domingo, 16 de agosto de 2020

16 agosto 2020 (2) Diari Tarragona

16 agosto 2020 



El reencuentro con el hombre que le auxilió tras los atentados
Rubén, herido de gravedad en Cambrils por el ataque yihadista, ha entablado amistad con Cándido, que le asistió en el primer momento


«Le dije ‘gracias’, que fue una alegría encontrarse, le agradecí lo que hizo. Hablamos por teléfono de vez en cuando, nos emocionamos… Son sensaciones difíciles de explicar», reconoce Rubén Guiñazú, herido de gravedad aquella madrugada del 17 al 18 de agosto de 2017 en Cambrils.
Por eso, este bonaerense de, oficialmente, 57 años y vecino de Barcelona vuelve a hacer esa broma recurrente y tan humana, a las puertas de la efeméride que tiene lugar mañana. «Celebro que cumplo tres años de vida. Aquel día volví a nacer», reconoce. Fue precisamente en otro aniversario, el del año pasado, cuando Rubén se reencontró con Cándido Peguero justo después del breve y sobrio homenaje que se realizó en el Memorial de la Pau, ante el Club Nàutic de Cambrils.
«Aquel día salí a caminar por Cambrils, donde veraneo cada año. Vi el acto desde lejos, porque no quería protagonismo. Me daba un poco de corte presentarme, tampoco es fácil recordar las caras, pero por otro lado me hacía ilusión que me conociera, hablar con él. Me acerqué y se lo dije. Desde entonces, estamos en contacto», cuenta Cándido, nacido en la República Dominicana hace 43 años, vecino de Cerdanyola del Vallès y veraneante sin falta en la villa marinera desde hace dos décadas. 

Dos años después, herido y salvador, frente a frente; reencontrados bajo el sol luminoso, prácticamente en el mismo lugar, entonces nocturno y oscuro, donde el ataque yihadista dejó un rastro de heridos y un fallecido solo unas horas después de asolar las Ramblas de Barcelona. Cándido siempre tuvo entre ceja y ceja localizar a Rubén.
«Yo conocía de aquel momento a su esposa, a Núria, que fue la que nos pidió auxilio. Siempre quise ver a Rubén para contarle la historia», explica Cándido. Pese a aquel shock, Rubén sí recuerda detalles: «Hablamos de gente que tiene corazón –le elogia y, además, muy valiente. Recuerdo que estaba tirado y que la gente le decía a él que no saliera, que no viniera a por mí, porque en ese momento aún duraba el tiroteo, estaban abatiendo al último terrorista. Me acuerdo de los gritos». 
Cándido relata su historia: «Vi a la mujer de Rubén que pedía ayuda. Yo estaba tomando algo con mi esposa en un chiringuito y salí corriendo. Un Mosso me dijo: ‘Agáchate, que aún quedan más’, en referencia a los terroristas que estaban allí. Mi esposa me decía que no saliera, pero yo fui, cogí en brazos a Rubén, que no estaba muy consciente, y procuraba tranquilizar a su mujer, diciéndole que no pasaba nada, que iba a sobrevivir». 

«Me armé de valor»

En medio del horror terrorista, Cándido cogió hielo y una camiseta para intentar taponar la profunda herida que Rubén tenía en el rostro. «Reconozco que me armé de valor, sí, y fui valiente, pero es que vengo de un país en el que he tenido que vivir cosas duras». Así, Cándido arropaba a Rubén y acompañaba a Núria, calmándola, en aquella noche interminable de pesadilla. 
Cuando el peligro pasó e intervinieron los servicios de emergencia, Rubén fue evacuado de urgencia. Fue operado durante más de cinco horas en maxilofacial de Joan XXIII de las graves heridas que le provocó el ataque con un cuchillo, seccionándole partes de la lengua, las amígdalas y las cuerdas vocales. Dejó el hospital tarraconense después de ocho días, la mayor parte en la UCI, y estuvo en la Vall d’Hebron hasta el 5 de septiembre. 
Cándido, en aquel fragor, perdió la pista a Rubén y Núria, y comenzó su propia digestión de lo sucedido. «Tenemos dos niños pequeños que, por suerte, no vinieron con nosotros aquel día a cenar y se quedaron en el camping Amfora, donde nos alojamos. Recuerdo que nos llevaron a todos a un descampado y acabamos llegando al camping casi a las cuatro de la mañana. Aún nos duran las secuelas. A mi mujer le ha costado más, a día de hoy aún no le gusta pasar por ahí». 
Núria Figueras, la mujer de Rubén, también reconocida como víctima, se ha habituado a lidiar con las consecuencias: «Te acostumbras a convivir con el miedo y a afrontarlo. Sigues teniendo esa sensación de fragilidad, piensas que tu vida está en manos de cualquiera y vives en un estado de alerta constante». 
Cándido y Rubén tienen previsto quedar en breve para celebrar otro reencuentro feliz que festeje la vida, los tres años que cumple el argentino tras el 17-A. Comer, pasear junto al mar, tomar algo juntos, recordar, compartir aquel trago, reconstruir detalles, aspirar a algún instante de felicidad para superar el trauma, sin olvidar la denuncia.
«En este tiempo nos sentimos que las víctimas de Cambrils seguimos siendo de segunda», lamenta Núria. «Lo que me evoca aquella noche es tristeza», cuenta Cándido, que rehúye de todo heroísmo: «Yo siento que le eché una mano a un ser humano. No es que le haya salvado, porque médico no soy. Siento que ayudé, sin más».

Rubén, al que también asistieron otras personas en aquellos primeros momentos a las que no ha podido localizar, le devuelve, por enésima vez, su sentido agradecimiento: «Se arriesgó por mí y eso tiene mucho valor. Nos gusta haber establecido esta relación». 

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