martes, 11 de octubre de 2011

18 mayo 2002 El País


18 mayo 2002


 El suplement “La mirada” del diari “El País” presentava un reportatge sobre persones que havien sobreviscut a una situació límit.

Un dels escollits va ser en Robert Manrique i la entrevista va aparèixer en el suplement publicat el 18 de maig.


Sobrevivir al infierno

En una de las más sangrientas acciones terroristas protagonizadas por ETA, perpetrada el 19 de junio de 1987, un coche bomba aparcado en el centro comercial Hipercor de Barcelona terminaba con la vida de 21 personas. Roberto Manrique, un hombre que hoy tiene cumplidos los 39 años, estuvo a punto de engrosar esta cifra, pero se quedó entre los 45 heridos graves. La casualidad le colocó ese fatídico día en el peor momento y en el peor lugar. El artefacto estalló a las 16.10 justamente bajo sus pies, mientras trabajaba en la carnicería tras haberle cambiado el turno a un compañero.

“La onda expansiva reventó el suelo y me hizo rebotar como yna bola de billar contra las paredes”, relata. Roberto sobrevivió milagrosamente a una deflagración que elevó la temperatura hasta 2.800º. El precio físico que pagó fue muy alto: quemaduras de segundo y tercer grado en casi todo el cuerpo que precisaron de dolorosos injertos, los dos tobillos rotos y una hepatitis contraída durante las intervenciones de urgencia.

Pero todo esto se puede superar: tras haber estado a punto de perder los brazos, ha vuelto a jugar al tenis. “Es mucho peor el daño psicológico”, garantiza. “No es un accidente y por eso nunca llegas a asumirlo. Te preguntas: ‘¿qué han ganado los que lo han hecho?’. Mentalmente, esto te destroza”, explica. Peor lo que más duele es el pasotismo absoluto de los políticos. “Antes, cuando tras un atentado oía sus declaraciones de condena, pensaba que hacían algo por las víctimas”, se queja este afectado por la violencia etarra. Desde que se convenció de que no era así, Roberto, padre de dos niños, se ha volcado como delegado en Cataluña de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, “una entidad que no tendría que existir”, según sus palabras. Desde allí se atiende a 400 familias que, como la suya, sufren las consecuencias de los atentados de ETA.




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