martes, 11 de octubre de 2011

25 mayo 2002 La Vanguardia


25 mayo 2002





La tasca d’en Robert a nivell assistencial ha estat sempre directa i sense embuts. Volem dir amb això que per defendre els drets de les víctimes ha tingut que donar la cara en qüestions que d’altres no haurien gosat de entrar mai.

El mes de maig es va publicar una ‘carta al director’ enviada per en Robert per posar en coneixement dels lectors la situació en que es trobava una de les seves companyes de feina a Hipercor.

Transcrivim la carta publicada a “La Vanguardia” el 25 de maig, publicada també a “ABC” y “Barcelona y mas”.

Cajeras de Hipercor

No es necesario juzgar los insultos del fiscal de Castilla y León José Luis García Ancos. Son despreciables. Pero tras el jaleo que se ha organizado he recordado un detalle que ocurrió después el atentado de ETA en Hipercor en 1987, en el que 21 personas murieron y hubo 45 heridos reconocidos como tales. Hago esta salvedad porque entre los heridos no reconocidos se halla una cajera del local. Esta cajera estaba embarazada  de unos tres meses el día del atentado. En enero de 1988 nació Jessica y a principios de 1989 se descubrió que tenía graves problemas de audición y, en consecuencia, una futura sordomudez.

El mismo interés urgente que ha existido por parte de la mencionada empresa en defender la dignidad de las empleadas de la sección de cajas no ha existido, desde 1989, en colaborar con esa trabajadora que, aun con certificados médicos que acreditan la relación causa-efecto entre el atentado y las secuelas que si hija padece, está siendo abandonada tanto por la Administración como por la empresa.

Al parecer, tiene más importancia la opinión de un fiscal retrógrado que un atentado. ¿Marketing? ¿Miedo? ¿O la nula sensibilidad administrativa hacia una niña anónima?





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