVT, va ser escollit en moltes ocasions pels seus companys de Madrid per anar a molts llocs com a representació de la entitat.
Un de aquests viatges al va portar fins a les Illes Canàries, per participar en diferents actes d’homenatge a les víctimes en diferents indrets de l’illa de Gran Canària i, de pas, aprofitar el desplaçament per visitar a les víctimes residents a les illes.
Aquestes ocasions donaven l’oportunitat de explicar els plantejaments socials de aquella associació a la que en Robert va pertànyer des de 1989 fins a finals del 2002. El “Diario de Las Palmas” publicava el dia 5 de maig la següent informació redactada per la companya Maria Josefa Monzón:
La conversación surge de manera fluida y los tres participan activamente en ella, agradeciendo el detalle del barrio de San Isidro, este reconocimiento a la labor de la asociación, que cuenta con 3.000 familias asociadas, todas víctimas de la lacra que es el terrorismo de ETA, para nuestra sociedad.
Viky Vidaur, por su parte, subrayó la oportunidad que han tenido para contactar directamente con las familias que están asociadas y que residen en Canarias, 15 en total, recordando también que lo único que persigue la asociación es devolver la dignidad a las víctimas. Asimismo, Roberto Manrique hizo hincapié en el duro trabajo de estos años para conseguir que las familias que han sufrido en su carne los atentados cuenten con unos canales que les permitan recuperarse, algo que no se consigue del todo, porque cada atentado devuelve el horror particular por el que se ha pasado.
Sin política
Manrique puso el énfasis en asegurar que la asociación “no está politizada”, lo que sí ocurre, en su opinión, con algunas fundaciones que se han creado. En la asociación están orgullosos de haber conseguido que por fin se haya legislado para las víctimas, para todos por igual, ya que consideran que “a veces se diferencia a las víctimas, dependiendo de si es un personaje destacado o no, cuando la realidad es que el sufrimiento es igual para todos”.
La asociación empieza a actuar cuando la familia ha dejado de ser noticia, cuando ya no se informa sobre su dolor. Es entonces cuando se pone en marcha todo el engranaje, ayudando a la familia a recuperarse, a que vuelvan a ser personas válidas. Roberto Manrique señala que hay muchas cuestiones de las que no se habla, como por ejemplo del reciente atentado en las oficinas de Repsol en Madrid, donde un señor falleció dos días después a consecuencia de un infarto producido por el atentado, por lo que la asociación va a localizar a su familia, ya que para ellos también son víctimas del terrorismo.
No sólo se da el apoyo moral o económico canalizando las ayudas, sino que también se personan en los juicios contra etarras, ya que “lo único que queremos las víctimas es justicia”, algo que es muy difícil, según Roberto Manrique, porque los abogados de la asociación lo pasan francamente mal, enfrentándose a los abogados de los miembros de ETA.
La portavoz de la asociación en el País Vasco, Leonor Regaño, hizo alusión a la situación de las víctimas en el País Vasco, cuya situación es peor que en otros lados, porque “allí es algo cotidiano, lo tienes desde que te levantas hasta que te acuestas, por lo que la realidad es mucho más dura y más cruel”.
Los tres coinciden en que el terrorismo va a más y lo que es peor, que nadie en este país está libre de sufrir un atentado, una situación que desean con todo el corazón que termine, porque no pierden la esperanza de que cada atentado sea el último que llene de sangre las calles españolas y destroce a una familia.

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