lunes, 8 de febrero de 2021

06 febrero 2021 ABC (opinión)

06 febrero 2021


Desprecio innecesario a las víctimas

Mientras Interior beneficia a etarras con su acercamiento a cárceles vascas y excarcela a Troitiño, discute la razón de las ayudas a las víctimas y las señala por su «desunión»

El Ministerio del Interior no solo ha «felicitado» a la AVT por su cuarenta aniversario con un incesante acercamiento de etarras a prisiones vascas -ayer mismo cinco más-, o con la excarcelación por «razones humanitarias» del etarra Antonio Troitiño, sino que además dedica a las víctimas del terrorismo una orden ministerial repleta de reproches, quejas y recelos sobre su gestión de las subvenciones públicas que reciben. Desde luego, el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska, que pertenece a un Gobierno empecinado en elogiar la visión «política» de Bildu, no tiene ya nada que ver con aquel juez de la Audiencia Nacional comprensivo con las víctimas y redactor de sentencias ejemplares contra ETA.

Ahora Marlaska se dedica a sembrar dudas sobre las víctimas y sobre los proyectos anuales por los que solicitan -y justifican- ayudas del Estado, y además exige que a cambio de recibir esas subvenciones, Interior esté presente en los actos organizados por las asociaciones con el fin de blanquear su imagen. Una vez más, se pone el dinero público al servicio de la reputación de este Gobierno y es presentado como una coacción a las víctimas: si quieren cobrar subvenciones, deben dejar de criticar la política de Interior y mostrar públicamente complicidad y connivencia de intereses. Y todo, con un lenguaje tan sutil como descarnado. Mejor haría Marlaska en cuidar y abrazar a las víctimas que en aplaudir fervientemente las votaciones que el Gobierno gana en el Congreso gracias a Bildu. Y mejor haría en dar explicaciones públicas sobre su política de beneficios y privilegios a etarras que en cuestionar la desunión de los colectivos de víctimas porque, a fin de cuentas, con ETA hablamos de terroristas y delincuentes, y con las víctimas, de personas a las que se ha destrozado la vida. Tanta sensibilidad humanitaria para unas cosas, y tanta soberbia despreciativa para otras, no casan bien con ningún Gobierno en una democracia. Su comportamiento y su tono son difícilmente comprensibles.

Se queja Interior en su orden ministerial de que muchos de los proyectos que presentan los colectivos de víctimas para hacerse merecedores de una ayuda de apenas un millón de euros están «desfasados» y carecen de la «actualización» necesaria. El argumento no es solo subjetivo, sino manifiestamente injusto. Por desgracia, un colectivo de víctimas del terrorismo puede tener exactamente las mismas necesidades de por vida sin tener que justificarse demasiado, o sin verse obligado a «actualizar» sus circunstancias y proyectos. Es obvio que fue ETA quien se encargó de que muchas víctimas jamás necesiten volver a «actualizar» nada porque el daño hecho va a ser invariable en el tiempo: nadie les devolverá a sus seres queridos asesinados. E insinuar, como insinúa Interior, que algunas juntas directivas de asociaciones se convierten en selectos núcleos de gestión exclusiva de los fondos, como sugiriendo opacidad y favoritismo, no es de recibo. Si hubiese cualquier sospecha de irregularidad, Interior tiene la obligación de investigarla. Y si no la hay, porque en realidad no existe indicio alguno de ello, generar sospechas es innecesario y ofensivo.

Opinión:

Leer esta noticia me aporta todavía más razones a la lucha que muchas víctimas llevamos por libre. Lucha que consta, entre otras cuestiones, en desmarcarnos de aquellas entidades que se dicen dedicarse a la asistencia a “LAS” víctimas del terrorismo pero que, tal y como adelanta la postura del Ministerio de Interior, no parece que se dedique en su totalidad a estos menesteres. 

Quien me conoce ya sabe que viendo situaciones surrealistas en muchos de los planteamientos del Ministerio, me he dirigido directamente al mismo para hacerle llegar la opinión de muchas víctimas que compartimos objetivos y criterios diferentes a los de las asociaciones. Cuando el Ministro me dijo que la administración funcionaba “exce-len-te-men-te” (así, separando las sílabas con tonito irónico), le advertí que tenía muy cerca un barril de dinamita a punto de explotar. Quien sigue este blog puede encontrar un gran número de gestiones, preguntas y consultas presentadas en las que, desgraciadamente, la administración no ha querido colaborar para encontrar respuestas.

Parece que el barril ya ha explotado. Parece que, por fin, se van a dedicar a cotejar y comprobar adonde se dirigen realmente los recursos públicos. Parece que se van dando cuenta de que las justificaciones que algunos presentan no serían lo reales que debieran. Ha sido curioso escuchar en boca de algunos “representantes de LAS” víctimas que no se les subvenciona por motivos políticos mientras no explicaban si habían justificado ordenada y ejemplarmente los gastos. ¿Habrá podido ocurrir que las ayudas por un mismo motivo se hayan doblado o triplicado porque, no lo olvidemos, hay víctimas que pertenecen a diferentes asociaciones al mismo tiempo? ¿Qué significa el concepto de “concienciación social”? ¿Organizar actos políticos? ¿Organizar actos para repartirse premios, siempre entre los mismos? ¿Es legal que se subvencione una cena y luego se cobre el importe del menú a los asistentes? ¿Puede entenderse que haya quien diga que, en tres meses, ha conseguido novecientas altas en su asociación y nadie desde la administración competente se pregunte cómo lo ha hecho? ¿Se han dedicado a buscarlas o esos listados se han podido conseguir de otro modo, digamos que anómalo? ¿Cuántas de ellas se han dedicado a ayudar, por ejemplo, a las víctimas de los atentados de agosto de 2017 en Cataluña?

Quizás los medios de comunicación que se dedican a lanzar sospechas sobre el Ministerio podrían investigar estas cuestiones ¿no?

Pero claro, entonces serían tachados de “perseguir” o “menospreciar” a “LAS” víctimas del terrorismo… aunque, siendo sinceros, el ser víctima de un atentado terrorista no tiene por qué ofrecer un plus de veracidad o de credibilidad añadida sobre el resto de los ciudadanos.

 

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